In Memoriam, Doctor Saúl Rugeles Moreno

Académico Correspondiente

El pasado cinco de noviembre falleció súbitamente en su tierra natal el Dr. Saúl Rugeles Moreno. Para las nuevas generaciones distantes de la comunidad socorrana, quizá éste nombre no les signifique mucho, pero sí para quienes lo conocimos, lo admiramos y fuimos afortunados de contar con su amistad. Saúl no ejerció en la Capital y pertenecía al grupo de aquellos colegas que por no tener asiento en los centros de docencia, se les ignora, como si sólo existiese la medicina teórica de las universidades, desconociéndose que hay en todo cuerpo médico un grupo silencioso de discípulos de Galeno, que lejos del ruido que brindan los computadores y toda la tecnología moderna, desempeñan una irremplazable labor a otro nivel, ya sea en la periferia de las áreas metropolitanas, de los Institutos municipales de salud y en la provincia, principalmente. Algunos de ellos forman a una generación, cada vez más diezmada pues el tiempo no pasa en vano.

Ejercen una medicina integral y práctica que a todo encuentra solución, sin traspasar los límites de la temeridad; no dan cátedras magistrales pero ejercen la docencia con el ejemplo; pues también se enseña viviendo honestamente; no han publicado muchos artículos médicos o quizás ninguno, pues con su ejemplo lo han dicho todo. Van a los Congresos Médicos porque les nace estar actualizados; son respetuosos en el trato con sus colegas y no murmuran de ellos pues nunca consideran sus intereses lesionados y como han sido buenos en el sentido evángelico de la palabra, así piensan de los demás.

Son sencillos en sus comentarios que siempre matizan con su larga experiencia profesional, sin hacer alarde de que en verdad saben. Su afán de servicio los ha llevado a incursionar en otros campos diferentes al médico; actúan también como consejeros y sienten como propia la problemática del medio en el cual actúan, pues para todo tienen tiempo ya que sacrifican su descanso merecido en favor de los intereses generales; son líderes sin haberlo propuesto; son humanistas que pueden hablar de todo, pues de todo están informados.

No les gusta hacerse notar pues crecieron en un ambiente de humildad y sencillez, que no ocultan.

Les gusta consolar y ayudar en cuanto está a su alcance. La bondad que no les enseñaron en los claustros universitarios y que la aprendieron en el libro de la vida, es la misma que irradia e identifica y une a sus familias.

No supieron abusar de nada en su vida, pues la mesura siempre ha regido sus actos. A ellos no hay que insistirles sobre la ética y los derechos de los enfermos ya que los saben respetar desde los claustros universitarios.

Saúl Rugeles Moreno fue uno de ellos. Había nacido en el Socorro el 16 de enero de 1920 y estudió en el colegio Guanentá de donde fue bachiller; obtuvo el título de doctor en Medicina y Cirugía de la Universidad Nacional en 1945 y la ASCOFAME lo certificó como Cirujano General en 1968. Participó en Cursillos y Seminarios Nacionales y en Eventos Internacionales, en México,Chile, Brasil, Puerto Rico.

Fue miembro activo de varias sociedades científicas, Director del Hospital del Socorro y Jefe del Servicio de Salud de San Andrés y Providencia.

Fue distinguido con las medallas cívica del mérito asistencial Jorge Bejarano, Antonio Nariño, y Santa Bárbara. Se le otorgó el diploma de honra de la orden militar y hospitalar de San Lázaro de Jerusalem de Rio de Janeiro. Al crearse el Capítulo de la Academia Nacional de Medicina de Bucaramanga por sus merecimientos, se le invitó a formar parte de él como miembro correspondiente.

Era constante en la asistencia y siempre motivado cuando se hablaba de nuevas disciplinas o modernas tecnologías. Fue un padre ejemplar, un esposo noble y sincero. Es difícil resumir toda una vida dedicada al servicio; quizá esta corta semblanza sería más completa si me hubiese comunicado con quienes deja.

No lo considero prudente en estos momentos de dolor, podría pecar de intruso. Sólo quería decir que la Medicina Santandereana está de luto porque un hombre humilde y justo como buen católico, se ha marchado y al hacerlo ha cerrado un nuevo capítulo que alguien en algún momento debe reconocer perpetuándolo de alguna manera.

Carlos Cortés C.
Presidente, Capítulo de Bucaramanga
Academia Nacional de Medicina

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