El Destino en el Pensamiento Científico Moderno

Vale la pena aquí realizar una recapitulación con consideraciones de diferentes conceptos a tener en cuenta antes de concluir y realizar la síntesis de este pensamiento complejo, en el cual obviamente participa la libertad para aceptar las ideas y los hechos sin caer en ningún pa­radigma dogmático, sino más bien aceptando el cambio en las ciencias, así como la presencia de distintos conceptos provenientes de enseñanzas milenarias con innumerables posibilidades explicativas, entre las que se encuentran las macro y micro verdades no siempre probadas como son las de la física cuántica u ondulatoria.

A finales del Siglo XIX y luego en el XX aparecieron los psicólogos y los filósofos exis­tencialistas situándose más allá de cualquier ley, y ubicándose en la autodeterminación, es­pecialmente con Freud; sin embargo, este último construyó el enlace de la realidad con el inconsciente, lo cual ya habían hecho hasta cierto punto Bergson cuando postuló que la realidad última o la vida, pertenece a un proceso de crecimiento en que lo impredecible, lo no causado, lo aleatorio, acontece con gran frecuencia.

De una u otra manera, filósofos y científicos nos conducen al principio de causalidad (causa y efecto) a la vez que el de casualidad impredecible (azar). Los primeros, los filó­sofos, nos llevan más a dejarnos en manos de los dogmas, creencias y la fe (567); los segundos, los científicos nos conducen más a la lógica, a la investigación de todos los hechos sin incluir la fe, el dogma y las creencias y más nos acerca a la distinción cualitativa y cuantitativa, a las conclusiones válidas, a las definiciones, a la relación matemática, a teorías y evidencias con comprobaciones, a las matemáticas y actualmente a la teoría de la complejidad y caos, entendiendo que existen los sistemas que presentan un comportamiento impredecible y apa­rentemente aleatorio, aunque sus componentes estén regidos por leyes estrictamente deter­ministas.

A todo el determinismo es necesario agregarle lo positivo y negativo que se presenta en el transcurso de la vida para adaptarse y cambiar la adversidad estimulando lo verdadero, auténtico, seguro, efectivo, práctico y así construir un adecuado futuro en beneficio propio y colectivo. Esto también se podrá lograr profundizando en nuestra mente, conociendo nuestros deseos, conflictos inconscientes individuales y colectivos.

Se dice comúnmente que se puede predecir aproximadamente el futuro cuando se tienen múltiples informaciones y se sabe de dónde se viene, qué se es, y para dónde se va; esto equivale al conocimiento genético, étnico, geográfico, cultural, educativo, épocas y edades, nación de dónde proviene el sujeto, el credo, la familia, el lugar en donde se ha vivido la primera y segunda infancia y cómo se vive aquella la educación primaria, y por último la secundaria y por último la universidad en la cual se estudió para adquirir un conocimiento es­pecializado llevando a la práctica o a o lo laboral. Todo esto nos conduce a unas deducciones sobre nuestro destino y necesidades básicas prioritarias con decisiones libres; a la vez, esto debe acompañarse con la verdad, lo bello y bueno que hay en la vida trascendente.

A todas estas, no se puede olvidar que debemos criticarnos, evaluar reflexivamente nues­tras decisiones pasadas, presentes y las por venir sin culpa, envidia, resentimiento, odio y miedo, a la vez sin egoísmo y arrogancia lo que equivale a tener un don de saber perder (“per­donar”). Cada logro por pequeño que sea hay que darle su dimensión apropiada, siempre te­niendo en cuanta la ecuación: “dar y recibir”, y cómo podemos dar más y mejor de lo que nos dan. Hay que saber qué debemos conocer bien y a qué podemos renunciar y a qué no; he ahí el límite de sí mismo y el principio de decisión. Con esto y con algunas otras consideraciones, podemos conseguir la paz y el positivismo en la vida, con seguridad, constancia y delicadeza con las cuales podemos entrenarnos para evitar cometer errores aprendiendo de la experiencia propia o ajena y así también utilizar todas las experiencias como paradigmas que marcan la historia personal o colectiva.

Sin embargo, el sólo hecho del conocimiento (saber o conocer) no evita definitivamente que no volvamos a cometer errores. Lo que sí es importante considerar es, como se escribe en otra parte de esta obra, poder renunciar al narcisismo y omnipotencia, núcleo de múltiples psicopatologías y de errores en la vida de relación consigo mismo, con lo demás y el medio ambiente, dándose la factibilidad que el error humano se puede proyectar en cualquier forma, momento, situación, pudiéndose observar las consecuencias de modo inmediato, mediato o a largo plazo y así aparecer desde un simple tropezón o una parapraxia, hasta llegar al accidente fatal.

Por todos es bien conocido que “humano es errar”; un error humano por lo general oca­siona otro, no solo por la compulsión a la repetición; sino porque él o los motivos conflictivos del primero yacen en el fondo; es así como se pueden encadenar o relacionar uno u otro error para luego convertirse en red (es) compleja (s). En muchas ocasiones el sujeto dice: “no me explico por qué sucedió…. tal o cual hecho”, “por el contrario estaba prevenido para que no sucediera y tenía sumo cuidado de evitarlo”; sin embargo, el accidente se presenta y cuan­do se puede vivir para contarlo, pues el hecho no fue tan grave y aún fue mimio, el sujeto comenta: “me lo imaginé; preciso tuvo que suceder porque yo lo había pensado y ese es mi destino”.

Aquí surge otra pregunta, ¿puede la ciencia explicar todos los hechos mejor o igual que la historia o la filosofìa? Pienso que una y otras han ofrecido y ofrecen reflexiones sobre las relaciones entre el hombre, el tiempo, el espacio y la circunstancia vital; en realidad ninguna puede sustituir a la otra. La ciencia es concreta, particular o general y universal; la filosofía y la historia son abstractas y dependen del acontecer temporo espacial y de la imaginación ayudadas por la documentación; sin embargo, ambas van tras la verdad de los hechos con la evidencia, y ambas pueden y deben refutarse; además en una y otra surgen interrogantes los cuales pueden llevar y nos llevan a replantear postulados y conceptos paradigmáticos, los que son factibles de reescribirse sin excluir lo evidente. Sin embargo, es factible de aparecer (micro, meso o macro errores) los que falsean las conclusiones pues es posible entrar en el campo de sobrevalorar ciertos hechos y conceptos y deformar lo general enfatizando o dando un valor superior a lo que se desea o necesita realizar subjetivamente.

A todas estas consideraciones y otras más es necesario aplicar un pensamiento científico para detectar el principio de causalidad y comprobar el hecho y el efecto, el estímulo respues­ta, comprobándolas y así tener una posibilidad de afianzar un concepto. Sin embargo, este pensamiento más occidental que oriental está influido a través de los periodos históricos por diferentes campos de posibilidades y características, de las predominancias de las creencias y conceptos que se han convertido a través del tiempo en paradigmas. Es así como el para­digma nos ubica como un eje central para poder observar explicar e interpretar, comprender e intervenir de una manera a otra construyendo conceptos y teorías no sin excluir la escala de valores. Es así como también llegamos al sentido común que no fue el mismo en todas las época como fue el actual; por ejemplo, que los niños aprendan a leer o hacer los cálculos ma­temáticos, comprender los conceptos de las ciencias naturales y sociales a través de los juegos electrónicos; esto no pertenecía al sentido común del siglo XX, más cuando la tecnología no había llegado aún; y, pensemos qué es lo que nos depara el futuro. De ahí que han existido y existirán paradigmas alternativos; aquí vale la pena pensar que el ser humano debe ser capaz de cuestionar los paradigmas con reflexiones lógicas reales que nos llevan a respuestas cohe­rentes y que den soluciones a los problemas que paradigmas anteriores no han podido resol­ver. Recuérdese aquí que Nicolás Copérnico habló que la tierra giraba sobre sí misma y luego lo retomó, en la edad media en el renacimiento Galileo quien con su telescopio descubrió los satélites de Júpiter; y, con la teoría del movimiento terráqueo fue condenado en 1633 por la iglesia católica y esta mismas pidió disculpas en 1992; así mismo René Descartes visualizó dos mundos separados: “la res cogitans” (el reino de la mente), y las “res extensa”, (el reino de la materia); esta división cartesiana permitió llegar a la premisa: “cogito ergo sum” (pienso luego existo) que yo lo amplio a “siento y actúo luego vivo”.

Estos postulados los llevaron a la cultura occidental a que el organismo es el vehículo que obedece a la mente con un ordenamiento jerárquico y un concepto mecanicista proveniente de siglos anteriores; en especial hago alusión al paradigma positivista de Augusto Comte del Siglo XIX568. Es aquí en donde los hechos pueden contraponerse con las ideas, las ciencias experimentales las cuales se enfrentan a las teorías y las leyes físicas biológicas, y lo hacen contra la metafísica, surgiendo la victoria de la razón y el supuesto progreso. Para Comte el desarrollo científico es el instrumento ideal de los gobernantes para mantener el progreso; así la ciencia permitiría establecer el orden por tener la capacidad de predecir para que el gobernante controle los diferentes hechos; dentro de este pensamiento; el progreso debería ser consecuencia de la lógica administración del orden. Así podríamos seguir elucubrando hasta llegar al Siglo XXI no sin rastrear minuciosamente el Siglo XX que finiquitó con las monarquías, los imperios, no sin pasar por las dictaduras.

Desde otro punto de vista la teoría del nacimiento del universo se concibió con la presen­cia de un Big Bang; esto hoy día, si bien está aceptado con la diferencia que no es solo un solo Big Bang sino millones que han existido en el eterno tiempo y espacio; actualmente se están creando universos y este o estos están en expansión. Recuérdese aquí al jesuita belga George Lemaitre primero en promulgar la teoría del átomo primigenio en extensión y la teo­ría conocida con el nombre de Big Bang; sin embargo, ya los griegos tenían el concepto de primera unidad en el átomo.

El científico inglés Fred Hoyle en 1949 se refirió a que “el universo no pudo haber na­cido de un Big Bang”; George Gamow científico ucraniano retomó el concepto que en ese entonces se conectaba con la aparición de la bomba nuclear atómica; es así también como el científico sueco Bengt Gustafsson aclaró estos conceptos postulando que “no es uno sino varios universos”, lo cual hoy se concibe como “universos infinitos” que se han creado y se seguirán creando en el cosmos. Véase aquí los cambios de paradigmas. La misma noción de espacio y tiempo cambiaron con los postulados de Einstein; lo mismo ocurrió con la mente, con el conocimiento del “consciente e inconsciente” y luego el psicoanalista Carl Gustav Jung trajo el inconsciente colectivo, la sincronicidad como un “principio de conexión acau­sal” (Jung CG., 1983).


567 “Estos son apenas un sector, los católicos fundamentalistas, pero hay grupos de pensadores modernos que se apartan de ellos; constituyen sectores que intentan con gran dificultad que la iglesia progrese sin lograrlo hasta el momento (Hans Küng a la cabeza), el problema de los científicos, a veces, es su arrogancia y por lo tanto su propio dogmatismo; de esto no participan muchos, como Einstein” (Comentario del Académico Adolfo De Francisco Zea, 2010)
568 “El mecanismo no fue suficiente; las doctrinas basadas en la biología dan lugar a los vitalismos, uno de ellos el de Bergson que tuvieron gran impacto en la medicina, algunos vitalistas condujeron a tesis humanis­tas desde el humanismo científico de Marx hasta el espiritualista de Schweitzer y el de Maritaín” (Comenta­rio del Académico Adolfo De Francisco Zea, 2010)

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