Editorial, “Cambio de Mando”

El pasado 1o. de febrero se llevó a cabo en la hermosa y siempre acogedora ciudad de Medellín el “cambio de mando” en la Sociedad Colombiana de Pediatría.

Tomó posesión como nuevo Presidente nuestro dilecto amigo, el doctor Jorge Eduardo Loaiza Correa, quien recibió, de manos del doctor José Serrato Pinzón el encargo de continuar una obra que está llamada a dejar huella imborrable en la Pediatría nacional.

No dudamos que la inteligencia y dinamismo del doctor Loaiza y su magnífico equipo hará lo mejor en este período de dos años y que nos pondrá a las puertas del siglo XXI como un agrupación de modernos amigos del niño del futuro, con mucho amor y entusiasmo.

Desde esta tribuna queremos felicitar al doctor Loaiza por su muy merecido cargo, a él y a todo su grupo de la Junta Directiva del deseamos muchos, pero muchos éxitos y desde ya ofrecemos esta Revista, Órgano Oficial de la Sociedad, para apoyar y difundir todas sus iniciativas.

Por considerarlo no sólo justo sino oportuno, queremos transcribir en esta entrega, tanto las palabras de despedida del doctor Serrato, Presidente saliente, como el discurso del doctor Loaiza, que se convierte en algo así como el esbozo del programa a realizar, con la ayuda de todos los pediatras del país, en los próximos dos años.

1. Palabras del Dr. José Serrato Pinzón:

Muy grato reunirme en esta sala nuevamente, con personas tan afables como lo son ustedes. Hoy con el fin de entregar la Presidencia de nuestra Sociedad Colombiana de Pediatría, a un gran señor, el doctor Jorge Loaiza Correa. Es de pronto fácil decir “que entrego la Presidencia”, pero realmente por dentro de mí hay un sentimiento de pesar grande; fueron 20 años de trabajo continuo, como directivo y en los últimos 8 años después de nuestra unión nacional, ocupando los cargos de Tesorero con el doctor Ernesto Plata Rueda (q.e.p.d.), vocal con el doctor César Villamizar, vicepresidente con el doctor Jaime Truco y luego la presidencia que hoy finalizo; viviendo momentos muy importantes en la Pediatría colombiana, como también momentos muy difíciles para la misma. Espero haber respondido a quienes durante todos estos años depositaron su confianza en mí. Se obtuvieron muchos logros, otros, no fue posible realizarlos, pero, no por nosotros, sino por otros motivos ajenos. Entregué toda mi fuerza, voluntad y tiempo y por qué no decirlo, mi corazón a esta Sociedad Colombiana de Pediatría. Viví el gran momento de la unión de la Pediatría nacional, continuamos con relación y participación directa en instituciones privadas y gubernamentales, nacionales e internacionales, revivimos regionales, mantenemos una Revista digna con la colaboración grande del doctor León Jairo Londoño. ES por esto que puedo decir que entrego una Sociedad grande, firme y ambiciosa, siempre con el objetivo de bienestar del pediatra y el apoyo a la niñez colombiana.

Queda a la próxima Junta Directiva la tarea difícil en este momento de mantener al pediatra como un especialista íntegro, pues hay instituciones que quieren desplazarnos y que nuestro trabajo sea desarrollado por médicos generales, sin demeritar en ningún momento el trabajo que ellos realizan, pero que no lo considero justo, ni lógico. Entonces se debe empezar esta tarea y en un futuro también muy cercano, tener participación directa en las secuelas formadoras de especialistas de Pediatría.

Seguiré por ahora colaborando en forma directa como representante de los pediatras en la Junta Directiva de la Asociación Médica Colombiana recientemente instalada, desde allá espero desarrollar objetivos claros que nos hemos trazado para mantener el nivel adecuado que merecemos, en aspectos éticos, académicos, generales y de participación.

Agradezco a las personas que me ayudaron en una u otra forma en el desarrollo de nuestros programas, a cada uno de los miembros de la Junta Directiva que me acompañaron, reconozco el sacrificio, empeño y entusiasmo; a mi Universidad Nacional de Colombia y al Hospital de la Misericordia, quienes me facilitaron desarrollar esta labor, sin restricción de tiempo y cubriendo mis deberes durante mis ausencias; a los amigos de las casas comerciales por su colaboración en los eventos y demás actividades programadas y a un gran amigo personal, doctor Guillermo Valencia, quien desde hace 20 años me ha acompañado y apoyado a partir de la primera Junta de la cual hice parte, en 1978. Mil gracias Guillermo.

Finalmente a mi familia y en especial a mi señora aquí presente, quienes han sido el pilar más fuerte, y quienes han participado de todos estos momentos, brindándome su amor y cariño.
Mil gracias.

2. Palabras del Doctor Jorge Loaiza Correa. Discurso de Posesión del Presidente, Sociedad Colombiana de Pediatría:

Constituye para mí in gran honor al recibir la más alta distinción de la Pediatría colombiana para ayudar a orientar los destinos de la Sociedad, por voluntad de la honorable Asamblea Pediátrica Nacional, reto que acepto con humildad pero con optimismo y que brinda la ocasión excepcional para servir a la Pediatría colombiana y constituye cuota de responsabilidad con miras a colaborar con la niñez para erradicar el hambre, la miseria, la desnutrición, el maltrato infantil, que tanto malogran la salud de nuestros niños emulando en parte, a mis prestigiosos predecesores doctores Ernesto Plata Rueda, César Villamizar Luna, Jaime Truco Lamaitre y José Serrato Pinzón.

La Sociedad de Pediatría es consciente del deber que le asiste de velar por la salud física y mental de nuestros párvulos y también es su obligación recordar a todos: gobierno, políticos, educadores, psicólogos, sociólogos, padres de familia y comunidad entera, la necesidad de forjar el nuevo hombre colombiano, ofreciendo educación y principios de amor, afecto, solidaridad y sana convivencia, enseñando a respetar ideas, promoviendo la cultura de los derechos humanos y de la comprensión, generada inicialmente en el seno familiar donde cada uno encuentra su propia realización personal.
La familia colombiana ha sufrido cambios sustanciales en su conformación grupal, sus creencias, valores y conductas y por los procesos de migración a la urbe, viven en medio de la violencia, del narcotráfico, narcoadicción, delincuencia común, que ocasiona terror y desintegración familiar que afecta el desarrollo del niño y del adolescente.

Los padres y la sociedad entera no estarían tan preocupados si el sexo y la violencia estuvieran limitados a la pantalla y equipos de sonido. Pero nuestros hijos corren riesgo en el mundo real. Según encuesta del I.C.B.F. sobre la relación entre violencia intrafamiliar y medios de comunicación, La televisión colombiana muestra 27 agresiones físicas y psicológicas cada hora. Así, un niño promedio, que ve dos horas de televisión al día, estaría recreándose con unas 57 agresiones diarias.

El número de asesinatos y violaciones por delincuentes juveniles está en aumento. Los embarazos entre adolescentes han llegado ya a proporciones epidémicas. Existen muchas razones para la delincuencia juvenil, incluyendo la pobreza, problemas familiares, culturales, trastornos psicológicos; pero ¿quién puede afirmar a ciencia cierta que las diversiones violentas no están contribuyendo a empeorar la situación?, ¿Qué es lo permisible?. Esta pregunta debe ser respondida no sólo por los gobiernos sino por los artistas, promotores de cine, productores, ejecutivos de medios de comunicación y por todos nosotros.

Por estas consideraciones la Sociedad de Pediatría Regional Antioquia se aprestan a realizar su V Foro de salud mental, dirigido a la comunidad, para hacerse partícipe de sus problemas presentes y futuros, atendiendo las circunstancias a que no llevan esas cambios tecnológicos y culturales de la sociedad actual.

Los pediatras debemos colaborar en las diferentes regionales del país para lograr una proyección eficaz en el seno familiar que les corresponde y constituirnos en veedores y vigilantes para el fiel cumplimiento del PACTO POR LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA, por medio del cual el estado y la sociedad civil suman esfuerzos para mejorar la calidad de vida de los menores de 18 años.

Programas radiales, de televisión y prensa, servirán para difundir conceptos de CRIANZA HUMANIZADA, sexualidad, alimentación, inmunizaciones. Los congresos y cursos pediátricos deben ofrecer temas de puericultura para educadores y padres de familia y para todos los que tengan que ver con el destino de los niños.

Las universidades de medicina y cátedras de pediatría y puericultura, deben inculcar el sentido ético y humanitario de la profesión, que infortunadamente evoluciona a medida que avanza el proceso tecnológico de la medicina y se masifica y proletariza la profesión. Aceptamos con radar que la moral debe experimentar un desarrollo, si ha de seguir el ritmo de los avances que se producen en el campo del conocimiento.

Cada generación se comporta de acuerdo a cambios ideológicos, educativos y culturales que va gestando la sociedad y por tanto los jóvenes de hoy no se comportan como sus progenitores quisieran, de acuerdo a los estereotipos construidos por el medio social y cultural de su tiempo.

Es deber de la Sociedad de Pediatría vigilar permanentemente los programas de prevención como las inmunizaciones, evitando la proliferación de centros y grupos no idóneos, con esquemas alterados, sin inspección de técnicas, cadena de frío, con propósito utilitarista sin pensar seriamente en la salud y prevención de enfermedades de los niños.

Otra de nuestras prioridades es la vigilancia para evitar el maltrato infantil en todas sus formas. El Instituto de Bienestar Familiar de Antioquia, atendió a 5.035 niños por situaciones de maltrato físico y/o psicológico, ocasionados por sus padres o parientes, en la primera mitad del año pasado y las estadísticas han aumentado de manera considerable en el último período.

De los 5.035 niños, 278 fueron abandonados por sus padres, 1.017 se encontraron en situación de peligro físico o moral, 398 llegaron golpeados por sus padres o mayores y 298 con violencia física o psicológica. El panorama nacional no es menos crítico. (El Colombiano 18 de enero de 1998).

El trabajo infantil, de cuyos 250 millones de niños incorporados en el mundo, dos millones corresponden a niños colombianos, ochocientos cincuenta mil de los cuales sufren, en sus actividades, maltrato físico.

Niños pordioseros de dudosa procedencia, manejados pro personas inescrupulosas, que hacen de esta práctica verdaderas universidades del crimen. “Como se moldea al niño, será el hombre”.

Propongo a mis colegas de las diferentes regionales del país fundar corporaciones como “Cariño”, “Corporación de Amor al Niño”, que en sus casi 20 años de existencia cumple un efectivo trabajo social en beneficio de los niños, promoviendo el fiel cumplimiento de los derechos del niño, asistiéndolos en el campo de la salud con su policlínica Cariño, del Hospital Infantil de Medellín e inculcándoles el concepto de valores como el amor, solidaridad, afecto y convivencia, en diez escuelas del área metropolitana.

Son, pues, múltiples los objetivos que puedo señalar pero debo omitir tantos para no alargar esta intervención, aunque no puedo dejar de hacer algunas consideraciones sobre la Ley 100, de seguridad social en salud, con su filosofía de ofrecer el servicio esencial de salud y crear condiciones de acceso de toda la población al servicio de atención médica a todos los niveles.

No creo contar, entre los presentes, quién esté en desacuerdo con ese propósito en términos generales; pero sí deberíamos, unidos, hacer nuestras propias sugerencias:

  1. Presencia de la Asociación Médica Colombiana en la elaboración de los principios que la rigen y con posibilidades de influir en la toma de decisiones del sector.
  2. Respeto a la elección del médico por el paciente.
  3. Fijar el monto de honorarios que consulte las necesidades del profesional.
  4. Que le médico esté libre de acogerse a las tarifas pactadas.
  5. A quienes se acojan a los términos de la convención se le otorgue algunos privilegios como subvención especial para gastos de consultorio, descuento en las cotizaciones para seguros de salud y de vejez para él y su familia.
  6. AuditorÍa médica para un adecuado control tanto del trabajo médico como del uso del servicio por los derecho-habientes e impedir abusos de parte y parte. Así podríamos rescatar la dignidad del médico y del paciente.

Los niños y los jóvenes constituyen las dos terceras partes de la población colombiana. No hay la menor duda de la necesidad de que hagamos un esfuerzo solidario para mejorar sustantivamente las condiciones materiales y espirituales de la infancia, no sólo porque son los seres más vulnerables de la sociedad y los menos protegidos, sino también, porque estamos tratando con el adolescente y adulto del mañana a quien corresponderá asumir las funciones sociales y directivas que hoy desempeñamos.

Por ello, no tememos equivocarnos al afirmar que lo que hagamos o dejemos de hacer ahora por nuestros niños, necesariamente se reflejará en el tipo de sociedad que tendremos los colombianos en el próximo siglo.

Tenemos el reto y el compromiso de formar líderes capaces de orientar y ser gestores y protagonistas de su propia historia, con capacidad de construir la patria solidaria, participante, con gobernantes y dirigentes honestos, que puedan ofrecer un lugar donde sea posible vivir en paz.

Gracias a nuestros amigos, colaboradores, particularmente a la casa Wyeth a su director Guillermo Valencia, gracias a ustedes señores que nos estimulan con su presencia y gracias a mi esposa Gloria y a nuestros hijos que con su amor, ternura y paciencia, me dan entereza, ánimo y fe para luchar por la bella patria colombiana que añoramos.

JORGE LOAIZA CORREA
Presidente, Sociedad Colombiana de Pediatría.

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