Los sueños despiertos o los ensueños

DR. GUILLERMO SÁNCHEZ MEDINA

Es importante mencionar cómo el material de las sesiones terapéuticas psicoanalíticas en toda extensión es el requerido para hacer las interpretaciones; así es como se toman las asociaciones libres y dentro de éstas, también los “sueños despiertos”, que son producciones de la fantasía que emergen también del inconsciente y salen a la conciencia por medio de “fantasías en vigilia”, y que por lo tanto son fáciles de ser detectadas por la conciencia a la vez también están sujetas al determinismo psico-físico.

Los mecanismos del soñar despierto son semejantes a los del sueño, sólo que estos últi­mos están más estimulados y controlados por la conciencia y la voluntad; en otras palabras, un sujeto puede estimular e inducir fácilmente un sueño despierto; en cambio, el sueño que se presenta durante el dormir o cuando se está saliendo de él tiene menos control.

Ocurre sí que los sueños pueden ser determinados, provocados o causados por impulsos, deseos, necesidades, ideas, sentimientos que están muy fijos o que obsesivamente se hallan en la mente del soñante, quien a su vez los saca por medio de un sueño pero de una manera de­formada.

En el soñar despierto la deformación es menor por que es un deseo consciente que quiere ser satisfecho. Freud, en su obra “Estudios sobre histeria” (1895), hace hincapié sobre la importancia del sueño diurno en la génesis de la histeria y escribe: “Al igual que los sueños, los ensueños son realizaciones de deseos; al igual que los sueños, se basan en gran parte en las impresiones que dejaron los acontecimientos infantiles; al igual que los sueños, disfrutan de una cierta indulgencia373 (fe, la censura para sus creaciones)”.

Examinada su estructura, se aprecia que el motivo de deseo que interviene en su producción ha mezclado el material de que están formados y ha alterado su orden para constituir un nuevo conjunto. Respecto de los recuerdos infantiles a los que hacen referencia, guardan una relación que podría compararse con la que existe entre estos palacios barrocos de Roma y las ruinas antiguas; piedra tallada y columnas que han servido de material para construir formas mo­dernas” (Freud S., 1895).

El sueño diurno se caracteriza fundamentalmente porque hay un predominio de lo que se denomina proceso secundario, es decir, pensamiento consciente, lógico, prevaleciendo una mayor coherencia, puesto que la fantasía consciente es la que está operando, pero, como se enunció anteriormente, con contenidos inconscientes. A su vez los sueños diurnos pueden hacer parte del material de los sueños y encontrarse entre los restos diurnos y como éstos, sometidos a deformaciones se pueden presentar también como “recuerdos encubridores”. El sueño diurno y la ensoñación o el ensueño son una misma cosa.

Algunos psicoanalistas relacionan a los ensueños con el “juego y la creación artística”, pues en ellos puede haber no sólo la realización de un deseo sino la tendencia a la creación de otra realidad, de un nuevo objeto, de un cambio de lo frustrante por algo gratificante en otra forma original, que se descubre con un distinto orden. En otras palabras es la creación de una realidad diferente menos frustrante y en ocasiones ideal; por lo tanto, se requiere poner en función las sublimaciones y los ideales del Yo para crear y hacer un mundo propio de ficción, con una nueva experiencia.

De tal forma en los sueños podemos encontrar elementos creati­vos; en producciones creativas, en los diferentes niveles psicológicos, intelectuales y socia­les, se encuentran los sueños; es así como en las creaciones a nivel intelectual, (por ejemplo en el arte), se encuentran plenas de ensueños que nos llevan a la experiencia de la belleza y que nos dan un orden, una gratificación y placer vital, y también en ocasiones la posibilidad de conocer el mundo interno del ser humano. Este tema está desarrollado en la obra del autor: “Creación, arte y psiquis” (2003).

Fenómenos y funciones del sueño

El sueño puede conllevar no sólo la regresión, los traumas psíquicos como ya se ha men­cionado, sino estar representando una regresión particular que por las asociaciones libres son sueños fantásticos que evaden la investigación analítica; he ahí nuevamente la presencia del “azar determinista”.

El sueño realiza un puente entre el pasado y el presente (y, por ser producto del inconsciente es atemporal), y plantea la imagen de “sí-mismo”; la imagen (parte o el todo) del Yo corporal, del objeto o del producto o función del mismo, directa o simbólicamente; por ejemplo, un regalo puede significar un niño, o una función fisiológica cualquiera puede estar representada por otro evento; aquí ¿qué determina la representación o el símbolo? L

a respuesta puede iniciarse en el proceso de simbolización y de la filo y onto­genia que abarca el código genético y lo heredado culturalmente conectado con la elección y selección individual determinística socio-cultural a la vez que la presencia del azar dentro de los límites probabilísticos de confluencia de símbolos, la elección del símbolo parece más provocada por el “azar determinista” perteneciente al proceso inconsciente y a su pro­babilidad impredecible.

Aquí es de tener en cuenta el funcionamiento atemporo espacial del inconsciente y por ende la posibilidad múltiple de codificación o señalización de los objetos frustrados y/o placenteros.

El sueño puede ser comparable a la expectación mágica y a la experiencia mística y tiene la función de retrotraer la vida infantil, las emociones primarias, removiendo lo reprimido. Lo que no aparece en el sueño es el sentido y el aspecto de planeación pertenecientes al proceso cognoscitivo, el que toma en consideración las acciones y relaciones con el medio ambiente para conseguir o hallar una respuesta.

En otras palabras, el sueño tiene respuestas mediatas e inmediatas, es y se presenta tal cual es sin prospección, sin planeamiento del futuro, sin la prueba de la realidad. Para Freud no es que los sueños originaron la imaginación, sino que la actividad inconsciente de la imaginación participa en la construcción de los sueños (Freud, 1900).

El sueño no es realizar un proceso creativo, maduro, pero puede ser la fuente de él y de la sublimación. Uno de los elementos del sueño es “la experiencia de por sí y otro el texto y el contexto”; todos aquellos se relacionan pero unos y otros están enmascarados y enmas­carando procesos y fantasías inconscientes. El espacio y el tiempo del sueño se nos revelan como una concepción teórico, abstracta, subjetiva, condensándose tanto el uno como el otro, quedando el sí-mismo (“self”) en función de esa condensación.

Cada sueño tiene un tema, una fantasía inconsciente, una urgencia operacional que se plasma también en cada momento de apariciòn con su peculiaridad específica. Hay cierto tipo de experiencias psíquicas que nunca se vuelven aprovechables para una integración mental.

Existe otro fenómeno, es la capacidad y la incapacidad para recordar los sueños, lo que de­pende de la permeabilidad del Yo y de sus resistencias para permitir el trabajo del sueño; sólo el vencimiento de esas resistencias, de la ductilidad del Yo, de cierta parte rígida que se pone en contacto con la realidad y de la comunicación con el mundo de la fantasía, es lo que permi­te también soñar como una alucinación.

En otras palabras, la relación muy estricta, práctica, impide el soñar. Sujetos inteligentes pero muy temerosos de la fantasía y de la pérdida del contacto y control de la realidad, sueñan menos. El artista, el creador, es un soñador despierto, pero debemos insistir en que el sueño no es la creación.


373 La negrilla es mía

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