Letras, Comentarios del Académico Hernando Forero Caballero

A la Conferencia dictada por el Académico Ernesto Plata Rueda sobre: Iatrogenia y relaciones médico-paciente en pediatría.

Es para mí un privilegio el que el profesor Ernesto Plata me haya designado para comentar su espléndida conferencia sobre “Deshumanización de las relaciones médico-paciente en la segunda mitad del siglo XX”, y es mayor mi complacencia porque precisamente en esta sesión solemne se rinde un merecido homenaje al maestro insigne de la medicina legal, el profesor Guillermo Uribe Cualla.

Realmente me siento honrado al cumplir esta misión porque en el Hospital tuve la oportunidad de admirar al profesor Plata como Jefe de la Clínica de la Universidad Nacional y posteriormente como docente y mi Superior en la Jefatura del Departamento de Pediatría.

Quizá lo que más ha influido en nuestro entendimiento y formación científica fue nuestro paso por el servicio de recién nacidos del Instituto Materno Infantil, donde hallamos el más grandioso cúmulo de material humano, con toda una vida por delante y múltiples problemas para resolver, lo cual nos impregno de los verdaderos nobles objetivos de la Medicina.

El profesor Plata en su disertaci6n hace un interesante recuento histórico de la importancia del amor y la amistad en el ejercicio de la Medicina, orientada hacia la filantropía, desde los albores y a través de los tiempos primitivos.

Efectúa sabiamente un análisis de los conceptos del maestro Laín Entralgo sobre la amistad en el acto médico y la evolución de las relaciones médico-paciente en los últimos siglos.

Describe juiciosamente los avances de la ciencia y la tecnología en la segunda mitad del siglo XX y su repercusión en el ejercicio de la medicina, particularmente su efecto nocivo sobre la amistad médica y la filantropía.

Analiza cada uno de los emblemas, los subproductos y la iatrogenia resultante de la que se llama la neomedicina. Describe detalladamente diferentes aspectos de la atención de los niños en las maternidades, hospitales generales, servicios de urgencias y unidades de cuidados intensivos y la asistencia de la pediatría ambulatoria, en relación con la conducta humana, psicológica y comunicativa del médico hacia el paciente, en los diferentes procesos del acto médico.

El profesor Plata en una forma eminentemente magistral nos ha expuesto uno de los más importantes capítulos del ejercicio de nuestra profesi6n, la cual constituye como un catecismo ético- humanitario de la medicina. Pienso que es el resultado de un profundo razonamiento sobre su experiencia profesional y personal, basado en su acervo de conocimientos, el intercambio de ideas con los colegas en los auditorios y hospitales y también de las impresiones expuestas por los mismos pacientes.

Con cuanta atenci6n y provecho la mayoría de nosotros hemos escuchado sus conferencias o leído sus libros, en los cuales nos demuestra su recia personalidad como cultor del razonamiento médico, de la organización del ejercicio propio de la profesión y de la disciplina en la conducta humana.

Gracias a esa inteligencia orientada hacia el buen ejercicio profesional y su acendrado criterio de proyectar su sabiduría a la comunidad, ha logrado un enorme prestigio nacional e internacional y el aprecio y la admiración de la gran totalidad de los colegas y pacientes.

Si cada uno de nosotros meditáramos por un momento sobre el aspecto humanitario, antes de cada consulta, indudablemente cumpliríamos a cabalidad con este noble mandamiento y nuestra conciencia quedaría plenamente satisfecha de nuestra labor.

Como todos lo apreciamos, este es un extenso tema que se prestaría a numerosos comentarios, si dispusiéramos del suficiente tiempo, así que, solamente me limitaré a invitarlos a razonar unos minutos sobre dos aspectos de la evolución de la medicina que requieren especial consideración.

Existen algunos factores que son factibles de prevenir, y por tanto, el médico está en el sagrado deber de poner toda su capacidad y apelar a todos los medios para evitar cometer errores en la ética humanitaria del ejercicio profesional, como lo ha expresado el profesor Plata.

Pero también, hay algunos fenómenos propios de la evolución de la humanidad y el progreso de la sociedad, que se salen de las manos del médico y no puede oponerse, sino que tiene que analizarlas y adaptar las medidas necesarias, para procurar un ejercicio profesional que cumpla con los requisitos de una atención médica humanitaria, científica y ética.

Es el caso del enorme aumento de la densidad de la población que ha obligado a través de los tiempos a imprimirle una organización a la asistencia médica, y así, han surgido los hospitales, los centros asistenciales, las clínicas, la atención primaria y la medicina socializada, la cual comprende una serie de entidades como las cajas de previsión, los seguros sociales, la medicina prepagada, etc., donde el médico es un trabajador de la salud, que practica su propia actividad en un equipo mutidisciplinario con deficientes recursos la mayoría de las veces, y bajo un mandato superior y un sueldo poco edificante.

En esas instituciones es donde las relaciones directivas médicos, médicos-paramédicos y médico-paciente adquieren la mayor trascendencia, lo mismo que el ambiente local y el entorno socio- psicológico, sobre la actitud del médico y también sobre la tensión emocional y respuesta del enfermo.

El médico está sometido a una reglas estrictas ya un tiempo determinado para atender cierto número de pacientes.

Depende de su personalidad, de su vocación y formación médica para brindarle una atención a plenitud, tanto somática y psíquica, como científica y humanitaria al paciente.

Para esta atención multidisciplinaria se impusieron las especialidades médicas con una gran dedicación y costos y su vinculación a los equipos médicos institucionales o al ejercicio privado.

También esto ha repercutido notablemente en las relaciones médico-paciente, porque muchas veces se tiene en cuenta es el órgano afectado o la enfermedad para la cual fue entrenado, pasando un tanto inadvertida la integridad de la enfermedad- enfermo.

Otro aspecto, es el de los grandes avances en la investigación, la tecnología y la ciencia médica, como medios de información para efectuar un diagnóstico más preciso o un tratamiento más estricto y sofisticado, lo cual ha orientado la mentalidad de los médicos a preocuparse por los signos, gráficas, números e imágenes que emiten los diferentes instrumentos y por el aparato mismo.

El médico se ha convertido, sin pensarlo, en un técnico que muy poca vinculación tiene con el paciente y se interesa es por la información que le produce la máquina al contacto con un órgano o tejido y olvida la integridad del enfermo como persona, quien es la fuente de toda esa información.

Me pregunto ¿si el paciente es estas circunstancias no se siente como un ser inferior, ratón de laboratorio, a quien se le está mancillando su personalidad y sus sentimientos como ser humano, para obtener el beneficio de atenuarle un dolor, o prolongarle unos días su amarga existencia?

Es indispensable que el médico tome conciencia de los verdaderos objetivos de la ciencia médica y fundamentalmente del aspecto humanitario, y que lo que está tratando son seres humanos como él, a quienes se les debe respetar su personalidad, su dignidad, sus sentimientos y hasta sus propios conceptos sobre la salud y la vida.

Muy poco podemos hacer para detener el aumento de la densidad de la población y la socialización de la medicina, y no podemos contener el progreso de la ciencia y la tecnología, lo cual significa un beneficio para el paciente y para el médico en su labor.

No obstante, el médico, y particularmente las entidades de formación y asistencia médica deben organizarse, a fin de trazar las estrategias y programas, tendientes a conservar y acrecentar ese vínculo de amistad y entendimiento en las relaciones médico- paciente, las cuales se basan, en gran parte, en la personalidad y formación del médico y la educación que posea el contexto de la comunidad que lo rodea.

Aceptado el principio de que el médico nace con una vocación especial, desarrolla su espíritu de civismo en un ambiente adecuado y recibe una educación superior, orientada a brindar salud a sus semejantes, de su actividad y su organización depende el poner en práctica las siguientes estrategias para procurar que se conserven las buenas relaciones médico-paciente:

1. Informar a la comunidad sobre las bases de la filosofía médica, la conveniencia de la higiene personal y ambiental y la importancia del médico y equipo paramédica en la preservación de la salud.

2. Instruir y orientar a la comunidad para participar en algunos sencillos aspectos de salud y en el manejo de los estratos sociales más vulnerables (prematuros, ancianos y enfermos terminales), bajo la vigilancia del médico.

3. Establecer en los colegios la orientación profesional de acuerdo con la vocación real y aptitudes intelectuales de cada uno de los estudiantes.

4. Reforzar en las escuelas y facultades de medicina, para la admisión de los estudiantes, una evaluación psicológica y la entrevista personal, orientada a investigar la verdadera vocación, espíritu de civismo, concepto humanitario y la capacidad intelectual del candidato a ser médico.

5. Procurar en las facultades de medicina mayor vinculación de los estudiantes con los pacientes hospitalarios y también, la comunicación con la comunidad en general, por medio de la cátedra practica de medicina familiar y comunitaria.

6. Imprimirle la importancia que se merece a las cátedras de Deontología, Ética Médica y a las relaciones médico- paciente en el pensum de educación médica.

7. En la educación continuada organizar cursos o simposios sobre Ética Médica y la relación médico-paciente.

En esta excelente conferencia, el profesor Plata ha despertado nuestra conciencia, al tratar uno de los aspectos de trascendental importancia en el ejercicio de la medicina, que nos impulsa a meditar sobre la enorme responsabilidad y el eminente compromiso social de las entidades médicas científicas y de los médicos directivos administrativos, en relación con la planificación de la asistencia médica, de la administración de salud y los programas de educación médica al gran aumento de la densidad de la población vulnerable y el recrudecimiento de las epidemias, la descentralización de la salud, la problemática económica y administrativa hospitalaria, la socialización de la medicina, el reto al avance de la ciencia, la tecnología y las investigaciones médicas, el surgimiento de numerosas escuelas de medicina con la desmedida producción de médicos y en fin, la reforma curricular del entrenamiento, para obtener el médico que realmente necesita nuestro país, dentro de los parámetros de la ética médica y el contexto de prevenir las enfermedades y brindar salud con un mejor trato humanitario y científico a los pacientes.

Permítaseme sugerir que la Academia Nacional de Medicina, como la Entidad científica más representativa y de más alta dignidad en el área de la salud, como Asesora del Gobierno Nacional, en cooperación con la Federación Médica y representantes de las sociedades científicas, analicen cada uno de estos aspectos, tanto en su repercusión actual como en su proyección hacia el futuro y elaboren un plan de desarrollo de la medicina nacional, ajustado a la realidad social, con profundas bases científicas y fundamento humanitario, para presentarlos a las autoridades nacionales competentes y procurar su ejecución y cumplimiento.

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