Karl Popper y los conceptos de sistemas teóricos

Falso, verdadero, azar, determinismo, probabilidad y medición

Conocemos cómo la ciencia ha evolucionado en todos sus conceptos para darles orden, y una organización metodológica científica; así llegamos al Siglo XIX, siglo XX y XXI con los descubrimientos de lo que se llaman las ciencias naturales y sociales y entre ellas la físi­ca, la química, la biología, la física ondulatoria, la sociología, la psicología, la economía y tantas otras que se ocupan del principio de causalidad o de los fenómenos o acontecimientos particulares y generales. Así fue como se crearon los pensamientos provenientes de la lógica inductiva y deductiva las cuales se ocupan de la naturaleza desde la simple átomo hasta la partícula atómica y de esta a la cosmología, pasando por toda la escala natural para encontrar como ya se mencionó, los principios de causalidad y con ello la explicación de causa-efecto o la posibilidad de lo mismo para ubicarnos dentro de la realidad. Fue así como se construyó una explicación causal y con ello se creó una posibilidad de predicción deducible.

Cuando nos referimos a la posibilidad, lo hacemos en el sentido del poder realizar todo un procedimiento con una regla metodológica en búsqueda de leyes universales dentro de siste­mas teóricos coherentes o lo que se denomina teorías explicativas, posiblemente verdaderas en las cuales se puedan describir propiedades estructurales del mundo o campo de que se trate y con una probabilidad pero sin certeza de que sean posiblemente verdaderas.

Fue así como se llegó a lo que se denomina “el positivismo” (ciencia positivista). El término de positivismo apareció con Saint Simón como “método exacto de la ciencia y su extensión a la filosofía” (171). En realidad existen dos formas históricas fundamentales del positivismo, el social de Saint-Simón, A. Comte, T. StuartMill, el otro es el positivismo evo­lucionista de Spencer el cual obviamente su base es la evolución de todas las ciencias. Las tesis fundamentales del positivismo son: 1. La ciencia es el único conocimiento posible con su método válido; 2. El método de la ciencia es descriptivo de los hechos y muestra las re­laciones constantes de los mismos (Comte, Spencer); 3. El método de la ciencia es el único válido y se extiende a todos los campos de la integración. Estas tesis fueron tomadas del Siglo XIX y discutidas especialmente en el Siglo XX llevándose inclusive a concebir el “positivis­mo jurídico” por Hans Kelser y el “positivismo lógico” de todos los científicos. (172); fue así como se llegó a la aparición de Karl Popper que en 1934 publicó en Viena la “Lógica de la Investigación Científica” (en Alemán: “Logik der for schung”) (173).

En la primera parte de la obra citada el autor Karl Popper, trae en la introducción la lógica de la ciencia, en la segunda algunos componentes estructurales de una teoría de la experien­cia (teorías, la falsabilidad, el problema de la base empírica, los grados de contrastabilidad, la sencillez, la probabilidad, algunas observaciones sobre la teoría cuántica, la corroboración, o de qué forma sale indemne de la contrastación una teoría). Además pone siete apéndices y otra parte en donde aparecen 12 apéndices mas en que en los dos últimos aparece sobre: “el uso y abuso de experimentos imaginarios, especialmente en la teoría cuántica” y el último el experimento de Einstein, Podosky y Rosen, terminando con la carta de Albert Einstein en 1935.

En realidad me voy a referir a unos conceptos aparecidos en la obra de Popper; en primer lugar a los sistemas teóricos en los que aparecen las teorías científicas en perfecto cambio, no por casualidad sino por tener en cuenta las características de la ciencia empírica. Los sistemas teóricos para Popper deben tener siempre una revisión continua, a la vez que una forma rigurosa en su formulación y experimentación reuniendo todos los supuestos que lla­mamos “axiomas”, “postulados”, o “proposiciones primitivas”. Los sistemas axiomáticos es­tán exentos de contradicción, en cambio los sistemas independientes no contienen axiomas. Aquí es necesario aclarar cómo “llamamos axiomas a un enunciado, si no es posible deducir del resto de sistemas; el otro sistema es el teórico suficiente para deducir todos los enuncia­ dos pertenecientes a la teoría de que se trata de axiomatizar” (Popper, 1971). El último es el sistema necesario, el cual no debe contener supuestos superfluos.

A veces cuando se describen los axiomas se dicen que son definiciones explícitas de las ideas que se introducen con incógnitas o variables y con “conceptos admisibles e inadmi­sibles” por medio de lo que “podría llamarse una ecuación de enunciados, que se obtie­ne a partir de una función proposicional o función denunciada”. “A todos los sistemas de conceptos que satisfaga un sistema de axiomas, puede denominársele un modelo de dicho sistema de axioma”; a su vez la interpretación del sistema axiomático como un sistema de definiciones implícitas opera o admiten ser modelos. El autor Popper en un pie de página (174), distingue entre “sistemas de objetos que satisfacen los sistemas axiomáticos y el sistema de nombres de dichos objetos”; constituyéndose el primer sistema como un modelo.

Se pregunta a la vez: “¿cómo puede interpretarse un sistema axiomático como un sistema de hipótesis empíricas o científicas?”; la respuesta es que “deben tomarse como constantes extralógicas”; por ejemplo, “una línea recta y un punto aparecen en todo un sistema axiomá­tico de la geometría, y podía interpretarse como un rayo de luz e intersección de este mismo, respectivamente”. El sistema de axioma se convierte en enunciado acerca de objetos empí­ricos para definir un concepto “haciéndole corresponder a ciertos objetos, pertenecientes al mundo real, y considerándolos como símbolos de tales objetos”. Dentro de esta secuencia de conceptos aparece cómo “en el curso de la evolución de una ciencia se explica un sistema de enunciados por medio de un sistema de hipótesis… que permite no solo la deducción de enunciados pertenecientes al primer enunciado, sino … los que pertenecen a otros sistemas” permitiéndose así “definir conceptos fundamentales empleados en antiguos sistemas”, (175).

Es así como se llega al concepto de inferencia y al de falsación, a las definiciones explíci­tas, a los conceptos no definidos y solamente enunciados; a la vez que estos tengan un nivel de universalidad, por ejemplo los de movimiento, posición, punto masa, punto cero (Ibídem). Con respecto a los criterios de falsabilidad hay que distinguir entre esta última y la falsación. “Una teoría está falsada si hemos aceptado enunciados básicos que la contradigan y ésta condición es necesaria… pero no suficiente, pues hemos visto que los acontecimientos ais­lados no reproducibles carecen de significación para la ciencia… y así … nos inducirán a desechar una teoría – por falsada-, unos pocos enunciados básicos esporádicos pero si es reproducible sería la prueba que corrobora la hipótesis empírica y podemos demostrar la hipótesis de falsación (176), la cual opera aquí en la relación lógica con respecto a los posi­bles enunciados básicos”. Lo que si es necesario dentro de este sistema de falsación es la “ne­cesidad de reemplazar una hipótesis falsada por otra mejor. Pudiéndose encontrar que dos hipótesis difieren en dos aspectos y que utiliza tales diferencias para refutar una de ellas”. Entiéndase todo esto como reglas metodológicas para asentar enunciados básicos, formular hipótesis que puedan ser contrastadas y falsadas con efectos reproducibles o no.

De todo esto concluimos cómo hay un criterio de demarcación perteneciente a la lógica inductiva con significado y sentido con respecto a la verdad y a su falsedad para tener una forma lógica posible de verificación como de falsación. Un enunciado tendrá que ser suscepti­ble de verificación concluyente y “si no es posible determinar si un enunciado es verdadero, entonces carece enteramente de sentido, pues el sentido de un enunciado es el método de su verificación”. He ahí la falsabilidad como un criterio de demarcación, pero no de sentido. Como ya se explicita en otra parte, los sistemas científicos o empíricos deben ser suceptible de ser sustentados por la experiencia por medio de pruebas, lo que implica de ser posible refutar por la experiencia el sistema científico empírico propuesto. Popper dentro de este contexto se refiere a cómo su “propia crítica del criterio inductivista de demarcación parece suscitar objeciones contra la falsabilidad como criterio de demarcación análogas a las que yo (Popper) he suscitado contra la verificabilidad” . “Su propuesta se basa en una asimetría entre la verificabilidad y la falsabilidad”; y, la asimetría se “deriva de la forma lógica de los enunciados universales”.

El autor citado hace la salvedad de que “siempre es posible encontrar una vía de escape de la falsación”, y, cómo “lo que caracteriza al método empírico es una manera de exponer a falsación el sistema que ha de contrastarse: justamente de todos los modos imaginables. Su meta no es salvarle la vida a los sistemas insostenibles, sino por el contrario, elegir el que comparativamente sea más apto, sometiendo a todos a la más áspera lucha por la supervi­vencia”. Por lo tanto, la tesis fundamental del empirismo es la de que sólo la experiencia pue­de decidir acerca de la verdad o la falsedad de los enunciados científicos y hasta que cambie el o los paradigmas, (177).


170 Los textos conceptuales de Karl Popper son útiles como soportes o apoyos de justificación teórica a mi propuesta sobre la relación entre azar y determinismo para llegar a la conceptualización del “azar determi­nista”.
171 Op. cit., N. Abbagnano, 1997, pag. 936
172 Op. cit., N. Abbagnano, 1997, pág.937
173 Esta obra fue traducida al español y su primera edición fue en el año 1962, es decir 24 años después de su primera publicación. La edición consultada es la que corresponde a la segunda reimpresión en 1971, Editorial Tecnos, Madrid-España.
174 Op. cit. K. Popper, 1971 pág. 71
175 Op. cit. K. Popper, 1971
176 La negrilla es mía. La bastardilla entre comillas corresponde a textos citados.
177 Op. cit. K. Popper, 1971, pág. 46
178 Adolfo De Francisco Zea comenta: “lo ‘no completamente verdadero’ me hace recordar la plegaria que se encuentra en San Marcos: ‘ayúdame a superar mi incredulidad’, en el sentido de aumentarse la posibilidad de creer en la verdad”.
179 ítem 84, p. 255.

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