Exposición Laboral a VIH

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Atlanta. Hace dos años se conoció que un cinco por ciento de medio millón de pacientes americanos informados al CDC de Atlanta como VIH positivos, trabajaban en el sector salud. La ocupación de esas cerca de veinticinco mil trabajadores de la salud –por orden de frecuencia- era la de enfermeras, ayudantes de salud, técnicos de laboratorio y médicos, con mucho menor frecuencia la de odontólogos o cirujanos. Esto no quiere obviamente decir que el origen de la sero-positividad fuese el riesgo ocupacional, pero la inquietud queda sobre el tapete, merced a algunos casos comprobados, dramáticos y ampliamente publicitados. La gran mayoría de los casos están relacionados con la exposición de sangre VIH positiva a través de una lesión percutánea. El mayor riesgo incluye los siguientes factores:

• Lesión profunda de la piel
• El paciente fuente tiene un Sida terminal
• El instrumento que causó la lesión muestra visiblemente sangre
• La lesión se ha causado por una aguja que estaba en una vena o arteria del paciente

Con el contacto de la piel sana por sangre contaminada o lesión percutánea con sangre no infectada, no hay riesgo; aunque la posibilidad de transmisión de VIH a través de sangre infectada es baja (tres por mil de lesiones percutáneas -una de cada trescientos veinte- o una vez en mil si la sangre infectada cae en la conjuntiva ocular del trabajador) la ansiedad persiste. Recordemos al loco que –curado de una idea paranoica de que él era un grano de maíz y que corría el riesgo de ser tragado por un pollo- regresó pronto al psiquiatra diciendo que seguía en riesgo, pues aunque él había sido curado ¿quién convencía al pollo?

Para ponerlo en términos prácticos, la incidencia post-exposición de sangre infectada es de 0.3%, y el riesgo aumenta entre más grande el volumen de sangre al que se ha expuesto la persona y probablemente si los títulos de VIH son más altos. Hasta hace tres años se habían documentado en los Estados Unidos cincuenta y siete casos de sero-conversión en trabajadores de la salud expuestos –casi siempre percutáneamente- al sangre de pacientes VIH positivos. Hubo ciento treinta y nueve casos más de positividad para VIH en personas que no informaban otro factor de riesgo pero cuya sero-conversión post-lesión no había sido documentada, desde 2002 no se han documentado nuevos casos de infección ocupacional en Norte América. En el Reino Unido –otro país que lleva buenas estadísticas- sólo se habían documentado cinco casos de sero-conversión, más doce casos posibles o probables. No son muchos.

Si ocurre una exposición percutánea, el sitio de la lesión debe ser lavado con abundante agua y jabón, sin frotar. Presionar suavemente en los lados de la exposición para que sangre, bajo un chorro de agua.

El uso de agentes anti-retrovirales –potencialmente tóxicos- profilácticos ha sido recientemente recomendado ante un accidente con sangre contaminada, pues se ha visto que el riesgo de transmisión se reduce notoriamente si se administra zidovudina sola o en combinación con otros anti-retrovirales (lamivudina y nelfinavir). Esta profilaxis –conocida como PEP- se recomienda tempranamente cuando la exposición ha sido significativa y la sangre –u otro líquido corporal- es muy probable que esté contaminado. Sin embargo, muchas veces la exposición es con sangre o líquidos que muy probablemente no están contaminados.

No es infrecuente que cíclicamente corran rumores de que drogadictos, homosexuales promiscuos u otras personas de alto riesgo abandonan agujas en buses, parques o cines, que al perforar la piel del incauto transeúnte –también se habla de individuos que activamente inyectan al paseante- encuentra un papel que dice: ¡bienvenido al mundo del Sida! Hasta ahora no se han documentado casos de VIH positivos en estas eventuales situaciones, además de que usualmente se trata de jeringas que llevan agujas de pequeño calibre que contendrían sólo pequeñas cantidades de sangre con limitada posibilidad de viabilidad de algún virus presente. Un estudio de jeringas usadas para administrar medicamentos en personas reconocidamente infectadas por VIH mostró que en sólo 3.8% de esas agujas había ARN del VIH.

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