Artículos Originales, Nutrición y Menopausia

Marta S. Cifuentes Acuña

Introducción

La nutrición como ciencia en constante evolución, ha contribuido a lo largo de su desarrollo, contemplando el efecto de la dieta en la salud, a través de los nutrientes en las diferentes etapas del ciclo vital de los seres humanos.

Muchos de los aspectos que influyen en la salud de las mujeres, se relacionan con los cambios hormonales a los que se encuentran expuestas a lo largo de su vida. El cese de su función ovárica a cualquier edad, es un factor importante de riesgo para el desarrollo de patologías que afectan la salud ósea, cardíaca, del sistema nervioso central, así como el desarrollo de la obesidad y algunos tipos de cáncer, estas enfermedades se ven afectadas por hormonas específicas e igualmente pueden acompañar los procesos normales de envejecimiento, llegando a representar la principal causa de morbi-mortalidad en el mundo y en nuestro país1-3.

En la mujer mayor se hace necesario realizar intervenciones en los enfoques de estilos de vida que propendan a favorecer un estado de salud adecuado. La aceleración de la pérdida del hueso que coincide con la menopausia tanto natural como quirúrgica; los cambios en la composición corporal favoreciendo el incremento de la masa grasa y una marcada disminución de la masa muscular; las modificaciones en el perfil de lípido sanguíneo; el incremento en la aparición de algunos tipos de cáncer hormonodependientes, así como una mayor predisposición a desarrollar algunas patologías como depresión, déficit cognitivo y enfermedad de Alzheimer, afectan de manera importante la calidad de vida de esta población.

Durante las dos últimas décadas se han presentado rápidos cambios en los estilos de vida, donde se observan regímenes alimenticios y modos de vida como respuesta a la industrialización, el desarrollo económico, la urbanización y la globalización de los mercados. Todos estos cambios han repercutido en la salud y el estado nutricional de la población tanto en países desarrollados como en transición o en vía de desarrollo.

Estos cambios contemplan un mayor consumo de alimentos con gran aporte energético y baja densidad nutricional, específicamente un incremento en el consumo de grasas saturadas, grasas trans, colesterol, azúcares agregados y la disminución en el consumo de fibra, micronutrientes y antioxidantes, favoreciendo deficiencias nutricionales específicas como resultado de un desequilibrio en los constituyentes de la dieta.

Todo lo anterior sumado a los drásticos cambios en la disminución del gasto energético con un modo de vida sedentario, es una cuota muy importante en el desarrollo de estas patologías que afectan a dicha población.

La Encuesta Nacional de la Situación Nutricional en Colombia4, liderada por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), evidenció que nuestra población se ve afectada por estos cambios típicos de la transición nutricional.

La población colombiana presenta un patrón dietético de pobre consumo de frutas, verduras, leguminosas, cereales integrales, pescados, lácteos y sus derivados.

El sobrepeso y la obesidad afecta especialmente a la población adulta, con mayor prevalencia en las mujeres. El problema se incrementa con la edad y se presenta en todos los estratos socioeconómicos siendo mayor en los estratos altos y en el área urbana. Con relación a la obesidad abdominal, la cual es un factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas, esta se encuentra presente en el 50,1% de la población femenina.

Se ha evidenciado deficiencia en el consumo de nutrientes como: Calcio, Zinc, Vitamina A, y Vitamina C, entre otros.

Estas evidencias obligan a mejorar el estándar de calidad de la dieta de la mujer en las diferentes etapas del ciclo de vida, mejorando el perfil de nutrientes con el objetivo de lograr un mejor estado de salud en la menopausia y postmenopausia a través de la promoción y mantenimiento de la salud, la prevención de la enfermedad y de intervenciones adaptadas a la progresión de estas enfermedades crónicas.

Salud ósea

El proceso dinámico de crecimiento y maduración de los huesos, el cual se inicia en el útero y termina alrededor de la tercera década de la vida, se encuentra influenciado por factores endógenos y genéticos que en interacción con el medio ambiente (nutrición y ejercicio) determinan la mayor acumulación mineral en el hueso o concentración máxima de la masa ósea.

El proceso de envejecimiento se encuentra asociado al fenómeno de osteopenia y de osteoporosis. Estos fenómenos, epidemiológicamente adquieren una gran importancia en nuestras sociedades donde ha mejorado desde hace algunas décadas la esperanza de vida al nacer, dado que en la medida en que envejece la población, los problemas derivados de una pobre masa ósea o la coexistencia de fracturas asociadas a ésta, incrementan en forma significativa la prevalencia de fracturas. Lo anterior implica que todos los esfuerzos destinados a mejorar la masa ósea adquieran especial relevancia en la actualidad. La figura 1 ilustra la ganancia inicial y pérdida tardía de hueso en las mujeres.
Entre los factores de riesgo para el desarrollo de la osteoporosis se encuentran:

• Sexo.
• Herencia.
• Etnia (blanca o asiática).
• Peso corporal bajo o un escaso tejido graso subcutáneo.
• Menopausia.
• Ooforectomía precoz en la mujer.
• Depleción de estrógenos.
• Falta de ejercicio.
• Amenorrea secundaria a ejercicio excesivo en la mujer.
• Edad (> de 60 años).
• Uso prolongado de algunos fármacos (antiácidos con aluminio, difenilhidantoína, hormona tiroidea, corticoesteroides, fenobarbital, furosemida y diuréticos, metotrexato, litio, tetraciclina, ciclosporina, heparina, derivados de la fenotiacida).
• Enfermedades que afectan el metabolismo del calcio y del hueso (insuficiencia renal aguda y crónica, hipertiroidismo, diarrea crónica o mala absorción intestinal, mal absorción de grasas, alergia a la caseína, intolerancia a la lactosa, hipertiroidismo, hiperparatiroidismo, hiperprolactinemia diabetes, escorbuto, gastrectomía subtotal, hemiplejía, enfermedad pulmonar obstructiva).
• Ingesta inadecuada de calcio o de vitamina D.
• Ingesta inadecuada de otros nutrientes (vitamina K, magnesio, proteínas, sodio).
• Consumo excesivo de fibra.
• Consumo excesivo de cafeína.

No solo el calcio, el fosforo y la vitamina D son esenciales para la estructura y función normal del hueso. Existen otros micronutrientes como la vitamina K y el magnesio que protegen la salud ósea5,6.

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