Neurobiología de la Conciencia, Información complementaria

Cuarta Parte

A propósito del interés despertado en el mundo entero por la teoría computacional de la mente, tema que motivó mi escrito publicado en MEDICINA en que eludí tratar el problema de la conciencia, ahora lo complemento enfocando directamente el problema de la conciencia ante nueva información conseguida, tomando como guía el libro “The Mistery of Consciouness” de Searle, su autor.

En este libro se lee que la teoría computacional de la mente fue despertando en la colectividad y desplegando mundialmente en forma progresiva un entusiasmo con la consiguiente aceptación, en favor de la tesis de la computación como explicación de las funciones mentales y explica que tal fervor proviene de la creencia de que los computadores podrían proveer y llegar a constituir las bases para una nueva modalidad de civilización, para un nuevo camino que cambiaría el sentido de nuestras vidas y una nueva vía para entendernos mutuamente, además del imponderable aporte tecnológico que significa poder. Pero enseguida escribe esta frase obnubilante:

“Si nosotros pudiésemos crear mentes simplemente diseñando programas de computador habríamos logrado la tecnología final de dominio de lo humano sobre lo natural”.

Además, agrega Searle, que también cree que la importancia filosófica semántica de los computadores es exagerada. El computador es una herramienta, nada más ni nada menos. Pero la idea de que los computadores pueden proveernos con un modelo para resolver nuestras preocupaciones científicas y filosóficas acerca de la conciencia, la mente y el self (nuestro mismo ser), le parece fuera de lugar.

Agrega que una de las limitaciones del modelo computacional de la mente, que no ha sido suficientemente enfatizado, es cuán profundamente antibiológico es, porque según la versión conexionista encabezada por Newman, los cerebros no importan (brains don’t matter).

En cambio, Searle insiste en que en cuanto a conciencia se refiere, los cerebros importan crucialmente. En efecto, sabemos que los procesos cerebrales causan conciencia y por lo tanto cualquiera otra especie de sistema capaz de causar conciencia tendría que tener poderes causales equivalentes a los umbrales de poder del cerebro para hacer esto.

Un cerebro artificial puede causar conciencia auncuando sea hecho de alguna sustancia diferente de las neuronas, pero cualquier sustancia empleada, la estructura resultante debe compartir con el cerebro natural el poder causal para llevarnos al umbral de la conciencia. Debe ser capaz de causar lo que el cerebro humano causa.

La teoría computacional de la mente niega todo esto. Está sometida al enfoque de que la relación del cerebro con la conciencia no es una relación causal del todo, sino más bien que la conciencia simplemente consiste en programas en el cerebro. Y esto niega que la neurobiología específica del cerebro determina la conciencia en particular o la mente en general.

En mi escrito en MEDICINA, al mencionar conciencia, consigné esta frase en la pág. 190: “Parecería que la teoría computacional de la mente no nos ofrece respuesta clara.

El problema de la conciencia bajo el punto de vista neurocientífico consiste en poder explicar exactamente cómo los procesos neurobiológicos en el cerebro causan nuestros estados subjetivos de percepción (awareness) o conocimiento (sentience), cómo estos estados son realizados en las estructuras cerebrales y cómo exactamente la conciencia funciona en la economía global del cerebro y por lo tanto, cómo funciona en nuestras vidas.

Si pudiésemos contestar estos interrogantes, las respuestas a las demás preguntas serían relativamente fáciles”.

Por lo tanto, el problema científico de la conciencia requiere realizar un proyecto gigantesco de investigación científica para desvanecerle el calificativo de misterio.

Searle piensa que las nuevas generaciones de neurobiólogos encontrarán solución a esta problemática situación.

Al aceptar la posibilidad de la existencia de una relación causal cerebro-conciencia, también tenemos que asumir que sea explicable teóricamente como lo postula Colin McGinn.

Searle continúa: La neurociencia contemporánea -dice-, no ha unificado sus principios teóricos acerca de cómo el cerebro trabaja a nivel neurobiológico, de cómo se habilita para ejecutar lo que hace para estructurar, organizar y causar nuestra vida mental, porque auncuando está escrito que las neuronas son la unidad básica, funcional, no conocemos que ésto sea evidente.

Trae como ejemplo comparativo la incertidumbre de ¿si el motor de un carro a nivel del bloque de cilindros, interviene en las moléculas del metal que los integra?

O es más aceptable la explicación de Edelman, quien atribuye tal función a la complejidad del millonario número de neuronas interactuantes. O la sugerida por Penrose al decir que la actividad funcional reside en las unidades mucho más pequeñas que las neuronas o sea en los microtúbulos, canales iónicos y bombas, túneles mecánico-quánticos, etc.

La unidad en el concepto de conciencia es indispensable.

El misterio de la conciencia será gradualmente esclarecido cuando se resuelva el problema biológico de ella. Tal misterio no es obstáculo metafísico para investigar científicamente cómo el cerebro trabaja; más bien el sentido de misterio deriva del hecho de que en el presente no solamente no conocemos cómo trabaja funcionalmente, sino que ni siquiera tenemos una idea clara de cómo el cerebro trabaja para causar conciencia.

En el pasado lejano parecía un misterio que la mera materia pudiese estar viva y los debates surgieron entre mecanistas quienes pensaban en una explicación mecánico-química de la vida y los vitalistas que pensaban que esta era una explicación imposible y pensaban que cualquier explicación requería postular una “fuerza vital“, un “elan vital” que permaneciese fuera de los procesos químicos e hiciese posible la vida.

El misterio fue resuelto no porque los mecanistas ganaran y los vitalistas perdieran el debate sino porque adquirimos una concepción informada científicamente sobre los mecanismos incorporados.

Situación similar acontecerá en el cerebro: el sentido de misterio de la conciencia será removido cuando logremos entender la biología de la conciencia con la misma profundidad de entendimiento con que nosotros entendemos ahora la biología de la vida.

Hace un cuarto de siglo, la mayor parte de los científicos no consideraban todavía la conciencia como una genuina cuestión científica, o la ignoraban o creían que en la objetividad de la ciencia no cabían los estados subjetivos.

Esto a pesar de que desde comienzos del siglo XX Sherrington, John Eccles y Roger Sperry  trataron de introducir la noción de la neurobiología de la conciencia pero los textos actuales de ciencia del cerebro escasamente han mencionado este problema, y los de filosofía, ni hablar.

En general, se viene considerando que la conciencia no es nada más que relaciones causales o funcionalismo; disposiciones para el comportamiento o behaviorismo; programación de computador o strong AI; misterio o materialismo. O el dualismo que preconiza la existencia de dos clases de propiedades, mental y física.

Crick opina que el primer paso es tratar de hallar correlaciones neurales, auncuando esto pueda ser insuficiente.

Conocemos una buena cantidad de nociones sobre las funciones cerebrales pero no tenemos una teoría unificadora que nos explique cómo a nivel neurobiológico se habilita el cerebro para hacer lo que hace para causar, estructurar y organizar nuestra vida mental.

A la pregunta de si la descarga de las neuronas puede causar conciencia por qué la información causante de esa descarga no puede causarla, Searle responde:

La información no es un real factor físico para actuar directamente. Si pensamos que la información es clave para la conciencia, inmediatamente nos veríamos confrontando el hecho de que los termostatos y las calculadoras que procesan información pudieran ser concientes, lo cual es absurdo.

Encuentro una pregunta cuya respuesta me ha dejado insatisfecho y es la siguiente: ¿Estamos obteniendo progresos en cuanto a crear conciencia artificial en los computadores? ¿Cómo juzgar el Deep Blue, programa de computador que juega ajedrez y que puede derrotar a los mejores jugadores del mundo?

Responde Searle: Deep Blue no conoce nada respecto de ajedrez, de sus movimientos o algo por el estilo, es una máquina para manipular símbolos carente de significado, no tiene vida propia ni autonomía.

Es solamente una herramienta que ha sido creada para manipular símbolos que carecen de significado. Estos símbolos al ocupar posiciones, producen otros símbolos al enfrentar estos movimientos, que es en lo que consiste el objetivo para el cual se ha diseñado esta máquina.

La idea de que éste u otro programa son la clave para la conciencia es una pura fantasía. La maquinaria electrónica no tiene vida propia, no tiene autonomía.

Concluye Searle: “La conciencia es una parte real e intrínseco rasgo de ciertos sistemas biológicos tales como usted o yo. Es una parte del mundo real y no puede ser eliminada en favor de o reducida a algo distinto”.

“Si concientemente me parece que yo soy conciente, entonces yo soy conciente, es decir la ontología de la conciencia es subjetiva o de primera persona, lo cual no da lugar al dualismo”.

Aceptando esta realidad, podemos explorar científicamente el misterio de la conciencia, libre de las discusiones y de los postulados que han conducido y conducen a la incertidumbre.

Epílogo

Finalizo este capítulo, cuyo objetivo ha sido el de tratar de esbozar los principales enigmas observables en la actualidad acerca del complejo tema de la neurobiología de la conciencia, sin ninguna pretención personal distinta de la de reforzar el cultivo de una prolongada y meditada inquietud sobre la evolución y el porvenir del conocimiento científico acerca de este fenómeno clásicamente considerado como alejado del área neurocientífica, noción esta última corroborada por reconocidas autoridades internacionales ya citadas por lo demás en este texto a ejemplo de:

A. Thomas Nagel, quien argumenta que la conciencia es específicamente primera persona diferente de cualquier otro fenómeno natural; a lo cual añade que a causa de su carácter eminentemente subjetivo, constituye un problema para el análisis científico.

B. E. V. Walker, en su libro “The Physics of Consciouness”, edición del 2000, dice: “Nosotros como científicos registramos que nuestros esfuerzos han sido inadecuados para lograr entender lo que la conciencia es”.

Se pregunta, “¿en dónde está la mente en el cerebro, en dónde la chispa de la vida, el fuego de la conciencia?” y se responde así mismo afirmando que “hoy en día se acepta que allá en aquellos minúsculos switches de la minúscula hendidura cerebral, es en donde se puede hallar la unión cuantitativa entre el cerebro y la mente”.

Y James Schwarts remata escribiendo en “Principles of Neural Science”: “Un moderno modo de pensar sobre conciencia es materialista”.

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