El “no saber”

Ingmar Bergman en la “Laterna mágica” citado por A. Rojas escribe: “Y sin embargo, caigo, caigo y atravieso el abismo de la vida sin poderme agarrar de nada. Este abismo es un hecho. Además, es un abismo sin fin, uno no se mata al estrellarse contra una roca o contra un espejo de agua en el puro fondo. Madre, llamo; le grito madre, como la he llamado siempre: cuando era de noche y tenía fiebre, cuando regresaba de361 la escuela, cuando atra­vesaba el parque del hospital corriendo y algún fantasma me perseguía, cuando en esta tarde de verano lluvioso en Farö, tendí la mano hacia madre, No sé, no sé nada. ¿Qué es esto que atravesamos juntos? No lograremos salir. (…) Mas ahora hablo, y ya no puedes alcanzarme, te expreso el fondo de mi ser y ya no puedes darme al silencio por respuesta. Ya no puedes, como lo hiciste siempre cuando te suplicaba, cuando lloraba o sentía rabia, darme por res­puesta el silencio.” Ingmar Bergman. (“La terna mágica”, París, Ed. Gallimand, 1987)

Del escrito de Ingmar Bergman encuentro que existen siete negaciones (no se mata, no se, no se nada, no puedes, no puedes darme, ya no puedes); además las cuatro proposicio­nes de la lógica matemática (es=esencia, de=pertenencia, un=individualidad, con=relación), aunque están aparentemente presentes en su totalidad (excepto la proposición con), no son bien concluyentes a pesar que todo se refiere a: es un hecho … un abismo… de la vida… de noche… de nada… una roca… un espejo… de la escuela… de verano… es de mi ser… ya no puedes alcanzarse, darme al silencio por respuesta o ¿con quién es la relación? La respuesta es: madre.

Así el texto comienza “Y sin embargo caigo… y atravieso el abismo de la vida sin… darme por respuesta al silencio…”. He aquí la voz del silencio que es la nada, y es igual a la angustia, y a la necesidad primera de oír el ruido del mundo, que el mismo sujeto lo produce al nacer con el grito del nacimiento. ¿Acaso no es pasar de un “aparente silencio” del feto al mundo con su propia imagen acústica? ¿Acaso antes de nacer ya no había otras percepciones de distinta índole originados por estímulos del azar determinista”? Aquí podemos observar cómo del aparente silencio y quietud, en el espacio interno y del “no”, pasamos a todo un mo­vimiento que nos hace resonar en las diferentes dimensiones físicas y psíquicas que tienden a la unidad.

Aquí valdría la pena anotar cómo el mismo silencio puede construir todo un lenguaje que se expresa en la mímica (y la pantomimia), mas cuando estas son capaces de expresar lo que la palabra no puede; el mismo cuerpo, la piel, la expresión facial producen el lenguaje gestual que observamos en los ojos de los niños, de los animales, en las diferentes posiciones corporales, con los que el animal también se comunica; esta temática la ha estudiado la antro­pología, la etología centrada en el ser humano; a su vez la psicología profunda o psicoanálisis ha ocupado de ella, en la observación de bebés en la relación con su madre, en especial con el vínculo y relaciones de los ojos y labios succión del bebé en el pecho de la madre; es así como se construye todo un lenguaje, un vínculo con el primer objeto mundo. Aquí debe incluirse la interpretación de lo que significa el silencio y lo que deja este a la imaginación y/o todo ese acontecer psíquico que deviene en ese estado silencioso sin la palabra hablada. He ahí también la presencia del azar y el determinismo.

La paradoja del “ser y no ser” (Estnon). “Un sueño de Descartes” (362)

Otra de las anotaciones que traigo aquí es lo referente al escrito de Freud sobre un “Sueño de Descartes”, aparecido en un escrito en latín denominado por Descartes “Olímpia”, (1616-1620) y el cual fue publicado al Francés por Leroy. Descartes sueña en una pesadilla, “se trata de una noche de tormenta, con pánico y fantasmas en que Descartes está avergonzado y se encuentra con una debilidad en el lado derecho; él se refugia en una capilla de su devo­ción y se halla cargando un melón, luego descubre un diccionario de colección de poemas en donde está la frase;¿otro día en el mundo de los sueños?”; de pronto lee las palabras en latín “estnon” lo que significa “sí y no” (es y no es); para Pitágoras, verdad y mentira del conocimiento humano. En la parte final nos está indicando un futuro en el resto de su vida es y no es”; esta dualidad angustia; sin embargo en latín se soluciona uniendo los términos: “est” “non” en “estnon”; he aquí también la fusión y condensación en las palabras para lograr una idea. (Ver inicio de capítulo y siguientes páginas).

Para Freud el sueño de Descartes no es posible analizarlo sin la presencia del segundo. Aquí pienso que lo importante es la estructura del soñante y cómo halla su inconsciente, la manera de calmar sus ansiedades en frente a los demás, descubriendo que “es un sueño y no lo es”. Esa es la vida psíquica, una realidad inmersa en otra, que “puede ser o no ser real”, he aquí cómo podemos entrar en la metáfora. Con respecto al “sí y no”, estos los podemos asociar con el encendido y apagado, la luz y la oscuridad, la afirmación y la negación; las dos posiciones son factibles de alternarse, sin embargo, para “el ser” es factible afirmarla o negarla; en ambos casos el Yo perceptivo consciente es capaz de decidir; si la decisión es “soy” me afirmo y tengo que responsabilizarme, de lo contrario tiende a negar, el ser; el Yo utiliza la represión como si cerrara los ojos a la luz y sigue viendo no escapándose de la responsabilidad de la existencia.

Un aspecto a dilucidar aquí, que surgió después de una conversación con mi amigo y, colega psicoanalista, doctor Luis Yamín H., es el que se refiere a cómo, según él, a William Shakespeare le faltó formular en su frase “ser o no ser”, agregar la “y”, pues el ser el humano “es y/o no es” o “es y no es” pues pertenece a esa dualidad que comprende la no decisión y definición, como tantas otras (por ejemplo: se está arriba y/o abajo, a la derecha y/o izquierda, encendido y/o apagado, despierto y/o dormido, consciente y/o inconsciente); las dos posibi­lidades coexisten363. Aquí es importante entender que en la realidad cosmológica siempre se está en la dualidad, porque depende del referente que tengamos como punto o polo diferen­ciado; aún más, de todas formas está presente una constante que puede servir de opuesto referente y de un estado en el cual participan múltiples variables categóricas; por ejemplo se está dormido, pero se está despierto, se está consciente e inconsciente al mismo tiempo; de ahí la necesidad de incluir la “y” (de Luis Yamín); este último seguramente elaborará otra teoría o concepción que nos llevará a la aplicación de estos conceptos a la práctica, técnica y clínica psicoanalítica (estos últimos párrafos fueron escritos, después de haber tenido con el citado colega una corta pero fructífera comunicación).

A todas estas dualidades se les debería agregar el “y/o”; al hacerlo nos encontramos con las siguientes posiciones: “si soy, y no soy” se está en un limbo, en un estado dual indife­renciado; es decir, “se es y no se es” al mismo tiempo; cuando “se es o no se es” se entra en una diferenciación pues al “ser”, “está rechazando el “no se es”. Aquí nos encontramos con dos posibilidades: “ser o no ser”; esta última al aceptarlo como evidente, certero y real, deja de ser propio, puesto que a “no ser” no se puede “ser, estar, hacer, tener y existir”. He ahí la importancia de la existencia del ser; es por esto por lo cual no es factible concebir con la razón en la realidad, el no ser total en la existencia; cuando nos referimos a “lo total”, implica la “unidad”, y no las partes, sin embargo, “sí puede ser un conjunto”; estas últimas (las partes) si son posibles de coexistir; por ejemplo, se puede pensar en que “yo soy y no estoy” y así sucesivamente más “no puedo ser y no existir”. Sin embargo, es posible decir “no soy…tal o cual cosa y existo”. Todo es cuestión de entender el significado y el sentido del “y” y el “o”, y al “y/o”. De estas disquisiciones se ocuparon los filósofos existencialistas y fenomenólogos como Jasper, Husserl, Kierkegaard, Heidegger, De Zubiri, Sartre, Binswagner y otros.

Otro aspecto a dilucidar dentro de la lógica y lingüística es cómo la “y” nos sirve para conectar y distinguir algo de otro; ese algo, se refiere a una condición, categoría, estado, fenó­meno o hecho, sujeto, objeto, los que pueden agregarse al primero al mismo tiempo; es decir subsisten, están presentes, por ejemplo: “soy y no soy” (soy esto o aquello y no soy tal o cual otro). He aquí también la incertidumbre y la certidumbre del ser (“self” o sí mismo” que pien­sa, siente, actúa y vive). A la vez cuando usamos el “o”, ya estamos dando una alternativa, una diferenciación, otra posibilidad; por ejemplo, se es blanco o negro y no los dos a la vez, como cuando utilizamos el “y” el cual ubica al yo (sujeto) en una ambivalencia y una parcialidad.

Shakespeare, el azar determinista y el “ser y no ser”

Esta temática la podemos también analizar en la bien conocida obra de William Shakes­peare, en Hamlet, Príncipe de Dinamarca, cuando el personaje Hamlet dice: “¡ser o no ser he aquí el problema! … – ¡Morir…, dormir; no más! ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! … – ¡Morir… dormir! ¡Dormir! … ¡Tal vez soñar! ¡Sí, ahí está el obstáculo! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos librado del torbellino de la vida! ¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio! Porque ¿quién aguantaría los ultrajes y desdenes del mundo, la inju­ria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias del poder y las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre indigno, … temor de un algo después de la muerte –esa ignorada región cuyos confines no vuelve a traspasar viajero alguno-, temor que confunde nuestra voluntad y nos impulsa a soportar aquellos males que nos afligen antes que lanzarnos a otros que desconocemos? Así la conciencia hace de todos nosotros unos cobardes; y así, los primitivos matices de la resolución desmayan bajo los pálidos toques del pensamiento,… por esta consideración, tuercen su curso y dejan de tener nombre de acción… Pero ¡silencio! ” (364).

En la primera parte cuando se plantea “ser o no ser” como problema y luego pasa a “morir o dormir o tal vez soñar” para sobreponerse a los obstáculos o conflictos naturales de la vida. He ahí la ambivalencia del ser para aceptar o no el dolor, lo que nos sugiere que el hombre está hecho más para buscar el placer y huir del dolor y de las congojas, de las frustraciones del amor, a través de “no ser, soñar dormir o morir”, a la vez que la demora de la justicia, la insolencia del poder y la indignidad del hombre y aún podemos interpretar, repitámoslo, ese “no ser, soñar, dormir o morir” es como huida, negación, escape de la verdad y realidad; más adelante sigue con el temor a algo después de la muerte que confunde la voluntad e impulsa a soportar los males antes de lanzarnos a lo que desconocemos; todo lo cual nos hace cobardes, o, a la resolución bajo los pálidos toques del pensamiento. Sin embargo, todo se acaba en el silencio. Estos postulados de Shakespeare nos invitan a reflexionar como si no hubiese alter­nativa o “se es o no se es, se duerme, se sueña, se vive o se muere”. Sin embargo, todo queda englobado en el punto de que mientras vivimos soñamos luego también vivimos; temores de “un algo después de la muerte” (…) “que confunden nuestra voluntad” (…) “males que nos afligen, antes de lanzarnos a otros que desconocemos” como son el azar determinista, puesto que los desconocemos (lo no conocido). Estos pensamientos provenientes de la obra de Hamlet, nos hacen reflexionar sobre la psicología y filosofía de la vida, a la vez que nos ubica en la psicología de la vida cotidiana y en el funcionamiento del cerebro mente, en el cual ocurren una serie de interfunciones que, como ya se explicitó anteriormente, buscan el conocimiento y el placer (impulso al conocimiento y al placer) y la unidad del ser en su existencia determinada y a la vez incierta. Así también nos queda el rescoldo y el lazo del destino; he ahí también el azar determinista.


361 La negrilla es mía
362 Freud, S., (1929). “Carta a Maxim Leroy sobre un sueño de Descartes”, London. Standard Edition, T. XXI.
363 Como en la metáfora del Gato de Schödinger
364 Tomado de Obras Completas de William Shakespeare, Estudio preliminar, traducción y notas por Luis Astrana Marín, Octava Edición, M. Aguilar, Editor, Madrid, 1947., pág. 1144. Las negrillas son mías.

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