Complejidad, Orden, Desorden, Determinismo y Azar

Determinismo e Indeterminismo

Orden, desorden, caos, complejidad, determinismo y azar son factibles de encontrarlos en el cosmos, en la evolución de nuestro sistema solar y con ello en la aparición, sencillamente del agua, de los rayos; estos dos para dar algún ejemplo. La formación de la molécula del agua (H2O) tuvo lugar cuando se dieron las condiciones de temperatura, densidad atmosfé­rica, presión, luz solar para que dos electrones de dos átomos de hidrógeno desplazaran dos electrones de la órbita externa de un átomo de oxígeno; esto debido a la potencialidad de cargas (+, -), de atracción y al equilibrio necesario entre las cargas (+, -), para así poder esta­blecer la formación de enlaces. ¿Qué ocurre? La respuesta es que al difundirse por el espacio sirvió para crear enlaces diferentes y ser la base con sus dos átomos (H y O) de la vida con los otros elementos (el carbono C, nitrógeno N, fósforo P). Es así como se configuraron las moléculas de la glucosa, los aminoácidos, péptidos y otras macro y micro moléculas; de tal forma se llega al ARN y ADN. Pero, ¿qué ocurre con el agua? El fenómeno es que el agua se reparte por el globo terráqueo; sin embargo, debido a diferentes condiciones ambientales se producen lluvias, sequías, lugares en donde no llueve y viceversa. Así mismo ocurren con los rayos o descargas eléctricas.

Es bien conocido desde los años 1980 la teoría de la complejidad y el caos, así como el fenómeno mariposa (239); en este pensamiento, nos encontramos con los términos de fracta­les, la confusión, el desorden, la autoorganización, los atractores extraños, las estructuras disipativas, todo lo cual nos lleva a concebir un pensamiento que sirve como nuevo paradig­ma en la física, la matemática, la economía, la biología y aún en la psicología y en ella la diná­mica o psicoanálisis, a la vez en otras ciencias sociales; el mismo psicoanálisis trata de volver al orden el desorden psicopatológico de los fenómenos psíquicos o los psicopatologícos. La misma ciencia tradicional lo que trata es de descubrir desórdenes y ordenarlos o descubrir órdenes ocultos de la naturaleza.

Al hablar de la psicopatología tenemos que referirnos a la psicoterapia, es decir a la te­rapia de lo patológico del desorden; sin embargo los cuadros psicopatológicos corresponden a un orden o equilibrio dinámico, para no entrar en el caos completo y así en la destrucción; a la vez, en los trastornos psicopatológicos podemos encontrar indicadores que nos permiten predecir futuros (pequeños o grandes) cambios o los que se pueden presentar en tal o cual forma con sus diferentes hechos psíquicos que pueden asimilarse al efecto mariposa. Dentro de esta concepción, fácilmente podemos deducir que la psicopatología que estudia el desor­den mental, pertenece a un orden; sin embargo, no existe en forma total la predicción de todos los comportamientos de los sistemas físicos y psíquicos, más aún, cuando no disponemos de todos los conocimientos del funcionamiento psicofísico cerebral; como se anota en otra parte de esta obra, toda la medicina trata de desórdenes de los diferentes sistemas, para darles otro orden funcional dinámico, que se adapte a la vida cotidiana o nos de cierta armonía cambian­te.

Por su parte concebimos el desorden como una noción negativa y al orden a algo positivo más cuando lo que se trata es de encontrar una armonía y equilibrio psicofísico, sociológico, filosófico y aún las religiones y mitologías, todas ellas siempre están sentadas en la existencia de un orden, lo cual lo referimos al universo, cuando lo que existe son equilibrios dinámicos ya enunciados, con tendencia al orden y desorden (caos) para repetirse indefinidamente.

Cuando hacemos alusión a un desorden psíquico, lo hacemos a que hay una confusión, una desorganización mental, un trastorno o una irregularidad, o una perturbación del ritmo, movimiento y velocidad, es decir, una es ritmia arritmia o refiriéndonos con este término a lo que tiene un ritmo o regularidad en sus movimientos, por ejemplo el mental, más no acos­tumbramos por lo general a decir una arritmia mental, sino una aritmia cerebral en relación a los cambios objetivos del electroencefalograma (240). Al mismo tiempo, la noción de caos y confusión y desorden tiene un sentido técnico con diferencias en las causas que son capaces de provocarlos y así sus defectos. Cuando hablamos de desorden universal, magnificamos el desorden y lo referimos más a problemas y trastornos socio-culturales, pero que pueden dárseles un alcance mágico o desconocido.

Durante siglos hemos oído cómo “la ciencia ha estado vinculada a cierta conjeturas religiosas sobre el orden universal” (241). Ocurre que la ciencia y la religión trata de buscar un orden y ambos desean el encuentro de la unidad de un todo y hallar el o los principios de causalidad a través de la razón con ciertas estructuras de pensamiento (o de la aceptación de “algo”) ciencia, ley (es), modelos o un “ser” Dios, potencia naturaleza que determina “todo” y que en el hombre implica su historia, su filosofía y cultura. Cuando hay predominio o unilateralismo del “ser”, “potencia”, se acaba el cuestionamiento y la ciencia. La respuesta fácil está en la primera: el ser Dios; lo difícil es continuar interrogándonos, controvirtiendo con argumentos y preguntas y así seguir aceptando que no conocemos todas las respuestas sin encontrar el refugio en la necesidad como “impulso irresistible que no puede evitarse y prescindir y hacer que las causas obren infaliblemente en cierto sentido”, (Diccionario de la Lengua Española, 1992). Este último punto ya ha sido planteado en varias ocasiones llegán­dose a la misma conclusión.

Aceptemos a la vez, que el mundo está en proceso de orden y desorden al mismo tiempo; lo ordenado está matemáticamente hecho y comprende órdenes que nos referimos al poder de la naturaleza. Es así como la ciencia, la filosofía desde Platón hasta Galileo, Kepler, Newton y Einsten han tratado de descubrir leyes que sólo son explicaciones de los ordenamientos de distintos hechos. La misma ciencia y el mismo hombre han creado aquellas y ha matematiza­do los fenómenos y hechos a sus diferentes niveles, más los naturales del propio ser interno o los externos del cosmos. Ocurre sí que cuando encontramos esos órdenes y regularidades nos encontramos ante algo armónico y bello y aún simple; lo contrario el desorden nos produce rechazo, repugnancia, malestar y le damos el valor negativo y la cualidad de feo. Aquí nos encontramos con una jerarquía de distintas formas, desde lo simple a lo complejo, del orden al desorden, de lo disarmónico a lo armónico, de lo bello a lo feo, de la ignorancia el conoci­miento, de lo ético a lo anti-ético y de lo estético a lo antiestético. Aquí puede agregarse cómo la fócula de Einstein (E=mc2), innumerables piezas musicales, obras escultóricas, pictóricas, arquitectónicas como tantas del arte no solo “son bellas sino producen paz o lo que denomi­namos serenidad”. (A. De Francisco Zea)

Dentro de este texto hemos mencionado como los diferentes pensadores y científicos se han encontrado y descrito (con) el ordenamiento y entre éste cierta predecibilidad. Es así como Newton descubrió las leyes de la gravedad como otra ley natural eterna e inmutable que puede expresarse en ecuaciones matemáticas y en donde se contempla el peso, volumen, movimiento, velocidad, tiempo y espacio, y, que al repetirse el fenómeno obviamente con sus objetos observados y en circunstancias determinadas e idénticas se repiten el hecho y así la propiedad se verifica fácilmente. En el ejemplo que se da sobre el disparo de un proyectil a un blanco determinado obviamente depende de la distancia, de la trayectoria y de las diferencias de ángulo que existen; cuando se apunta a un “blanco” de observación a metros más o menos de distancia, luego viene la observación de la trayectoria y obviamente será proporcional a la distancia, movimiento y velocidad del proyectil del objetivo; esto puede aplicarse también a los fenómenos psíquicos, por ejemplo una ocurrencia fugaz, momentánea, repetitiva o cons­tante, depende de dónde o cuando se presente; de la misma manera ocurre en los sistemas biológicos, químicos y genéticos. De todo esto concluimos que existen unas condiciones es­pecíficas para predecir ciertos hechos y aquí se aplica el conocimiento de la mecánica clásica, diseñada por Isaac Newton que con sus ecuaciones no se pueden predecir exactamente si el sistema es semejante en todo momento, puesto que se cuentan con distintas variables.

De esto concluimos que en teoría es posible predecir, pero se requieren múltiples in­formaciones para llegar a la exactitud. De igual manera pasa con la aparición de los desór­denes o trastornos, fenómenos físicos, biológicos y sociales que implican muchos intangibles y variables por predecir, exactamente los eventos a ocurrir; de ahí que hay impredecibles (aleatoriedad o azar) y a la vez determinantes; he aquí la paradoja que si bien hay determi­nantes y predecibles hay indeterminantes e impredecibles más allá de lo que Laplace (1814) formuló en sus ensayos filosóficos sobre la probabilidad que se refiere al “conocer todas las fuerzas o informaciones que están animando la naturaleza y la situación respectiva de los seres que le componen”, entonces lo podemos predecir. A esto se le denominó el “demonio de Laplace” (ya citado en otra parte) que implicaba el ser capaz de que al tener toda la in­formación de análisis matemático “abrasaría en la misma fórmula a los movimiento de los más grandes cuerpos del universo y a los del átomo más ligero y nada sería incierto para la persona y para el porvenir como el pasado, estaría presente ante sus ojos”. De ahí que más adelante en su definición sobre el determinismo, consideró que “el estado presente del universo, como el efecto de su estado anterior, y como causa de su estado futuro” de todo esto se podría concluir que “la totalidad de la historia podría ser reconstruída o predicha conociendo todos los datos relativos a una instante cualquier de esa historia” (Mandressi, R.). Este último parece una especie de “utopía científica”.

De todos estos planteamientos sobre la complejidad, el caos, los procesos de ordena­mientos, la posibilidad de predecir o no (impredecibilidad) lo causal o acausal surge en medio el concepto de azar y determinismo expuesto indistintamente a través de todos los capítulos anteriores y que sirven de soporte a la proposición hipotética explicativa (hipótesis frecuencial de Popper).


239 El “fenómeno mariposa” o “efecto mariposa” ( ver página 61 y 62)
240 “Existen otros ejemplos en diferentes sistemas como el de la fibrilación auricular que es un desorden total del ritmo; si se aplica un estímulo eléctrico exterior muy fuerte (con el de fibrilador) no se obtiene mayor desorden del ritmo, sino, paradójicamente, la vuelta es a lo normal; de ahí la secuencia desorden-estímulo y orden final” (A. De Francisco, 2010).
241 Op. cit., Mandressi

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