La Inmensa Gratitud en Enfermería

Narrativa

María Isabel Camacho Rojas 1

Enfermería Oncológica

La enfermería oncológica es una especialidad muy importante en nuestro país, ya que la enfermedad crónica oncológica ha aumentado y demanda mayor atención desde la prevención primaria, la hospitalización y la atención en los últimos días de vida, tanto del paciente como de su familia.

Por consiguiente, es requisito para las instituciones prestadoras de servicios de salud que cuenten con servicios oncológicos, personal entrenado y especializado en esta área, al igual, brindar una atención de calidad en conocimientos y trato humano de acuerdo a las políticas internacionales de acreditación.

Soy enfermera especialista en enfermería oncológica, ¿cómo llegue a serlo?, si alguna vez pensé, que no sería capaz de trabajar con pacientes con cáncer, en cuidado paliativo y al final de sus vidas.

Todo comenzó, cuando era estudiante de pregrado, realice una corta rotación en el Instituto Nacional de Cancerología, donde me enfrente por primera vez a un sentimiento de tristeza, al ver cómo un niño, “un ángel”, sangraba tras un diagnóstico de leucemia, sentí dolor y frío, a pesar de que los rayos del sol entraban por la ventana de su habitación, fue impactante para mi alma y pensé que en ningún momento durante mi ejercicio profesional quería trabajar allí.

No, no sería capaz…. Sin embargo, la vida me ha llevado por un camino de sorpresas y situaciones inesperadas. Soy profesional de enfermería desde el año 2001, inicié mi ejercicio profesional como enfermera supernumeraria, lo cual significaba conocer diferentes servicios y cubrir vacantes o ausencias.

Pase por servicios como urgencias, servicios de hospitalización, unidad de cuidado intensivo para adulto y neonatal, y tuve la oportunidad de elegir el sitio que más me había gustado, donde me sentía cómoda para trabajar y poner en práctica lo aprendido.

(Lea También: Compasión: Entendimiento y Alivio del Sufrimiento de Otro Ser Humano)

Así que inicié en hospitalización, donde se atendían pacientes de medicina interna, y de nuevo, pacientes con cáncer, ahora adultos, lo cual me llevo a encontrarme con lo que no quería tiempo atrás.

Al transcurrir de los turnos, mi panorama fue cambiando. Era más detallista en mis observaciones, veía como mis colegas y yo cometíamos equivocaciones cuando administrábamos los tratamientos de quimioterapia a los pacientes oncológicos; me di cuenta del vacío enorme que tenía en los conocimientos y que estaba asumiendo procedimientos que ameritaban una profundización.

Buscando nuevamente mí camino, evitando esa situación, decidí especializarme en algo, y, tuve la idea de querer ser una enfermera con énfasis en temas administrativos, eso era… Entonces, una noche busque a mi jefe, una profesional con entereza, madurez, y experiencia, a quien le comenté mi decisión. Ella sonrió, con una cara que expresaba sorpresa y a la vez reflexión. “Y hoy veo que entre más difícil es el camino, es mejor el andar”.

Una tarde, durante un turno se presentaron coincidencias en los manejos de dos pacientes que se encontraban en habitaciones contiguas, tras una larga y exhaustiva revisión. Al igual de asegurarme de que todo estaba bien, inicié los tratamientos.

Al finalizar, continúe con mis labores, pero pasados unos 15 minutos, se encendió una luz de llamado, sentí en mi corazón que algo no andaba bien; de inmediato asistí el llamado y al entrar en la habitación, uno de los pacientes y su esposa tenían cara de enojo, pregunté: “Cuénteme Sr. Carlos, ¿qué necesita?, y con palabras de disgusto me indicó que el tratamiento que le inicié correspondía a otro paciente, me sentí muy mal. Pero, no podía escapar, pasó lo había temido una y otra vez: atender pacientes siendo una profesional con falencias en experiencia y conocimientos.

Imagino que pase por todos los colores, sentí vergüenza y decepción. “¿Por qué a mí?”. Era evidente, sin querer, me equivoque. En aquel momento, la vida me daba una lección más en mi profesión como enfermera. : “el no salir corriendo ante situaciones difíciles, y enfrentar mis equivocaciones”.

Tras presentar mí disculpa, aceptar mi equivocación, informar al médico y corregirlo, nuevamente “el Sr. Carlos” llamó, y fui de inmediato, pensé que había sucedido lo peor, los malos pensamientos invadieron mi mente.

Pero cuando entre, paso algo que jamás se me hubiera ocurrido que pasaría, “el Sr. Carlos, un hombre Moreno, delgado, alto, con ojos expresivos y con un tono de voz suave, amablemente me dijo: “¡Gracias Jefe!, y disculpe mi molestia, sé que usted no lo hizo con una mala intención, y fui muy grosero, de verdad, gracias por estar conmigo”.

Autor

1 María Isabel Camacho Rojas. Enfermera especialista en enfermería oncológica, Jefe del Programa de Cuidado Paliativo, Fundación Santa Fe de Bogotá, maria.camacho@fsfb.org.co

CLIC AQUÍ Y DÉJANOS TU COMENTARIO

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *