Ejemplos del Azar Determinista. (Diferencias y analogías con otros fenómenos)

En capítulos anteriores hice alusión al pensamiento complejo, a los sueños y su interre­lación con el mundo físico-químico-cuántico para llegar al de la consciencia y con ello al camino de la realidad interna y externa y aún al concepto de pensamiento cuántico como otra función o producto de la función de onda; por lo tanto, he hecho una interrelación a través de esta obra y la de “Cerebro-Mente” (2009)sobre los fenómenos de la física cuántica u ondula­toria y la química, así como los productos mentales psicodinámicos. Aquí en estos momentos me voy a ocupar en señalar y ejemplificar algunos hechos psíquicos que pertenecen a lo que he denominado “azar determinista” y que corresponden también a la “psicología de la vida cotidiana” (ya registrados), en la que se interrelacionan las personas entre sí unas con otras y con el mundo externo. Los hechos del azar determinista pertenecen al individuo, pero también a la colectividad, al Yo y al inconsciente individual y colectivo. Así encontramos múltiples hechos, fenómenos a los cuales muchas veces les denominamos como “accidente”, “fortuna”, “destino”, “suerte”, “sino”, “casualidades”, “estrella” o “voluntad Divina”. Aque­llos hechos ocurridos seguirán ocurriendo a través del tiempo; aún más, algunos escritores se han referido a que el hombre fue producto de un accidente de la naturaleza, por mutación de un gen; el más cercano serían los ubicados en el cromosoma 24 del chimpancé, el cual según esta teoría la perdió el hombre. Todavía en el año 2011 seguimos buscando el “eslabón perdi­do”, el puente entre el animal y el Homo erectus, el hábilis y el sapiens.

Sugiero recapacitar cómo por lo general, cuando nos referimos a los hechos, lo hacemos a la importancia que tienen desde el nacimiento, o el encuentro del (mencionado en esta obra) óvulo y espermatozoide y las vicisitudes que tiene el ser humano a través del período de gestación y después de él en su formación y desarrollo evolutivo, hasta llegar a la muerte; es por esto por lo que nos referimos a los encuentros producidos por tal o cual fenómeno (en­cuentros o desencuentros de las personas con otras personas, con lugares, ambientes, espacios laborales, lúdicos, sociales) en que participa de una u otra manera la fantasía consciente e in­consciente y el pensamiento y por ende la conciencia. De una u otra manera, nos encontramos también con los hechos que se mueven para llegar al fin de la vida, la muerte no sin antes pasar por la educación, la elección de carrera y pareja, los hijos (cada uno con sus vicisitudes cotidianas y azar del destino), las enfermedades de infancia, madurez y vejez, cada una acompañada de azar, determinismo y obviamente del lazo del destino; de ahí que voy a hacer alusión a algunos hechos individuales tomados de la historia y de cómo sobrevino a la muerte de personas debido a lo que se denominó y aún se denomina “casualidad” o “accidente”, pero que hoy día lo podemos llamar “azar determinista”.

En la historia cómo a través de los mitos y así en las primeras escrituras nos encontramos con los hechos de la creación del hombre y múltiples actos en los que él ha sido partícipe; por ejemplo el “mito del destino” (422) según los griegos, el mesopotámico de Gilgamesh 2.750 a.C., el mito de Adán y Eva, el de Caín y Abel, el de Eros y Tanatos, Zeus, Cronos y así sucesivamente todos estos textos se pueden consultar en la obra del autor “Ciencia Mitos y Dioses”, (2004).

Aquí surge una pregunta: ¿será que nuestro aparato mental, nuestra psiquis, elige, conoce y reconoce, encuentra y descubre, en el espacio inconsciente, relaciones con percepciones sensoriales no detectadas o registradas en la actualidad? La respuesta tiende a ser positiva, es decir, que nuestro aparato mental está predispuesto a aceptar o rechazar una serie de eventos y hechos que se manifiestan en la vida de cada ser humano y en el futuro. He ahí el “destino” y aun la interpretación que le damos a la creación del hombre.

Fluyen aquí otras preguntas: ¿por qué se originó la tierra y el hombre? ¿Por qué apareció en el mito la serpiente tentando a Eva de comer el fruto prohibido? ¿Por qué la serpiente le roba a Gilgamesh la planta de la eternidad? ¿Por qué se le aparece el Señor a Noé anuncián­dole el diluvio y así sucesivamente?; todo este cuestionamiento lo encontramos no solamente en los mitos, sino en la historia; por ejemplo, ¿por qué aparece la civilización mesopotámica, egipcia y griega con una secuencia de unas culturas especiales para llegar al imperio romano y luego a la caída del mismo, no sin antes aparecer Jesucristo? La misma muerte de Jesús nos lleva a preguntarnos una serie de hechos psicosociales y políticos, económicos, religiosos que confluyen para determinar la venida de “un Mesías” que salvara a la humanidad423. Actual­mente, en el año 2011, sigue apareciendo el deseo de milenios atrás, de la segunda venida del Mesías como un deseo de salvación, ante la multiplicidad de hechos que acechan a la huma­nidad en su destrucción. Esta concepción del “azar determinista” al cual le hemos llamado “destino”, nos lleva a pensar el por qué de las guerras, a las que el ser humano ha tenido que soportar desde el inicio de la humanidad, por ejemplo con la muerte (en el mito) de Abel por la envidia de su hermano Caín.

Si analizamos diferentes hechos del ser humano en su existencia detenidamente, nos vamos a encontrar que todo está determinado por múltiples vectores. Recordemos en las guerras; por ejemplo la del Peloponeso, las de Esparta vs. Atenas, en donde pocos vencen a muchos o la toma de Constantinopla por los vándalos orientales debido a un azar determinista (la puerta de una de las murallas no estaba asegurada, sino abierta y el soldado oriental la abrió al azar, logrando la caída de Roma). Luego pasamos a cómo el general del Emperador Romano Justiniano (del año 533 d.C.) llamado Belisario destruye el reino vándalo en el norte de África y lo convierte en provincia Bizantina.

Años después vive Mahoma, huye de la Meca a Medina, somete a los judíos y a las tribus árabes rebeldes; más adelante, 563 d.C., se erige la basílica de Santa Sofía y viene la historia medieval de los siglos V a XIV d.C., con los imperios bizantinos, otomanos y reinados, pa­pados, dinastías chinas, guerras santas (las cruzadas), califatos, colonialismos, protectorados, descubrimiento de América, conquista, guerras de independencias, cambio de límites de los Estados, guerras fratricidas y partidistas en Europa y otros lugares de la tierra, la aparición del renacimiento, el surgimiento de los descubrimientos tecnológicos, pensamiento socio-económicos y científicos, el auge y el despertar de las letras para llegar del siglo XIX al XX a las guerras de la independencia y mundiales (primera y segunda); en la última la aparición de las dictaduras (Mussolini, Hitler y Stalin) y la caída de los mismos, gracias a las mayores fuerzas de la democracia (aliados para la libertad), no sin sufrir el pueblo israelita el holo­causto de 5 millones y 7 millones sacrificados en la Rusia comunista y el holocausto de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki; surgen luego las revoluciones científicas, los viajes espaciales, la informática, los grandes medios de comunicación inmediata, los mi­croondas, la transmisión de onda por fibra de silicio, la información digital, los antibióticos y psicofármacos, la biología molecular, el genoma, la manipulación genética en alimentos transgénicos, la clonación, la nanotecnología, el acorte de distancias y los diferentes record mundiales en velocidad mecánica (581 km /h en el transporte férreo de Japón y Francia; a la existe la velocidad de 27.875 km/h a 30.200 k/h en los transbordadores espaciales), el descu­brimiento del inconsciente por Sigmund Freud, la robótica, la propulsión a chorro, los misiles intercontinentales, los viajes espaciales, las armas contra las armas, la electrónica satelital, las neurociencias, los chips de implantes, la cirugía estereotaxica con radiación, la aplicación de rayos láser en cirugía ocular, la ingeniería genética, la nanorobótica, la cirugía a distancia vía satélite, la industria farmacéutica, la seguridad social, los grandes monumentos arquitectónicos, puentes, edificaciones, etc., la inteligencia artificial, la liberación de los homosexuales, la diversión masificada, la prolongación de la vida que en doscientos años pasó el promedio de 40 a 80 años de vida. Y cada vez se prolonga más.

Recordemos cómo durante años la humanidad se ha preguntado sobre la explicación cau­sal de hechos que los mayores han “achacado” a la casualidad, al destino, la Providencia o a Dios, la buena o la mala suerte, fortuna, capricho, por accidente, “chiripa”, por conjuro, por buen o mal signo o estrella, porque así es la vida, por altibajos, por gracia o desgracia y finalmente por el “azar”. Nótese en todos estos adjetivos cómo se trata de ubicar la causali­dad al azar, al destino o al Dios Supremo, Todo Poderoso y algunas veces se pone la causa en el afuera, en lo mágico omnipotente y en otras se le da una ambigüedad por qué no se conoce, y así se queda en lo incierto, en lo desconocido. El lector a estas alturas ya podrá deducir que de lo que se trata es de estudiar lo que se ha denominado “azar determinista”; es decir, el azar unido al determinismo o viceversa; el determinismo físico y psíquico se conjuga para producir un hecho. A medida que el conocimiento ha evolucionado nos encontramos con que se hace alusión a cómo muchos hechos están determinados por la mente y tienen una influen­cia del medio ambiente desde el punto de vista de la naturaleza y de la cultura. Es así como llegamos a explicar y entender la paradoja del “azar determinista”.

En muchas ocasiones nos encontramos con que la cultura psicoanalítica explica los erro­res cotidianos y propios debido a factores inconscientes en los cuales participa el maso­quismo. A la vez que esto ocurre, por otra parte están las explicaciones de cuando algo es negativo y se le “achaca” a la voluntad de Dios (como una consolación para ser aceptado el mal), lo mismo cuando una persona se salva de un accidente o enfermedad grave y así queda configurado el “milagro” como una intervención divina o sobrenatural y que depende de la fe, la religión en especial en el cristianismo; (ver las epístolas de San Pablo a los Corintios). Así también la sociedad con sus culturas han dado explicaciones de este tipo. Sin embargo, nos encontramos con que ocurren hechos, en los cuales somos partícipes (encuentros fortuitos con personas, pérdidas de objetos, supuestas premoniciones de aconteceres personales, fami­liares, sociales y aún de acontecimientos telúricos). Lo que es de tener en cuenta que ningún “milagro”, como tal es comprobado científicamente mediante una experimentación.


422 Divinidad ciega y fatal de los paganos, hija del Caos y la Noche; se la representaba con el mundo a los pies y teniendo en las manos la urna que encierra la suerte de los mortales. A ella estaban sometidas todas las otras divinidades. Otros la hacen hija de la diosa Nysa. (Tomado del Diccionario de Mitologías, Carlos Reyes Archila, Imp. Oficial Tunja, 1941).
423 Téngase en cuenta que la historia, la cultura y las civilizaciones se entrelazan una a una dejando sus improntas o huellas en las creencias; por ejemplo, cuando hacemos alusión al “El lazo del destino” nos referimos a la mitología hindú (de los vedas) se hace referencia a que “la felicidad de muchos queda asegurada por la muerte de un ser maligno, la muerte de ese ser es un acto de rectitud”. Aquí recuérdese que Jesús se sacrifica para la salvación (del mal), lo maligno del ser humano y así lo libera; y, he ahí el destino. En esas mitologías también aparece la creación del hombre proveniente de una parte del otro.

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