Ante la Muerte de Fernando Serpa Flórez

Académico Gilberto Rueda Pérez
Miembro de Número, Ex-presidente Academia Nacional de Medicina.

Fernando:

Te fuiste discretamente, silenciosa y suavemente con la resignación y la nobleza propios de tu bondadoso corazón; afrontaste con valor la incontrolable enfermedad que te sorprendió súbitamente y que consumió tu vida sin lograr doblegar tu espíritu ni tus cálidos afectos hacia tu familia y hacia quienes tuvimos el privilegio de compartir contigo gran parte del camino y recibir las continuas manifestaciones de tu fraternal amistad.

Cuan nítidas se presentan ante nuestra presbiofrénica memoria las múltiples escenas de los episodios en que nuestros derroteros se cruzaron o marcharon paralelos a lo largo del sendero.

Como cuando estudiábamos en la casa de tu padres, el Profesor Roberto Serpa y Doña Paz Flórez de Serpa, allá en la calle 54, o en la del Profesor Patiño Camargo con José Félix nuestro condiscípulo y tus hermanos Roberto y Alejandro y con Adolfo de Francisco y Luis Felipe Fajardo y Carlos Concha, o cuando recibimos orgullosa y casi simultáneamente el diploma de Medicina y Cirugía, otorgado por la Facutad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia, en el viejo claustro de la Plaza de los Mártires de Bogotá.

O cuando regresaste de la medicatura rural en las Mesitas del Colegio y en el Catatumbo, en donde tuviste tus primeros contactos con la epidemiología tropical y la verdad de la salud de nuestros campesinos.

O cuando viajaste a Chicago, al viejo hospital de Ravenswood y, en la primera oportunidad, obtuviste para mí un internado quirúrgico en ese mismo centro Médico. (Lea: Académico Fernando Serpa Flórez)

Testigo de ese duro y aleccionador e inolvidable período de aprendizaje en tierra extraña, separados apenas de nuestras más gratas experiencias de internado en el Hospital San José, el San Juan de Dios y en la Clínica de Marly de Bogotá, pero que nos abrirían el panorama futuro del ejercicio de esta noble profesión, que tantas y tan gratas satisfacciones nos dio.

Honrándonos con su ejercicio y elevándonos a nuestros propios ojos, ante el éxito profesional y aún social proporcionado por el respeto y el cariño de nuestros pacientes que, infortunada y súbitamente, a consecuencia del sistema de salud deficientemente implantado en el país, demeritó el ejercicio de la medicina, rebajando su calidad hasta el extremo de verte forzado a retirarte de su practica, poco antes de la aparición del implacable proceso que habría de poner punto final a tu benemérita existencia.

Y recordamos con nitidez tu amplio y furctífero transcurrir por la medicina colombiana en posiciones siempre distinguidas, por tu honradez profesional, por tu pulcritud, por tu bondad infinita y por tu conocimiento profundo y discreto de la naturaleza humana, plasmado en tus heredadas dotes literarias que nos permiten deleitarnos con relatos tomados en gran parte de la vida real, tales como los titulados médicos, Medicina e historia.

El camino, recursos de un médico; Páginas de historia de la medicina; Bosquejo de la historia de la medicina colombiana; y el postrero, titulado Cuentos al atardecer, aparecido en marzo de este luctuoso año, primero del siglo veintiuno, que tan trágico empieza para el país, para el mundo civilizado y en especial para tus seres queridos; es el más nostálgico, el más sentido y el más evocador de tus escritos; como si un presentimiento…

Ocupaste con lujo de competencia posiciones directivas en el fascinante campo de la salud pública como lo ameritaba el título obtenido en la Universidad de Harvard en 1959, fuiste Secretario General del Ministerio de Salud, Secretario de Salud de Bogotá, Director Nacional del Instituto de Salud, Viceministro de Salud y Ministro Encargado en varias oportunidades.

Médico Jefe de la Empresa Colombiana de Petróleos. Vinculado con el Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud y el Comité Directivo de la Organización Panamericana de la Salud, tuviste oportunidad de actuar como asesor de la OMS para la erradicación de la viruela en Afganistán, ese país tan convulsionado en la actualidad.

Numerosas sociedades y asociaciones nacionales e internacionales te acogieron en su seno y se beneficiaron de tus conocimientos, de tu lealtad y de tu imponderable voluntad de servicio, tales como la Academia Nacional de Medicina de Colombia, la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina, la de Microbiología, la de Estudios Bioéticos, la Sociedad Española de Médicos Escritores, la Academia de Medicina de Medellín, la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina, la Colombiana de la Medicina del Trabajo, la Sociedad Económica de Amigos del País; la Asociación Colombiana de Salud Pública, la Asociación Colombo Francesa de Medicina, la American Public Health Association y la de exalumnos de la Universidad de Harvard; la Junta Directiva de la Fundación Universitaria Manuela Beltrán.

En la docencia fuiste Director de la Escuela de Salud y Profesor de Medicina Preventiva de la Universidad Nacional y de la Universidad Javeriana y de Ética e Historia de la Medicina en la Universidad del Rosario así como conferencista invitado en la Universidad de Harvard.

Condecorado por el Emperador del Japón con la orden del Sol Naciente: comendador de la Orden de Santafé de Bogotá. Gran Cruz de Oro del Mérito Cívico de Cundinamarca. Medalla por servicios distinguidos del Ministerio de Justicia, Canciller de la Orden Hospitalaria de San Lázaro de Jerusalén, en Colombia y Caballero del Capítulo Hispanoamericano de la Orden del Corpus Christi, de Toledo.

La obra periodística y literaria se complementa con tu vinculación permanente a los periódicos El Tiempo, El Espectador, Intermedio de Bogotá, Vanguardia Liberal de tu querida Bucaramanga y El Correo de Medellín. Fuiste Director del Heraldo Médico y Codirector de la Revista de la Sociedad de Cirugía de Bogotá. Hiciste parte de los Comités de Redacción de las Revistas Medicina de la Academia Nacional de Medicina, de Tribuna Médica, del Boletín de la Clínica de Marly y de Médicas UIS.

El recuerdo más cercano, más grato, es el del noble y satisfactorio ejercicio de la medicina particular en nuestro común consultorio de la Clínica de Marly, en donde todos los días tuve el privilegio de intercambiar ideas y de escuchar tus atinados conceptos sobre la triste realidad de este nuestro querido y antaño, amable y rico país, tan abatido en la actualidad por las fuerzas oscuras que pretenden dominarlo; y gozar con tus análisis guasones y no carentes de malicia y picardía muy propios de tu intelecto y de tu refinada educación, que te permitirán leer entre líneas en las actitudes de nuestras gentes, pero que al mismo tiempo permitían apreciar el inmenso cariño y afecto hacia los tuyos Fernando Manuel, Magdalena, María Isabel y Julia Helena y hacia tu esposa, alma y nervio de tu actividad vital, Magdalena Durán de Serpa; tus hermanos Roberto y Gloria y el recuerdo siempre presente de Alejandro, quien se fue primero.

Estas imágenes y otras muchas pasan con nitidez por mi mente entristecida por tu partida mi querido colega, mi compañero, mi amigo más cercano y solo atino a decirte: Hasta pronto, Fernando.

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