Barreras Psicológicas Masculinas a la Lactancia, El Todo y su Relación con el Seno Materno

Aunque las explicaciones psicoanalíticas, basadas en sistemas de valores de la clase media blanca europea, han sido descalificadas por aquellos que abogan por una génesis exclusivamente biologista de la enfermedad mental21, pensamos que ambas teorías pueden interactuar, especialmente si aceptamos que tanto la mente como los comportamientos humanos son influenciados por eventos psico-sociales y biológicos. Han sido numerosas las escuelas psicoanalíticas cuya contribución puede ayudar al desarrollo de nuestra comprensión sobre la relación amamantamiento, envidia y celos. Exploramos a profundidad la Escluela Kleiniana o Escuela Inglesa, porque fue el trabajo de Melanie Klein22 (Klein, 1957) el que inspiró a Waletzky23 y a Lerner24, (Lerner HE, 1974; Waletzky, 1979). El artículo que dio origen al libro “Envidia y Gratitud” -“Envy and Gratitude, a Study of Unconscious Sorces“- (Klein, 1957) fue vital para captar los factores psicológicos que influyen sobre la percepción masculina de la lactancia materna.

Klein fue de las primeras personas en describir el concepto por ella caracterizado como “la relación del todo con el seno materno”. El seno, que se percibe como fuente nutricional y de la vida misma, es el “prototipo de la bondad materna, de la paciencia inagotable y de la generosidad”. Su función es la de “ser fundamento para la esperanza, la confianza y la credibilidad en lo bueno” (pág. 6, Klein, 1957) y también sirve para explicar emociones tales como la rabia y la envidia, que forman parte de los sentimientos infantiles y de la creatividad de los niños. La génesis temprana de estas emociones, da lugar a que en la vida adulta, recurran como temas que encontramos al revisar la literatura.

Según la teoría Kleiniana, el seno, percibido como fuente de nutrición representa la restauración de la unidad prenatal con la madre, perdida en el parto. El seno le permite al niño recobrar el sentimiento de seguridad propio de la vida intrauterina. La amamantación es gratificante: el niño amamantado desarrolla sentimientos de gratitud y de confianza que crecen a medida que el niño experimente y disfrute sin interrupciones la lactancia materna. Para Melanie Klein, la gratitud es una derivación de la capacidad de amar.

Si aceptamos el modelo Kleiniano (Klein, 1957), el desarrollo de la envidia y celos que sienten algunos hombres hacia el seno se asocia a la internalización del objeto primario (el seno) y a los sentimientos de inseguridad que surgen del rompimiento de la diada madre-hijo. Adicionalmente, el conflicto o la ambivalencia hacia el objeto primario, puede ser mayor, de darse dificultades adaptativas al mundo exterior (por ejemplo, en un parto complicado), ansiedad materna u otras alteraciones psicológicas maternas, incluidos los sentimientos de deficiencia (reales o imaginarios) que experimenta la mamá con relación a la alimentación y el cuidado del recién nacido. El modelo es aún más claro al yuxtaponer los factores negativos de adaptación a los factores positivos o facilitadores de la lactancia adecuada.

Fuentes tempranas emocionales

Envidia

La envidia, es definida por Klein como un sentimiento colérico que se siente cuando otra persona tiene o disfruta de algo que uno desea y a lo que no puede acceder. Trae implícito el deseo de hacer daño a aquello que no se logra alcanzar, pág. 6 (Klein, 1957). El envidioso no logra jamás obtener satisfacción, la envidia proviene del interior del individuo y converge sobre un objeto externo.

El primer objeto que despierta envidia es el seno materno. El niño lo percibe como dueño de todo lo que desea tener, es decir, del flujo inagotable de alimento y del amor materno. La envidia se desarrolla por la percepción de que el seno conserva para su propia gratificación aquello que el niño quisiera tener.

Celos

Según Klein, los celos se basan en la envidia pero su existencia requiere de la concurrencia de por lo menos dos personas. A diferencia de la envidia, los celos no llevan a hacer daño al objeto amado. La persona celosa teme que un rival le quite al ser amado, mientras que el envidioso sufre al ver que otro posee lo que él desea. Para Waletzky, los celos son la reacción más común del nuevo padre, que siente que el hijo lo despoja del afecto de su esposa (Waletzky, 1979).

Los celos pueden no ser conscientes y el padre al ser confrontado puede tener dificultad para aceptar que siente celos del recién nacido. Los celos, sin embargo, pueden dar origen a un comportamiento que conlleva a la falta de apoyo a la pareja y al recién nacido, comportamiento común entre los hombres, que no saben como participar en la vida familiar en el post-parto.

Este comportamiento tiende a agravarse cuando los hombres no están preparados para la paternidad.

Se suele acompañar de sentimientos de desvalidez, inutilidad e incompetencia. No es frecuente que los nuevos padres reaccionen con ira porque no entienden que sus parejas soliciten más atención o que ellas expresen dependencia post-parto. Los hombres pueden reaccionar buscando desviar hacia sí mismos el foco de atención que la pareja ha vertido hacia el bebé y otros presentan síntomas emocionales o físicos (depresión, dolor). Con frecuencia, la tensión que surge, puede incidir negativamente en la relación de pareja (Waletzky, 1979).

Conflicto

La paradoja amor/odio inicia su desarrollo por la yuxtaposición de emociones que experimenta el infante al buscar adaptarse al medio ambiente. La concomitancia de experiencias felices con ineludibles sufrimientos, refuerza el conflicto, cuyo origen puede darse como resultado de la distinción del seno bueno y del seno malo. El seno bueno se relaciona con sensaciones positivas, tales como seguridad y saciedad, en tanto que el seno malo se asocia con pérdida y retirada. Estos sentimientos podrían posteriormente influir positiva o negativamente la percepción masculina de la lactancia materna (Klein, 1957).

Poder

El poder se presenta como una cualidad en la teoría Kleiniana. Esta escuela retrata a la madre como una figura omnipotente y muy poderosa, figura que suscita la envidia de algunos hombres y de algunos niños. Se puede asociar con envidia a las capacidades y al ciclo reproductivo femenino (embarazo, parto y lactancia), así como envidia a las habilidades que para la crianza posee la mujer. Otros hombres pueden no manifestar abiertamente su envidia y la esconden en comportamientos que buscan devaluarla y que podría ser llamado un mecanismo de defensa, basado no sólo en la envidia sino en los sentimientos de inseguridad que acompañan a los celos (Lerner HE, 1974).

Conmoción con la Llegada del Recién Nacido

Ruptura del equilibrio marital

Muchas parejas, por no decir que todas, experimentan distintos grados de ruptura del equilibrio marital con el nacimiento de un hijo. La capacidad para mantener o readquirir la estabilidad matrimonial, se asocia no sólo con la existencia de un medio saludable, donde haya comprensión, sino también con las expectativas que cada miembro de la pareja tenga de la relación.

Según Waletzky, la ruptura se puede atribuir al sentimiento envidia-celos nacido de la exclusión del padre de la diada madre-hijo o también a que la pareja adopte soluciones poco funcionales intentando resolver los problemas íntimos. El hombre asume que la mujer al formar una relación estrecha con el recién nacido, adquiere más poder y por lo tanto, la mujer recurre menos o depende menos del hombre. Simultáneamente, el esposo puede estar confrontando sentimientos de dependencia propios (necesidad de aprender de la mamá cómo cuidar y calma al bebé).

Se habla también de la posibilidad de que el hombre se identifique con el bebé y resurja su oralidad. La suma de todos estos factores incrementaría el sentimiento de exclusión paterna (Waletzky, 1979).

Jordan25, 26, 27 en sus investigaciones también describe los siguientes sentimientos masculinos durante el embarazo: envidia del útero y del seno, resentimiento, miedo a las fuerzas creativas femeninas, identificación de la esposa con la madre, activación de femenidad pasiva y de homosexualidad latente. Las dificultades sexuales que acompañan la lactancia materna, en el concepto de Jordan, pueden ser una extensión y magnificación de dificultades que se inician con el embarazo (Jordan PL, 1990; Jordan PL, Wall VR, 1993).

Sexualidad

Waletzky, Fischman28, Jordan y Byrd et al., analizan factores importantes de la sexualidad humana y la lactancia. Waletzky indica que interculturalmente, existe una relación inversa entre la duración de la lactancia materna y la extensión de la percepción del seno como objeto sexual. Es así que para algunos hombres, el seno despierta impulsos sexuales. Estos hallazgos no son sorpresivos. Históricamente para la cultura occidental, los senos tienen un valor erótico y la infatuación masculina con los senos de gran tamaño es clara en cuadros famosos y en obras teatrales y de cine donde actrices “muy bien dotadas” son la regla (Fontanel, 1997).

Sin embargo, algunos hombres sienten repulsión por los senos lactantes y, algunas parejas estudiadas por Jordan, opinaron que los senos deben ser destinados únicamente a la alimentación del bebé. (Jordan PL, 1986). Puesto que la frustración sexual masculina representa un problema potencial para la promoción de la lactancia materna y si a esto le añadimos el “disconfort” o dolor post-parto que presentan algunas mujeres -y que se relacionan con la resequedad vaginal por hipoestrogenemia, o dolor post-episiotomía, o dolor por inflamación de los senosel reinicio de la intimidad sexual post-parto se puede ver comprometida (Waletzky, 1979); es importante tener en cuenta todos estos factores cuando se quiera incrementar la prevalencia de la lactancia materna.

Como factores que disminuyen la actividad sexual post-parto, la literatura cita: 1) biológicos: baja producción estrogénica, niveles altos de prolactina y bajos de andrógenos; 2) psicológicos: el amamantamiento satisface el deseo o necesidad de intimidad de la mujer; y 3) fatiga de la mujer29 (Byrd, 1998).

Como Waletzky, recomendamos discutir la fisiología de la lactancia con la pareja en las visitas prenatales y expresar formas alternativas de expresión del afecto post-parto (abrazos, caricias y expresiones verbales) (Waletzky, 1979). También consideramos útil discutir la opinión de la pareja acerca de amamantar en público y en privado. Ésto es especialmente importante en Estados Unidos, donde está claramente demostrado que las mujeres con mayor nivel educativo y mayor nivel de ingresos económicos tienden a amamantar a sus hijos pero, las mujeres menos educadas y pobres, tienen menos elementos de juicio para tomar la decisión de amamantar y pueden ser más fácilmente influenciadas por las prácticas poco éticas de mercadeo de sucedáneos de la leche materna y por mitos como los que llevaron a que en ciertos lugares de Estados Unidos se considerase indecente amamantar en público y por lo tanto varios

Estados han aprobado legislación “cuyo propósito no es legalizar la lactancia materna, sino aclarar que amamantar en público, es un derecho y que por lo tanto no puede ser catalogado como ofensa criminal… (indecencia)“30. Es interesante que en nuestro país y, quizás por lo arraigada de la cultura de la lactancia materna entre los sectores populares, por los esfuerzos para promover como medida de salud pública la lactancia materna o tal vez, por el hecho de que en los hospitales no se separa al recién nacido de la madre (práctica que aún puede verse en algunas clínicas), el 52.1% de las mujeres sin educación y el 40.4% de las mujeres con educación superior amamantaron a sus hijos dentro de la primera hora de nacido. Al mirar los datos del primer día de vida de nacido, esta diferencia ya no existe: 75.7% de las madres sin educación y 75.6% de las madres con educación superior amamantaron a sus hijos.31

Con respecto a la lactancia materna entre la población afro-americana y como consecuencia de esta investigación de la literatura así como de los grupos focales y entrevistas a profundidad a hombres y mujeres afro-americanos de la ciudad de Baltimore, nuestro Centro ha propuesto reemplazar el concepto de la diada madre-hijo por la triada madre-padre-hijo.

Al hablar con la pareja es importante que se le de cabida a las necesidades emocionales del padre y que se busque incluirlo (Bronner, Serpa, Squire, 1998).

Entre 1950 y 1991 la composición familiar afroamericana cambió radicalmente. El porcentaje de familias negras con mujer cabeza de hogar, que era de 18% en 1950, llegó al 46% en 1991. En 1991, sólamente el 48% de las parejas negras estaban casadas32. Debido a que los hogares presididos por mujeres tienden a ser más pobres y convencidos de que un padre responsable puede ser muy valioso para el desarrollo infantil, nuestro Centro propende por un aumento de la lactancia materna y por el fortalecimiento de las familias (el 70% de los niños afro-americanos nace por fuera del matrimonio); sin embargo, en nuestras investigaciones, los hombres expresan constantemente el deseo de conformar una familia; la falta de solvencia económica es uno de los argumentos que esgrimen más frecuentemente; los datos más recientes, 1997, indicaban que más del 26% de la población afro-americana vivía en condiciones de pobreza; ahondando en la terrible historia de la esclavitud, es claro que los esclavistas intentaron romper la unidad familiar negra (Serpa M.).

Oportunidades para asegurar el apoyo paterno a la lactancia materna

Como se describió, tanto la paternidad como la lactancia pueden desencadenar respuestas negativas masculinas, que se deben discutir para evitar mayores problemas de pareja. La tendencia actual a sólo hablar de reacciones ideales no es aconsejable porque las personas que presentan otro tipo de reacciones pueden desarrollar ansiedad y sentimientos de culpa. Es notable que la literatura menciona que los hombres se sienten menos intimidados para tratar de éstos y otros asuntos en grupos de hombres, como lo hemos corroborado observando el trabajo desarrollado en Baltimore por Healthy Start (“Comienzo Saludable”), programa gubernamental cuyo subcomponente de rehabilitación de drogadictos utiliza con éxito esta modalidad. Los hombres deben tener la oportunidad de discutir sus sentimientos en un ambiente propicio.

Cuando el individuo reconoce y afronta sus inquietudes, puede apoyar a su pareja. Si la mujer logra entender las razones por las cuales su conyuge tiene dificultad para apoyarla en su decisión de amamantar, de común acuerdo, pueden trabajar en la superación de los obstáculos.

El progreso en atención de salud materno infantil en Estados Unidos no ha sido paralelo con el de la atención en salud para los hombres. Esto se explica por la necesidad de atender primero a los más vulnerables (madre/niño). Sin embargo, la sociedad ha excluido, quizás sin quererlo, a los hombres, especialmente en los estratos socio-económicos más pobres y entre minorías étnicas de este país. Entre las clases media y alta existen sistemas de apoyo para la pareja y está surgiendo un movimiento para tener en cuenta a los hombres en la conformación familiar.

Modelos teóricos

Este es un primer intento para explicar por qué algunos hombres no están de acuerdo con la decisión de su pareja de amamantar y surge de una revisión de la literatura a la que me aproximé desde puntos de vista psicoanalítico y psicológico. Aunque múltiples variables tales como la cultura, el origen étnico y la clase social tienen efecto sobre la decisión de amamantar, curiosamente la literatura no contempla estas variables en conjunto33, 34, por lo cual resumo los hallazgos en dos sencillos modelos, uno diagnóstico y otro de intervención.

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