Apuntes para una Historia de la Cirugía Pediátrica en Colombia

Dr. Efraím Arciniegas
Profesor Honorario.
Universidad Nacional de Colombia.

Nota del Editor:

Con motivo de realizarse en Bogotá del 15 al 17 de octubre el 12 Congreso de Cirujía Pediátrica que en buena hora fue denominado Efraím Bonilla Arciniegas, como un homenaje a uno de los más distinguidos cirujanos pediatras con que cuenta el país y quién ha puesto toda su ciencia, su habilidad, pero, sobre todo, su humanidad y su señorío al servicio de la causa en la cual ha creído siempre: los niños, tuvimos la idea de pedirle a él mismo que nos contara algo de las peripecias por las que ha pasado esa especialidad en su proceso de implantación en nuestro país. Sus apuntes históricos lo considera él, y yo también lo creo así, un abrebocas de lo que en un futuro, espero no muy lejano, sea un recuento completo de la vivencia de este ilustre colega que a lo largo de algo más de 35 años ha servido con lujo de competencia a esos pequeños, que por miles, han pasado por sus impecables, hábiles y bondadosas manos.

El desarrollo de la Cirugía Pediátrica en Colombia siguió el mismo periplo recorrido en otras latitudes a partir de la fundación de hospitales pediátricos, ideados para atender con más énfasis los problemas ortopédicos: malformaciones osteomulculares y osteomielitis, fundamentalmente en niños mayores, porque las limitaciones de la anestesia hacían demasiado arriesgadas las cirugías de los niños lactantes y más de los recién nacidos.

Al lado de estas patologías los cirujanos de la época drenaban los abscesos; posteriormente se amplió el espectro de las operaciones a las apendicectomías, colostomías, adenoamigdalectomías, herniografías y circuncisiones.

La construcción del Hospital de la Misericordia en Bogotá, la obra maestra de José Ignacio Barbieri, cuya primera piedra se colocó en 1897, para inaugurarse finalmente en 1905, marcó un hito en la atención de los niños, tanto de Bogotá como los del área de influencia en Cundinamarca y los vecinos departamentos del Huila, Tolima y Boyacá, así como los territorios conocidos como los “Llanos Orientales”. Este Hospital señaló el rumbo de la Pediatría en Colombia a través de una permanente y estrecha relación con los programas académicos de la Universidad Nacional de Colombia; hacia e año 1920 ya se mencionaba la cátedra de ORTOPEDIA Y CIRUGIA INFANTIL, regentada por José María Montoya y posteriormente por le hijo del fundador, el Dr. Rafael Barbieri, con la colaboración de los Jefes de Clínica, posición a la cual se accedía a través de rigurosos concursos, hasta cuando la creación de los programas de post-grado o residentes en las ramas tradicionales aceptadas hasta entonces, a partir de 1959 separó la ortopedia como una especialidad independiente.

Hacia 1930 y en los años subsiguientes se fundan en las ciudades más importantes del país las instituciones pediátricas como el Club Noel, en Cali; la Clínica Noel en Medellín y el Hospital Infaltil Francisco de Paula, en Barranquilla, donde siempre se le llamó con el apelativo cariñoso de “El Hospitalito”. En estas instituciones, al lado de los problemas, más frecuentes, como la diarrea, la deshidratación, la desnutrición y las infecciones respiratorias o complicaicones de las enfermedades infecto-contagiosas, fue necesario atender también las patologías quirúrgicas mencionadas en el comienzo de estas breves notas y aparecen entonces los “precursores” como los llama Bernardo Ochoa, de la talla de Eduardo de la Cadena y Olmedo López en Cali, Franco Caballero, Juan Jiménez, en Bogotá y Calixto Manotas, Hernando Espinoza. Mauricio Rodríguez y José Benavides en Barranquilla, quienes abrieron terreno, con la colaboración de especialistas de otras áreas, principalmente en Ortopedia, Cirugía Plástica y “Organos de los Sentidos”, como ocurrió en otros lugares del mundo.

La creación del Instituto Colombiano de los Seguros Sociales -ICSS- hacia 1948, circunscribe la atención de los hijos de los usuarios solo al primer año de vida y, en la década de los 50, algunos de los más prestigiosos cirujanos de adultos en Bogotá, como Alfonso Bonilla Naar, Mario Negret y Tomás Henao, entre otros, se interesan por atender urgencias neonatales y algunas patologías menos complejas en el pabellón destinado exclusivamente para el ICSS en el Hospital de la Misericordia, bajo el cuidado pediátrico de Ernesto Plata Rueda, Alfonso Gutiérrez, Jorge de la Cruz, Gabriel Lamus y Emilio Posada. Todo esto era posible gracias a algunos avances de la anestesia, con la presencia de Juan María, el padre de la especialidad en el país y de mejores conocimientos en la fisiología del niño, que dejó de ser considerado como “un adulto en miniatura”. Hasta este momento los médicos colombianos que querían especializarse tenían que ir al extranjero o se quedaban aquí con la tutoría de los grandes maestros y los niños eran operados por los cirujanos de adultos o por pediatras autodidactas que extendían su ejercicio clínico hasta el campo quirúrgico, en un número limitado de operaciones.

Finalmente sería la década de los 60’s el período crucial para el comienzo definitivo de la cirugía pediátrica en Colombia, que coincide con la aparición de los programas formales de post-grado para la formación de especialistas en el país, en las ramas tradicionales de la medicina, fomentados en “ASCOFAME” y también gracias a la “gran reforma” del Decano Raúl Paredes Manrique de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia y, además, con la llegada de los primeros especialistas en Cirugía Pediátrica formados en el extranjero sobre programas formales de entrenamiento. Primero Bernardo Ochoa Arismendi quien regresó a Medellín en 1960, procedente del Hospital de Niños de Boston, EE.UU y dos años más tarde el suscrito, procedente del Hospital de Niños de México. No fue nada fácil dicho comienzo pues, como había ocurrido en muchos otros países, con el propósito de lograr su propio espacio, esta noble especialidad tuvo que luchar con la incomprensión y la resistencia de los líderes de la cirugía poder de imponer los programas y las especialidades que tenían el poder de imponer los programas y las especialidades y sub-especialidades que serían finalmente aprobadas en el marco de una reunión de Ascofame en Medellín, donde, casi como una dádiva, se logró insertar en el momento final un renglón que decía :”Se recomienda el funcionamiento de servicios de cirugía infantil”, exponiéndole a la cirugía pediátrica un espacio que ya había comenzado a conquistar.

Hernando Forero Caballero, después de su periplo por el Hospital de la Misericordia instala sus cuarteles en el Instituto Materno Infantil “Concepción Villaveces de Acosta” y casi en solitario para poder operar a sus recién nacidos en medio de penurias y hasta de injurias, para luego formar La Unidad Neonatal en al Sección de Cirugía Pediátrica.

Bernardo Ochoa Arismendi jalona la Cirugía Pediátrica en su área de influencia en la Universidad de Antioquia y bien pronto logra la aprobación del primer programa de especialización en su Universidad semillero del cual han egresado casi una treintena de ilustres representantes de la especialidad, esparcidos en diversos lugares del país y quienes a su turno han acometido la extraordinaria tarea de impulsarla y multiplicarla con su propios programas académicos en Manizales a cargo de Antonio Duque y Norman Ramírez y en Cali con Edgar Cantillo y Raúl Asusdillo. Desde las diversas posiciones que han ocupado Bernardo Ochoa a lo largo de su productiva carrera siempre ha sido un denodado defensor de la especialidad y aún en la actualidad quiebra frecuentemente en íntimo ámbito de su retiro para participar cuantas veces se le necesitan en foros y reuniones, para discutir sobre el pasado, el presente y el futuro de la Cirugía Pediátrica en Colombia.

A mí me correspondió el honor de ser admitido en la Universidad Nacional de Colombia, haciéndole un ámbito a las normas vigentes; aprovechando mi condición de pediatra y cirujano, Ernesto Plata Rueda, a la sazón Director del Departamento de Pediatría, me nombró como instructor de Pediatría para desarrollar mis actividades en el Servicio de Cirugía del Hospital de la Misericordia, donde encontré firmemente posicionado al Capitán médico Juan Jiménez Fonseca quien se desempeñaba como el “cirujano del Hospital”.

En este período de génesis fueron los pediatras los primeros en aceptar y comprender las ventajas de contar con cirujanos especialistas en la atención quirúrgica del niño, y por ello, fuimos permanentes invitados en los Cursillo y Congresos de pediatría, constituyéndonos en lo que he llamado “el brazo armado de la Pediatría”.

Por los tiempos a los que he venido haciendo mención, el ICSS, que después pasó a ser el ISS, implantó la norma de conceder a las Sociedades Científicas, establecidas legalmente, el privilegio de atender los pacientes en la respectiva especialidad y en un acto instintivo de defensa, me apresuré a aprovechar las circunstancias del momento para fundar la SOCIEDAD COLOMBIANA DE CIRUGIA PEDIATRICA -SCCP- en marzo de 1993, con personería jurídica reconocida en la Resolución 1393 de Abril 25 de 1963 del Ministerio de Justicia y publicada en el Diario Oficial el jueves 18 de julio del mismo año, con el objetivo de ingresar a la campaña nacional en pro de la defensa de la salud del niño colombiano; promover la unión de los cirujanos pediatras, favoreciendo el intercambio científico entre sus asociados y los gremios médicos de Colombia y del extranjero; en causar la divulgación de la especialidad y estimular la formación de una Escuela de Cirugía Pediátrica en la República de Colombia. “Me acompañaron en la precipitada aventura como fundadores: Rafael Barberi Zamorano, Pediatra y Ortopedista, ya entonces Director del Hospital de la Misericordia; Carlos Julio Ramírez Leyva, Ortopedista y Jefe de clínica durante varios años; Hernando Trillos Navas, Otorrinolaringólogo; Gabriel González Aguilera, Cirujano Plástico del Hospital Infantil “Lorencita Villegas de Santos”; Jorge Arturo Silva, Guillermo Hernández y Juan Jiménez Fonseca, cirujanos del Hospital de la Misericordia; Hernando Forero Caballero, adalid de la especialidad en el Instituto Materno-infantil -IMI- y Hugo Castro Romero, pediatra y autor intelectual de la osadía”.

A simple vista puede apreciarse la intencionalidad pluralista de su composición y sus alcances centralistas, como era la tendencia del momento, sin contar con el apoyo de los otros especialistas que estaban laborando en los otros centros pediátricos del país, en especial el grupo incipiente de Bernardo Ochoa en Medellín, omisión imperdonable que prontamente se intentó corregir con la creación de los Capítulos en otras capitales del país.

Me correspondió ser el presidente fundador de la SCCP y dirigida hasta 1970. Durante ese período debutamos internacionalmente en 1966 como fundadores de la Asociación Panamericana de Cirugía Pediátrica (APCP), agremiación lograda durante la celebración del X Congreso Internacional de Pediatría, realizado en México D.F., bajo el patrocinio y liderazgo del General Médico Jesús Losoya Solís, pionero de la especialidad en el país azteca, para luego participar en 1968 en el Primer Congreso Panamericano de Cirugía Pediátrica, bajo los auspicios de dicha Asociación, con una lujosa delegación integrada por algunos de los fundadores de la ACCP y dos nuevos miembros, Mizrahinn Méndez y Gabriel Rozo, ampliamente conocidos actualmente por sus grandes logros. En dicho evento fue necesario declinar en favor de perú la postulación par realizar en Colombia el 2o Congreso Panamericano, mientras se consolidaba mas nuestro grupo y poder realizar en 1972 el 3er Congreso Panamericano y Primer Colombiano en Bogotá, con indiscutible éxito, como que logramos congregar a más de 450 asistentes, entre cirujanos pediatras, de toda la América y numerosos pediatras y médicos generales alrededor de la idea que se nos volvió la pasión y la obsesión de toda la vida.

Los esfuerzos por el desarrollo en la especialidad en el escenario académico encuentra eco favorable en la gestión de Juan Jacobo Muñoz como director del Departamento de cirugía y el Decano Rafael Casas Morales en la Universidad Nacional, para crear la Sección de Cirugía Pediátrica como una rama del departamento de Cirugía, pues para entonces ya me habían transferido a la nómina de ese departamento, para ser nombrado como profesor Asistente.

Aprovechando sus vínculos como mayor Médico del Ejército Nacional, Juan Jiménez Fonseca logró convencer a las Directivas del Hospital Militar Central para crear en 1969 el Servicio de Cirugía Pediátrica en dicho Hospital, extraordinaria hazaña si se tiene en cuenta que es un hospital general para atención casi exclusiva de personas adultas. Después de una breve pero exitosa labor tiene que retirarse del ejercicio quirúrgico, obligado por una penosa enfermedad, siendo reemplazado por Gabriel Rozo Rojas, contaminado ya con los supremos resultados de la especialidad. Durante su gestión, que aún no termina, crea en 1976 el segundo programa de especialización en Cirugía Pediátrica con el cirujano Martín Gómez, convirtiéndose en un nuevo semillero para perpetuar la especie.

Finalmente, después de mantener en la Universidad Nacional un vínculo constante con los programas de pre y posgrado, en los Departamentos de Pediatría y Cirugía general, después de varios intentos, venciendo incomprensiones y aminorando los celos, se logró en 1987 la aprobación del Programa de Especialización en Cirugía Pediátrica diseñada con las directrices del programa que la ACCP presentara al Icfes por recomendación que hiciera Ascofame a través de Humberto Janer Rúiz y que fuera aprobado por ambos organismos en 1983, y que tiene como característica fundamental ofrecer la opción para hacerse especialistas a cualquier médico general sin ningún prerrequisito. De este programa, que acepta dos aspirantes por año a partir del 1ro de Marzo de 1988, han egresado 11 especialistas con este perfil; los dos primeros, Jesús Niño y Fernando Fierro, actualmente ya son docentes de su Universidad de origen y lo otros están dispersos en la geografía colombiana cosechando sus triunfos.

Otro polo de desarrollo para la Cirugía Pediátrica en Bogotá fue el Hospital Infantil “Lorencita Villegas de Santos”, en el cual, no obstante su vinculación académica con la Universidad del Rosario en el área pediátrica, mantuvo una tendencia a incorporar cirujanos de adultos a partir de la jefatura del Prof. Jorge Helo, cuya labor fue continuada por Rafael Espinel Soto y sus más inmediatos colaboradores Luis Espitia y Cornelio Salsedo, mientras que un pequeño grupo de Pediatras, entre los que recomendamos a Eddy Romero, Martín Millán y Hugo Castro, también asumían la atención quirúrgica limitada de sus pacientes. Igualmente especialistas de otras disciplinas quirúrgicas también estaban presentes, como la Ortopedia Pediátrica, con su indiscutible líder Valentín Malagón, la Cirugía Plástica con Hernando Castro Toro y la Urología con marco Aurelio Nossa. Sólo en años recientes ingresaron cirujanos pediatras de escuela como Alvaro Huertas, Camilo Albornoz y Rafael Peña.

Además de la producción interna de especialistas han llegado a engrosar la familia de la cirugía pediátrica colombiana numerosos egresados de diversas escuelas tanto de América como de Europa que ya comienzan a destacarse en el medio y, recientemente han sido aprobados nuevos programas nacionales como en Manizales y Cali, en su orden.

En la actualidad aún hay quienes miran con recelo a los cirujanos pediatras, pero los pediatras y la población en general respaldan y reclaman sus servicios calificados, porque mas que una aptitud a este experto se le exige, además, una actitud que lo individualiza, lo distingue y lo recompensa; no es el cirujano de sistemas o de órganos exclusivamente: es el que más se aproxima actualmente a la concepción de la cirugía general porque es el cirujano de una edad.

He cedido al impulso de citar casi de memoria muchos nombres, lo cual conlleva implícito l riesgo de las odiosas omisiones, por lo cual demando anticipadamente la debida comprensión para expiar cualquier culpa, pero esta no es la historia, sino apenas unos apuntes para comenzar a escribirla.

Varios de los distinguidos colegas mencionados ya están muertos; al recordarlos rindo un homenaje a su labor de pioneros o colaboradores del compromiso de quienes restauramos la salud del grupo etáreo más querido y promisorio de los pueblos: los niños.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!