Enfermedad de Alzheimer: Higiene del Paciente

Acerca de la Higiene del Paciente con Alzheimer

Aún cuando el baño parece ser una actividad común y fácil, se puede volver compleja, peligrosa y estresante cuando se trata con pacientes con Alzheimer.

Bañar al Paciente con Alzheimer

En la etapa inicial puede existir una resistencia a bañarse o a ser bañado, por disminución de la autoestima, pérdida de la rutina, desorientación en tiempo y espacio o simplemente por creer que es algo que ya hicieron.

Algunas cuestiones son críticas y no se consideran, como el sentimiento de pérdida de la individualidad y la falta de privacidad. Otra causa de resistencia puede ser por recuerdos pasados como caídas accidentales, quemaduras por agua caliente, frío, ardor en los ojos por el jabón, etc. Pero otros disfrutan de este momento con gran placer, siendo incluso un recurso utilizado por muchos familiares ante un paciente agitado.

Se puede concluir por lo tanto, que el bañar al paciente con alzheimer puede ser extremadamente complicado y estresante si es mal llevado, o por el contrario agradable y hasta con un efecto terapéutico, si está bien orientado.

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Mantener Rutinas

El mantener una rutina en lo cotidiano, le dará al paciente con alzheimer sensación de seguridad, con lo que se resistirá menos a ciertas actividades.

Es importante respetar hasta donde sea posible, la autonomía del paciente. Es también fundamental que el cuidador adopte la actitud de alguien que ayuda y colabora y no asumir una posición de control y mando. Ya que actitudes de este tipo terminan por inhibir la participación y la iniciativa del paciente, lo que llevará rápidamente hacia la dependencia total. El verdadero cuidador, orienta las acciones y maximizar las habilidades que el enfermo aún tiene.

La falta de una preparación adecuada puede llevar a una situación tensa y peligrosa. Las órdenes deben ser simples, una por una, y deben estar acompañadas por estímulos. También es importante saber que no existen respuestas ciertas y definitivas para determinadas actitudes.

Higiene Oral en el Paciente con Alzheimer

La higiene oral es esencial para la salud y el bienestar de los pacientes, la ausencia o las malas estrategias de limpieza puede llevarlos a tener focos de infección. Los dientes, la lengua y las prótesis (todo el interior de la boca) deben ser perfectamente cepillados o limpiados después de cada alimento. Las prótesis deben estar bien ajustadas ya que pueden causar lesiones, alterar la masticación y hacer que el paciente comience a tener problemas de alimentación, con el consecuente deterioro en su estado nutricional.

Uñas

Algunos pacientes suelen chuparse los dedos y morderse las uñas, por lo que el mantener las manos limpias y las uñas cortas les previenen infecciones. En casos extremos, se pueden utilizar guantes.

Las uñas de los pies deben ser cortadas cada 2 a 3 semanas y el corte recto se debe realizar sin profundizar en los cantos para evitar que se encarnen. En pacientes diabéticos, se deben intensificar estos cuidados por el riesgo que existe de que una infección evolucione a gangrena y posteriormente a amputación.

Cuidado de la Piel

También es importante mantener la piel hidratada y bien lubricada con cremas y aceites. Un masaje después del baño, además de ser reconfortante y de efecto calmante favorece la circulación.

Pelo

Independientemente del sexo del paciente, el cabello debe ser preferentemente corto, considerando los aspectos estéticos y sus gustos previos. La frecuencia del lavado dependerá del clima, el estado de salud, costumbre o sexo del paciente, pero lo mínimo aceptable es dos veces por semana. Los shampoos y jabones para bebés ayudan a evitar irritaciones en los ojos.

En la etapa inicial de la enfermedad de Alzheimer muchos pacientes tienen la autonomía necesaria para satisfacer, por sí mismos y sin auxilio, sus necesidades fisiológicas. El mantener esta autonomía es de gran importancia, pues preserva la privacidad, la dignidad y la noción de independencia del enfermo.

Enfermedad de Alzheimer: Síntomas y Evolución

Otra posibilidad es la regularización del funcionamiento intestinal por medio de dietas. La restricción de líquidos a partir de un determinado horario, puede evitar o minimizar las ganas de orinar por la noche, previniendo accidentes de incontinencia.

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