Compedios: Sobre los Autores de los Archivos Científicos

Académico Juan Mendoza Vega En el competitivo mundo moderno de la ciencia, la publicación de artículos científicos es actividad no sólo importante sino de las más estimadas; con ella se transmiten a la comunidad científica los resultados de las investigaciones, se dan a conocer las reflexiones, comentarios o desarrollos sobre esos temas y se presentan perspectivas para el futuro; pero también sirven los artículos científicos como renglones fundamentales en el currículo de los profesionales, que en esa forma pueden mostrar presuntamente su capacidad de trabajo, su creatividad y productividad original. El ser autor de artículos científicos se ha tornado logro importante, hasta el punto de que en ciertos ambientes se tiene como axioma la frase “Publicar o Morir”, por supuesto en el sentido académico.

Esta sitt1ación ha permitido el surgimiento de vicios que se empezaron a notar hace ya más de 10 años, pero cuya ocurrencia parece incrementar, si juzgamos por el número de publicaciones que analizan esos fenómenos en los años más recientes.

Especialmente importante resulta el artículo en que el doctor Gustavo A. Silva, funcionario de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) analiza los problemas de la “Autoría Múltiple” y la “Autoría Injustificada”, y que fue publicado en la edición de febrero de 1990 por el Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana. De acuerdo con el doctor Silva, la costumbre de publicar artículos con la firma de varios autores aumentó notoriamente en el decenio 1979-1988; en efecto, entre 1959 y 1968, el 62.77% de 795 artículos tenían un solo autor y el 6.7 más de cinco autores, pero la proporción cambió a 30.8 con un solo autor, 45.9 entre dos y cuatro autores y 23.2 con cinco autores o más, en el último decenio arriba aludido.

Por supuesto, en muchos casos se justifica la presencia de múltiples autores al frente de un trabajo especialmente complejo o multidisciplinario.

Pero abusar de esta costumbre puede perjudicar la seriedad de la respectiva publicación, y por ello la mayoría de las revistas están poniendo en marcha controles especiales y estrictos al respecto.

Si alguno de los autores no ha participado realmente en la elaboración del trabajo sobre el cual se escribe el artículo científico, se configura el vicio de la “Autoría Injustificada”, contra el cual enfila sus baterías -de modo totalmente justo, por lo demás- el doctor Silva. En efecto, firmar un artículo cuando en realidad no se tomó parte en su elaboración ni en el estudio sobre el cual se basa, es aceptar crédito por algo que uno no hizo y “Utilizar ese crédito mal habido para obtener algún provecho”, el derivado de la publicación respectiva que vendría a aumentar la longitud e importancia del currículo de ese autor falso.

Tan injusto como negar la condición de autor a quien haya trabajado en el estudio y en la elaboración del artículo, es dar esa autoría a quien no tenga el mérito verdadero.

Transcribe el doctor Silva los criterios fijados por el Comité Internacional de Editores de Revistas Médicas (también conocido como Grupo de Vancouver) para reconocer a alguien como autor de un artículo científico, y que dicen así:

“Todas las personas designadas como autores deben cumplir ciertos requisitos para tener derecho a la autoría. Cada autor debe haber participado en el trabajo en grado suficiente para asumir responsabilidad pública por su contenido”.

“Para concederle a alguien el crédito de autor hay que basarse únicamente en su contribución esencial por 10 que se refiere a: a) la concepción y el diseño del estudio, o el análisis y la interpretación de los datos; b) la redacción del artículo o la revisión crítica de una parte importante de su contenido intelectual; y c) la aprobación final de la versión que será publicada. Los requisitos a, b y c deben cumplirse siempre”.

“La participación que se limita a conseguir financiamiento o recoger datos no justifica que se le conceda a nadie el crédito de autor. Tampoco basta con haber ejercido la supervisión general del grupo de investigación.

Toda parte del artículo que sea decisiva con respecto a las conclusiones principales, debe ser responsabilidad de, por lo menos, uno de los autores”.

“En un artículo de autor corporativo (colectivo) se debe especificar quiénes son las personas principales que responden del documento; a las demás personas que colaboraron en el trabajo, se les debe conceder un reconocimiento por separado (véase Agradecimientos)”.

“Los editores podrán solicitar a los autores que justifiquen la asignación de la autoría”. El artículo del doctor Silva debería ser lectura obligada en toda institución científica donde se adelanten proyectos de investigación que dan origen a publicaciones en las revistas especializadas. SILVA G.A.

“La Autoría Múltiple y la Autoría Injustificada en los artículos científicos”.

Bol Of Sanit Panam lO8 (2):141-152, febrero 1990. (Reseña: Académico de número Juan Mendoza-Vega, Director General, Fundación Instituto Neurológico de Colombia Bogotá).

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