La Intuición en el Proceso de Conocimiento en Psicoanálisis

Traigo aquí algunas ideas con respecto a la intuición en psicoanálisis, los textos aparecie­ron en la obra: “El psicoanálisis una nueva profesión”, 1987, con esto el lector podrá hacer más fácilmente las interrelaciones conceptuales.

Me propongo aquí poner de relieve la capacidad intuitiva y cómo ésta participa en los procesos mentales en general, y en la labor psicoterapéutica del proceso analítico en especial. Además, deseo mostrar cómo en ocasiones la intuición participa en el trabajo científico-téc­nico y en el proceso del conocimiento en general.

Para comprender este fenómeno es importante tener en cuenta cómo los criterios filo­sóficos de la lógica nos muestran que uno de los primeros pasos del conocimiento y de la conducta del ser humano, es el empírico; si éste es ayudado por conocimientos teóricos de los fenómenos que se estudian, el proceso del conocimiento, se vuelve más técnico y más científico.

La ciencia implica el saber, el conocer, y a la vez el saber debe entenderse como la ligazón de varios conocimientos que pueden ser aplicados en una forma técnica. No sólo la historia sino también la misma metodología hacen parte del proceso del conocimiento; al mismo tiempo el conocimiento de los instrumentos, hechos y fenómenos que intervienen en él, son indispensables para el mismo conocimiento; de todo lo cual se ocupa la epistemología.

Quiero hacer énfasis en un fenómeno y es el que se refiere al conocimiento intuitivo, el cual puede llevar al sujeto al conocimiento lógico y de éste partir al conocimiento matemáti­co. Todos estos procesos, el intuitivo, el lógico, el histórico, el matemático, van a prever y a probar los hechos observados, lo cual validaría la observación.

En ocasiones en los trabajos no científicos no hay tecnificación de las teorías, lo que apa­rece es un fenómeno que ocurre con frecuencia en las prácticas de las mismas: la intuición. Quizás valdría la pena considerar también sino existe una aplicación de técnicas inconscien­temente, aplicadas, pero no tecnificadas, con palabras o símbolos de los sistemas (ciencia), y con teorías (lógica) derivadas de la observación y aplicación (tecnológicas).

Acciones e intervenciones intuitivas

Desde el punto de vista psicodinámico, podemos agregar cómo quienes estudian para analistas pueden desempeñar sin querérselo proponer conscientemente, el rol de apoyo al Yo y a la realidad y/o guiando, y hasta educando, haciendo el papel de padres sustitutos (transitorios), o pueden tener intervenciones con acciones inclusive interpretativas, intuiti­vas, integrando al Yo del enfermo y desculpabilizándolo, dándole canales de facilitación o verbalización a sus tendencias, permitiendo la progresión del Yo, es después, durante su for­mación, cómo sistemáticamente con la técnica puede ayudar a realizar la reparación de lo sentido destruido internamente, superando los mecanismos defensivos, progresivos, con que el sujeto debe someterse ante el conflicto instintivo y al temor a la muerte. La integración se hace no sólo de sus tendencias, sino de sus vínculos y relaciones con las imágenes parentales, familiares, poniendo el psicoanalista en una nueva realidad a la persona afectada, a través de acciones interpretativas (de la fantasía inconsciente del paciente) que se inician con un sentir y un percibir progresivamente consciente, el cual se transforma paulatina y progresivamente en la interpretación. De tal manera la interpretación psicoanalítica puede devenir en sus ini­cios intuitivamente y luego volverse técnica.

Inconsciente e intuitivamente las personas comprometidas en la labor analítica, como son los aspirantes y candidatos a analistas, tienen la capacidad de asimilar ansiedades y transfor­marlas en conductas positivas. Esto último no siempre es fácil encontrarlo; sólo el material humano sano con posibilidades de dar lo bueno, lo integrado (el objeto), es capaz de transfor­mar e integrar. Una persona que tenga estas cualidades puede hacer mucho bien en la rehabi­litación del trastorno mental, y si aprende las técnicas adecuadas, mejor y más fácilmente va a poder realizar su labor terapéutica. El estudiante, psicoanalista, pasa en su formación por esta labor, pero yendo un poco más allá, el mismo analista entrenado utiliza la “capacidad intuiti­va” en su labor analítica, a diario, y le es útil en la aplicación de la técnica, de la comprensión y conocimiento teórico, por fuera de la situación analítica.

Es necesario ser conscientes de este fenómeno de la intuición y de cómo podemos utili­zarla no sólo en el nivel teórico sino en el práctico ayudando y facilitando al psicoanalista los instrumentos, para hacer un trabajo específico, lo mejor posible. Estas líneas podrían entenderse como una defensa de la labor empírica, pero es mi deseo aclarar cómo con ellas he intentado “ubicar” dentro del proceso del conocimiento y de las ciencias, las labores que inician con la actitud “sana”, “reparadora”, “reconstructiva” de “apoyo”, con el instrumento “intuición”, propio de las funciones yóicas.

Esta percepción y posible comunicación puede ser indispensable en la funcionalidad de las relaciones entre el sujeto y el objeto (interno y externo). Las señales provienen de estímu­los internos o externos, percibidos en forma de presignos evocados o no, de acuerdo con su estímulo asociante; de aquí se parte a los procesos de significación en los que participan entre otros fenómenos la ideación, la asociación y la sustitución, que son también estudiadas por la lingüística y que no me propongo desarrollar.

De tal manera, la intuición es uno de los primeros pasos en el conocimiento; es un saber sin un por qué o para qué; es el inicio del pensamiento sin palabras ni discurso. En la intuición no hay pleno conocimiento, ni trascendencia de él, pero sí lleva a la idea o al concepto. En el acto intuitivo, en el que aparece la intuición, “el sujeto ve la cosa o bien se siente sentir” un acto o la visión del mismo; es un “pre-sentir”.

De tal suerte, la intuición, como ya se expuso, no sólo es el primer paso en el proceso del conocimiento sino uno de los primeros instrumentos indispensables, con que se inicia una labor que puede devenir técnica.

Desde el punto de vista de la técnica psicoanalítica, el analista durante la sesión de análisis trabaja con, o, en la llamada “atención flotante”, la que permite “abrirse”, por decirlo así, al campo del inconsciente y se ubica en el preconsciente; es allí también en donde actúan los preconceptos, los pre-signos, el lenguaje pre-verbal y la “intuición”, como acto o fenómeno, en un “pre-sentir, y, ahí se inicia el proceso del conocimiento.

Es en ese estado, en que los procesos mentales se procesan partiendo del impulso y el deseo, que se llega a la imagen, al pensamiento y al conocimiento. Así también se desarrollan formándose el concepto y luego el posible discurso en palabras.

La intuición, de tal forma, estaría ubicada, en este concepto, en la percepción interna de la imagen (objeto), del deseo, del impulso, movidos por el instinto con su configuración de la fantasía inconsciente. El analista en la situación analítica, en el “intuir”, está sintiendo, percibiendo y “pre-sintiendo”, viendo en su interior y comunicándose con el preconsciente o inconsciente del analizado, por medio del mecanismo de la identificación proyectiva produ­ciéndose, a la vez, no sólo otra forma de comunicación, si no es posible otro para-lenguaje que debe devenir lenguaje propiamente dicho. Es así también como el analista recibe y con­tiene los objetos, y en su contra identificación, puede distinguir, “identificar” el objeto deno­tándolo a lo verbal y luego, pasarlo del preconcepto al concepto.

Con todo esto nos referimos a la intuición como un conocimiento “a priori” proveniente de lo “profundo” del aparato mental, que está abierto a los sentidos internos, tocando con los sentimientos y afectos.

También los afectos tienen que ver con este tipo de conocimiento, porque ocurre que conocemos e “intuimos” cuando hay una relación afectiva fácil, sin trabas, con un mínimo de represión, en la situación analítica y en el proceso, transferencia-contratransferencia, en el que el paciente y terapeuta se encuentran en sus mundos afectivos, instintivos, imaginativos y representativos consciente e inconscientemente (proceso primario y secundario), dismi­nuyendo el espacio entre ambos y en ese campo específico de la situación analítica tiempo-espacio, pierden sentido real.

El aparato psíquico del analista y del analizado se ponen en contacto con sus diferentes funciones; el Yo, de uno y otro, entra en una “interfunción”; el del analista, terapeuta, espe­cialmente actúa para ayudar al analizado en su irracionalidad aceptándola y comprendiéndola con el primer paso de la comprensión, como puede ser la “intuición del Yo”.

Analista y analizado con sus capacidades intuitivas, en su relación contratransferencial-transferencial, participan no sólo del mundo inconsciente y pre-consciente, sino de los meca­nismos que en el proceso “T-C” (transferencia-contra transferencia) no realizan; entre estos podemos mencionar las identificaciones y contraidentificaciones proyectivas, tan importantes de tener en cuenta desde el punto de vista de la teoría de la técnica y también para la compren­sión de la ubicación del analista con su analizado, en el proceso analítico; es decir, en la clase de contratransferencia y contraidentificaciones (concordantes-complementaria) que pueda establecerse. Dicho de otra manera, la intuición toma parte en las identificaciones y contra-identificaciones proyectivas como una capacidad más de percepción. Esta capacidad puede disminuirse al máximo cuando hay identificaciones proyectivas masivas (psicóticas) o ausen­cia de ellas; en este último caso, cuando ocurre una inmovilidad por identificación completa y complementaria (esta última en el analista). En el caso de existir la identificación proyectiva masiva puede ocurrir la pérdida de los límites del Yo y No Yo y producirse la confusión fran­camente psicótica sin presentarse las defensas, de “spliting” contra los estados confusionales, que es observable cuando el psicótico453 se acerca a la posibilidad de experimentar sentimien­tos amorosos con el objeto; de tal manera no opera la capacidad intuitiva. Lo que el sujeto (analista o analizado) pueden percibir, sentir en la situación y analítica, es algo que pertenece a lo indiferenciado, confuso, incoherente, sin diferenciación de lo propio. También aquí, en la situación analítica, debe entenderse el grado de vivencia mágica y omnipotente que opera, y la posibilidad de poder llegar al juicio y al pensamiento. En estos casos, el objeto externo equivale al objeto interno; la imagen interna no se modifica por reinternalización del objeto externo y la percepción en sus diferentes niveles puede ser afectada.


453 En los psicóticos y en especial los paranoides y fronterizos se presenta una hipersensibilidad a captar y recibir estímulos provenientes del inconsciente del otro; con ello aparece la intuición o el presentir como un mecanismo de alerta.

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