Intervenciones Públicas para La Población Adulta Mayor, Discapacidad, 1 Parte

Se refiere al deterioro en el funcionamiento físico, sen­sorial, cognoscitivo, que repercute en las actividades de la vida diaria de un individuo como resultado del deterioro general de la salud, enfermedades crónicas o accidentes que causen un compromiso permanente en alguna o varias de estas condiciones(48, 49). Igual­mente, la “discapacidad” indica los aspectos limitantes de la interrelación entre un individuo (con una condi­ción de salud determinada) y su contexto. “El produc­to de la interacción entre la persona con deficiencias y el medio ambiente, en cuya relación produce o no barreras para la inclusión efectiva a todos los espacios sociales económicos y culturales del ser humano en igualdad de oportunidad” (DNP 2012). Esto se aplica a personas con limitaciones permanentes tales como la “pérdida de movilidad y deterioro físico”, “lesión de la médula espinal”, “discapacidad cerebral”, “discapaci­dad de visión, auditiva, cognitiva o de aprendizaje” y “trastornos psicológicos y afectivos” (50).

Diferentes mediciones indican que la discapacidad au­menta con la edad, y que en las edades más longevas se concentra el mayor número de casos, es más, la conco­mitancia de discapacidades aumenta con la edad y es más frecuente en la vejez (51). En la población vieja, la discapacidad se presenta con una mayor prevalencia y se asocia con alta frecuencia a estados de desnutrición, compromiso cognoscitivo, depresión y la presencia de múltiples comorbilidades (49, 52). En nuestro país, para el año 2012, 6,3% de la población presentaba dis­capacidad(53).

Resultados. La prevalencia de discapacidad fue del 53% (47% en el grupo de 60 a 69 años, y 61% en las personas con 70 y más años). Los hombres presentan una prevalencia de discapacidad del 45,9% versus un 58% de las mujeres; con el aumento de la edad se observa un incremento de la prevalencia, desde un 41,6% a los 60 años hasta un 53% a partir de los 70 años para los hombres, y de un 51,3% a un 67,7% en las mujeres. Las discapacidades que más afectan a los ancianos en orden de importancia son: el movi­miento del cuerpo, las manos, los brazos y las piernas (34%), los ojos (13,5%), los pies y las caderas (13,2%), el sistema cardio-respiratorio y las defensas (10%), el sistema nervioso (8,7%) y los oídos (8%). Un 31% de las personas mayores que presenta discapacidad no reciben rehabilitación (32,7% hombres y 30,9% mu­jeres.) La disminución en las habilidades funcionales asociadas con el proceso de envejecimiento depende en la mayoría de los casos de los órganos de los sen­tidos, y su debilitamiento comprende alteraciones en la percepción, que es uno de los fundamentos de la cognición (45).

Situación Social

1. Vivir solo. El proceso de transición demográfica no sólo se acompaña del envejecimiento poblacional, sino de cambios en el tipo de familia. Los países como Co­lombia tradicionalmente han tenido familias extensas conformadas no solo por los padres y los hijos, sino también por los abuelos, e incluso tíos y primos. En el siglo XX se presentó una notoria modificación hacia familias nucleares completas (padres e hijos) y en las sociedades modernas hay incremento en las familias monoparentales o nucleares incompletas (uno de los padres e hijos) o unipersonales (54). Este prevalente grupo de personas parece ir tomando identidad noso­lógica y una de ellas es su mayor riesgo de trastornos del afecto en general y depresión en particular (55). La principal preocupación radica en la necesidad de soportes sociales y sanitarios que ayuden a mantener­les en su medio en el caso de tener alguna crisis en su transcurrir vital (56).

Variables. Dependientes: el número de personas con las que convive en el hogar. Independientes: síntomas depresivos evaluados con la Escala de Depresión Ge­riátrica (GDS= Geriatric Depression Scale- Yesavage); esfera mental; estado funcional; HTA; diabetes melli­tus (DM); enfermedades articulares y accidente cere­bro vascular (ACV).

Resultados. La mayoría de las familias son extensas (44,7%), seguidas por las nucleares completas (31,3%) y las nucleares incompletas (9,1%). 252 personas (12,6%), conforman hogares unipersonales, 63,5% son mujeres y 36,5% hombres. En cuanto a la esfera men­tal evaluada con el Minimental se encontró una media de 16,03 ± 2,83 en los que viven solos vs 15,19 ± 3,79 en los que viven acompañados al igual que en el esta­do funcional, para Lawton 16,51 ± 4,50 en los solos vs. 19,16 ± 8,92 en los acompañados y para Barthel 97,67 ± 8,30 vs. 94,92 ± 16,26 respectivamente, todos ellos estadísticamente significativos. El 30,7% de las personas que vive sola tiene depresión, vs 25,6% de los que vive acompañado (p<0,089). En las comorbilida­des evaluadas en los que viven solos se encontró que 52,8% tenía hipertensión vs. 59.% en los acompaña­dos; 14,3% diabetes mellitus vs. 17,90% en los acom­pañados; 4,4% tenía antecedente de ACV vs. 5 % en los acompañados, y 34,1 % tenía enfermedades articu­lares vs. 31,3%. Respecto a la seguridad social, de las personas que viven solas, el 57,5 % pertenecen al siste­ma contributivo, el 38,7% al subsidiado, y 4% al vincu­lado vs. 69,6%, 27,1% y 3% respectivamente para los que viven acompañados, resultados estadísticamente significativos, Chi-square p<0,001, lo cual quiere decir que existen diferencias entre las 3 variables.

2. Pobreza y vulnerabilidad social. La pobreza se de­fine como la imposibilidad de acceder a los recursos necesarios para una adecuada calidad de vida, en sa­lud, educación, vivienda, alimentación, agua potable y saneamiento ambiental (9); la pobreza extrema, es la incapacidad de satisfacer las necesidades básicas, equiparada mundialmente a vivir con menos de 1,25 dólares al día (11). Los ancianos son susceptibles a un mayor número de alteraciones en salud, nutrición, funcionalidad y cognición, acentuada en condiciones de pobreza material, sin acceso a pensión (57).

Resultados. El 7,8% de la población mayor se encuen­tra en condiciones de pobreza extrema (carece de in­gresos y vive en estratos bajos); el 0,4% de esta pobla­ción no cuenta con servicios básicos y el 1,4% reside en viviendas inadecuadas. Cerca de dos terceras partes (63,1%) no está afiliada al régimen pensional, en su mayoría mujeres (68,9% mujeres; 55,4% hombres), en la vejez temprana (65,8%) en comparación con la vejez tardía (59,2%).

3. Experiencias de violencia en las personas mayo­res. La Organización Mundial de la Salud (OMS) de­fine el maltrato a las personas mayores como “todo acto aislado o reiterado, o la omisión de una inter­vención adecuada, en el contexto de una relación en la que existen expectativas de confianza, y que causa perjuicio o angustia a una persona de edad avanzada” (58, 59). Esta encuesta clasificó el maltrato en: físico, psíquico o emocional, abuso económico o material y abuso sexual. En cuanto al desplazamiento forzado, Bogotá es un caso extremo, recibe altos volúmenes de población desplazada y expulsa el menor número, in­cluido el grupo de personas mayores(2).

Resultados. El 41,9% de las personas mayores (46,9% entre 60 y 69 años; 34,6% de 70 y más) sufrió agre­siones en el año anterior a la encuesta (53% mujeres y 47% hombres), en orden de frecuencia “expresiones ofensivas o insultos” (22,7%), “atracos” (19,1%), “le­siones personales” o agresión física (17%) y “abuso se­xual” (2,5%). Son los vecinos los principales agresores (23,4%), seguidos por miembros del hogar (18%); los familiares convivientes o no suman 31,7%. Un 45,5% buscó ayuda primordialmente en las instituciones (ins­pección de policía, fiscalía, casas de justicia, servicio de salud, iglesia), en menor medida en familiares o amigos, lo que podría indicar el temor a posibles re­presalias por la cercanía con el agresor, o por la indife­rencia de éstos. Un alto porcentaje de las víctimas no buscó ayuda (55%), debido a que: “no cree en la jus­ticia”(26%), “es parte de la vida” (23,4%), “no sabe a dónde ir” (17,8%), “miedo a recibir más golpes”(13%), “siente vergüenza y/o humillación” (4,8), “miedo a que lo abandonen” (3,5%) o “siente que merece el maltrato” (0,2%).

Por otra parte, aproximadamente el 43% de las per­sonas de 60 y más años de edad ha sido víctima de desplazamiento forzado en algún momento de su vida; 54,1% mayores de 70 años. La distribución por sexo y edad del primer desplazamiento dibuja una pirámide irregular, extraordinariamente ancha en la base evi­denciando que el primer desplazamiento ocurrió entre los 0 y los 19 años de edad, y otro porcentaje menos importante entre los 50 y los 69 años.

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