Detección temprana de pérdidas auditivas un deber pospuesto

María Elvira Brigard de Pardo*, Carmenza Gómez H.*, Hilda González de Barreto*,
Susana Pastoriza M.*, Patricia Rángel M.*, Clemencia Restrepo A.*, Berta Villegas B.*

*Audiólogas Corporación Universitaria Iberoamericana.

La habilidad para escuchar es parte integral del proceso de comunicación humana y la vía auditiva es el elemento fundamental en el proceso de adquisición del lenguaje y de todo tipo de aprendizajes; con justa razón Aristóteles desde tiempos antiguos decía “el oído es el órgano de la educación”. El lenguaje es una vía de comunicación que permite percibir y participar.

El propósito de la detección temprana es, como su nombre lo indica, identificar en forma precoz a los niños que tengan pérdida auditiva, para que sean intervenidos antes de los seis meses de edad y las posibilidades al futuro sean mucho mejores en cuanto a su desarrollo. Para poder llevar a cabo esta identificación según Bess (1998), se deben valorar todos los niños nacidos vivos, pues el 90% de las pérdidas congénitas no tienen historia familiar de sordera y solamente el 25% de los casos son genéticos en origen.

Numerosos estudios han determinado que entre el 40 y 50% de los niños detectados con pérdida auditiva no tienen historia ni familiar ni de alto riesgo.

La pérdida auditiva trae consigo consecuencias negativas en el desarrollo del lenguaje expresivo y compresivo, cognitivo, social, emocional y de auto imagen, como lo afirman Yoshinaga y cols. (1998) y Moeller (2000), si existe una detección temprana de la pérdida auditiva, mayores opciones tienen los niños de recibir un tratamiento adecuado y precoz, lo que les permitirá desarrollar buenas capacidades comunicativas, resultando esencial para adquirir educación y desenvolvimiento social.

Si el trastorno auditivo se detecta en forma tardía, las oportunidades de una intervención y habilitación se reducen en forma considerable. Según Yoshinaga (1998), la edad ideal para recibir intervención es antes de los seis meses, puesto que la etapa crítica del desarrollo integral del niño son los tres primeros años de vida. En estudios realizados el mismo autor reporta que la intervención temprana aumenta las posibilidades de un mejor desarrollo general.

Dada la gran importancia de la detección temprana y de la intervención precoz, es fundamental diseñar un mecanismo de tamizaje auditivo neonatal, de fácil adquisición y aplicación en nuestro medio. Como todas las grandes empresas que se acometen, el proceso es lento y dispendioso, no se puede esperar que se pueda cubrir el 100% de la población desde el principio, pero aunque el primer paso siempre sea el más difícil, debe darse.

El presente artículo presenta un manual de procedimiento para detección temprana y algunas pautas para su intervención desarrollado bajo los parámetros del Joint Committee on Infant Hearing (JCIH) de 2000 y dirigido a la comunidad médica para crear conciencia del problema y mostrar una vía de solución creando un protocolo rutinario de evaluación audiológica temprana en el recién nacido.

Historia

A través de los años, la detección precoz de las pérdidas auditivas ha sido uno de los mayores desafíos de los sistemas de salud en todo el mundo. En las dos últimas décadas, se han intentado desarrollar diferentes programas en el ámbito nacional e internacional: Estados Unidos 1964, Cuba 1983, Colombia 1993, países europeos 1996, dichos programas han sido promovidos a nivel privado o gubernamental y de academias.

En Colombia hasta el momento, no se han definido en forma estructurada programas de tamizaje universal en neonatos a nivel gubernamental; sin embargo, instituciones como PREGEN (Bogotá) y algunos audiólogos independientes realizan pruebas de tamizaje utilizando Otoemisiones Acústicas (OAE) o ABR automático (AABR), pero estas acciones se constituyen en esfuerzos aislados y no se han asociado a programas de intervención y rehabilitación temprana.

Hoy en día 32 estados de Estados Unidos están llevando a cabo el tamizaje universal entre el 85% y el 100% de la población de niños nacidos vivos. Países europeos como España, Francia e Inglaterra, en el último año han implantado como un procedimiento de rutina en sus hospitales el protocolo de tamizaje universal indicado por el Joint Committe on Infant Hearing de Estados Unidos.

El problema en Colombia

Según el Instituto Nacional para Sordos INSOR, en su informe general de actividades presentado en 1998, en el país se han realizado estudios sobre la detección y prevención de problemas auditivos en los servicios seccionales de salud de Antioquia (1993), Quindío, Cauca, Valle, (1995), Risaralda (1993-1994), Huila y Bogotá. Todos estos estudios se han realizado en población infantil mayor de un año, lo que refleja que existe cierto desconocimiento sobre la importancia de la detección temprana de los trastornos auditivos y su importancia para la salud auditiva – comunicativa en la infancia.

En Bogotá, en un trabajo de grado de la Universidad Nacional, González y Martínez (1998) encontraron en su investigación la existencia de unidades de evaluación audiológica para niños de 0–12 meses de edad en 10 instituciones de salud que prestan el servicio de maternidad o atención en salud a niños de este rango de edad. Los resultados del estudio demostraron que aunque existe el servicio audiológico en el 70% de las instituciones observadas, no se ejecutan acciones para la evaluación precoz ni existen datos contundentes de procedimientos detamizaje auditivo en neonatos.

El Cuadro 1 resume los datos de las instituciones encuestadas , el promedio de número de partos que atienden mensualmente, la existencia o no de servicios audiológicos y los procedimientos de identificación de pérdidas auditivas que poseen.

En otro trabajo de la misma universidad, Castro y Espinel (2001) realizaron tamizaje auditivo a niños de alto riesgo mediante potenciales evocados auditivos de estado estable multifrecuencia. De 70 niños seleccionados se evaluaron 33, cinco de los cuales fallaron y solo a uno de ellos se le confirmó una pérdida auditiva. A los cuatro restantes no fue posible hacerles seguimiento por diversas razones, tales como la falta de interés por parte de los padres, desinformación o cambio de EPS, entre otras.

A pesar de que la muestra anterior no es estadísticamente significativa, el dato de un niño por 70 seleccionados es demostrativo de la alta prevalencia de pérdida auditiva en el país y de la necesidad de establecer un programa universal de tamizaje auditivo en neonatos.

Nuestros médicos frente al problema

Por otro lado, en nuestro país es significativo el desconocimiento sobre la detección temprana de pérdida auditiva por parte de los profesionales de la salud relacionados con la neonatología.

Con el objeto de presentar una situación diagnóstica, elaboramos una encuesta dirigida a médicos pediatras y otorrinolaringólogos. Los resultados demuestran lo siguiente:

En la encuesta a pediatras (con 30 encuestas respondidas) quienes son en primera instancia los que están en mayor contacto con los niños, se observó que en su mayoría trabajan en centros hospitalarios que poseen servicio de audiología desde hace 15 a 20 años en promedio, sin embargo, aún no poseen un protocolo de evaluación audiológica unificado.

En cuanto al resultado de encuestas a ORL, con un total de 42 respondidas se encontró que el 85% de ellos no tiene un interés real para la detección temprana de pérdida auditiva.

Quienes respondieron negativamente a la pregunta sobre si realizaban o no tamizaje auditivo, argumentaron entre otros factores, la falta de recurso humano y técnico para realizarlo, carencia de equipos, no es un procedimiento rutinario, sólo se ejecuta si el servicio es solicitado o existen sospechas de trastorno auditivo, su trabajo primordial es en urgencias o no tienen contacto con recién nacidos.

Con una distribución de frecuencias uniforme, las evaluaciones, cuando son efectuadas, son realizadas por ORL, fonoaudiólogos, audiólogos, y con menor ocurrencia, estudiantes de fonoaudiología y fisiatras. Cabe anotar que entre quienes respondieron afirmativamente, al preguntar qué profesional realiza la evaluación, cinco respondieron que “nadie”.

CUADRO 1

Resultados de la investigación de González y Martínez (1998)
Institución EncuestadaNo. Partos MensualesExiste Servicio AudiológicoProcedimientos de Identificación de Pérdida Auditiva
Clínica Reina Sofía233SiOtoscopia
Reactometría
Potenciales Evocados
Clínica del Country100SiOtoscopia
Inmitancia Acústica
Instrumentos Sonoros
Reactometría
Potenciales Evocados
Hospital de Kennedy310SiOtoscopia
Inmitancia Acústica
Instrumentos Sonoros
Reactometría
Potenciales Evocados
Hospital San Ignacio381SiOtoscopia
Inmitancia Acústica
Reactometría
Potenciales Evocados
Hospital Simón Bolívar264SiInstrumentos Sonoros
Reactometría
Otoscopia
nmitancia Acústica
Potenciales Evocados
Clínica ColsubsidioSin datosSiOtoscopia
Inmitancia Acústica
Instrumentos Sonoros
Reactometría
Remisión de Potenciales Evocadosy/o Otoemisiones.
Materno Infantil707SiOtoscopia
Instrumentos Sonoros
Clínica Magdalena500NoOtoscopia
Instrumentos Sonoros
Hospital La Victoria280NoOtoscopia
Instrumentos Sonoros
Clínica San Pedro Claver1.200NoOtoscopia

En resumen, las encuestas realizadas a pediatras y ORL demuestran un bajo conocimiento de las pruebas necesarias para el diagnóstico objetivo de las pérdidas auditivas y la importancia de su detección temprana.

Influye en gran medida en este hecho, la falta de programas estandarizados en nuestro país, que a su vez ha llevado a un subdiagnóstico de trastornos auditivos de origen congénitos.

Los anteriores datos enunciados demuestran que a la comunidad científica relacionada con la audiología, se le debe proveer de un instrumento efectivo y eficaz, con lineamientos claros que responda a las necesidades de la población colombiana y cuya cobertura permita que la detección temprana de trastornos auditivos sea una realidad en nuestro país y de esta forma se puedan aminorar o disminuir los efectos adversos de una pérdida auditiva en los recién nacidos.

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