Historia de la Medicina, Aulus Aurelius Cornelius Celsus

Al parecer los médicos de la época debían estar muy familiarizados con el manejo de los trauma del cráneo, que debían ser muy frecuentes y en el libro aconseja cómo se deben examinar y manejar estos pacientes: “Así pues, cuando uno ha recibido un golpe en la cabeza, habrá de informarse enseguida, si el enfermo vomitó bilis, si se le velaron los ojos, si perdió la palabra, si echó sangre por la nariz y por los oídos, si cayó al suelo y si permaneció en él, privado de conocimiento, como dormido, porque todos estos síntomas, en efecto, sólo se observan en las fracturas del cráneo, y si se dan estas circunstancias, es sabido que la operación es necesaria, pero su éxito difícil. Si además sobreviene amodorramiento y la mente divaga, y si hay parálisis, o movimientos convulsivos, es de presumir que la membrana del cerebro ha sido lesionada, y en este caso las esperanzas son menores. ….. A pesar de todo, lo mas seguro es proceder a una exploración directa, y para ello se introduce en la herida un estilete, ni demasiado fino, ni demasiado agudo, porque al penetrar en un seno natural, nos podría hacer creer en una falsa idea de fractura…”

“En los golpes de la cabeza, hay dos peligros que temer; la hendidura y el hundimiento del cráneo. Si el hueso está hendido, los bordes de la hendidura pueden estar extremadamente apretados, bien porque el uno monte sobre el otro, bien porque después de haber estado separados, se aproximen de nuevo intensamente. De esto resulta que el humor, no encontrando ninguna salida fuera, venga a caer en la membrana del cerebro, la irrite y provoque graves inflamaciones. Cuando el hueso está hundido, comprime esta misma membrana, y algunas veces la rompe con las esquirlas que se desprenden de la fractura. A estos accidentes se les puede poner remedio, pero sin quitar el hueso mas que lo indispensable. Por lo tanto, si hay acaballamiento, basta con quitar el fragmento superior con el escalpelo plano, y por este medio se consigue una separación suficiente para la práctica de las curas.

Pero si los bordes de la hendidura están demasiado prietos, se practica por uno de los lados, a un dedo de distancia, una abertura con el taladro y desde este punto se hacen con el bisturí dos incisiones en forma de V, de tal manera que el vértice se acerque al orificio que se acaba de abrir, y la base a la hendidura del hueso. Y si la hendidura es más grande, se realizan nuevas incisiones semejantes a la primera, partiendo del segundo orificio. Por este medio no puede quedar nada oculto bajo la bóveda del cráneo, y todo lo que hay de nocivo adentro, encuentra salida amplia. Tampoco es necesario extirpar el hueso entero, si hay al mismo tiempo fractura y hundimiento del cráneo, o si no se sostiene en su forma natural, más que por un ligero fragmento, es necesario separarlo de las partes sanas con el escalpelo.

Luego al lado de esta incisión, se practican en la porción del hueso hundido dos o tres perforaciones, según que la fractura sea mas o menos ancha y se eliminan los puentes que separan los orificios, y luego, a ambos lados de la hendidura practicada, se actúa con el taladro, a fin de tener una abertura semilunar, cuya parte inferior mire a la fractura, y sus extremos a las partes sanas del cráneo. Después, si hay algunas esquirlas que se mueven y se pueden quitar sin dificultad, habrá que cogerlas con unas pinzas a propósito para esto y eliminar todo aquellas cuyas puntas sean bastante agudas para herir la membrana, pero si su extracción no resulta fácil, se introducirá bajo el hueso la lámina que sirve, como ya he dicho, para proteger la citada membrana, y sobre este apoyo se hará la escisión de todas las esquirlas puntiagudas y sobresalientes y con la misma lámina se levantará la porción de hueso hundido.

Este método de operar da como resultado, por una parte, que se consoliden los huesos fracturados en el punto en que están adheridos al cráneo, y por otra, provocar, si han sido desgajados, su caída sin ningún dolor por efecto del tiempo y de los medicamentos; de esta manera dejan un espacio suficiente para que la sanies se vierta hacia afuera, y en fin, con el hueso que se deja, está mas garantizado que podría estarlo antes de la escisión. Terminada la operación, se riega la duramadre con vinagre fuerte, o para contener la hemorragia, si se produce, o para disolver los cuajos sanguíneos, que pudieran quedar en el interior. Se aplica luego encima de la membrana el emplasto……”.

Conocía que las lesiones espinales cervicales podían producir alteraciones de la respiración, no recomendaba tratamiento y las diferenciaba de las lesiones espinales bajas que producían parálisis de los miembros inferiores y retención urinaria. En este tratado, también describe los cambios producidos por hidrocefalia, la neuralgia facial y los cambios clínicos secundarios a las fracturas cervicales.

“En las lesiones de la medula espinal hay parálisis o movimientos convulsivos, y privación de sensibilidad; al cabo de cierto tiempo se expulsan involuntariamente el semen, la orina e incluso las materias fecales.” Los dos cóndilos de la cabeza están encajados en las dos cavidades de la primera vértebra. A veces estos cóndilos se dislocan por atrás, lo que ocasiona que los ligamentos se extienden bajo el occipucio, que la barbilla se pegue al pecho, y que el enfermo ni pueda beber, ni hablar, y en ciertos casos, que pierda involuntariamente el semen. Estos accidentes van rápidamente seguidos de muerte….. La misma suerte corren los que sufren luxación en la columna vertebral, ya que esta lesión no puede tener lugar sin ruptura simultánea de la medula espinal, de los cordones que salen por las apófisis transversales, y por los ligamentos que los mantienen. Las vértebras pueden dislocarse hacia atrás y hacia adelante, por arriba y por abajo del diafragma.

Por consecuencia de estas dos formas de luxación resulta que aparecerá o un tumor o una depresión en la parte posterior de la espina. Si el desplazamiento se hace por encima del diafragma, sobreviene parálisis de las manos, vómitos o convulsiones; la respiración se hace embarazosa, los dolores son violentos y el sentido del oído se embota. Si el mal se presenta debajo del diafragma, los miembros inferiores se paralizan, y la orina, o se suprime, o a veces se emite de modo involuntario. Aunque en semejantes casos la muerte no llega tan bruscamente como en las luxaciones de cabeza, el enfermo muere ordinariamente antes del tercer día. Pues lo que dijo Hipócrates que cuando una vértebra resbala hacia atrás, se ha de hacer acostar al enfermo sobre el vientre y practicarle la extensión, mientras un ayudante apoya su talón sobre la vértebra dislocada para reducirla, ha de entenderse que se refiere a una vértebra que no haya soportado más que un ligero desplazamiento y no a aquella cuya luxación haya sido total.

Algunas veces la debilidad de los ligamentos hace que una vértebra se desplace hacia delante sin dislocarse del todo. En este caso no es mortal, pues no es posible actuar sobre una vértebra sobre su parte interior; si se desplaza hacia fuera, es posible conseguir que vuelva a su sitio, pero si se desplazare de nuevo no, a no ser que se logre, cosa rara en extremo, restituir a los ligamentos la fuerza que han perdido”.

Referencias

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2. Cid F: Historia de la Ciencia. Antigüedad y Edad Media. Planeta, Barcelona, 1877.
3. Dagi TF: The Management of Head Trauma. En Greenblatt (E)A History of Neurosurgery. The American Association of Neurological Surgeons. Park Ridge, 1997, pp 289-343.
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5. O’Connor DC, Walker AE: Prologue. En Walker AE (E) A History of Neurological Surgery. The Williams and Wilkins Co. Baltimore. 1951, pp 1-22.
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