Reminiscencias sobre los Años 90: Población y Medio Ambiente ¿Por qué preocuparnos?

Dr. Jorge Enrique Martínez*
(por invitación)

Hace algún tiempo, fuimos testigos del nacimiento del “habitante 6.000 millones” de nuestro planeta. Cifra enorme, que en el nuevo milenio tiene implicaciones importantes de considerar, sobre todo, luego de un siglo muy productivo en todos los campos, no sólo en el demográfico, sino también de manera importante en el científico e industrial, lo cual no es gratis para la humanidad, ya que como estamos viendo, los costos en que incurrimos por ello son severos.

De hecho, ya a comienzos de los 90, los organismos correspondientes de las Naciones Unidas alertaban y propalaban que en esa década, la humanidad crecería más que en cualquier otra época, al incrementarse la población con 3 nacimientos cada segundo, lo cual significó 250.000 habitantes nuevos cada día, 90 a 100 millones por año y la bicoca de 1.000 millones más de seres habitando la tierra para el año 2.000.

De estas cifras, la mayoría ha correspondido a los países que se encuentran en vía de desarrollo, que son los más necesitados y peor equipados para satisfacer las necesidades de sus nacionales, neutralizando los avances y causando un mayor desgaste en los recursos naturales, mientras que en países como los Europeos, el fenómeno que observamos en el presente, es el del envejecimiento de sus poblaciones y la necesidad de crear estímulos estatales para incitar a sus pobladores a incrementar sus familias.

Alemania y otros, han creado subsidios especiales para quienes tengan más de un hijo en su familia, a fin de adecuar, por lo menos, el recambio poblacional. (Ver: Historia de la Medicina, Genio y Drama: La Sordera de Beethoven)

Esto ocurre, mientras en países como la China, se han visto obligados a adoptar políticas poblacionales severas. Allí para 1990, necesitaban una tasa de crecimiento cero. En consecuencia los chinos que tiene más de un hijo, hoy día son castigados severamente.

Por lo general son vasectomizados sin anestesia por ley, pero eso no es lo grave, ya que allí por sus creencias culturales al igual que en otros pueblos, la mujer tiene un “menor valor” social, por lo tanto la tasa de abortos que se ve cuando los fetos son femeninos ha ido en aumento y si revisamos las estadísticas presentes, encontramos cómo se ha incrementado la desproporción entre los dos sexos, ya que el índice de nacimientos masculinos es superior, en parte a consecuencia de esta práctica popular.

Por otro lado, característico del siglo XX fueron los grandes cambios sociales y económicos, además de los avances tecnológicos logrados, sobre todo durante los últimos 50 años luego de la Segunda Gran Guerra. Fue ya, una época donde también ocurrieron otras guerras “menores”

Surgieron y se afianzaron nuevos sistemas políticos, mientras se extinguieron otros que en algún momento se pensó eran inamovibles, como el caso del comunismo del cual sólo quedan vestigios con un futuro discutible; la crisis económica golpeó a las grandes potencias con sus problemas de inflación, devaluación y recesión, siendo manejados con razonable buen éxito, hasta derivar en economías globalizadas de libre mercado con características indiscutibles de calidad, competitividad y excelencia que les ha permitido penetrar y ampliar aún más sus mercados.

Mientras tanto los países en vía de desarrollo, alguna vez llamados tercermundistas, históricamente han sido sometidos a un control gubernamental mucho más rígido, con gran influencia del estado como principal empleador y características de tipo “politiquero y paternalista”;

donde priman los llamados “padrinos y caciques”, al centralizar toda su estructura acudiendo además a la práctica inveterada y ampliada de subsidiar la mayor parte de los requerimientos poblacionales, han impedido a sus connacionales mejorar su conocimiento y competitividad, dando lugar al * Director Ejecutivo Fundación CARICO XXI desarrollo de una mentalidad predominantemente dependiente, que lejos de ubicarse en los esquemas de mejora continuada y preparación para afrontar con éxito los embates de cada día con una visión, marcada por el progreso y desarrollo, ha permitido afianzar las variables lesivas para sus particulares economías y los bolsillos de sus ciudadanos; constituyéndose en su medio natural de vida, implicando serias dificultades a sus pobladores para satisfacer sus necesidades básicas, las cuales, para ellos, se mantienen aún hoy, entrando al siglo XXI, como insatisfechas.

El acceso a la salud, la educación, los servicios básicos de saneamiento ambiental y el empleo para ellos son precarios, existiendo sitios increiblemente palustres y atrasados muchas décadas, por no decir siglos, en su desarrollo.

Esto ha hecho que se agudice la brecha socioeconómica entre los países, polarizando la situación, al colocar a unos en suficientes condiciones de bienestar, con recursos y riquezas a disposición de sus habitantes, mientras que otros comparten el hambre y la miseria, marcados indeleblemente por un difícil logro de servicios básicos adecuados con la consecuente inequidad en oportunidades para acceder a una mejor calidad de vida; lo cual hemos visto, se ha constituido siempre a través de la historia, en el caldo de cultivo para movimientos que, en síntesis, promulgan la lucha de clases, sumiendo poblaciones enteras en crisis aún mayores.

Entre los múltiples factores que han llevado a esta situación, además de la falencia de recursos de capital, se centró la atención en el estudio de la población, principalmente luego de los años 60s, dando lugar a programas orientados a encauzar su crecimiento en función a la disponibilidad de recursos.

La preocupación sobre la población se debe a que su cantidad, composición, distribución y crecimiento, afecta directamente la calidad y los niveles en los cuales se desenvuelve la vida del hombre.

Aspectos como la disponibilidad de recursos económicos, la posibilidad de empleo, educación, salud, vivienda, la calidad del medio ambiente y la prestación de servicios sociales están relacionados con el volumen, la distribución y las características de la población.

De hecho, la salud de los individuos esta bajo directa influencia de cuatro factores importantes: Por un lado la herencia o predisposición genética, es decir, el equipamento de defensa o tendencia a ciertas enfermedades con que cada uno de nosotros llega a este mundo, como es el caso de ciertos cánceres, mongolismo y enfermedades de tipo hereditario tales como las hemofilias y otras noxas transmisibles de padres a hijos.

Por otro lado, la influencia del medio ambiente es factor clave para la salud de una población, determinante sobre todo en zonas endémicas, como es el caso de quienes llegan a padecer afecciones facilitadas por habitar en regiones insanas, tales como las zonas endémicas de paludismo, dengue hemorrágico, fiebre amarilla, encefalitis bien sea de San Luis o del Nilo y otras tantas aún de nombres y sitios exóticos como lo es la Paraparesia Espástica del Pacífico, que constantemente están afectando miles de personas en ciclos estandarizados según calendarios epidemiológicos, con variados picos de predominio de la enfermedad cada año.

Entidades éstas, cuya rápida diseminación hoy en día se ve facilitada por los avances tecnológicos. Ya la peste no se ve por las ratas llegadas a puertos en carabelas, sino por mosquitos que viajan en avión a 30.000 pies de altura y 900 kilómetros por hora, llevando su carga letal a poblaciones que se creían lejanas de tales males.

Es otro de las precios que pagamos por los avances tecnológicos, cuando no es el costo social que comentaremos por la degradación del medio ambiente causado por las chimeneas y residuos industriales o nucleares como hemos visto todo el tiempo, antes en sitios como la India y Rusia y más recientemente, Japón y Corea y los mismos Estados Unidos.

El tercer factor determinante, es la prestación de servicios de salud, que no es problema para países desarrollados, pero si es factor clave en los sitios donde se dificulta el acceso de los pobladores, por las barreras de distinta índole que padecen -políticas o geográficas-.

No sólo las distancias al hospital o centro de salud más cercano son el problema -muchas veces están ubicados a varios días de camino; que más bien digo, de trocha por el monte-;

otras veces, por no tener el derecho inalienable ya que se carece de recursos propios o estatales, al encontrar entidades que adolecen de toda posibilidad por falta de recursos económicos o por el desgreño administrativo que ha llevado a la quiebra los distintos centros encargados de brindar salud y bienestar; en otros lugares, encontramos barreras de tipo cultural, donde no se entiende, cómo al final del siglo XX, haya culturas que impidan a las mujeres ser atendidas por médicos, solo por que son hombres y su fe religiosa lo impide

pero simultáneamente impiden también que haya mujeres capacitadas para las prestación de tales servicios a sus congéneres, o las poblaciones que a pesar de tener acceso a la prestación de servicios calificados, no lo hacen, acudiendo más bien a curanderos, brujos o parteras sin preparación y con prácticas indebidas.

Tal es el caso de la diseminación del tétano neonatal en países críticos donde se cura el ombligo de los recién nacidos con emplastos de estiércol de caballo o inducen abortos de forma nociva llevando a estas mujeres a sepsis, a insuficiencia renal aguda y muerte.

Finalmente, la última determinante del estado de salud son las prácticas personales o modo de vida de cada uno. El cigarrillo con su nicotina y otras populares drogadicciones que cobran muchas vidas en nuestros países constantemente y que día a día afectan gravemente a miles de personas, de las que hemos oído ampliamente y contra las cuales debemos luchar permanentemente, todas ellas también afectan la salud e incrementan la morbi-mortalidad de manera creciente, sobrando cualquier ampliación sobre el tema.

Hemos aprendido que bajo condiciones sociales concretas, los hechos vitales que conforman una población, tales como nacer, migrar y morir, están igualmente en relación directa con los factores económicos, políticos y sociales, bajo los cuales los individuos generan sus decisiones y rigen sus comportamientos.

Desde el siglo pasado, se ha planteado un gran debate sobre la cuestión poblacional, principalmente sobre las implicaciones que tiene el crecimiento de la población para lograr cierto nivel de vida, de bienestar e incluso se ha puesto en función de la supervivencia de la humanidad, relacionándolo con la capacidad que tiene la tierra de proporcionarnos alimentos y recursos para continuar adelante, ya que no se puede superar cierto número de habitantes, para que todos podamos contar con el nivel mínimo de subsistencia acorde con los recursos del mundo.

Han surgido muchas posiciones al respecto.

Desde quienes como Malthus hablaban sobre el hecho de que el crecimiento de la población generaba una crisis de tipo moral, política y social surgiendo la necesidad de regular su crecimiento como un imperativo moral por parte del estado, hasta aquellos que hablan de que sólo crecimiento “per se” no plantea un problema socioeconómico ya que ante todo hay una desigual distribución de riqueza

la cual se encuentra concentrada en pequeños grupos poblacionales -menos del 5% de la población mundial es poseedor de más del 60% de las riquezas propiciando, en consecuencia, no solo dificultades económicas para quienes están por fuera de ese 5% sino también coartando su posibilidad de participar en los mercados y en las actividades políticas enmarcadas por el concurso social.

Como si fuera poco, han propiciado estilos de desarrollo que conllevan a niveles de consumo excesivo de los recursos con que contamos, derivando todo en una degradación del medio ambiente con agotamiento acelerado de los recursos naturales.

Hoy conocemos que hay una interrelación entre población y desarrollo, de modo tal, que los cambios a nivel de la estructura social y productiva de un país, han sido la base para el análisis de la dinámica demográfica del lugar.

La disminución de la fecundidad y la mortalidad, los cambios en la morbilidad y las migraciones, son analizados como expresiones de desarrollo, estudiando, analizando y confirmando cómo hay diferente fecundidad según el grado de educación, ingresos y urbanización principalmente en los países en vía de desarrollo.

La combinación de un rápido crecimiento poblacional con las precarias condiciones de los países pobres ha provocado alteraciones del medio ambiente, alcanzando niveles críticos para esta década de los 90, cuando conocemos más acerca de la interrelación que existe entre población, recursos y medio ambiente, siendo necesario frenar el desarrollo demográfico, combatir la pobreza y proteger el medio ambiente, como ha sido promulgado insistentemente por las Naciones Unidas.

La alternativa que se nos presenta es dejar un legado ruinoso a nuestros hijos y esto es grave, ya que el planeta no es nuestro, tan solo lo hemos recibido en comodato o préstamo y deberíamos dejarlo mejor de como lo encontramos. Esa fue la propuesta que utilizó como “caballlito de batalla” Robert Baden Powell, fundador del Movimiento Scout.

El problema grande es que de los 6.000 millones de habitantes con que actualmente cuenta este habitáculo terrestre en que nos desplazamos a través del universo, más de 1.000 millones viven en la pobreza absoluta y carecen de medios para conseguir lo que la fisiología dice, son los requerimientos nutricionales indispensables para sobrevivir. Sus necesidades básicas continúan insatisfechas.

Todos ellos, deficientemente preparados, incapaces de ganar en un día sumas superiores a un dólar con la que deben mantener, alimentar y educar una numerosa prole, presentan enormes dificultades para trabajar, generar riqueza, disponer de alimentos y participar de las libertades, oportunidades y derechos sociales, tal como repetidamente lo ha expuesto Amartya Sen, el Nóbel del Desarrollo social.

Además, si miramos el planeta desde un punto de vista ecológico, vemos cómo en regiones selváticas importantes hoy en día-bien sea por razones como la siembra de cultivos ilícitos o la tala indiscriminada del bosque en busca de pingues beneficios económicos para unos cuantos- encontramos que hemos degradado millones de hectáreas de suelo fértil poniendo en peligro de extinción las selvas tropicales, que son el ecosistema más grande y desarrollado que poseemos, el cual depende de la interacción de todos sus componentes, siendo tan importante ésta, que si uno de los factores desaparece rápidamente y su declinación presagia alteraciones climáticas mundiales.

Lugares como la Amazonía, que en su momento fue bautizada como el “pulmón del mundo”, cada día se ve más asolada por la tala y quema del bosque tropical y la aniquilación de las especies que allí conviven, muchas de las cuales son en este momento, únicas en el planeta; otras han desaparecido y de ellas no nos queda sino el recuerdo que vemos en los libros.

De las dos mil especies de animales acuáticos de la Amazonia, 208 variedades están en peligro de extinción, entre ellas, el delfín rosado y el manatí.

Basta observar a vuelo de pájaro -mientras estos aún pervivan-, las Estadísticas de Desarrollo Mundial que cada año publica el Banco Mundial para darnos cuenta del índice de pérdida de bosques o deforestación, el cual puede en algunos casos ser alarmante y altamente preocupante para todos los que vivimos en la tierra.

Un solo caso es el del Brazil, que entre 1990 y 1995 deforestó 25547 kilómetros cuadrados de bosque tropical (Banco Mundial, informe sobre el Desarrollo Mundial 1998/1999, página 206), el cual no volveremos a ver, ya que cada metro perdido requiere muchos años para recuperarse y por las condiciones de ese territorio selvático, no es apto para cultivo más allá de una cosecha. Son terrenos que pronto verán nuestros hijos como desiertos.

A esto se suma la pérdida continuada en la capa de ozono y la contaminación que rodea la atmósfera terrestre, por el uso del tetrafluoruro de carbono –a partir de 1957, ha disminuido en un 40%, gracias al uso de los propelentes fluorados de los aerosoles, producidos en su gran mayoría por las multinacionales que con ellos comerciaban antes de sonar la alarma–y a la emisión de dióxido de carbono, la cual en algunos sitios es escandalosamente alta.

Solamente Estados Unidos, produjo entre 1990 y 1995 la cantidad de 5468 millones de toneladas métricas, casi la mitad de la 11134 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono que produjeron los países clasificados por el Banco Mundial como de “ingresos altos” y un 25% de la producción mundial (Banco Mundial, Informe sobre el Desarrollo Mundial 1998/ 1999, página 209), lo que hace presagiar para los próximos años, cuando se abre el nuevo milenio, problemas graves de diversa índole.

La consecuencia de esta situación derivada de la industrialización es en primer lugar el importante aumento en los casos de cáncer de la piel, asociado a la exposición de las personas a las radiaciones solares ultravioletas, defectuosamente filtradas en la atmósfera por carencia del dichoso ozono.

Otra importante consecuencia de la alteración de la atmósfera son las alteraciones climáticas, las cuales implican una sustancial disminución en las cosechas, consecuencia entre otros del llamado “efecto invernadero” en el planeta, que incrementa el proceso de deshielo polar y acelera el recalentamiento de la tierra, con fenómenos como el llamado “Del Niño” en el Pacífico, causado por el aumento en la temperatura de las corrientes marinas, con su secuela de desordenes naturales que afecta poblaciones costeras y naciones enteras, como se vio en 1998, con importantes alteraciones climáticas que alteraron las cosechas, elevaron los precios y cambiaron el modo de vida de muchas personas, cuando no ocasionaron la muerte a otros por las inundaciones vistas.

Todas estas situaciones, indudablemente están influenciadas y son consecuencia del número de habitantes con que cuenta este terrestre planeta, ya que entre mayor sea el número de quienes junto a nosotros se desplazan por el universo, mayores serán las necesidades a satisfacer, mayor será el consumo de los recursos naturales y mayor será la producción de residuos, aumentando la contaminación y dificultando las posibilidades de acceso a los servicios de salud, vivienda, educación, empleo y menores serán las posibilidades de alimentar y satisfacer las necesidades de nuestros hijos.

De continuar las tendencias, el panorama que se cierne puede no ser halagador en un futuro no muy lejano, si no controlamos el uso de los recursos limitados con que cuenta la tierra, además de que debemos estar atentos al manejo de los desechos que día a día producimos en cantidades que se incrementan cada vez. En el estado actual de las cosas, la supervivencia de cada uno depende de la supervivencia de todos.

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