Obtuarios, Académico Ernesto Andrade Valderrama (1917-2002)

Académico Efraim Otero-Ruiz

Un vacío casi imposible de llenar deja en las cátedras de Cirugía, Etica Médica e Historia de la Medicina la ausencia definitiva del Académico Honorario Profesor Ernesto Andrade Valderrama, acaecida en Bogotá el 30 de noviembre de 2002.

Vástago de distinguidas familias bogotanas y santandereanas, muchos de cuyos miembros sobresalieron en las esferas públicas y privadas a todo lo largo del siglo XX, Andrade Valderrama, egresado de la Universidad Nacional en 1942, ocupó todos los escalones del arduo escalafón quirúrgico y docente en su alma mater hasta culminar su carrera como Profesor Titular y luego como Profesor Emérito y Honorario, siguiendo la línea que antes de él habían trazado hombres de la talla de Rafael Ucrós, Juan N. Corpas y César Augusto Pantoja. En 1947, junto con varios otros ilustres colegas de la época, fue fundador de la Sociedad Colombiana de Gastroenterología, de la que llegaría a ser Presidente en 1955-56; en 1950 había sido también de los fundadores del Colegio Colombiano de Cirujanos.

Hombre de gran talento y de intensa disciplina científica y administrativa, fue Decano de la Facultad de Medicina a mediados de esa década, en una de las épocas más cruciales de la Universidad Nacional, cuando trataban de imponerse reformas substanciales en la educación médica del país.

Con su ejemplo, con su don de gentes, con su discreción y su señorío él supo liderar el inicio de esas reformas que después otros se encargarían de llevar a feliz término, aun conciente de haber sido objeto de la maledicencia de muchos de la vieja escuela que creían conculcados sus derechos y que, con los años, terminarían dándole la razón y reconociendo su prístina trayectoria.

Esas cualidades brillarían también durante el decenio en que fue Cirujano Jefe de la Caja Nacional de Previsión y durante los casi seis lustros en que fue Director Científico de la Clínica Nueva de Bogotá, lo mismo que en la que sería su grandiosa y última actividad organizativa y didáctica, cual fue la creación y puesta en marcha junto con el Académico Humberto Roselli de la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina, a comienzos de los ochentas.

Fue su primer Vicepresidente y su segundo Presidente. Allí brilló de nuevo el talento que lo había llevado a escribir algunas de las páginas más brillantes y expresivas de nuestra historia médica, comenzando por la medicina de la conquista y la colonia, pasando por la influencia y los resultados de la escuela francesa en nuestro medio y resaltando, en uno de sus últimos ensayos, la medicina en el Departamento de Santander, lugar terrígeno de sus más caros afectos filiales.

De su unión con la sangre antioqueña de los Pérez Palacio surgieron nueve hijos, entre ellos dos médicos brillantes, todos los cuales hacen honor a la actividad intelectual en Colombia, desde los más diversos campos. Como las nueve sinfonías de Beethoven, uno de sus compositores preferidos dentro de la inmensa colección de música clásica que mantenía en su casa, ellos son la síntesis y a su vez la expresión culminante de una vida dedicada a hacer el bien y a perpetuarlo y multiplicarlo entre los demás, sin reclamar para sí nada, fuera de la satisfacción del deber cumplido.

Hace cinco años, cuando su salud comenzaba a declinar, la Academia y la Sociedad de Historia de la Medicina organizaron un homenaje en su honor. En esa ocasión tuve la fortuna de ser el eulogizador de alguien con quien me había ligado una amistad cercana a los 50 años, que se remontaba a las cordiales relaciones de nuestros ancestros en las breñas santandereanas. Cité entonces una frase de Alfredo Naranjo Villegas, el historiador antioqueño, dirigida a otro personaje de su tierra pero que podría y puede ser aplicable en su totalidad al Profesor Andrade Valderrama :

En él se conjugaron el médico y el humanista, consecuencia inevitable si se tiene de la medicina el concepto de que, para servir al hombre, hay que conocerlo. Saber de qué fue capaz en el pasado, qué hace en el presente, qué posibilidades tiene en el futuro. Por los caminos de la historia se aproximó a las mejores fuentes de nuestro origen.

Hoy se lo reiteramos así a su esposa y a su distinguida familia, guardianes y continuadores de una trayectoria que brilló y seguirá brillando con luz indeleble en la Academia y en la medicina colombiana.

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