El Concepto del Caos y el Caos Determinista

caos fractal

La palabra “caos” proviene del griego “kaos” que significa “abertura, o quedad, vacío, insondable”; el latín “chaos” es la masa en estado bruto desordenado sin “caos” aparece también calificado por el adjetivo “determinista” y como una contradicción, cuando aparecen las dos palabras unidas caos y determinismo, sin embargo, lo que se entiende actualmente es un sistema determinado caótico como son los ya mencionados los atractores caóticos.

Por siglos o milenios atrás y aun en la mitología aparecen la idea de “caos en el universo” que necesita como una fuerza actuante del orden para luego pasar al desorden y así sucesiva­mente (ver mitos correspondientes obra “Ciencia Mitos y Dioses” y la “Teoría de la Comple­jidad”). Por lo expuesto anteriormente se puede deducir que el caos pertenece a un sistema determinado con fuerzas, condiciones iniciales, situaciones respectivas las cuales son capaces de ser calculadas para encontrar una solución de conocimiento. Por lo general, dentro del concepto del caos se incluye la participación del azar (véase sistemas metereológicos). De una u otra manera en este concepto opera la necesidad y fuerza de razonamiento para cono­cer, describir los sistemas físicos que operan en el macro y micro universo y que nos llevan a entender el caos determinista.

Volviendo al término científico de “caos”, éste se refiere a un desorden y a una interco­nexión subyacente en que se manifiestan acontecimientos aparentemente aleatorios, pero con tendencias a la generación del orden, a partir del desorden impredescible, sin organización y por lo tanto con un comportamiento no determinista, no lineal, aparentemente no perió­dico (aperiódico) e inestable. Aquí podría pensarse si en las ciencias exactas no se presenta la estabilidad, la periodicidad y el equilibrio; la respuesta es ambigua puesto que hoy día en las mismas matemáticas cabe lo “caótico”. ¿Cómo puede ser posible que del determinismo matemático se produzca aleatoriedades?; he aquí también el hecho de que el caos se presente cuando la complejidad aparece y la organización sistemática se disipa para llegar al cálculo de probabilidades, en un campo indeterminado. Por lo tanto la respuesta sería afirmativa pues para enunciar la sola potencialidad de “espacio tiempo” en sus distintas escalas te­nemos que significar con un simple signo para simplificar todo el pensamiento abstracto y complejo; además ya se ha creado la nueva matemática y estadística compleja, más allá del campo euclidiano con ecuaciones no lineales, no predescibles, con múltiples variables, en un continuo; así ocurre también con la naturaleza de los sistemas neurocerebrales, endocrinos e inmunológicos genéticos que producen equilibrios (242) y desequilibrios con autoorganización y estructuras transitorias complejas y simples, a la vez que disipativas. La ciencia trató hasta hace poco describir y entender todos los fenómenos naturales como hechos lineales prede­cibles; así se desconocía “las propiedades emergentes” de los sistemas biológicos que son complejos no lineales, y a la vez son mayores que las que les dieron origen (Ibídem).

La ciencia o teoría del caos se centra en los modelos subyacentes que aparecen ocultos, en los matices, en la sensibilidad de las cosas y en las “reglas” sobre cómo “lo impredecible conduce a lo nuevo” (Briggs y Peat, 1999). Esta teoría intenta comprender los movimientos y los modelos complejos de todo tipo que entienden un “cambio del orden al desorden y al caos con sus diferentes clases de órdenes estables que devienen inestables produciendo turbulen­cias y/o vórtices con un aparente desorden”, y, que, al mismo tiempo opera un modelo sub­yacente y cambiante; es decir, es una secuencia de fenómenos que se interrelacionan los que son estudiados a distintas perspectivas, (op. cit. Briggs y Peat). De ahí también que se hable del “caos determinista” para explicar muchos fenómenos que se suceden en la naturaleza y en experimentos controlados en laboratorio, caracterizados por tener un comportamiento que no todo puede ser descrito por leyes matemáticas sencillas. De ahí que se hable de fenómenos caóticos cuya evolución es esencialmente determinista, y, a la vez cómo del caos se determi­na el orden. Aquí recordemos que dentro de las leyes de la naturaleza está el desorden y el orden, el caos y la organización; aquí hay que hacer énfasis a que el caos pertenece a la ley entrópica y por consecuencia al desorden ya mencionado. El caos es equivalente a la entropía. Este último concepto ya está planteado en otra parte.

Desde el punto de vista histórico como se menciona en otra parte, conocemos cómo los mitos cosmogónicos parten del abismo cósmico, del “Tehom” u “océano caótico”; palabra relacio­nada lingüísticamente “Tiamat” del Dragón Babilónico y de la palabra “Tohuwabohu”(243).

Cuando nos referimos a la palabra determinismo” lo estamos haciendo a una causalidad que implica también un posible predecir el futuro de un sistema conocido en un momento dado y de las condiciones o elementos que la constituyen. De aquí se parte también a las ecuaciones que se crean en la física para expresar leyes, equilibrios, procesos dinámicos, relaciones causales precisas y variables.

Si observamos cuidadosamente en las ciencias y profundizamos en ellas vamos a en­contrar mecanismos ocultos, los cuales, entre tantos otros, tenemos que manejar a través de formas estadísticas, cálculos promedios, principios de equiparación, conocimiento de partes y del todo; es así como llegamos de la molécula, a la partícula con su posición, velocidad, para tratar de obtener un conocimiento del orden; así llegamos a la concepción del macro-orden y el micro-orden como al macro caos y el micro caos, presentes en el universo en donde está presente la materia y energía oscuras y así las variables ocultas.

De una u otra manera, las ciencias a través del tiempo siempre tienen una tendencia a encontrar el orden más no sin pasar por las ciencias del desorden en donde existe una escala de fenómenos desordenados e irregulares que no pueden reducirse a forma oscura; de tal ma­nera, nos encontramos con el desorden escondido con un aparente orden real y, así también nos basamos en las leyes de los grandes números en las teorías de las matemáticas, las mate­máticas complejas, la intersección de leyes causales independientes en donde se encuentra la independencia del pasado y del futuro. Sin embargo, hay quienes afirman que no existen seres casuales independientes en nuestro universo, por ejemplo, cuando un caminante citadino le cae una piedra en la cabeza y muere. Se interpreta que existe una fuerza de atracción sobre el objeto que lo va a matar dentro de todo un contexto fenomenológico, metereológico y de la realidad externa; esta es una forma simplista de interpretar el hecho complejo. Aquí nos encontramos en una franja entre el determinismo y el azar, o acto fortuito y casual. Karl Popper se pronunció en este sentido diciendo que “no somos capaces de predecir resultados individuales en el lanzamiento de un dado para deducir; y, para predecir se necesitan leyes y condiciones iniciales; las reglas para tirar el dado correctamente están elegidas de forma que no podemos medir las condiciones iniciales, por lo tanto decimos que el proceso es alea­torio”, (K. Popper, 1971). Esta temática ya está planteada en capítulos anteriores.

Al autor de estos textos cuando los estaba elaborando, se encontró con la obra “Mente y cerebro” de A. Rosenblueth, 2004, quien se pronunció cómo las características mesurables (de los sistemas materiales, relativamente aislados cuando están en equilibrio), y el postulado del determinismo de causalidad coexisten, siempre y cuando se conozcan las condiciones de los elementos que la constituyen; el tiempo es una de las variables, y para la demostración y descripción lógica, utilizamos la herramienta clásica de la ecuación diferencial, la cual en su relación es válida y valida el momento, la posición y el movimiento, la velocidad y acelera­ción.

Hoy en día se ha llegado a la conclusión de que una ley puramente determinista puede manifestarse por fenómenos totalmente aleatorios (pertenecientes al azar) debido al ca­rácter no lineal de las ecuaciones matemáticas que modelan el sistema físico. Dado que estas ecuaciones no permiten una solución analítica exacta244, los científicos han tenido dificultades para construir teorías que permitan su predicción” (Schifter, I., 1996). Aún más, se ha pretendido explorar e identificar pautas de comportamiento indispensables en las que intervienen combinaciones de experimentos numéricos y de análisis matemático para llegar al concepto de comportamiento irregular e impredecible aunque determinista, de los siste­mas no lineales y de la transición de un comportamiento regular a uno caótico a través de la llamada ecuación logística. Aquí nos enfrentamos al determinismo disfrazado de azar, y las rutas hacia el caos, y, como decía Borges, “la decisión final no existe, se ramifica en otras”, puesto que la duplicación pertenece al mecanismo de bifurcación en el cual la periodicidad es difícil de predecir, (Borges, JL., 1974).


En el estudio de las bifurcaciones periódicas de la “ecuación logística” graficadas en el estudio del caos; el mismo Poincaré en 1908 concluyó que: sobre las ecuaciones que descri­ben la evolución temporal de varios sistemas, “una causa muy pequeña que se nos escapa, determina un efecto notable que no podemos ver y decimos entonces que tal efecto se debe al azar, lo que equivale a que, pequeñas diferencias en las condiciones iniciales engendren mayores en el fenómeno final”; de ahí el dicho popular “lo que mal comienza mal acaba” (Poincaré, H., 1944).

242 El concepto de “equilibrio” no se puede referir a lo estático, estable, pues aunque existan equilibrios dinámicos, todo está en un cambio continuo; de ahí que podamos referirnos más a “equilibrios inestables dinámicos de transformación”, en el macro y microcosmos físico, químico, biológico, psicológico, social, económico, histórico-cultural. Por su parte “un mundo o universo en un continuo equilibrio sería caótico”; lo que se sugiere aquí es que los cambios se organizan desde el punto cero (0) a todo lo conocido (energía-materia), y posiblemente a la inversa, con sus diferentes niveles y fronteras.
243 Lo que esto significa queda claro cuando Nietzsche utiliza precisamente el concepto de caos —que en realidad es un “no-concepto”, es decir, pone de manifiesto el carácter deficitario de los conceptos—para criti­car la insuficiencia y la ineficacia de interpretaciones como la del Génesis, cuando se dice que Dios es quien venció el “Tohuwabohu”, el “desorden y la turbulencia”, y a partir de él creó “todas las cosas”, todo lo que es y, en consecuencia, todo se dirige también a Él, (en “La verdad de la verdad”, de Wisser Richard, pág. 215 Universidad de Mainz) https://revistas.ucm.es/fsl/02112337/articulos/ASHF9393110209A.PDF
244 La negrilla es mía

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