Tendencia a la unidad (“el ser y no ser”, “el ser o no ser”)

Cuando nos referimos a unidad, lo estamos haciendo también a la integración como una tendencia innata equivalente (semejante, idéntico o igual) y por lo tanto a tener también la noción de dualidad (de dos); es decir igualdad y diferencia interfuncionan, pues para que apa­rezca la unidad (una) se requiere de la otra en forma dinámica, continua y así se evita el temor al “no” absoluto; de ahí surge cómo es posible que el ser humano está diseñado para una continua integración y desintegración; integración de una unidad de ser para una realización (359). La evidencia es la misma vida, su desarrollo en su ciclo vital hasta el fin, la muerte. Con respecto a la experiencia de vivencia común se da como en la que ocurre “entre madre y bebé”, puesto que ella es una “realidad compartida”. En esa realidad vivencial intervienen las emociones, afectos o sentimientos de ambas partes, las cuales son trascendentales en el desarrollo del bebé, el cual va a tener repercusiones en toda su vida; a su vez la relación dual se gesta y fragua la personalidad del sujeto el cual recibe una serie de mensajes subjetivos y objetivos en donde interviene el aprendizaje. Vale la pena aquí recordar que se aprende más y mejor cuando aquél viene del ser querido amoroso. A continuación voy a exponer una se­rie de conceptos que aparecen en inglés como los de “pre-concern”, “holding”, “handling”, “dealing”, “dwelling”, en todos los cuales participa la vivencia emocional.

Con respecto a los conceptos de Winnicott que se refieren a la “relación dual” también se asocian con lo que se denomina “pre-concern”; el “concern” (en inglés) implica interés, incumbir, afectar, pertenecer, importar, cuidar, atender lo que equivaldría a “pre-con-cern”; a “antes de concierto, certeza o seguridad” y equivaldría también a la relación muy primi­tiva que está relacionada biológicamente; sin embargo, estos fenómenos tienen sus grados de incertidumbre y azar, por el continuo descubrimiento de cada uno de los que conforman la primera pareja (madre-bebé); así también se repite a través de la vida en las relaciones interpersonales; todas ellas tienden a la integración al menos a tratar de lograr y mantener la unidad de la relación “Yo-Tu”, “Yo – el otro”, “Yo-mundo externo”, “Yo-no Yo”.

Dentro de este contexto es necesario referirnos también a que cuando se habla de la satisfacción de las pulsiones del niño y de los vínculos entre los procesos del desarrollo del Yo, lo hacemos a tres aspectos de los cuidados de la madre por su bebé y son primero la “integración” en la que se alude a la manera de mantener al bebé con “holding” y que lo podemos comprender más como un sostén y una “contención”; la segunda la personalización que correspondería al modo de manipularlo y/o manejarlo (“handling” en inglés) y tercero a la relación objetal que corresponde a la representación de objetos que yo lo traduciría al inglés “dealing” (relación, trato, comunicación, negocio). Estos tres “holdings” (contención sostener), “handling” (manejo) y “dealing” (trato-negocio) como es bien conocido, son ca­racterísticas fundamentales de la relación vincular (vivencial, sensopercepción, afecto, emo­ción) para establecer y conservar la integración y unidad; los tres conllevan la connotación de actividad por una necesidad afectiva emocional determinada que incluye el arrullo, la ternura, la seguridad y el apoyo. El no presentarse el “holding” y “dealing” implica fragmentación, lo que equivale a la desintegración y no unidad psíquica. Véase aquí cómo para tener un buen trato se requiere de un manejo adecuado y a la vez de una contención del otro. Todos estos hechos prohíjan el desarrollo desde la “anidación” hasta el parto y luego del post parto a tra­vés de la infancia, niñez, pubertad, adolescencia y adultez; cada una, en sus diferentes formas, puesto que el papel de la madre se desplaza al hogar, sociedad, familia y luego a las institu­ciones educativas, laborales y a la sociedad en general que es regulada y que la representa el Estado. Son estos vectores los que prohíjan la buena estructura del “sí-mismo”.

De todo esto podemos concluir que “el sujeto se sujeta al objeto” de manera física-quí­mica, psíquica emocional y social, en un común denominador con las fuerzas integradoras (de unión, de realizar conjuntos y unidades más grandes) para encontrar en el equilibrio la adaptación más allá de la lucha y cerca de la paz. Aquí podría agregar que cuando el hombre encuentra la unión dentro de sí mismo, también halla la sensación de paz; es por esto por lo que las religiones predican el principio de unión en el Todo, (en Dios). Aquí nos encontramos “en y con” la confluencia de distintas perspectivas la físico-química, psíquicas, sociales y teológicas y espirituales y/o, dentro de la cosmología.

En estos últimos textos nos hallamos ante ese principio cósmico unitario en el que la to­talidad tiene que ver con todo, y este con sus partes para unir y diferenciar; mas allá de estos conceptos nos encontramos con ideas filosóficas, cosmológicas las cuales no me propongo desarrollar aquí.

Con respecto al concepto de “caos”, este se refiere física y psíquicamente a un desorden que es vivido como confusión pero que tiende a un orden; de tal manera, que el hecho de que “no hay caos porque hay orden” no es válido porque caos y orden pertenecen a un continuo proceso alternante en diferentes campos; además las defensas existen para ordenar dentro de un desorden que a otros niveles provoca otro “orden desorden” equilibrante; el ejemplo de este último está implícito en la psicopatología (360)

Por ejemplo el término “breakdown” en inglés (break=romper, down=abajo, caída), se traduce más como ruptura, caída, desmoronamiento, fractura, demolición y destrucción, y, obviamente puede llevarnos a entenderlo como una caída por interrupción de una debilidad y agotamiento que lleva a una postración. Traigo este término en inglés como el usado en una crisis psíquica o de un estado de equilibrio el cual se pasa al desequilibrio por ocurrir el rompimiento de la ordenación mental determinada por múltiples factores. Esto significa la disolución e integración psíquica, la cual puede protegerse con organizaciones psicopatológi­cas. Con respecto al dolor físico y psíquico (que se acompaña de “terror sin nombre y agonías primitivas”); todas estas vivencias, vienen acompañadas con sensaciones de desamparo y desesperación y por lo tanto, a la vez de confusión, obviamente de sensación de displacer, de tensión y carencias, las cuales se pueden ubicar “en el azar y en el determinismo”; uno y otro son factibles de negarse y también caer en lo ilógico o en lo justificativo de la necesidad.

En conclusión podemos afirmar cómo el ser humano se mueve entre lo conocido y lo desconocido (el azar y determinismo), a la vez que lo acompaña el temor a uno y a otro, no sin tener sus tendencias al orden y desorden, a la unidad y a la diferenciación en el azar y determinismo, a la vez que busca soluciones para defenderse de la desintegración y de la nada utilizando diferentes mecanismos y defensas.


359 Esta temática ya está planteada en otras partes de los textos en relación a la organización de pares y conjuntos.
360 Estas ideas ya fueron expuestas en capítulos anteriores.

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