Destino, Libertad y Vida

Destino, Libertad, el Bien y el Mal

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Para desarrollar el tema de libertad y vida debemos definir los términos. La palabra liber­tad viene del latín “libertas”. El término libertad según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, consigna doce acepciones. En la primera se define como la facultad que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra. Existen varias clases de libertades: con­dicional y provisional, psicológica, de conciencia, de culto, de espíritu, de política, social y cultural individual y colectiva; todas ellas se refieren a la autodeterminación o autocausalidad que tiene; de todas maneras está implícito un límite, y, a la vez, una necesidad que se funda en el ser interno para decidir y determinar o elegir una posibilidad de acción. Como se observa la libertad es limitada y condicionada y por lo tanto finita.

Cuando nos referimos a la libertad absoluta incondicional, lo hacemos refiriéndonos a nuestro propio “ser” en nuestra consciencia y nuestra fantasía del mundo interno; esta con­cepción fue analizada por Aristóteles y el concepto oscila entre la libertad finita y la infi­nita puesto que el ser siempre está supeditado al límite que lo origina el entorno, el medio ambiente, el otro o el afuera. Si observamos cuidadosamente no existe libertad infinita, por que la decisión tiene sus límites, así mismo como la voluntad, lo cual delimita también a la libertad, puesto que siempre está “el sí y el no” en las decisiones del ser, estar, hacer y tener. Sin embargo, la consciencia nos abre en el interior de sí mismo la respuesta a la libertad con el tamiz de la razón. Al mismo tiempo existen momentos en que somos más libres, y, cuan­do reparamos los conflictos que nos esclavizan, nos volvemos más libres. Téngase presente que no todo está dado para siempre como la libertad; y, tampoco no todo debe y puede ser rechazado. Aquí vale la pena traer el pensamiento de Einstein quien dijo: “por dolorosa ex­periencia, hemos aprendido que la razón no basta para resolver los problemas de nuestra vida social. La penetrante investigación y el sutil trabajo científico han aportado a menudo trágicas complicaciones a la humanidad”, (530).

Por su parte las sociedades humanas no son lo mismo a la de los animales irracionales; esto es obvio, más cuando en las últimas no se construyen revoluciones o menos la libertad para crear nor­mas sociales evolucionadas; seamos conscientes que en el ser humano se conjugan los procesos de hominización (biológicos) y de humanización (cultural) confluyendo en la autoconsciencia. Téngase en cuenta que se es libre cuando se conoce o se puede decidir y hacer lo que se desea o necesita; es así como a la vez la libertad se siente cuando se conoce la posibilidad de la existencia de ella. Todo esto opera con los límites del as leyes naturales; por lo tanto, la libertad no es siempre igual para todos.

La libertad puede consistir no solo en tener en sí la posibilidad de los propios movimientos, sino ser ella la misma causa que nos permite actuar. La actuación puede dirigirse hacia den­tro de nosotros mismos o hacia fuera; en el primer caso, lo hacemos en nuestra propia mente con nuestras capacidades representativas y de la fantasía consciente e inconsciente sin que el otro (s) el afuera participe directamente. He ahí el concepto del libre albedrío como un me­canismo psíquico y sociológico, que si bien depende de nosotros depende del entorno so­cial. Por ejemplo, podemos pensar mal o bien y desear lo mismo para los otros pero tene­mos ciertos parámetros para comunicar estos deseos y obviamente para actuarlos puesto que dependemos de nuestra consciencia moral, que incluye la consciencia social, la cual se cons­truye en la cultura y la sociedad a través de la historia. Lo factible es encontrarnos con fan­tasías, deseos y voluntades inconscientes, determinantes de ciertas acciones que se manifiestan indirecta o directamente en el afuera, a la vez que de manera deformada. Aquí debe incluirse las acciones internas manifestadas en nuestro ser interno, en nuestro yo psíquico y corporal.

Cuando revisamos la literatura sobre este tema, desde siglos discutido, más por los filósofos que por los científicos y más cantado por los poetas y políticos que por los psicólogos y sociólo­gos, debemos hacer hincapié, a qué libertad nos estamos refiriendo. Hay libertad para pensar, sen­tir y amar, libertad sexual, libertad social, religiosa, libertad de expresión, libertad de conciencia, libertad de pensamiento, libertad de saber, libertad personal, libertad de acción, etc.; todas estas libertades humanas han diferido no solo según el momento histórico sino de acuerdo con el lugar en que se contemplen. Por eso es muy diferente la libertad dé hace diez siglos a la de nuestros días, lo mismo que lo es la de Nueva York o la de Tierra del Fuego, la de Oriente o la de Occidente, la del judío, el cristiano, el musulmán o budista, pese a que en la actualidad hay una tendencia a unificar la libertad para el derecho de saber, de aprender y de vivir; pero nadie en todo momento es libre completamente, ni lo ha sido; las libertades también son cambiables y modificables. El sujeto siempre se ve obligado a someterse, a limitarse en su libertad y a ensanchar el campo de sus posibilidades.

No hay nada que pueda considerarse inevitable y perdurablemente libre; lo que importa es buscar el camino de las posibilidades y como lo expone Karl Jasper en su obra “Origen y meta de la historia”: “En nosotros está lo que llega a ser, y en definitiva en cada individuo, aunque ningún individuo decide el curso de la historia es el sentido de la libertad lo que debe valer como el ver­dadero ser y el verdadero hacer del hombre” (Jasper, K., 1953a).

Para el mismo autor en su obra “Balance y perspectiva”, libertad es “pensar por sí mismo, actuar por propia convicción, y por tanto, conducir la vida con la continuidad y consecuencia del propio ser… La vida cotidiana parece enseñarnos que muchos’ hombres no saben lo que quieren si no se lo dicen, La mayoría no parece vivir desde sí mismos, sino de imitaciones, del placer momentáneo, de costumbres inexplicadas y llevados de sugestiones. Es como si, por así decir, encontraran dentro de sí mismos un abismo vacío ante el cual huyeran hacia el exterior, bien haciéndose valer ante otros mediante gestos y organizacio­nes, bien en una obediencia de cualquier clase cuando no pueden hacer más que obedecer, con la conciencia de ser parte de una fuerza irresistible. La libertad significa para ellos la violencia, en la que participan sufriéndola y haciéndola sufrir a otros”. (Jasper, K., 1953b)

Solo cuando se nos priva de libertad es cuando más nos damos cuenta del valor de la mis­ma; así ocurre con la vida, con el amor o con situaciones que las integramos a la costumbre y cotidianidad; es así que cuando nos falta algo es que protestamos.

La libertad se asocia al pensamiento y al conocimiento de la verdad531; esta última debe buscarse dentro de sí mismo y comunicarse sin la pretensión omnipotente de conocer la ver­dad absoluta de sí mismo y del hombre en general. La libertad no se puede ignorar porque si esto ocurre sobreviene la tiranía y la que más daña es la tiranía interior; el sujeto arrogante narcisista y endiosado omnipotentemente crea sus ideales dañinos que le anulan su libertad. La libertad interna existe en tanto en cuanto existe la libre comunicación intra y extrapsíquica con confianza en el ser humano en el “tu” para llegar al “nosotros” y así fundirse en la liber­tad social en la libertad humana. Si el hombre es tirano consigo mismo, vuelve tiranos a los demás, o si no se da libertad tampoco la podrá dar y menos podrá confiar en los demás porqué estará regido por la desconfianza en su misma posibilidad y en su libertad. Esto ocurre cuando el ser humano se ignora a sí mismo, se niega la verdad interna y lucha contra sí mismo. La verdad interna no se consigue en la soledad interna sino en la comunicación con el “tu”, con el otro, y citando nuevamente a Jasper podemos agregar aquí: “Nadie puede ser verdadera­mente libre si no son libres todos los demás”, y también los demás no pueden ser libres si uno, el individuo no adquiere la libertad; de tal suerte que la libertad no es del individuo sino de éste en su colectividad; y, la libertad misma es la verdad interna y sus posibilidades en el mundo interno y en el externo. Quien no cree en el hombre como persona producto del amor está colaborando al aniquilamiento del mismo. Todo esto constituye un determinismo en la libertad del hombre. (Sánchez Medina G., 1969; Jaspers K., 1953b)

En realidad puede que no haya libertad para el hombre pero la hay para la naturaleza, en su deter­minismo, y también la hay para el hombre en su misma naturaleza determinada y en su posibilidad de su pensamiento. Quizás es el pensamiento el que hace más libres a los hombres que su misma capacidad modificadora de la realidad externa. Se dice que el hombre se hace libre, “por qué él puede introducir en cualquier nexo un principio que luego se desarrolla causalmente”, y la libertad interior no es tampoco la simple libertad psicológica; el hombre, se dice, es determinado para los demás y libre para “sí mismo”; así también se escribe que la libertad no es “de”, sino que hay “libertad para”. “La libertad existe en tanto que actuamos como somos y en tanto, que nuestros actos contribuyen a hacernos”. Sóren Kierkegaard, en su obra “El concepto de la angustia”, escribe: “El contenido de la libertad, considerado intelectualmente, es la verdad, y la verdad hace al hombre libre. Por eso precisamente es también la verdad el acto de la libertad, en cuanto que ésta, ‘en efecto, produce continuamente la verdad… La necesidad del pensamiento es también su libertad, y precisamente por esto, cuando se habla de la libertad del pensamiento solo se habla del mo­vimiento inmanente del pensamiento eterno […] la verdad solo existe para él individuo cuando el mismo la produce actuando”. (Kierkegaard, S., 1943)

Pero la verdad es amor y el amor se hace con verdad; uno y otra, se alimentan para hacer de ella la creencia; la creencia a la vez da seguridad; si se cree en alguien, en algo, quiere decir que se ama, que se está seguro de que se tiene la verdad de sí mismo, y que se puede dar sin temor. La verdad de si mismo es la verdad interna de la consciencia; si esto se logra, se puede sentir que se está lleno productivo y no estéril y vacío. La esterilidad es la muerte dentro, es la negación de la vida interna, y esta negación solo es la protección contra el temor a la destrucción y a la muerte. Pero la verdad no es una y no solo hay que buscarla sino lucharla, sin caer en lo ritual, en lo mágico, sin inventar ídolos que sólo alimenten la ignorancia; por lo tanto, hay que buscar la verdad no solo en el silencio o en la compañía del “otro”, del “tu”, sino también hay que trabajar para descubrirla con prudencia y con humildad integrándola en la verdad de todos, sin caer en el delirio que a veces acompaña a los grupos humanos.

Ya sabemos que la inmensa mayoría de los actos humanos no son libres en el sentido ple­no de la palabra”, escribió López Ibor en el artículo publicado en las Actas Luso Españolas y cuyo título es “Estructura de la neurosis y libertad”, si por acto libre entendemos aquel que resulta de una deliberación consciente, eligiendo entre varios posibles motivos de una acción. Esa es la forma poética de la libertad, la que se ofrece en el plano superior de la vida humana. Más adelante el mismo autor se refiere al determinismo y lo conecta con la libertad, argumen­tando que lo determinado no es libre, diferenciando la libertad consciente de la inconsciente o como forma inconsciente de libertad. Con respecto a la salud mental, podríamos decir que aquella consiste en la libertad del hombre frente a su identidad. El enfermo mental en verdad carece de libertad porque está determinado por el trastorno; mas aun el neurótico, la persona inmadura no es libre y no ha adquirido su identidad, su independencia y su valoración. (López I., 1956).La libertad psíquica es de la vida intra-psíquica en su esencia y en su trascendencia; la actividad intrapsíquica está sometida a las pulsiones; a lo heredado biológica o psicológica­mente se considera como un determinismo, de suerte que el hombre está determinado ya a una acción y limitado por esto en la misma; le queda al ser enfrentarse a esta limitación, a su historia, a sus cualidades y potenciales y decidir; es aquí en donde nace la libertad; de esa forma el ser humano puede proyectarse, cambiar y renunciar. La vida psíquica, por lo tanto, también está determinada y se complica porque el mundo de la fantasía inconsciente no per­mite la viabilidad y la movilidad de la acción consciente. En otras palabras si lo psíquico tiene sentido y significado consciente o inconsciente, si además tiene su trascendencia y su deter­minismo, el sujeto está impedido para actuar con toda libertad. Aparentemente la fantasía nos da libertad, pero esto solo en el sentido de lo consciente porque lo inconsciente, aunque aparece con libertad, está determinado por su misma función; es solo en la consciencia en donde se localiza la libertad, y únicamente siendo conscientes podremos ‘adquirir la libertad y la independencia y satisfacer la necesidad para encontrar la tranquilidad, la paz interna que le da el conocimiento de sí mismo y con el “tu”, y más allá con el “nosotros”. encontrando lo bueno, y lo bello, pudiéndolo juntar con lo malo y lo feo, para hacer del hombre una persona integrada e íntegra en su esencia, en sus valores y en su historia, pudiéndose proyectar y pro­gramar en el futuro. Aquí podríamos repetir el pensamiento de Amiel, citado por Peter Demp­sey en su obra sobre “Freud, psicoanálisis, catolicismo”, “El hombre es aquello que llega a ser, pero solo llega a ser lo que es”. (Dempsey, T., 1961). Aquí una pregunta: ¿acaso nuestra esencia está construida con libertad desde el nacimiento? La respuesta es negativa porque aquella, la libertad es limitada por la misma naturaleza, la circunstancia y el entorno; además no todo está dado por o para siempre y tampoco puede y debe rechazarse. Lo que ocurre es que la consciencia nos ayuda a ser libres en el interior (“self”- sí mismo) con el filtro de la razón y aprendizaje, dependiendo de nuestro mundo inconsciente, aceptando que la libertad es cambiante, de acuerdo con el mundo de nuestras posibilidades.


529 Algunos textos fueron presentado en el Primer Foro: “Secuestro y Salud”, 19 de Septiembre del 2009, Academia Nacional de Medicina.
530En “Un mensaje a los intelectuales”, publicado el 29 de agosto de 1948, reflexionando sobre el lado oscuro de la historia de la ciencia.
531 Einstein decía en 1933: “El respeto irreflexivo por cualquier autoridad es el mejor enemigo de la verdad”, y “el sentido común es el conjunto de prejuicios acumulados a través de los siglos. El imperio de la verdad no cabe en ninguna autoridad humana”. Dukas, Helen & Hoffmann, Banesh (1981), Albert Einstein: el lado humano, Princeton University Press,

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