“Habla, habla que el niño no entiende”

El niño pequeño siente; esto es, se da cuenta afectivamente de muchísimas palabras, acciones y cosas. Y cuando rebasa los dos años, lo entiende casi todo. A los cinco ya posee comprensión y vocabulario suficientes para interpretar lo que dicen los adultos, en un tono de voz y con una expresión fácil que concuerdan con la situación que los niños están percibiendo.

Los niños también interpretan. ¿Los cree usted tan tontos como para que, cosa que no entiendan, la olvidan o la arrojan de la cabeza? No. Si les interesa, preguntan; y si no les convence la explicación, interpretan. Y a veces se dan cuenta de que deben darse por no enterados. Esto puede ocurrir antes de los tres años. Pero si el muchacho no tiene interés en el asunto, no ocurre a esa edad, ni después. Igual que le suele pasar a usted. Pero si lo que él oye lo juzga importante, no lo olvidará. Al revés: lo recordará y tratará de encontrarle la explicación.

En la regresión con hipnosis clínica, o la recordación biográfica de los pacientes de neurosis, se comprueba lo dicho. Recuerdo lo que me dijo uno hace años: “Mucho tiempo pasé, cuando era niño, tratando de explicarme por qué yo era hijo de un descuido, frase que le oí a mi madre varias veces. Me daba cuenta de que se trataba de algo secreto y malicioso, porque ella y quienes la oían se reían y ponían cara de pícaros. Sufrí y me asombré cuando lo supe”. Crianza: hablar que el niño no entiende

¡Qué error tan grande! El niño entiende; y si no entiende interpreta, y se afecta o traumatiza.

Se dicen muchas cosas impropias delante de los niños mayores y menores de 5 años. No cometa más ese error. Si su hijo oyera algo que “no debía oír”, indague con tacto si le interesó; y si le interesó, explíqueselo. Sí, con palabras adecuadas y de modo que entienda bien. No lo engañe. Si es inteligente y tiene más de 4 años no logrará engañarlo… si el asunto le interesa de veras. (Los niños no son bobos).

Madre que engaña al niño en un asunto importante, es una madre que se «desprestigia» si él la descubre, y es una madre que deteriora la naciente veracidad del niño. La idealización de la madre debe durar hasta los 9 ó 10 años de edad. Su “caída” prematura puede originar malas consecuencias.

Cuídese mucho más al hablar delante de sus hijos menores, y obligue cortésmente a sus visitas a cumplir este consejo.

No tema pasar por “conservadora” en este punto, puesto que si sigue las orientaciones de este libro, esto es, de la ciencia, en lo demás ya se habrá ganado usted fama de innovadora.

¡La mentira en los niños! Las madres simplifican demasiado el asunto y cometen injusticias y errores al por mayor en este punto. La verdad es una: el nene aprende a mentir. Por imitación (promesas incumplidas, por ejemplo) y forzado a disculparse de lo que no se explica (y está en lo cierto en muchas ocasiones). Resulta cómico y triste ver a las madres abiertas y furibundas mentirosas, pegarle y regañar a sus hijos porque… aprovechan las lecciones que reciben.

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