Factores Generadores y Desencadenantes de Estrés en Enfermería

Es de anotar que las entrevistadas hacen clara diferencia entre las fuen­tes de estrés vinculadas a la familia, los hijos, la pareja y su vida personal. A partir de sus relatos se identifican tres tipos de factores generadores de estrés en el ámbito laboral:

• Asociados a la relación profesional institución: referidos como la falta de apoyo institucional y factores administrativos que generan sobre­carga laboral, carencia de recursos tantos físicos como humanos, in­centivos y remuneración que no satisfacen en su totalidad las ne­cesidades del profesional y facto­res contractuales adversos, incer­tidumbre laboral y simultaneidad de funciones.

Es de resaltar que el desempeño en más de una institución o en di­ferentes áreas, docencia y servicio por ejemplo, no es calificado como “estresante”, sin embargo la ma­nera en que lo describen permite suponer que genera estrés positi­vo: “Hay que correr, pero uno llega y ve gente motivada por la profe­sión, se da cuenta es necesario lo que uno hace, que sí vale la pena” (F2P12).

• Asociados a la autonomía en el de-sempeño del rol de enfermería de­terminado por la capacidad para la toma de decisiones de manera asertiva, a la capacidad de comu­nicación efectiva en la realización de las labores interdependientes; la formación y suficiencia de co­nocimientos y experiencia tanto de otros profesionales de enferme­ría, como del personal médico y auxiliar para asegurar el cumpli­miento de las metas exigidas por el servicio.

En ocasiones se señalan estos fac­tores como una responsabilidad agregada a las múltiples funciones asignadas, “tener un buen equipo de trabajo es fundamental, si uno no puede confiar en los demás vive muy ansioso”.

Se resalta que en la totalidad de las participantes, la relación enfer­mera paciente/cuidador por sí misma no es calificada como ge­neradora se estrés, esta condición se presenta en la medida en que los factores anteriormente enun­ciados afectan la relación de cui­dado.

• Vinculados a la percepción de au­sencia o escaso reconocimiento de su labor. Expresado como frus­tración, déficit de motivación y ambivalencia emocional, frente a la valoración de su profesión. “a nivel personal por ejemplo el sen­timiento de frustración, el ver que tu inicias una carrera con todo el amor por los demás con toda la bendita vocación y ves que la gen­te es tan desagradecida que tú te frustras, no es lo que tu pensabas” (N4P14), “quiero, amo la enferme­ría, sé que es una profesión que requiere un alto grado de huma­nidad, pero lo que uno ve en la realidad es muy decepcionante, en compañeras, en pacientes, en la relación con otros profesionales, no nos hacemos valer o no nos im­porta comprometernos, ojalá us­tedes no se dejen llevar por eso” (F2P8).

Se identifica que respecto a desenca­denantes no se mencionan en las en­trevistas, factores asociados con la personalidad, la dinámica individual, la tolerancia al estrés y a las tensiones extralaborales, situación que desde la revisión teórica se explica como un mecanismo de defensa, que posibili­ta atenuar las consecuencias del estrés mismo, asumir la postura de “obser­vador”, parte del proceso de negación y se podría relacionar con un bajo in­sight, situación que además se eviden­cia al reconocer las estrategias de afron­tamiento implementadas.

El componente personal se aborda en forma tangencial al hacer referencia a la estabilidad laboral y las respon­sabilidades económicas, que según se explica, genera la necesidad de labo­rar en dos sitios, pero no se explicita la vinculación de estos aspectos con la presencia de estrés o con la tolerancia frente al mismo.

Paradójicamente al hacer referencia al estrés que viven­cian en el ámbito familiar o en diver­sas circunstancias de su vida “perso­nal” son claras en señalar caracterís­ticas de personalidad “yo soy canson­cita, en mi casa” (L1P12), “a veces estoy que no me aguanto ni yo… me da pena”, “me desespero, sobre todo cuando quiero dormir y no puedo, que me despierten puede desencade­nar la tercera guerra mundial” (F2P8), “además uno se vuelve como neurótico, entonces cuando tenía tra­bajos en grupo era todo rapidito…” (N2P14).

En síntesis es posible plantear que las participantes identifican desencade­nantes de estrés laboral asociados a la relación laboral de tipo administra­tivo que generan percepción de so­brecarga, simultaneidad de funciones, insatisfacción en la remuneración e incertidumbre laboral, a la necesidad de posicionamiento de la enfermería como autónoma en el desempeño del rol y a la percepción de ausencia o escaso reconocimiento de su labor; los factores mencionados se identifi­can como signos de alarma en la apa­rición del Síndrome de Burnout y ame­rita la implementación prioritaria de acciones tendientes a su prevención, detección temprana y mitigación de efectos en la salud.

Evidencia de estrés

Respecto a las manifestaciones que acompañan esta condición las parti­cipantes no diferencian, al hacer el re­lato de su vivencia, los conceptos de signo y síntoma; es evidente que estos conceptos son conceptualmente cla­ros para las participantes pero al mo­mento de relatar su experiencia, po­dría suponerse que la carga emocio­nal incide de manera negativa y la totalidad de las experiencias son sub­jetivadas; así describe una de las par­ticipantes el aumento de la frecuencia cardiaca: “siento que el corazón se me sale por la boca, me aprieta todo, las sienes las siento a miles…”(N2P13). “La sintomatología del estrés es dife­rente en todas las personas, a nivel personal que me genera o como me doy cuenta que estoy estresada, pri­mero por el espasmo muscular en la parte del cuello, migraña y también por la gastritis” (LJ3P4). Se identifica también que en general la descripción se centra en el aspecto biofísico sin hacer alusión, de no preguntarlo es­pecíficamente, a la dimensión social, que describen como “quiero desapa­recerme y a todo el mundo no tolero, cuando estoy estresada en mi ámbito laboral, hay un poco de agresión con el paciente como que quisiera uno desaparecer” (N1P10).

Al indagar sobre las consecuencias del estrés laboral, nuevamente se to­man las que hacen referencia al as­ pecto físico y coinciden en afirmar que el cansancio, las contracturas mus­culares “vivo con el mico”, la migraña y la tendinitis, son consecuencias del estrés; mientras que la taquicardia, hipertensión arterial, úlcera, gastritis, insomnio se exacerban con el estrés pero en su opinión responden a otra dinámica.

Se identifica que espontáneamente se hace alusión a las consecuencias de tipo psicológico, emocional, respecto a las cuales se menciona en forma reiterada falta de motivación genera­lizada que incluye el ámbito laboral, cansancio mental; otras entrevistadas hacen referencia a indisposición, sen­timiento de frustración, sensación de intranquilidad, ansiedad, inconformi­dad, mal genio, irritabilidad y con­ductas que se proyectan fuera del plano laboral y que experimentan como un riesgo potencial para su es­tabilidad de pareja y/o familia: “sé que me pongo insoportable, nada me gus­ta, no me aguanto ni a mi misma… solo quiero que me dejen dormir …” (F2P10).

“Claro, finalmente si lo afectan a uno, no, uno presenta espasmos cervica­les, dolor de cabeza, hipertensión, inseguridad, no puedo pensar clara­mente” (L1P12), “Muchas, muchas consecuencias, el estrés laboral gene­ra desmotivación laboral, aparte de eso, cansancio físico, cansancio mental, de pronto eso puede llevar a errores con los mismos pacientes, de pronto uno se carga ese mismo estrés para la vida ¿no? para la cotidiani­dad y entonces en casa uno se vuel­ve también agresivo, discute con todo el mundo y como que se desarregla todo” (N1P14).

Modos de afrontamiento

Se repite el patrón de respuesta en el que el factor generador se evade y la persona se reconoce sin capacidad de respuesta efectiva frente a éste; se bus­ca implementar acciones que afecten los desencadenantes y se aplaza su re­solución. La afirmación de una de las entrevistadas ejemplifica lo descrito “Ya sé que no salgo antes de las 2 p.m, me mentalizo para llegar a la casa después de las 3 p.m; no me gusta te­ner peleas desgastantes, dejo todo lis­to y ya… las vueltas que tenga que hacer las hago después… para que pelear” (F3P12).

“La situación es no hablar, yo no ha­blo por que lo más seguro es que si llego a hablar va a empeorar, yo cuan­do hablo de malgenio soy muy explo­siva y muy hiriente, entonces es más difícil corregir esas cosas porque las palabras duelen más que los golpes, entonces yo no hablo y hago mi tra­bajo, no hago nada más” (L3P14). “trato al máximo de hacerme al am­biente y de tolerar a los demás y ¿qué hago? a veces respirar profundo y con­tar hasta 10 y tratar de no reaccionar agresivamente, de pronto pensar bien las cosas y ya” (LJ2P9) “yo me tengo que ir un momento para un sitio sola un ratito, sea al baño me salgo al sol, me bajo al primer piso así sea 5 mi­nutos, el caso es estar fuera de ese es­pacio que me generó ese estrés” (N4P15).

Con relación al modo de afrontamien­to dirigido al problema, se identifica que a pesar de contar con un equipo de trabajo, las situaciones estresantes se resuelven en forma individual, se evidenció que lo más importante para las participantes era priorizar las ac­tividades o situaciones de salud del paciente, seguido de control de las si­tuaciones para plantear alternativas de solución y posteriormente analizar la posibilidad de distribuir actividades al equipo interdisciplinario “general­mente me organizo en lo que voy a hacer antes de hacerlo, entonces nun­ca me acelero a hacer las cosas si no que priorizo y miro que es prioritario, que es inmediato, pero lo que hace uno es organizarse en el momento, cosa que uno no se desespere, lo que hago es mirar lo que tengo, en que tengo que actuar inmediatamente y que pueden otras personas ayudarme a hacer” (LJ1P10).

Así, es notorio el predominio del afron­tamiento dirigido a la emoción y la uti­lización de la negación y la raciona­lización como mecanismos de defen­sa, que dependen más que de una ca­racterística de personalidad instaura­da de los recursos disponibles en mo­mentos en los que se agudiza el es­trés, así como también de la represen­tación social del rol de enfermería; asumir que es parte del trabajo y que la capacidad para tolerarlo es un in­dicador de competencia del saber ha­cer, fueron expresiones reiterativas en las entrevistas. Se identifica que las alternativas de manejo se implemen­tan de manera puntal, sobre un hecho concreto, no se genera ni instaura un plan de acción de manera consiente aunque es innegable que se reorienta el comportamiento.

En síntesis no se identifica un patrón de afrontamiento unificado, lo cual tiene lógica explicación en las dife­rencias individuales, sin embargo, se recalca que el realizarlo orientado bá­sicamente a la emoción y sin la pro­yección de acciones a futuro que po­sibiliten atenuar su aparición, dificul­ta aún más su manejo.

Se identifica, como elementos comu­nes en los relatos, la necesidad de or­ganizar tiempos y actividades; el lla­mado a desestimular paradigmas y re­presentación social que asocia el desempeño del rol de enfermería con la “obligatoriedad” de dar respuesta a diversidad de situaciones sean estas o no de su competencia.

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