Miembro de Número Doctor Alberto Hernández Sáenz

Obituario

Zoilo Cuéllar Montoya1

Doctor Alberto Hernández SáenzLa Academia Nacional de Medicina deplora la desaparición de su Miembro de Número, nuestro querido amigo y comprometido profesor, Alberto Hernández Sáenz, cuya muerte tuvo lugar en la Clínica de Marly, el pasado 25 de agosto del presente año de 2018, a los 85 años de edad.

El Profesor Hernández Sáenz había nacido en Bogotá, el 24 de abril de 1933, en el hogar formado por el Doctor don José Hernández Arbeláez, eminente jurista, quien fuera Presidente de la Corte Suprema de Justicia en dos oportunidades, y doña Elena Sáenz Arbeláez, nacida en Rionegro, Antioquia. Su hermano mayor, Juan, fue también jurista y, al igual que su padre, tuvo a su cargo la Presidencia de la Corte Suprema de Justicia.

Su abuelo paterno fue el connotado médico antioqueño doctor Juan Francisco Hernández Uribe, natural de Medellín, y su bisabuelo fue el doctor Sinforiano Hernández Carvajal, médico rionegrero muy distinguido. De tal manera que por su ascendencia paterna, contaba Alberto con una notable herencia médica. Por el lado materno, su tío Carlos Sáenz Arbeláez fue también médico y pediatra, formado en Lieja, Bélgica. Sus estudios de Primaria y Secundaria los cursó en el Colegio jesuita de San Bartolomé La Merced de su ciudad natal, plantel que le otorgó el título de bachiller en el mes de noviembre de 1950.

Al iniciarse el siguiente año lectivo, 1951, Alberto ingresó a la Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, donde se graduó de Médico y Cirujano, en 1958, con notas de excelencia y con un trabajo de tesis titulado “Biopsia de piel y desnutrición”. Terminados sus estudios universitarios, Alberto viajó a los Estados Unidos donde realizó su especialización en pediatría, en el Saint Louis Children’s Hospital de Washington University, servicio en el cual permaneció entre 1959 y 1962. A su regreso a Bogotá, hizo parte del cuerpo docente de su alma mater: fue Profesor de su especialidad en la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana durante los años de 1962 a 1965 e inició su ejercicio profesional en su consultorio privado.

Durante esos mismos años, tuvo a su cargo la Jefatura del servicio de Neonatología en el Hospital de San Ignacio. También hizo parte del cuerpo facultativo del Hospital Militar Central, donde fue Miembro del Departamento de Pediatría entre los años de 1962 a 1984. Fue profesor de Pediatría en la Universidad Nacional, labor que desarrolló durante los años de 1980 a 1989. Desde su regreso a la Capital y por casi seis lustros, de 1962 a 1990, fue Médico Hospitalario en la Clínica Jorge Bejarano, y profesor en ésta, de 1982 a 1990.

En la sesión de 17 de febrero de 1983 de la Academia, presidida en ese entonces por el Profesor Hernando Groot Liévano, por unanimidad fue admitido en la Academia en la membresía mencionada, con un trabajo de ingreso titulado “Galactosemia en Colombia. Los dos primeros casos”, enfermedad huérfana sobre la cual fue un verdadero experto. Su posesión tuvo lugar el jueves 21 de abril de 1983, cuando dio lectura a su trabajo, que fuera comentado por el Señor Académico Profesor Jorge Camacho Gamba.

Muy pronto, apenas cumplido el tiempo reglamentario, debido a sus méritos, a su puntual asistencia a la mayoría de las actividades de la Academia, y a su activa participación en ellas, ésta lo promovió a Miembro de Número, posesionándose en la sesión solemne del 15 de mayo de 1986, cuando dio lectura a su trabajo, titulado “Semiología del llanto en pediatría”, otro interesante tema en el que llegó a ser una verdadera autoridad internacional. Los comentarios de orden estuvieron a cargo del Profesor Jorge Camacho Gamba; presidía en ese entonces la Corporación el Profesor Pablo Gómez Martínez.

Fue elegido, en la Asamblea General ordinaria de la Academia del mes de marzo de 1990, como miembro de su Junta Directiva; se posesionó como secretario general de la Corporación, en la sesión solemne del 19 de abril de dicho año, para colaborar con la Presidencia del Profesor Efraím Otero Ruíz, cargo al cual renunció el 27 de julio de 1991.

Fue miembro de varias asociaciones científicas, entre ellas, de la American Academy of Pediatrics, del International College of Pediatrics, de la Sociedad Colombiana de Pediatría, de la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina, entre muchas otras. Notablemente activo en el ámbito científico de su profesión, fue un incansable estudioso y realizó, año tras año, los cursos de actualización de la Academia Americana de Pediatría, actividad y disciplina que no interrumpió sino cuando llegó al final de su meritoria vida.

Participó en eventos científicos en el país y en el exterior, ocasiones en las cuales presentó trabajos de un alto valor científico, entre los cuales figuran: “Tensiones arteriales en recién nacidos”, en 1963; “Síndrome de Dandy Walker y arteria umbilical única”, en 1970; “Historia de tres instituciones médicas”; “Galactosemia en Colombia”, trabajo que publicó la Revista Colombiana de Pediatría y Puericultura en su número del mes de abril de 1983; “Galactosemia”, trabajo que publicó la Revista Médica en su número del mes de noviembre de 1985; “Llantos normales y anormales”; “Entorno del llanto infantil indígena”; “Espectrografía sonora del llanto”, en 1990; “Parangón del llanto infantil en Helsinki y Santa Fe de Bogotá”, en 1992; “Semiología del Llanto en Pediatría”, 1992; “Síndrome de Apnea del Sueño (S.A.S.)”, 1995; “Enfoque del Paciente con S.A.S. en niños”, 1995; “Amigdalectomía en niños”, 1995 y “Otitis en el niño”, 1995.

El Hospital Militar Central lo condecoró con la Medalla al Mérito Científico Médico. Fue coautor del libro, “Centroamérica en llamas” y, de sus demás libros publicados se pueden mencionar: “Lenguaje, Llanto y Comunicación del niño”, que salió a la luz en el año 2001; “Libro de Oro de Médicos Javerianos 1956 2006”, que salió de prensa en el 2007 y, en el mes de octubre de 2011, salió a la luz su obra titulada “Humanismo, Ciencia y Medicina”.

En consonancia con su talante y como gran amigo de sus amigos, participó activamente en la celebración, en el año 2006, de los cincuenta años de egresado su grupo de los claustros javerianos, que tuvo lugar en esta Academia. Fue un hombre que, a pesar de poseer un temperamento algo adusto, supo tratar a sus pequeños pacientes con inmenso cariño y al resto de su clientela con gran caballerosidad y deferencia, ofreciéndoles una atención facultativa siempre actualizada y de excelencia.

Fue legendaria su rectitud y transparencia y una gran fortaleza de espíritu, que le permitió superar, valiente y exitosamente, un gran acúmulo de dificultades que se le presentaron tanto en su vida profesional como, fundamentalmente, en su vida personal. La Academia hace llegar a su esposa, doña Carmen del Hierro, y a su familia, los más sentidos sentimientos de condolencia. Paz en su tumba.


1 Miembro de Número y Coordinador de la Comisión de Historia de la Academia Nacional de Medicina.

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