Temas Metabólicos y Endocrinos: La Gota

Algunas Anotaciones Históricas

Jorge Escandón Sorzano, MD +
+ El doctor Escandon –fallecido- presento este trabajo a la Academia Nacional de Medicina, el que fue publicado en “Temas Médicos”.

La gota hoy puede definirse como la presencia de depósitos tisulares de cristales de urato monosódico. Pero para llegar a esta definición se han necesitado muchos siglos de padecerla, estudiarla y conocerla (1-4).

El propósito de estas anotaciones es hacer una breve revisión de su historia hasta el siglo XIX.

Según unas hipótesis cuya exactitud algunos ponen en duda, la palabra gota deriva del latin guta y fue usada por los médicos a partir del siglo décimo de nuestra era. Para designar la enfermedad causada por un humor viciando que fluía gota a gota especialmente en las articulaciones del pie (1-5).

El término podagra (del griego podos: pie, y agreos: agarrar, atacar) es muchísimo más antiguo, puesto que aparece en escritos del siglo V antes de Cristo (6,7). Resulta curioso que los dos términos (gota y podagra), que se convirtieron en sinónimos, tuvieron usos distintos a los originales.

Podagra se usó para designar la enfermedad localizada en otras partes del cuerpo, hasta se llegó a hablar de “podagra dentium”.

En cuanto a la palabra gota:

Existieron la gota serena, orbe o ciega (amaurosis por enfriamiento), gota felonesa o de Avertino (epilepsia) y gota inguinal (bubón inguinal) entre otras (5)

En la mitología griega existen dos versiones sobre el origen de la enfermedad: según la primera, la podagra nació del triste Cocito, concebida en las entrañas del demonio Meguera en las cuevas del Tártaro y en sus labios Alecto vertió su leche amarga (5,6,8).

La segunda versión (5,6), más popular, señala que se origina en la seducción de Afrodita (Venus) por Dionisius (Baco). Iimplicaba pues, la intervención de un poder sobrenatural y representaba un sacrificio en el altar de la intemperancia y la sensualidad.

Parece que este concepto de la intervención sobrenatural perduró mucho tiempo, aún en la era cristiana y por esto encontramos tantas descripciones y curaciones milagrosas.

Por ejemplo después de la muerte de San Ricardo, ocurrida en 1253 su confesor describió entre otros milagros del Santo el ocurrido al intendente de baile de la orden. Una vez que padecía un fuerte ataque de gota, el Santo le envió sus zapatos, que al ponérselos le cortaron de inmediato el acceso y nunca más lo volvió a presentar (5).

En los escritos hipocráticos la podagra se menciona ampliamente y se explica por disturbios en los humores del cuerpo, especialmente un exceso de bilis y flema que contamina la sangre de los pequeños vasos de los tendones y los huesos, produciendo una irritación hasta que son “digeridos” o eliminados con la ayuda de purgantes o de muxibustión.

Además en los famosos aforismos, también Hipócrates (469-377 a de J.C.), cita la enfermedad la Gota:

“Los eunucos no tienen podagra, ni se vuelven calvos”. “El joven no tiene podagra mientras no practica el coito”. “La mujer no tendrá podagra antes de la desaparición de sus reglas” (9,11).

El gran Galeno (130-200 d. de JC.) quien describió los tofos, sostuvo los conceptos hipocráticos referentes a la patogénesis de la podagra. Los cuales, conocidos como “teoría humoral”, fueron admitidos por los médicos durante cerca de 2.000 años.

Además Galeno declaraba que “en la época de Hipócrates había pocos gotosos, porque entonces la vida era sobria y bien reglada. Pero en nuestros días el lujo en la mesa ha llegado a un extremo tal que no es posible rebasarlo.

De aquí que los mismos eunucos estén afectados de podagra, tantos son su glotonería y hábito de emborracharse” (5,6,8-11).

Paulus Aegineta (625 – 690 d. de J.C.) el último de los grandes médicos de Bizancio, sostuvo que la enfermedad era causada por “la coincidencia de un humor preternatural y una debilidad de las partes”.

El humor predominante, engendrado por exceso de alimento, indigestión o falta de ejercicio. Podía ser bilioso, sanguíneo o melancólico, pero la mayoría de las veces era pituitoso y crudo. Este humor se fijaba en alguna articulación previamente debilitada, y tensionando los “ligamentos nerviosos” ocasionaba dolor.

Decía también que: “Cuando la enfermedad se prolonga en las articulaciones y el humor se vuelven espeso y viscoso, se forman los tofos o piedras de tisa.

A veces el humor tiene una naturaleza compuesta, entonces la enfermedad es difícil de distinguir y difícil de curar o casi incurable” (5).

Increíblemente como lo hemos señalado, estas ideas permanecieron invariables o con muy pocos cambios durante siglos sobre la Gota:

Según puede verse en escritos del período isabelino, los cuales señalan que los “humores que abundan y se fijan en las articulaciones pueden ser sanguíneos o coléricos, flegmáticos o melancólicos los cuales son puestos en marcha por disolutos y voluptuosos excesos de apetitos sensuales”, pero que también son engendrados por “penas, ansiedades, desvelos y otras perturbaciones de la mente”(5).

Ahora bien, ¿dónde se originaban estos humores? Para Fernelius (1.497 – 1.558) tenían origen en la cabeza y el pericráneo (5,8).

Por su parte, Welles (8) sostenía que “en el cerebro se originan todos los catarros” pero que “también pueden provenir del hígado, los riñones, el intestino delgado o la matriz”.

Sostenían que la gota

Otros, incluyendo a Sydenham (1.624 – 1.689) sostenían que la gota nacía del estómago (5,8,9,11). El médico y alquimista suizo A.T.B von Hohenheim, “Paracelso” (1.493 – 1.541) expuso su original teoría de las enfermedades del tártaro (Bitartrato de potasio). Ssegún la cual esta sustancia, encontrada en los barriles de vino, era resultado vital de la fermentación, en el cuerpo humano se derivaba de la digestión de los alimentos, entraba en el sistema y por acción del “espíritu de sal” se transformaba en sustancias pétreas.

En cuanto a la gota sostenía, que el gluten, también llamado sinovia por los antiguos, es semejante a la clara de huevo, y en presencia de sustancia salada se coagula e inicia la inflamación en donde esté localizado (5,8-11).

Para Paracelso la.. esperma podía sufrir el mismo proceso y producir las mismas consecuencias.

Lea También: Tratamientos de la Gota

La gota con los procesos litiásicos

Estas teorías aunque muy distantes de los conocimientos actuales, tienen sin embargo trascendencia por ligar a la gota con los procesos litiásicos, como lo había hecho Galeno. Por darle importancia al “gluten album” o líquido sinovial y por comenzar a dar una explicación química a la patogenia de la enfermedad (5,8-11).

El sabio médico Thomas Sydenham (1.624 – 1.689), quien fuera llamado el Hipócrates inglés, o el divino Sydenham y quien sufrió de gota durante 34 años, dio a conocer en 1683 su “Tratado sobre la gota y las hidropesías” 1-5,8,9,11-14). Con respecto al cual escribía a su colega y amigo Dr. Thomas Short: “os envío un pequeño tratado sobre la gota y las hidropesías.

Estudiando hasta donde me ha sido dado este asunto, y concentrando toda la energía de mi pensamiento me he provocado un acceso de gota tal como no había tenido ningún otro.

Obligóme ello a abandonar, muy a pesar mío, el trabajo proyectado, y a pensar en cuidarme.

Cada vez que insistía en mis estudios, la gota reaparecía”. Parece, pues, que ante la imposiblidad de sostener la pluma, hubo de recurrir a un amanuense amigo.

Patogenia de la gota.

El profesor francés Jaccoud (1.830 – 1.913) aún en la tercera edición de su “Patología interna” (1.881). Aunque acepta el concepto de discrasia úrica, cuestiona muy seriamente las teorías de Garrod referentes a la patogenia de la gota.

Pero en cuanto a la etiología señala por una parte la herencia y por otra la “higiene viciosa”.

“La falta de ejercicio físico y la vida reclusa, que limitan la actividad de la hematosis, el abuso del alcohol, el te, el café, agentes que gastan, que restringen el poder digestivo y las combustiones orgánicas, son circunstancias las más apropiadas para producir el aumento de la úrea. Y si a esto se añade el exceso en la cantidad de los alimentos ingeridos, la higiene viciosa se realiza por complemento y la discracia es segura” (13).

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