La Educación Terapéutica

Otro elemento fundamental en el cui­dado de enfermería en la primera eta­pa de la Rehabilitación Cardiaca es la educación terapéutica entendida como una transferencia de competencias y formación en la toma de decisiones a través de la potenciación del autocui­dado, fundamentada en el control de los factores de riesgo cardiovascular, el reconocimiento de los signos y sín­tomas cardiacos desencadenados.(22,23)

Educación Terapéutica
La educación terapéutica consta de tres etapas: la primera corresponde a la información y toma de conciencia, la cual es desarrollada en la unidad de cuidado intensivo (UCI), puesto que se ha observado que los pacientes que se encuentran en la UCI pueden asu­mir alrededor de 90% las recomenda­ciones en el manejo de su enfermedad; la segunda es el empoderamiento, re­fuerzo y evaluación de la información proporcionada y la tercera el segui­miento; estas dos últimas se deben desarrollar en los servicios de hospita­lización y consulta externa.(22,23)

Cada una de estas etapas debe estar liderada por el profesional de enfer­mería ya que es quien se encuentra en mayor contacto con el paciente, convirtiéndose así en la persona que escucha, aconseja y acompaña acti­vamente tanto al paciente como a su familia durante todo el periodo de la hospitalización, de esta forma ejerce su rol como consejera, el cual es esen­cial en el tratamiento integral del pa­ciente cardiovascular que se encuen­tra en mayor susceptibilidad por su enfermedad y los cambios acaecidos a raíz de ella.
Actividad física recomendada en la primera etapa I  de rehabilitación cardíaca

La American Heart Association ha es­tablecido que el estilo de vida seden­tario es el factor de riesgo más suscep­tible de sufrir modificaciones en los pacientes con enfermedad coronaria y aquel que de ser controlado, ejerce la mayor cantidad de efectos positi­vos; de manera que la enfermera tie­ne un rol esencial en el desarrollo de las actividades de prevención primaria y secundaria, bien sea realizando una detección precoz o ejerciendo ac­ciones que contrarresten la enferme­dad;(24) en esa medida, el rol educador de la enfermera cobra gran importan­cia en el desarrollo de los programas de rehabilitación cardiaca en donde en control de los factores de riesgo se convierte en uno de los pilares funda­mentales del tratamiento del paciente cardiovascular, actividad que es rea­lizada en mayor medida a través de actividades educativas que pretenden provocar un cambio en los estilos de vida de los individuos.

El profesional en enfermería en su rol educador debe detectar las necesida­des educativas del paciente y su fa­milia, establecer unas metas para cada uno de los factores de riesgo cardiaco, para poder así, plantear y aplicar un programa de atención individualizado que finalmente permita un cambio en los estilos de vida y una completa adherencia al tratamiento.

Conclusiones

Teniendo en cuenta los efectos bené­ficos de los programas de rehabilita­ción cardiaca, cobra gran importancia el papel del profesional en enfermería en la implementación temprana de la primera etapa de la fase I de la reha­bilitación cardiaca, la cual se desarro­lla en la unidad de cuidado intensivo, en donde el profesional de enferme­ría desempeña actividades educativas y de acompañamiento durante la rea­lización de la actividad física y la acep­tación del evento.

UCI, HSI
Los pacientes con síndrome coronario agudo durante su estancia en la uni­dad de cuidado intensivo deben rea­lizar actividad física aeróbica e isotó­nica de 1 – 2 METs aumentando pro­gresivamente hasta 5 METs con una frecuencia de 2 – 3 veces en el día por un periodo de 10 minutos aproxima­damente; durante este periodo el per­sonal de enfermería debe valorar de forma constante la frecuencia cardia­ca, la tensión arterial, la aparición de síntomas de angina, disnea, palpitacio­nes, cansancio o alteraciones del seg­mento ST.

Los pacientes en posrevascularización miocárdica o recambio valvular, deben iniciar la realización de la actividad física cuando su estabilidad hemodi­námica lo permita generalmente a las 24 ó 48 horas del postoperatorio con ejercicios de baja intensidad usualmen­te de 2 a 3 METs, los cuales se aumen­tarán progresivamente a 5 METs 2 ó 3 veces al día, restringiendo siempre las actividades de levantamiento de peso durante las 6 primeras semanas, lo que favorece la cicatrización de la incisión esternal. La progresión de la actividad varía de acuerdo con la fre­cuencia cardiaca del paciente, la pre­sencia o ausencia de síntomas, la ca­pacidad funcional y los objetivos del tratamiento.

Las actividades educativas en la UCI deben fundamentarse en la informa­ción y toma de conciencia sobre el control de los factores de riesgo car­diovascular, los efectos benéficos de las actividades del programa, el reco­nocimiento de los signos y síntomas cardiacos desencadenados por el ejer­cicio, lo que va a permitir una mayor adherencia al tratamiento y con ello un impacto positivo en la calidad de vida de los pacientes.

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