¿Para qué sirven las palmadas?

Nuestra Organización consultó a 76 niños y niñas entre los 5 y los 8 años lo que pensaban acerca de las palmadas. Las siguientes son algunas de las cosas que dijeron:

  • Dar una palmada es en realidad golpear. Una niña dijo: “dar una palmada es lo que los papás hacen cuando te golpean fuerte, sólo que ellos lo llaman palmada”.
  • Dar una palmada no funciona. Los niños y niñas a veces no entienden, que lo que han hecho está mal, o se sienten tan abrumados por el golpe, que se olvidan de lo que han hecho.
  • Dar una palmada enseña a los niños y niñas que pegarle a alguien más pequeño e indefenso está bien. Causa confusión el que a uno le peguen por haberle pegado a alguien. Dar una palmada está mal.

El poder de la palabra

Todo está bien mientras uno habla de la teoría de cambiar el comportamiento de los niños y niñas. Pero ¿qué pasa cuando uno se encuentra al límite de su tolerancia?

Analicemos algunas situaciones típicas, que se presentan a diario y que pueden llevar a padres y madres a castigar con una palmada al pequeño y luego arrepentirse.

A salvo del peligro

Pedrito tiene 9 meses. Está empezando a gatear por la casa, feliz con su nueva libertad de movimiento. Su mamá, Paula, está detrás de él, quitando de la ruta todo lo que pueda ser peligroso. Cuando Pedrito llega al cuarto, de repente una toma de corriente llama su atención y se va a tocarla. Parece que va meter sus deditos en la toma. Paula tiene miedo.

  • ¿Servirá una palmada? No. Un bebé tan pequeño es por naturaleza curioso y su manera de aprender es explorando. Darle una palmada no tiene sentido. Pedrito no entenderá la relación entre la palmada y la toma de corriente.
  • ¿Qué funciona mejor? Lo primero, es hacer todo lo posible para quitarle cualquier peligro del camino, o quitar al niño de donde está el peligro. También es importante empezar a explicarle sobre la seguridad desde muy temprana edad. Sin embargo, los bebés no van a entender inmediatamente; ellos responden a expresiones faciales y al tono de la voz. Si de manera amable usted le explica lo que es seguro y lo que no, los niños van a empezar a distinguir poco a poco las señales de alerta. Van a aprender que sus padres les están dando información importante y es una manera de tender el puente para la comunicación futura con ellos.

Molestando a otros

Ariadna tiene 22 meses y está en el jardín infantil con su mamá. Ariadna trajo su juguete favorito, un osito de peluche. Después de jugar un rato, Ariadna ve que Oscar, de dos años, cogió su osito de donde ella lo dejó mientras su mamá está hablando con alguien. Furiosa, Ariadna trata de quitarle el osito a Oscar, que, en lugar de soltarlo, lo abraza con fuerza. La mamá no se da cuenta. La niña continua halando con fuerza, pero Oscar opone resistencia. Ariadna muerde a Oscar y el da un grito y suelta el osito. Las dos mamás se dan cuenta de lo que pasa. Renata, la mamá de Ariadna se siente muy mal porque no es la primera vez que la niña muerde a alguien en el jardín infantil.

Ninguna de las dos sabe bien por qué ella lo mordió, pero los dos niños están llorando. Ariadna no quiere pedir perdón y su mamá siente cada vez más rabia con ella.

  • ¿Servirá una palmada? No. Ariadna está empezando a entender que ella logra que la gente haga lo que ella quiere si la muerde. Si se le pega a Ariadna, esto va a reforzar aún más la idea de que causar daño a otros está correcto.
  • ¿Qué sería lo mejor? Es importante no caer en la trampa en la que los niños y niñas reciben mucha atención cuando hacen cosas que no son apropiadas o que les causan daño a otros. Ariadna necesita aprender que puede utilizar las palabras si alguien hace algo que le disgusta o si quiere que alguien la escuche. Desde el inicio de la pelea con Oscar, Ariadna necesita que su mamá sepa que el osito es muy importante para ella y que no quiere que le pase nada.

 

Cuando el enfrentamiento con el niño sigue sin que la mamá preste atención, se empeora la situación. Ariadna responde de un modo inaceptable. Hay que decirle “no muerdas” de manera clara y firme. Sin embargo, ella aún necesita la tranquilidad de saber que su mamá trata de averiguar lo que pasó. A menos de que Ariadna crea que sus sentimientos son realmente tenidos en cuenta, ella no va a cambiar su comportamiento.

Estoy contento

Renata le dice a su hijo David, de cuatro años, que es hora de ir a casa. Él ha tenido un día muy agradable jugando con su amigo Fabio. Pero es hora de ir a comer.

Un minuto más, por favor—dice David.

Renata se queda conversando con la mamá de Fabio. Cinco minutos más tarde, Renata le dice a David que es hora de irse.

No, no quiero —responde David.
Es hora de irnos —insiste la mamá—. Es tarde, ponte la chaqueta.

David sale corriendo, se acuesta en el piso y empieza gritar y patear, mientras Renata trata de ponerle la chaqueta y los zapatos por la fuerza. En la lucha, David logra quitarse el zapato que su mamá le puso y lo lanza a la cara de Renata. Ella está furiosa.

  • ¿Serviría una palmada? No. Renata puede sentirse mejor por un momento y David puede detenerse momentáneamente. Pero la próxima vez ella va a tener que pegarle más fuerte para llamar su atención.
  • ¿Que sería mejor? David ha tenido un día maravilloso y no quiere ir a casa. Una estrategia puede ser darle un aviso al niño cinco o diez minutos antes de la hora de irse; así, él puede terminar de jugar. Es muy importante ser consistente.

A David se le permitió seguir jugando cuando él se lo pidió a su mamá. Él no sabe que ella no puede aplazar indefinidamente la partida. Si ellos no se van, van a cerrar el supermercado y no van a poder comprar unos materiales que el niño necesita para la escuela. Si se da esa información al niño, eso puede ayudar. Los niños pueden sentir rabia —es natural—. Sin embargo, es importante no responder con rabia. Recuerde bien, usted es el adulto y, por lo tanto, el responsable.

Peleando de nuevo

Laura, de cinco años, y Andrés, de siete, están jugando con el computador o viendo TV. El programa que estaban viendo se acabó y están peleando sobre el siguiente programa que van a ver. Empiezan a pelear por el control remoto. El papá escucha la discusión y les pide que dejen de pelear. Laura empieza a llorar por lo que considera injusto: ella “nunca puede ver nada”, y llorando se va a su cuarto. Andrés cambia el canal de la TV y empieza a ver el programa, ignorando a su papá y a su hermana que llora.

El papá apaga la TV y Andrés empieza a gritar, diciendo que Laura “todo lo tiene que dañar por comportarse como una bebé”; y empiezan a pelear de nuevo.

  • ¿Servirá una palmada? No. Los hermanos y hermanas siempre pelean, y a veces mucho. Es parte de crecer. Darles una palmada no los va a ayudar a aprender a estar de acuerdo o a ceder. En cambio, les va a enseñar que si alguien los molesta, una buena respuesta puede ser un golpe.
  • ¿Que sería mejor? Es importante tener en cuenta la justicia y la posibilidad de hacer las cosas por turnos. Los niños y niñas responden bien si sienten que cada uno es tratado igual, y que ser justo es algo importante para los padres. Si las decisiones de los padres parecen ser al azar, eso puede hacer sentir a los niños poco seguros.

Ellos pueden llegar a la conclusión de que no tienen alternativa diferente a culparse y pelear. En cambio, lo mejor es ayudar a los niños y niñas a aprender a negociar sobre las cosas que causan conflicto. Logre que los niños planeen juntos lo que quieren ver, estableciendo límites. Por ejemplo, usted puede sugerir que cada día cada uno de ellos puede jugar un tiempo determinado en el computador o escoger un programa que quiera ver. Su vida como padre o madre será más fácil si los propios niños toman la responsabilidad de mantener las reglas.

Encontrar alternativas diferentes a la palmada no es una cosa sencilla. Se trata de un trabajo que va desde el momento en que el bebé nace, hasta lograr desarrollar una buena relación. Los niños logran avances cuando se les da mucha atención. Si su buen comportamiento es reforzado y es reconocido, los niños y niñas van a madurar y van a disfrutar cooperando.

Es importante recordar que dar una palmada no deja de doler cuando el dolor físico se va. El daño puede durar por toda la vida y hacer de su hijo o hija una persona insegura o resentida.