Lo que debe y no debe hacer en la crianza

Dese cuenta del buen comportamiento de su hijo o hija. Elogie y recompénselos si hacen cosas apropiadas. Darles amor y atención, como jugar algo que les gusta o leerles su cuento favorito. Hágales saber las cosas que a usted le gustan, por ejemplo, que guarden juguetes antes de sacar otros nuevos, para no hacer más desorden. Así es como aprenden auto disciplina.

Escúchelos. Tome en serio lo que los niños y niñas le dicen. Si sienten que no son escuchados, harán lo que sea —inclusive cosas negativas— para llamar su atención y forzarlo a escuchar.

Bríndeles la oportunidad de expresar sus sentimientos. Decirle a un niño o niña que no puede jugar con el computador o ver TV, porque es hora de irse a la cama, puede ponerlos de mal humor. Es normal. Bríndeles espacio para que se den cuenta que sus sentimientos no pasaron desapercibidos para usted, pero, de todos modos, es hora de irse a la cama. Así, van a aprender que usted realmente está diciendo lo que quiere decir, pero puede entender cómo se sienten.

Ofrézcales mensajes claros. Haga peticiones simples, claras y que vayan al punto. Pida sólo una cosa a la vez. Hable calmadamente y con voz firme. Sea consecuente y consistente. Trate de no repetir lo mismo (cantaletear, volverse intensa o intenso).

Ofrézcales razones para sus decisiones. Por ejemplo: “Tienes cinco minutos para acabar tu juego y estar listo. Si no nos vamos en cinco minutos, vamos a comer muy tarde y no podrás descansar suficiente” Esto explica las consecuencias si el niño o niña no colabora.

Sea realista con sus expectativas. Es importante tener una idea general de qué se puede esperar de un niño o niña de acuerdo con su edad. Por ejemplo, no tiene sentido castigar a un bebé porque derrame comida en el piso o a un bebé de dos años porque se siente cansada y llora.

Haga lo que alaba. Sea usted mismo un buen ejemplo para sus hijos e hijas, y no sólo les diga las cosas buenas que deben hacer. Por ejemplo, si es inaceptable decir malas palabras, usted mismo no las diga.

Refuerce en los niños y niñas habilidades para la resolución de conflictos. Generalmente los niños y niñas tienen muy buenas ideas para resolver sus conflictos. Si, por ejemplo, el niño o niña quiere usar sus tenis que ya están viejos y feos, en vez de utilizar los zapatos nuevos, le puede decir algo como lo siguiente: «Yo no comparto esta idea. ¿Cómo resolvemos esto?»

Recuerde que su hijo o hija es también una persona. Él o ella tiene su personalidad única desde que nace. Los bebés se sienten felices cuando usted nota lo que les gusta y lo que no, su carácter y las cosas que saben hacer bien.

Pida excusas si dijo o hizo algo de lo que se arrepiente. Esto enseña a los niños y niñas a decir ¡lo siento! También les ayuda a entender cómo sus acciones pueden hacer sentir a los demás. Por ejemplo: «si continúas saltando en el sofá, me vas a hacer poner de mal humor. Si se daña, no tenemos dinero para comprar uno nuevo». Póngase en los zapatos de su hijo o hija. Tiene que ser extraño para ellos, que ayer, cuando derramaron el cereal en la mesa, no fue nada grave; y hoy, porque el papá está de mal humor, es motivo de una fuerte reprimenda.

No le dé demasiada atención a un comportamiento que le disgusta. Tampoco lo ignore.
Sea breve, preciso y calmado. Describa lo que no le gusta y pídale al niño o niña que lo haga bien, si es posible. Asegúrese de que el niño o niña tenga clara la noción de límites; así será más fácil que se mantenga dentro de ellos. No se acostumbre a los chantajes. Los niños y niñas no aprenden autodisciplina si usted los «chantajea» para que se comporten bien. Los chantajes desorientan a los niños y refuerzan el mal comportamiento. No use amenazas o gritos. Es mejor que los niños y niñas hagan lo que les pedimos porque entienden de lo que se les está hablando y no porque están asustados. No los ridiculice. No le diga a un niño o niña cuan malo, estúpido, perezoso o tonto es, o que no lo quiere o no le agrada. Criticar a un niño o niña, o quitarle el amor, puede ser muy nocivo y puede afectar su autoestima.

No los compare con otros. Cada niño y niña experimenta el mundo de una manera muy diferente a los otros, del mismo modo que los padres son diferentes los unos de los otros.

No los discipline sin explicarles. Dígales lo que han hecho mal y cómo pueden hacerlo diferente en el futuro. Pero trate de hacerlo cuando tanto usted como el niño estén calmados. Por ejemplo: «¿Sabes cuándo me molesté realmente contigo esta mañana? Si tú cruzas la calle sin tomar mi mano y sin mirar, puede ser muy peligroso. Tienes que esperar y tomar mi mano y luego mirar a los dos lados antes de cruzar».

No tenga miedo de negociar. Reconsidere, o incluso cambie, sus puntos de vista. ¿Por qué es tan importante que mi hija use los zapatos nuevos, si está más cómoda con los zapatos viejos? ¿Realmente importa para esta ocasión? ¿La puedo dejar decidir esta vez?

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