Importancia de la Comunicación en el Abordaje a los Pacientes con Problemas Cardiovasculares

Importance of Communication Aproaching Patients with Cardiovascular Problems

Diana Marcela Achury*, Claudia Marcela Velásquez**

Resumen

Este artículo pretende mostrar la importancia que tiene la comunicación en cualquier acción de cuidado específica-mente en la relación terapéutica con los pacientes con enfermedad cardiovascular. Plantea algunos elementos funda-mentales de este proceso para tener en cuenta y lograr una comunicación exitosa. Hace una reflexión sobre la forma como los profesionales de salud deben tener en cuenta no sólo la cultura y aspectos psicosociales del paciente sino también la familia y el cuidador principal como protagonistas de su cuidado.

Palabras clave: comunicación, enfermedad cardiovascular, enfermos crónicos.

Abstract

The aim of this paper is to demonstrate the importance of communication in health care, specifically the thera­peutic relationship with patients with cardiovascular ill­ness. It highlights fundamental aspects in this process that should be considered in order to achieve effective communication, and reflects over how health profession­als must consider not only the patient´s cultural and psy­chosocial aspects but also the family and the principal caretaker.

Key words: Communication, cardiovascular illness, chronic ill people.

Actualmente las enfermedades cardiovasculares se han convertido en una de las principales causas de muerte en el mundo y las actividades que se han venido realizando para su prevención, tratamiento y control se han centrado en la vigilancia y control de los facto-res de riesgo tales como el sedentarismo, el alcohol y el cigarrillo, la edad, las hiperlipidemias y la obesidad; dejando de lado los factores sociales y emocionales que quizás son los que mayor injerencia tienen en la aparición y agudización de estas enfermedades.(1)

La Enfermedad Cardiovascular y su Relación con el Ambiente Social

Cuando la enfermedad de una persona está asociada con un evento cardiovascular, inmediatamente se desencadenan dentro de su ámbito vital una serie de transformaciones que están asociadas con dificultades en la comunicación, dependencia, pérdida de identidad, limitación, pero principalmente una certeza de cercanía a la muerte. Esto ha llevado a que poco a poco se haya confirmado que existe una estrecha relación entre los factores psicosociales, los procesos de comunicación y el padecimiento de enfermedades cardiovasculares Así se encuentran varios estudios, algunos de los cuales se mencionan en este artículo.

Estudio de Bogalusa (1998), señala que las enfermedades cardiovasculares tienen probablemente efectos precursores que se inician en la infancia de acuerdo con el entorno familiar y que tienen efecto sobre los aspectos emocionales y sociales.

El estudio de B. Falkiner, encontró que los hijos de los individuos hipertensos tenían una mayor reactividad opresora a estímulos psicológicos que los individuos sin historia familiar.(3)

El estudio Framingthan Herat Study, y Reynoso y col (2000) consideraron que el patrón conductual A, que corresponde a personas perfeccionistas, que tienen gran cantidad de carga laboral, que realizan las actividades diarias apresuradas, y que se enojan fácil-mente se constituye en un factor de riesgo cardiovascular importante y de impacto.(4,5)

El estudio de Reynoso Erazo mostró que los factores como la ira, la hostilidad y la agresión son manifestaciones psicológicas que se convierten en factores de riesgo cardiovascular.(5)

Un estudio de Gortner mostró que el paciente con enfermedad coronaria presenta dificultades en sus motivaciones básicas de Pertinencia y Afirmación del Yo, fundamentalmente, en el área familiar; y basado en esto señala la importancia de trabajar en pro de mejorar los factores psicosociales relacionados con el trabajo como son (tensión por el empleo, ambigüedad de rol, autonomía en el trabajo, desempleo y jubilación.(6)

El estudio Rankin observó que la edad y el género parecen interactuar de manera única en los cuidadores, donde la mujer por su rol ya establecido de cuidadora, cuando vive la enfermedad de uno de sus familiares, tiene que asumir la responsabilidad a diferencia del hombre cuidador puesto que es la primera vez que lo tiene que hacer y no hay una mayor presión como la gene-rada en la mujer.(7)

Otros estudios epidemiológicos observacionales también han descrito cómo el impacto de las enfermedades cardiovasculares recién diagnosticadas genera una alteración en las variables de adaptación, en los procesos de comunicación y en la calidad de vida percibida; y cómo estas alteraciones se generan porque el paciente manifiesta angustia o depresión por la patología coronaria utilizando el desplazamiento como mecanismo de defensa.(8-14)

El estudio canadiense de Lisa Berkman, Linda Leo-Summers y colaboradores publicado por el American Co-llege of Physicians – Annals of Internal Medicine en 1992 toma como referencia tres soportes emocionales necesarios en la salud cardiovascular como son 1. el marital, 2. los amigos, y 3. el grupo social. Encontró además, que los individuos que no contaban con un adecuado soporte social tenían una mayor tasa de mortalidad: 45% aquellos que no reportaban soporte emocional, 27% en quienes reportaron un soporte emocional, y 19% en quienes reportaron dos o más soportes emocionales.(15-17)

Este análisis de las investigaciones he-chas nos muestra la necesidad de un manejo integral y multidisciplinario, con inclusión del medio ambiente y la familia, con el propósito de favorecer procesos de interacción entre los aspectos sociales y emocionales del paciente. Esto implica generar procesos donde la persona entienda su enfermedad y comprenda que a pesar de que puedan existir transformaciones en su cotidiano vivir por causa de su patología, el padecerla no significa perderse así mismo en ella. Es decir, que el individuo a partir de un trabajo terapéutico conjunto, pueda sentirse reconocido, comprometido y aceptado en los distintos roles (familiar, laboral, social) como también en la afirmación de su Yo, permitirse expresar los pensamientos y demostrar los sentimientos aunque no coincidan con su interlocutor, respetando al otro, pero fundamentalmente, dueño de sus propias decisiones.

Sin embargo, lo que es visible tanto en los estudios como en nuestra experiencia profesional es que un paciente que padece una patología cardiovascular, poco a poco padece una pérdida de su identidad y autonomía, ya no es la persona que era porque ahora es un paciente cardiovascular. El nombre, su identidad como persona cambia y se convierte en paciente en condición absoluta de vulnerabilidad. El tratamiento se centra en mostrarle sus pérdidas más que sus ganancias, su familia, si la tiene en su afán de protección descalifica su posibilidad de autocuidado y desvaloriza sus manifestaciones de desagrado o queja.(18-20)

Así la persona con una patología crónica tiende a aislarse en sí misma, y le cuesta trabajo compartir sus angustias y temores reales, pues no quiere que los otros le demuestren pesar o minusvalía; puede relatar tener muchos conocidos, hasta calificarlos como “amigos” pero con los que sólo comparte los buenos momentos o pasatiempos pero nunca sus preocupaciones de manera auténtica, le asusta la intimidad, “desnudarse con el otro”, porque en realidad se “desnudaría con él mismo”. Se confrontaría con sus miedos y sus angustias sobre su enfermedad y sobre su muerte.(21-25)

La enfermedad, cualquiera que ésta sea, pero especialmente la enfermedad cardiovascular, tiene una connotación social de minusvalía, limitación y de-pendencia. El paciente cardiaco es un paciente que padece una enfermedad aceptada socialmente, pero que está acompañada de temor, de miedo pero sobre todo de cercanía a la muerte lo que hace que el paciente se aísle y su familia también de la exploración de esos significados que tiene la enfermedad y que potenciarían, si se hablara más abiertamente de ella, un proceso de aceptación y adaptación mejor.

Comunicación en el Paciente Cardiovascular

La comunicación es quizás el proceso más importante en la relación enfermero sujeto de cuidado en cualquiera de las áreas de actuar profesional, porque la comunicación es la posibilidad de construir interacciones que a través del lenguaje crea mundos de significado.

Sin embargo, a veces nuestro quehacer profesional se convierte en rutina, se centra la atención en el cuidado tecnificado y físico, y se olvida la importancia de la verdadera comunicación con el paciente y que es fundamental acompañarlos en ese cuidado emocional y social que es el que aporta un sentido de humanización a nuestro quehacer.

Debemos tener presente que la comunicación es la fuente donde se construyen las cosas, hechos, fenómenos, el medio por el cual el hombre es capaz de crear los ámbitos interrelacionales que construyen su personalidad. Por el contrario, si la comunicación se torna en instrumento, se pierde su poder transformador y relacional. Sin el poder de la comunicación no podríamos expresar los momentos cruciales que son los que dan el sentido a la vida humana. La comunicación es entonces, un proceso que no se reduce a la mera repetición mecánica de voces aprendidas de memoria, sino a ser vehículo de ámbitos que conforman la vida y más aún durante la relación enfermera – paciente. Es preciso resaltar que la palabra como medio para comunicar un contenido concreto, recibe su sentido del silencio de la reflexión. La palabra necesaria y el silencio se integran en la comunicación a través del lenguaje y no se contraponen, sino se potencian.(26,27)

Teniendo en cuenta lo anterior es importante anotar que la enfermedad cardiovascular se considera socialmente un padecimiento grave, por lo tanto, crea en el paciente un estado de fuerte ansiedad que se ve acompañado de incertidumbre, lo que lleva al paciente a buscar en el medio indicios que le muestren la situación real de su salud y lo oriente sobre la forma de sentir en esa situación.

De esta manera, en el marco hospitalario, el paciente va a tratar de determinar la respuesta idónea a la situación, para lo cual buscará información acerca de su enfermedad a través de todos los indicios que le pueden suministrar las personas con las que interactúa. Y es que, en el ejercicio de la medicina o la enfermería, se plantean numerosas situaciones en que se da un ocultamiento de la información al paciente, pero ello no impide que éste preste atención a los indicios no verbales del engaño. Y en función de ello el paciente se hace unas expectativas acerca de la gravedad de su propia enfermedad, del interés que el médico y la enfermera tienen por él, etc. Los pacientes son especialmente propensos a obtener información en la que basar estas expectativas, a través de indicios no verbales. Los pacientes observan las acciones no verbales de quienes los atienden y deciden si son apreciados, respetados, si se espera que mejoren, o si resultan repugnantes, desvalorizados o intratables, lo cual, obviamente, está muy relacionado con las llamadas expectativas que se cumplen a sí mismos.(28)

De ahí que el paciente necesite un encuentro con un profesional dispuesto a ser honesto con él, a brindarle información que aclare sus dudas y a generar un proceso de comunicación terapéutica de confianza que le permita determinar esos miedos y el riesgo real o no de su enfermedad.

Características de la Comunicación

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En la comunicación existe una serie de características que se pueden establecer en la relación terapéutica y que es necesario tener en cuenta si se quiere lograr un proceso adecuado de comunicación sobre todo si se trata de comunicarse con una persona enferma:(29-32)

La expresividad

Dado el gran número de emociones de diferentes clases que se suelen experimentar en una situación de enfermedad y que no son fáciles de sentir en el mismo grado en la vida cotidiana (miedo, dolor, ansiedad, inseguridad, incertidumbre, etc.), suele ser habitual que el paciente experimente un aumento considerable en su capacidad de expresividad por vía no verbal. Es más, sabemos que las emociones se expresan generalmente por vía no verbal, y en el caso de las emociones asociadas con la enfermedad el paciente está especialmente sensible.

La manifestación no verbal de tales emociones es más probable debido a las dificultades que los pacientes suelen tener para expresar verbalmente sus sentimientos relacionados con ciertos temas que le resultan embarazosos – temerosos y enfrentarse a situaciones suscitadas por la enfermedad. Incluso existen casos extremos en los que el sistema de expresión verbal del paciente se ve afectado por la enfermedad hasta quedar totalmente deteriorado, de tal forma que el sistema de comunicación no verbal se convierte no sólo en la principal sino en la única vía de comunicación entre el paciente y su entorno.

El profesional de salud tiene entonces, la responsabilidad de volverse muy sensible a esas señales que el paciente envía, pues esta comunicación es la que brinda mayor información sobre la persona que necesita cuidado.

La mirada

Se trata de uno de los elementos de la comunicación no verbal que más in-formación aporta, si se sabe interpretar adecuadamente, pues cumple una serie de funciones entre ellas: la regulación del flujo de la comunicación, la obtención de un feedback acerca de cómo los demás reaccionan a una comunicación, expresión de las emociones, comunicación de la naturaleza de la relación (diferencia de estatus, etc.). Así, por ejemplo, con respecto a la última de las funciones mencionadas, que el profesional de la salud no mire al paciente a la cara forma parte de un proceso de despersonalización que suele utilizarse con frecuencia en ambientes hospitalarios. Por otra parte, las pautas de mirada a pacientes con defectos físicos notorios tienden a ser más rígidas que las que se dan en la interacción normal. Se ha comprobado que el mirar excesivamente y con insistencia a un paciente, sin causa alguna aparente, posee probablemente efectos negativos, puesto que puede hacer que el paciente se sienta una persona rara, mala o gravemente enferma.

La expresión facial y gestual

El cuerpo en general es el medio a través del cual se expresa la mente humana, es su vehículo de comunicación y es en el rostro, en las expresiones faciales donde se puede leer o no el malestar o el bienestar de un paciente de manera específica. Un profesional de salud debe estar atento a estas manifestaciones, debe aprender a leer lo que el paciente expresa. Pero también debe usar su propio cuerpo para generar una comunicación eficaz. Acercarse al paciente, tocarlo, sonreír con él. El cuerpo del profesional se debe convertir en un instrumento terapéutico. La proxemia del terapeuta (se define como el espacio que la persona utiliza al interactuar con otras personas) le señala al paciente el interés que éste tiene en su padecimiento. El paciente necesita además de una información adecuada verbal, una información no verbal de cercanía que le permita generar confianza en su terapeuta o cuidador. El paciente necesita sobre todo un contacto físico que le brinde seguridad y le permita sentir aceptación y empatía.

La voz

La importancia de la voz como instrumento de comunicación no verbal estriba en su capacidad para transmitir información acerca de los estados emocionales del que habla, con las implicaciones que ello tiene en el campo de la salud. El tono de la voz y una serie de señales sutiles relacionadas con ella son especialmente importantes cuando el que habla pretende o bien engañar o bien ocultar información al paciente. La voz acerca o separa al paciente, esto no quiere decir que se tenga que transformar la manera en que usualmente el profesional se comunica con alguien. Se trata de tener en cuenta la entonación, la intención que se manifiesta en ella. La voz es la melodía de las palabras y son las palabras las que comunican sentidos.

Las palabras

Las palabras crean mundos, son las palabras las que hacen construcciones de sentido. La enfermedad no existe en la realidad. Existe un proceso biológico que es leído por los profesionales de salud como enfermedad y es construido a su vez por el paciente como su enfermedad. No la de otros, la de él. Esa enfermedad lo relaciona con sus creencias, con su cultura, con su rol en el mundo.

El paciente cuando sabe que es un paciente con una dolencia cardiaca, genera un imaginario de sí mismo y empieza a relacionarse con la enfermedad que tiene, sin que se convierta todo él en enfermedad cardiaca.

Sin embargo, los profesionales de la salud por el contrario olvidan que la persona que tiene un padecimiento no es el padecimiento en sí y por eso sustituyen muchas veces el nombre del paciente por la patología. Así es-cuchamos en los servicios de hospitalización, por ejemplo, hay que darle el medicamento al de la falla cardiaca. Como si esa persona fuera una falla cardiaca andando y no un sujeto de cuidado que tiene múltiples dimensiones una de ellas su padecimiento.

Otra de las situaciones que el profesional debe tener en cuenta es el uso de una jerga que sea fácilmente codificada por el paciente. Los pacientes se preocupan cuando el profesional utiliza lenguaje médico, para explicarles algo relacionado con su enfermedad. No es que no se deba utilizar, es que se debe traducir en términos cotidianos. El paciente bajará sus niveles de inquietud si entiende lo que le ocurre y comprenderá mejor la razón de su tratamiento o las restricciones a las que se ve sometido en cuestiones de dieta, ejercicio etc., si el profesional logra darle una información coherente y clara.


*Magíster en Enfermería con énfasis en el cuidado de la salud cardiovascular. Profesor asistente Pontificia Universidad Javeriana. Facultad de enfermería. Enfermera asistencial unidades de cuidado intensivo.

** Enfermera magíster en Psicología social y comunitaria. Coordinadora medicina comunitaria. Universidad El Bosque. Facultad de Medicina.

Recibido: marzo de 2008
Aceptado para publicación:marzo de 2008
Actual. Enferm. 2008;11(3):14-20

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