Historia de la Medicina, Aulus Aurelius Cornelius Celsus

Su aporte a las Ciencias Neurológicas

Germán Peña Quiñones, MD

Una muy importante de la medicina romana fue Aulus Aulus Aurelius Cornelius CelsusAurelius Cornelius Celsus (25AC-50AD) (Celsus), quién probablemente fue consejero de los emperadores Tiberio y Calígula. Poco se sabe sobre su vida y origen, algunos historiadores lo catalogan como un recopilador de los conocimientos médicos de la época; otros cuestionan si fue médico o cirujano pero por sus escritos se deduce que debió practicar tanto la medicina como la cirugía. Se cree que pudo nacer en Galia o Hispania o aún en Roma. Su mérito mayor es que recopiló y consignó los conocimientos médicos de la época en su tratado “De Re Medicina” libro que duró perdido hasta el año 1443 cuando fue descubierto por Tomás Perentocelli de Sarazanne, quién posteriormente se convirtió en el Papa Nicolás V y su libro fue el primer manuscrito médico que fue impreso, lo que ocurrió en 1478.

Según Celso y el conocimiento de su época, las lesiones que puede sufrir el cuerpo, eran de cinco clases: “las que resultan de un agente externo, como ocurre con las heridas; las que dependen de una enfermedad interna , como el cáncer; las originadas por la formación de cuerpos extraños, como los cálculos de la vejiga; las debidas a un desarrollo anómalo, como ocurre con las venas varicosas; y por último las lesiones por defecto, es decir, aquellas en que una parte es demasiado corta. De estas afecciones, unas reclaman el auxilio de los medicamentos y otras, exigen más especialmente la ayuda de la cirugía”.

Aconsejaba como se debían tratar los pacientes y dio recomendaciones de cómo debía ser el comportamiento de los médicos respecto a los enfermos: “La prudencia, en efecto, aconseja al médico no encargarse de un enfermo al que no pueda salvar y evitar así la apariencia de una muerte por homicidio, que no debe ser imputado mas que al destino. Conviene luego, cuando hay graves temores aunque no se llegue a una total desesperación, poner en conocimiento de los familiares del enfermo lo grave del caso, a fin de que si el mal triunfa de los recursos de la ciencia, no se pueda acusar al médico de haber ignorado el peligro o de haber querido disimularlo….. Si (el médico) reconoce que la afección es fácil de curar, queda obligado a prestar al enfermo sus cuidados más solícitos, ya que por ligera que la enfermedad sea en sí misma, podría por negligencia del médico llegar a hacerse mas peligrosa.”

También aconsejaba hacer un buen diagnóstico de los diferentes tipos de heridas: “Así, una herida contusa es mas molesta que otras cuyos bordes estén sencillamente divididos, de donde resulta que mas vale ser herido por una flecha aguda que por una flechas despuntada……. Tienen así mismo gran influencia en las heridas la edad, la constitución física, el régimen ordinario de vida y la época del año. Por eso un niño o un joven se curan más fácilmente que un anciano….. No existen remedios para las heridas en la base del cráneo, en el corazón, en el yeyuno, en el intestino delgado o en los riñones. Las heridas en las yugularesy en las carótidas son igualmente incurables….. Difícilmente suele curar una herida que interese una parte cualquiera del pulmón, del hígado, de la membrana que cubre el cerebro… ”.

En cuanto a las heridas del cerebro y su sintomatología anotaba: “Cuando una herida interesa el cerebro o la duramater, se produce por las narices, y a veces también por los oídos una efusión de sangre, que casi siempre va seguida de un vómito de bilis. Algunos de los que padecen estas heridas pierden el sentido y no oyen cuando se los llama, otros ofrecen un aspecto feroz, y otros pasean de aquí para allá su mirada mortecina. Lo más a menudo el delirio se declara al tercer o quinto día, en muchos casos va acompañado de movimientos convulsivos, y en muchos otros los afectados, antes de morir, desgarran el vendaje que sujeta su cabeza y exponen su herida descubierta a la acción del frío.”

En su obra se encuentra la primera descripción de hematoma epidural producido la separación de la dura del hueso y ruptura de la arteria meníngea media. “Raras veces, pero sin embargo algunas, ocurre que a pesar de que un hueso no haya sufrido ninguna alteración, haya roto alguna vena de la membrana del cerebro, por efecto de un golpe, y como consecuencia haya un derrame sanguíneo, y que el líquido allí coagulado provoque violentos dolores e incluso prive de la vista a ciertos individuos”.

También se describen los cambios producidos por inflamación y se registran los 4 puntos cardinales de ésta: “notae vero inflammationes sunt quattuor, rubor, et tumor, cum calore et dolore”.

También se dan consejos para hacer las trepanaciones y relata un método para practicar la craneotomía mediante varios agujeros que se unen luego por cortes de osteótomo y recomendaba practicarla como “ultimum refugium”, es decir cuando se habían agotado todas las otras formas de tratamiento. “…..El trépano es un instrumento cóncavo, redondo, cuyo perímetro ofrece inferiormente dientes como una sierra y cuyo centro está atravesado por un clavo que a su vez está rodeado por un círculo en el interior. Hay dos tipos de taladros: uno semejante a los que usan los carpinteros y otro que tiene un árbol mas largo, que empieza por una punta acerada, se ensancha inmediatamente después y se estrecha luego insensiblemente hasta la parte superior……. Pero si el mal es tan amplio que no puede ser cubierto por el trépano se hace preciso emplear el taladro, y con el se hace un orificio….cerca de éste se hace uno segundo, y luego un tercero, de modo que, mediante estas aberturas, quede circunscrita toda la porción de hueso que se ha de extirpar…. Luego valiéndose de un cuchillo afilado sobre el cual se golpea con un martillo pequeño, se cortan los trozos que separan los agujeros, y de este modo se obtiene una apertura circular, semejante a la que produce el trepano en un espacio mas reducido… y evitar por este medio herir con la punta del taladro la membrana del cerebro, de lo cual resultaría una inflamación grave y peligro de muerte.” También se le reconoce haber inventado una lámina de cobre para proteger el cerebro durante la cirugía.


* Miembro de Número y Vicepresidente de la Academia Nacional de Medicina de Colombia. Neurocirujano Fundación Santa Fe de Bogotá. Profesor Titular de Neurocirugía. Universidad El Bosque.

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