Un Accidente en que se Salva la Vida

Cerebro Mente Estres

A finales de los años cuarenta mi padre que contaba en ese entonces con 62 años, sufrió un accidente; pienso que ocurrió debido al azar determinista. Sucedió que tomó un autobús en la localidad de Madrid; él acostumbraba a vestir con franela, camisa, chaleco, saco y abrigo y ese día trasladó su cartera y la chequera al bolsillo izquierdo; como la chequera era muy larga la dobló en dos y la adjunto con la cartera que le abultaba pero el abrigo disimulaba un tanto el abultamiento; se sentó en el primer puesto detrás del chofer; el autobús cuatro kilómetros más adelante se estrelló de frente contra un camión y una varilla penetró y perforó hasta llegar de­bajo de la tetilla del lado izquierdo sin producirle ni siquiera un rasguño pero perforando todo lo que estaba delante. Mi padre sufrió fracturas múltiples y estuvo en estado crítico e hizo un hemotórax, más la varilla no le tocó ni siguiera la piel que recubre el corazón; finalmente mi padre salvó su vida, ¿debido a lo que se llama destino, por casualidades o por coincidencias, por la mano de “Dios” y ahora denomino un “azar determinista”?; el lector podrá inferir y llegar a una conclusión personal; el hecho fue que murió 35 años más tarde a los 97 años. Este caso como miles que han ocurrido en la historia y pueden relatarse; y, cada uno podrá recordar más casos en que ocurre la hora final del lazo del destino fatal o lo providencial feliz.

Accidentes fatales individuales y colectivos

En todos estos y muchos más casos que aparecen en la vida cotidiana; existen estadísticas de múltiples casos de muertes por equivocaciones o accidentes, y de la misma manera se ven a diario casos en que se salvan, sin haber estudios explícitos de uno y otros, por que pertenecen a la cotidianidad. Es conocido cómo a diario ocurren las muertes individuales o colectivas de familias en accidentes por gas, por la ingesta de droga o falta de sueño, por equivocación de medicamentos, por exceso de velocidad, por actos fallidos personales o de terceros, que producen accidentes de muerte, por acciones incorrectas en la conducción de vehículos, bicicletas, motocicletas, automotores, de aeronaves, paracaídas, parapentes o de­portes acuáticos o submarinos. Así mismo acontecen accidentes por actitudes, decisiones en que el sujeto se ubica en una posición de alto riesgo, por tropiezos (incoordinación psicomo­tora inconsciente que produce un accidente de muerte); los grandes índices de accidente están registrado por ingesta de alcohol y todas las sustancias que corresponden a las drogadicciones y a otras adicciones que llevan inconscientemente a la muerte o al suicidio involuntario; de la misma manera como hablamos de la adversidad lo hacemos con la fortuna, lo positivo y la salvación de accidentes y muerte. Así nos encontramos con un determinismo, un azar que una vez más, hacen o enlazan el destino del ser humano en el cual se encuentra con el consciente e inconsciente y el azar determinista. Sin embargo siempre deben buscarse las explicaciones más lógicas para cada caso.

Tengamos en cuenta que un error trae otro error y así sucesivamente se establece el “fe­nómeno dominó”. Cada accidente puede traer tragedia, dramas de muerte pero a la vez, lo que llama el común de las personas “el milagro”435, por la salvación de seres ante las calamidades; cada situación de error, accidente y drama tiene su relación con el azar determinista. Obvia­mente los accidentes ocurren y existen en la vida cotidiana, y no podemos negarlo; lo impor­tante es prevenirlos; ¿cómo hacerlo? La respuesta es analizar todos los hechos que pueden participar como principio de causalidad directa e indirecta, llevarlos estos principios de causalidad a estudios estadísticos y al cálculo de probabilidades con sus diferentes variables para buscar vectores de distinta índole. Por lo común esto se ha hecho y se hace; lo que no se tiene bien en cuenta o no se le da valor es a los factores psico-emocionales que determinan un acontecimiento y en el que concurren una causa específica directa y un factor que sobresale por la casualidad del azar y del inconsciente individual colectivo quedándonos con la inter­pretación del hecho que “fue una coincidencia”. Es más una confluencia de vectores que se presentan en el hecho del accidente, en el cual se incluyen errores conscientes e inconscien­tes, los cuales obran en forma indirecta y no se les da la connotación de causalidad.

Por lo general se cataloga de “accidente” (“acto de caer encima”) como al hecho o suceso imprevisto que causa un trastorno con repercusiones humanas o ambientales con desórdenes y trastornos físicos, químicos, eléctricos, psíquicos, económicos, sociales, mecánicos, técni­cos en que pueden estar presentes una o más fallas de los sistemas utilizados. Por lo expuesto se podrá inferir que para ocurrir un accidente debe estar presente y coincidir varios hechos (elementos) a la vez en una témporo-espacialidad específica que conforma una circunstancia. Téngase en cuenta que si desconocemos (no tener consciencia) la información de lo que lleva o conlleva al error, es más factible perecer o caer en él; a su vez el mecanismo producto del error hace parte del determinismo; por lo tanto si conocemos las variantes tenemos más posi­bilidad de evitar el accidente.

Así mismo acontecen accidentes individuales y colectivos; existen los acontecimientos provocados por terceras personas; veamos algunos ejemplos: las tragedias de aviación en las últimas dos décadas. Se me viene al recuerdo el accidente de aviación en Tenerife cuando las aeronaves habían sido desviadas a ese aeropuerto para llenar su combustible, y, en el des­pegue por falta de visibilidad y otras causas técnicas, no se comunicaron el controlador con los pilotos; y fue así como se produjo la tragedia. Esta misma situación de controladores de aviación ha ocurrido no solamente en aeropuertos sino en vuelos a distintas alturas, por que el controlador se equivoca y le da mensajes distintos y el “encuentro” fatídico se produce en vuelo, a cierta altura, o los causados por los mismos pilotos en sus trastornos perceptivos y aún depresivos que no hacen los giros adecuados produciendo la tragedia, o aquellos que en el infortunio, aparece una ave que choca y penetra en la cabina de mando o en el motor, pro­duciéndose el “accidente”; ¿qué los produjo?, ¿fue el azar, la casualidad?, ¿la coincidencia, el infortunio o simplemente el llamado destino? La respuesta dentro de este contexto ya está planteada: el “azar deterministaincluye el lazo del destino positivo o negativo y nos acom­paña en la vida cotidiana.

Aquí nos situamos en la concepción del “accidente casual”. Es esta concepción la que cuestionamos y pensamos cómo es el hombre el cual determinado por su inconsciente lo lleva a producir la muerte de él o de otros. Los accidentes de aviación no están restringidos a ciertas áreas, pues se ha presentado en los Estados Unidos de Norte América, Centro América y Sur América, en Europa, Asia y África, en áreas continentales, costeras o en los vuelos por los océanos.

Recordemos los accidentes de las naves espaciales y analicemos una a una y nos encon­tramos con fallas humanas en la ingeniería y mecánica espacial, y así también con errores humanos de los operadores y confusiones o equivocaciones de cálculo.

En otro caso la muerte de un famoso maestro académico psiquiatra psicoanalista colom­biano José Francisco Socarrás: “José Francisco vino a morir exactamente 50 años después de la muerte de su hermano, el mismo día 23 de marzo en un absurdo accidente en el tráfico de Bogotá, atropellado por una motocicleta, frente a su residencia y al amigo que todos los días le vendía sus dulces preferidos y lotería con los números (5623, nótese que en el año 56 conoció y casó con su amada Alicia y el 23 de marzo (tercer mes del año) día del fallecimien­to accidental de su hermano y el suyo). El lugar del accidente fue en la carrera 7 con calle 92 frente a su casa, (436). Cuenta el vendedor de dulces y lotería señor Carmelo Espinosa que el motociclista tenía espacio suficiente para esquivar al peatón Maestro Socarrás, quien no oyó, ni vio el vehículo, a la vez el motorista venía a gran velocidad distraído pues no tran­sitaban automóviles; en el golpe ambos cayeron el primero quedó inconsciente y luego se recuperó, el segundo inconsciente murió. La familia del Profesor Socarrás no puso ninguna denuncia en contra” (437). Realizando una investigación cuidadosa de la escena, la calle es suficientemente ancha con tres carriles en un mismo sentido y no iba ningún automóvil y sólo viajaba en la motocicleta el conductor, éste en cambio de virar hacia otro lado, no calculó y se dirigió específicamente al punto fijo de atracción (tiro al blanco) (cuerpo del peatón) pro­duciendo el fatal accidente.


435 “Esta temática se utiliza para significar que no se conoce el porqué sucedió el hecho, al usar la interpre­tación de ‘milagro’ se da al hecho de connotación religiosa de un favor extendido por la Providencia, y en adelante, todas se relacionan a ese favor. Como influye lo fantasioso, para buscar lo extrasensorial como explicación válida” (A. De Francisco, 2010)

436 En las pruebas del número nueve (9) los que verifican el cálculo bien hecho sumando los dígitos cuando se llega al “9” es exacto y luego viene el cero (“0”); o en este caso si sumamos los números anteriores ([7 (carrera) y 92 (calle)] 7+9+2=18 y 1+8=9=0, nos da lo siguiente: 7+9=16; 1+6= 7 y 7+2 =9 (del 92), este equivale al número final. Aquí se podría pensar en que estamos en los números cabalísticos en la numerolo­gía, lo cual podría descalificar cualquier hecho excepto la prueba del 9. Todo esto nos puede llevar a “creer que todo ocurre en el universo en relación a los números, caprichosamente utilizados, pero así fue el naci­miento de la ciencia por una de sus primeras culturas, Pitágoras (culturas o intérpretes de los hechos)”. (A. De Francisco, 2010)
437 G. Sánchez Medina, “El maestro José Francisco Socarrás” (Biografía, recuerdos y recuentos), 1996. Uni­versidad Tecnológica y Pedagógica de Tunja.

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