El Mundo Psicológico de Kafka: Hipocondría y Tuberculosis, Parte II

Cap 14

ADOLFO DE FRANCISCO ZEA, M.D

II

En la correspondencia temprana con Max Brod, se encuentran referencias a las dolencias orgánicas o imaginarias que afectaron a Kafka.

La sintomatología corresponde, en general, a quejas que con el pasar del tiempo se fueron haciendo cada vez más sugestivas de enfermedad psicosomática. Cuando finalmente adquirió la tuberculosis pulmonar, siete años antes de su muerte, las manifestaciones de hipocondría se hicieron más notorias simbolizando sus sentimientos agresivos hacia los demás; sentimientos que por otra parte, le servían inconscientemente para satisfacer sus necesidades de dependencia y le permitían esperar de los otros algún grado de comprensión o compasión. Esa es quizás la razón por la cual en sus cartas se encuentren, con mayor frecuencia que en los “Diarios”, alusiones a los problemas de salud, ya que en los últimos consignaba, sólo para sí mismo, sus pensamientos e inquietudes del momento. Una frase de una carta a Brod, escrita en septiembre de 1917, muestra su necesidad de dependencia a raíz del comienzo de la tuberculosis pulmonar: “Hoy me comporto con la tuberculosis como un niño con los pliegues del vestido de la madre a los que se sujeta….”

(Lea También: El Mundo Psicológico de Kafka: Hipocondría y Tuberculosis, Parte III)

Kafka se refería a las enfermedades como si fueran realidades que tuviesen existencia propia independiente y dialogaba con sus órganos como si fueran entes autónomos.

En marzo de 1907, escribía a Brod: “Justo ahora han comenzado los dolores de estómago….. Todo lo que poseo se vuelve contra mí, todo lo que está en mí contra deja de ser de mi propiedad. Si, por ejemplo, me duele el estómago, ya no es mi estómago, sino algo que no se diferencia substancialmente de un individuo extraño que se divierte dándome una paliza”. Un mes más tarde, relacionaba la aparición de sus dolencias con asuntos que le habían preocupado en el curso de su vida cotidiana: “He tenido dolores reumáticos en la espalda; después se desplazaron a la región lumbar, después a las piernas; después….., no es que pasaran a la tierra dejándome libre…., sino que se subieron a los brazos. Esto encaja perfectamente con que todavía no ha llegado el esperado aumento de sueldo, que tampoco vendrá el próximo mes, sino sólo cuando den ganas de escupir sobre él de tanto hartazgo.”

Eran tan frecuentes las menciones a Brod de su estado de salud, que después de iniciada la tuberculosis pulmonar es difícil precisar cuáles de sus síntomas se refieren a la enfermedad misma y cuáles son producto de su imaginación, o secundarios a la enfermedad psicosomática generada en sus largos momentos de melancolía.

Con el comienzo de la tuberculosis se hicieron más ostensibles sus intensos sentimientos depresivos relacionados con la muerte. En una carta a Brod, decía: “Constantemente busco una explicación para la enfermedad, porque no la he cogido por mí mismo. A veces me parece que el cerebro y el pulmón se han puesto de acuerdo sin mi conocimiento. “Así no podemos seguir”, dijo el cerebro, y después de cinco años, el pulmón se declaró dispuesto a colaborar”. Y en otra carta expresaba el miedo característico de su depresión: “Miedo de qué? De tantas cosas; miedo a ser incapaz, físicamente, intelectualmente, de llevar la carga…. Cuando los temores han cumplido su tarea se transforman en un miedo insoportable que no se puede tolerar”.

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