Apuntes sobre el que hacer del Profesional de Enfermería para esta Etapa de su Desarrollo

María Nubia Romero Bailen*

Presidente de la Asociación Colombiana de Facultades de Enfermería (ACOFAEN). Magistra en Salud Pública, Directora del Instituto de Investigación y Formación Avanzada de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.
E-mail: [email protected]

Al hablar de la formación del profesional de enfermería en Colombia hoy, a inicios del siglo XXI, no podemos ignorar las condiciones actuales del mundo, del país y del contexto complejo que se nos presenta.

Se trata de hablar de educación, salud y trabajo, tres áreas, o mejor, tres derechos sodes, que si bien no han sido jamás garantizados cabalmente en este país, en estos últimos años han sido objeto de mayores recortes, víctimas de las políticas privatizadoras y elitizadoras, de concepciones mercantilistas e individualistas.

¿Cómo formar enfermeras y enfermeros en un mundo en acelerado proceso de globalización, de individualización, de mercanulización, de profundas crisis económicas, políticas, éticas, sociales, culturales, entre otras; específicamente en Colombia, sumida en la más profunda crisis de su historia; azotada por un atroz conflicto armado que hunde sus raíces en la injusticia y la antidemocracia; con niveles exacerbados de corrupción; y desarrollando políticas impuestas por los grandes centros internacionales del poder y las finanzas.

Políticas de corte neoliberal que, entre otras cosas, determinan modificaciones de los sistemas de educación y seguridad social, desregulación laboral y, en general, cambios del papel económico del Estado en favor de los monopolios. Desde algunos sectores se dice que arribamos a la sociedad del conocimiento, que quien tenga el conocimiento dominará, que las nuevas tecnologías, supuestamente de fácil acceso para todos, pone ese conocimiento al alcance de todos, y, por lo tanto, que la educación es la varita mágica para salir del subdesarrollo, para llegar al primer mundo, etcétera, y que los problemas del sistema educativo y la pedagogía no existirán más gracias a internet y su supuesta capacidad educativa.

Al respecto, Postman, citado por Savater, aíirma: “existe escasa evidencia (mejor dicho, ninguna) de que la productividad de una nación esté relacionada con la calidad de su sistema educativo” Savater trae como ejemplo el caso de Estados Unidos “cuya potencia económica es mucho más indudable que el acierto de su sistema de enseñanza”.(’) Y yo agregaría el ejemplo de otro país: Cuba, potencia educativa, pero económicamente atrasado.

Evidentemente, la educación es pilar fundamental para el desarrollo de la sociedad, y siempre estaremos trabajando por la elevación de su calidad y por la ampliación de su cobertura; igualmente, es innegable que las nuevas tecnologías son muy úules y debemos esforzarnos por apropiarnos de ellas y ponerlas al servicio de la formación, de la educación, cuidándonos de las perversas tendencias al individualismo, al aislamiento del individuo, a la privatización; pero no hay que olvidar que el problema no es simplemente la educación, sino que debemos considerar otros aspectos fundamentales para el desarrollo y el ejercicio de las diversas profesiones, entre ellas la Enfermería.

Debemos entonces ser conscientes de las condiciones de Colombia, de su atraso, su carácter dependiente y su profunda crisis, para no repetir mecánicamente discursos a lo mejor ajustados a países desarrollados, pero distantes a los nuestros.

No olvidemos, entonces, que desde mediados de la década de los años setenta, y como arma para sortear la crisis mundial capitalista que se generalizaba, las potencias y los organismos financieros internacionales, liderados por Ronald Reagan y Margareth Tatcher, impulsaron lo que hoy se conoce como neoliberahsmo. El denominado Estado de bienestar, keynesiano, desarrollado desde 1945, tras el fin de la 11 guerra mundial, como política para la recuperación económica y calmar el descontento popular, empieza a ser desmontado y con ello las garantías y derechos adquiridos por las poblaciones.

La liberalización de los mercados, la privatización de las empresas públicas, la eliminación de subsidios, la elitización de la educación y la salud, la privatización de las cesantías y las pensiones, la negación del contrato de trabajo a término indefinido y un largo etcétera, se ponen a la orden del día en nuestros países, y en Colombia, especialmente, a partir de mediados de los años 80. La Constitución del 91 se convierte en la base jurídico-política para la implantación del neoliberalismo en el país.

Nos llenamos de reformas “liberalizantes”, llegó la apertura económica, la reforma monetaria, la reforma laboral (leyes 50/90 y 60/92), la reforma financiera (ley 35), la ley 100/93 (conocida por todas nosotras), la 142/94 (de privatización de los servicios públicos) … Nos dijeron que habíamos llegado al futuro, pero resulta que estábamos retrocediendo a la época del capitalismo salvaje.

Se cercenan las conquistas sociales alcanzadas tras la finalización de la 11 guerra mundial, en cuanto a Seguridad Social, salud, educación, convenios colectivos, nacionalizaciones, jornadas de trabajo, entre otros, incluso, este año no se reajustaron los salarios para que recuperaran lo perdido por la inflación, dando lugar a una rebaja salarial generalizada.

La Ley 100 privatizó la seguridad social y entregó las pensiones de los trabajadores a los pulpos financieros. A través de estos, se han individualizado los fondos para los servicios, lo cual, además de romper la sincronización y la racionalidad semicolectiva de los regímenes anteriores de salud, ha generado una gran burocracia financiera extra y se ha encarecido de forma parasitaria y enorme la salud, lo que tiene al borde de la destrucción la red de hospitales públicos.

La estructura organizativa de enfermería en el sistema de salud fue abolida en detrimento de la gestión y control del cuidado. Hoy vemos cómo en algunos hospitales se ha vuelto a plantear la necesidad de mantener o crear una estructura organizativa propia que garantice la calidad del cuidado de salud que el gremio tiene como responsabdidad social e histórica.

Mientras la pirámide poblacional de los pobres crece geomémcamente y la riqueza cada vez se concentra en menos manos, entonces,

El mercado libre se impulsó como “la nueva religión”, como lo plantea Mac Neef, es el nuevo dos, y la salud, la educación y el trabajo, derechos humanos y sociales, individuales y colectivos, básicos, se han puesto bajo esta bandera, al igual que los servicios públicos domiciliarios. Se mercantiliza todo, todo se hace negocio, bajo la falacia de que así se es más eficiente, no importando lo que implica de deshumanización, aumento de las inequidades, de la violencia y la marginalidad social.

Durante estos años se ha acentuado de manera impresionante y abierta la dependencia de nuestro país con respecto a los Estados Unidos. La industria, el agro, el comercio y el mismo sector finan- ciero han caído en una profunda crisis, el crecimiento económico registra índices negativos, la deuda externa crece, el desempleo alcanza cifras impresionantes; la miseria se extiende, el dolor y la infelicidad de millones de colombianos es inconmensurable, incrementados por la crueldad del conflicto armado.

Y algo que nos ha arrancado incluso lágrimas es ver la agonía y muerte de instituciones hospitalarias símbolos de este país, escuelas de d e s de trabajadores de la salud, emblemas del trabajo abnegado por la salud, de la labor social, del cuidado de la salud sin mirar chequeras.

Enfermería adoptó el eslogan “salud para todos en el año 2000”, pero llegó este año y nada,

Sin embargo, el nuevo credo ha demostrado ya, suficientemente, en el mundo, tras más de 20 años de aplicación, su incapacidad para responder a las grandes necesidades del género humano, y, en cambio, su gran capacidad para responder a favor de los monopolios, de los grandes negociantes del capital, sobre todo el financiero, su capacidad para hacer que los pobres sean más pobres y los ricos más ricos.

El fracaso del neoliberalismo ha hecho que muchos de sus seguidores en el mundo retrocedan y busquen otras salidas, reconociendo, por ejemplo, que salud, educación y aún pensiones son tareas p cipales del Estado.y de la acción pública. Pero en Colombia, y en todos estos países latinoamericanos y del tercer mundo, nos lo siguen imponiendo.

La llamada internacionalización y apertura económica, globalización y modernización de la producción, que nos dijeron desburocratizm’an el Esta do, harían más eficiente la economía y traería democracia, libertad y progreso, en realidad han conducido al mayor endeudamiento y dependencia del país, a la privatización del patrimonio social de todos los colombianos, representado en las empresas públicas, a la desreglamentación comercial, financiera y a la flexibilización laboral que da libertad dimitada a los monopolios nacionales y a las multinacionales y deja inermes a los trabajadores.

Con una tendencia así, <cómo formar el personal de enfermería? ¿para que salga a trabajar sin contrato, sin derechos, al servicio de los negociantes?

Proyectar el cuidado desde la perspectiva del desarrollo humano, como afirma Sonia Duque “implica para enfermería el compromiso de asumir la salud como un activo social y político y como un bien deseable, y no sólo como ausencia de enfermedad o como control de los factores de riesgo”(2).

Y efectivamente, la educación del profesional de enfermería en estas dos últimas décadas ha estado centrada en la selección y formación de estudiantes con capacidad crítica, con un alto sentido de compromiso social y con un fuerte ingrediente en su formación hacia la salud comunitaria, salud pública o salud de los colectivos, como últimamente se ha designado, sin descuidar la enfermería clínica. Y este enfoque en nada se resiente por el hecho de iniciar un nuevo siglo.

Esta formación no sólo ha generado nuevos papeles de enfermería para las nuevas generaciones; también ha servido de fuente de conocimiento y desarrollo de liderazgo de enfermeras docentes, y algunas de servicio, para incursionar en espacios de poder que les ha permitido mostrar sus capacidades intelectuales, administrativas y políticas que puede desarrollar un profesional de enfermería si se propone trascender la rutina cotidiana del hacer por hacer.

Esta ganancia de poder de la enfermera coincide, con procesos de empoderamiento que ha logrado en el contexto de las profesiones de salud por su marcada disciplina, organización, visión integral y crítica de los problemas de salud que acompaña a la población colombiana. Pero también es claro que aún nos falta mucho por ganar, especialmente en lo relacionado con propuestas alternativas que incidan verdaderamente en las políticas de salud, en la gestión de servicios de salud y en definiciones claras de nuestras competencias frente al cuidado de la vida y salud de los colectivos humanos.

Este trabajo que realizamos los profesionales de enfermería está cruzado por retos y utopías; siempre nos mantenemos en la línea de conflicto, pues buscamos aportar el recurso humano en cantidad y calidad que requiere el país, pretendemos mejorar las condiciones de vida en medio de un mayor empobrecimento y deterioro de éstas; el cuidado que brindamos se toma paliativo en muchas circunstancias porque no podemos, solas, dembar o minimizar las barreras s d e s y económicas que distancian una excelente o buena calidad de atención en salud; los rostros de la pobreza se reproducen diariamente en las historias repetidas de las gestantes, de los ancianos, de los niños y de todos los adultos que conforman ese conglomerado de más del 60% de pobres en Colombia.

Considerar el acceso a la salud como un derecho humano y social conlleva la aplicación de reglas, deberes y obligaciones que muchos Estados y la mayoría de las empresas privadas multinacionales no desean que sean impuestas, ya hemos visto por qué.

Es necesario aunar esfuerzos de solidaridad y espíritu humanista para que la hecatombe mercantilista no socave los minimos principios de defensa de la vida y la salud desde una perspectiva del desarrollo humano y social, donde el Ser vuelva a ser el centro y fuente de desarrollo y no el capital. ¿Podemos hacer fisuras y desarrollar resistencia al caos? ¿Es este nuestro papel o nos queda el de acomodarnos a las nuevas políticas de manera armónica”? Creo, como docente, que lo primero es no negarnos a buscar explicaciones y comprensiones científicas, ayudadas por los aportes de las ciencias sociales, la economía política y la historia, para no perder la memoria y la ruta de resistencia que como defensoras de la dignidad humana debemos acometer en esta época de desvertebramiento esmctural y social, pues “El cuidado es ante todo humano, porque se sustenta en una relación de interacción humana y social que caracteriza su naturaleza como objetoyY.(q Mientras procuramos ensayar respuestas a estos interrogantes, comparto con Maricel Manfredi “las estrategias para la educación y7, que de alguna manera coinciden con lo expuesto en el documento sobre “Plan de Acción para el fortalecimiento de la investigación” presentado por el comité de investigaciones de Acofaen en la pasada Asamblea.

Desarrollo de la capacidad pedagógica y docente

Es necesario hacer cada vez más consciente desde qué modelo pedagógico enseñamos, interactuamos o trasmitimos el saber. Se hace necesaxio poner toda la capacidad creativa por parte del docente para realizar innovaciones pedagógicas en la medida en que convertimos nuestro acto m c o en un acto de reflexión, valtdación y confrontación, es decir, convertir la docencia en acto de investigación, donde la relidad social y política es fuente de conocimiento y crecimiento disciphar.

La lectura con sentido es una tarea cotidiana entre docentes y estudiantes, para alcanzar procesos racionales críticos que garanticen una mejor comprensión de los procesos sociales, de salud y una eficiente utilización del tiempo, el goce por la lectura desde lo que producimos en nuestros espacios académicos-asistenciales hasta los conocimientos que se obtienen en otras latitudes y espacios socioculturales.

La lectura con sentido permite intercambiar preguntas, dialogar con el “otro”, y fortalece a su vez los procesos investigativos para crear, recrear las dudas y las certezas, poner en tela de juicio los conocimientos trasmitidos o compartidos hasta encontrar argumentos que los validen o refuten desde diferentes perspectivas epistemológcas.

Es necesario e imprescindible que en el acto pedagógco se incentive la reconstrucción del saber a partir de las condiciones propias de los sujetos enfermos o sanos, es decir, que el texto no quede virgen, que cada vez ese texto se recomponga con la experiencia de vida de cientos de hombre y niños que cuidamos a diario desde el quehacer de la docencia articulada con los aportes de enfermeros asistenciales.

Desarrollo de la capacidad investigativa y producción tecnológica

Creemos que si la investigación se pone como eje de desarrollo del proceso de formación o construcción de conocimiento en enfermería contribuiremos seriamente a superar la crisis de las políticas de salud y de los sistemas de prestación de servicios. Pues bien, conocemos que la crisis de la salud no es solamente una carencia de recursos humanos sino también de accesibilidad y poder económico, para lo cual se requiere que enfermería ponga toda su capacidad creativa para encontrar modelos de práctica que contribuyan a paliar las necesidades de salud bajo principios de solidaridad, equidad, calidad, cooperación y eficiencia.

A través de la investigación, como mirada crítica de todo proceso, se forman competencias para la monitoría de los procesos de salud- enfermedad; para identificar y jerarquizar los problemas del individuo, familia y colectivos humanos; para alcanzar procesos de empoderamiento tanto de la comunidad como de los profesionales de enfermería en el contexto nacional acerca de los problemas de salud; con el desarrollo de la investigación también se alcanzan competencias para el desarrollo de políticas y planes de salud que dipfiquen la calidad del cuidado que requiere la población y fomentan el desarrollo de liderazgo para el cumpíimiento de leyes y regulaciones que protegen la salud y promuevan seguridad social.

En fin, la investigación sistemática aportará nuevas formas de abordar, comprender y transformar la problemática de salud de los colectivos e individuos en sus propios contextos. Pero también es claro que si la investigación no responde a estrategias estructurales que cohesione las políticas de salud todo será en vano; si no hay decisión política de cambio todos los resultados serán áridos y el único eco será escuchado por el corazón de quienes indagaron, de quienes sometieron a juicio las premisas y de las docentes que tejen y entretejen resultados con la esperanza de que algún día su utopía sea realidad. Se requiere que en el cuidado hospitalario se valide la práctica profesional, se inicien procesos de innovación tecnológica que incidan en la calidad del cuidado y satisfacción profesional.

Se requiere investigar sobre la reorganización de los servicios de salud en todos los niveles de atención. Todo el desarrollo de estas competencias investigativas se alcanzarán si se trabaja con dos estrategias básicas: líneas de investigación y grupos interdisciplinarios, mejorando y ampliando la divulgación y socialización de los resultados de investigación para que se adopten como literatura básica en la formación de profesionales de enfermería y salud, y alcance niveles de confrontación nacional e internacional.

Desarrollo y capacidad de articulación política

Se requiere una formación para el manejo y liderazgo de políticas en salud. Los currículos de enfermería deben activar el conocimiento y discusión minuciosa de las políticas, de la normatividad y de todo tipo de legislación que se produzca en torno a la salud, pero no como un acto eminentemente académico sino como una posibilidad de socialización y divulgación de los argumentos en pro y en contra que se generen desde el espacio académico y que lleguen a los niveles de poder donde se gestan y orientan dichas políticas.

Enfermería está en capacidad de contribuir con responsabilidad a la construcción de estrategas por el conocimiento que su práctica social le brinda día a día. Para ello es necesario organizar la racionalización de la práctica para formular teoría, políticas, planes y programas en salud.

La formación en general del profesional de enfermería sigue siendo integral, quizá lo que nos falta es profundizar y articular dialécticamente el concepto integral para que los aspectos sociales, económicos y políticos que codeterminan la salud/enfermedad no sean simples agregados sino, de verdad, sean la fuente de comprensión y transformación de los problemas complejos que nos toca asumir en el cuidado de la salud.

En el proceso para desarrollar capacidad política considero de vital importancia trabajar desde la perspectiva de género la autoestima de nuestras adolescentes y mujeres que estudian o ejercen enfermería; pues cualquier proceso de empoderamiento de la mujer o de enfermería pasa por sacudirnos de los modelos de subordinación y marginación que por largos años nos han marcado.

Esta úitima década se ha caracterizado por el acceso a puestos de mando que algunas líderes de enfermería a nivel nacional han logrado, por ejemplo en la dirección de la Superintendencia de Salud, en la gerencia de IPS (Instituciones Prestadoras de Salud) o EPS (Empresas Promotoras de Salud), en Secretarías de Salud, en Vicerrectorías de Investigación, Extensión, Bienestar universitario, como Rectoras, Jefas de Planeación de Universidades, Secretarías Generales en varias universidades del país, y en muchas otras instancias de poder en el sector público y privado.

Esto demuestra que somos capaces de liderar y hacer gestión de los procesos que nos toque asumir. Necesitamos seguir creciendo y ganando espacios de poder, pero eso sí, un poder basado en relaciones sociales democráticas, solidarias, con equidad de género y justicia social, no queremos un poder para oprimir o traficar ni abusar de las redes propias que genera cualquier proceso de empoderamiento. Sería deseable un poder sustentable, como lo define Batliwala, citado por Magdalena León, un “poder en el que las relaciones entre hombres y mujeres permitan integrar lo micro y lo macro, lo privado y lo público, lo productivo y lo reproductivo, y lo local y lo global.

Esta nueva noción de poder incluye una ética generacional que implica que el uso del poder mejore las relaciones sociales de las generaciones presentes y haga posibles y gratificantes las de las nuevas generaciones …”

En síntesis, en el plano de lo académico necesitamos cohesionar y armonizar los currícuios desde la innovación pedagógica, la investigación científica y la interacción social para que tengan cada vez más pertinencia académica, social y política.

Referencias    Bibliográficas 

  1. Savater E La educación desconcertada. En: Lecturas Dominicales de El Tiempo No. 2 1 de mayo de 2000
  2. Duque S. La dimensión del cuidado de enfermería a los colectivos: un espacio para la promoción de la salud y la producción de conocimiento. Ponencia presentada en el XVI Coloquio Nacional de Investigación en Enfermería. Tunja, abril 1999.
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