“Le tiene que tener miedo a algo”

“No me gusta (!) pegarle ni regañarlo fuerte… yo lo hago obedecer por el miedo…”. “El niño le debe tener miedo a algo”. Esto lo piensan algunas madres. Y las que no lo piensan, actúan: “A los niños desobedientes se los lleva el diablo”… “A los niños que se quedan en la calle hasta tarde les sale una bruja”… “Ahí viene el chucho y se lo va a llevar, por grosero”.

¡El miedo! El miedo es el compañero inseparable de la infancia y de la… neurosis. Al niño le “meten” miedo; lo coge solo y lo elabora por imitación usando su fantasía (de muy poca fuerza lógica).

Es propio del miedo, como emoción, el desorganizar y debilitar la mente; y, como sentimiento, el inhibir y crear timidez. Es el medio usual de controlar la conducta ajena: la adulta y la infantil. Pero es un medio dañino. Perjudica los nervios y engendra neurosis. Los niños no deberían sentir miedo.

Algunos adultos pueblan de miedos las cabezas de los pequeños. Y emplean para esto, distintas palabras y hasta acciones ingeniosas. El más corriente es el amedrentamiento verbal (“viene el coco”, “te coge el policía, o el enano, o el brujo”). En ocasiones le «objetiviza», y aparece de noche «el fantasma», para lo que (bromeando y en serio) usan, algunos adultos ignorantes, sábanas, calabazas y otros objetos «terroríficos». Y hasta han creado “la noche de las brujas”.

Crianza: Miedo en niñosMás lento y muy efectivo es el amedrentamiento por e1 “método” de los cuentos, en los que intervienen el impecable castigo de Dios o de algún poder horrible, el infierno y otros “recursos”…

La familia mal llevada facilita el “aprendizaje” del miedo. Parece que el niño presiente que su hogar y él están en peligro. También atemorizan las conversaciones referentes a aparecidos, espíritus que salen y muertos que resucitan. Y las buenas películas de terror. En síntesis: el miedo ronda al niño continuamente.

Los padres y el medio familiar casi siempre logran su propósito. Aquella linda criatura que nació con sus nervios equilibrados, al poco tiempo es un nervioso. Y sepa que no en todos los casos el miedo trae consigo la obediencia.

Pero a muchos pequeños los “prepara” para adoptar cualquier absurdo contra natura… Este funesto efecto —muerte de la resistencia biológica del niño ante el abuso— suele ir acompañado del acondicionamiento terrorífico a un objeto, situación o animal determinado: fobia a la rana, la lagartija, la araña, la oscuridad, la soledad…

La ciencia dice: “no le meta miedo al niño”. El adulto cómodo e ignorante usa el miedo para “rendir” la actividad, la energía del niño. La madre que amedrenta a su hijo no sabe lo que hace. Por supuesto, algunos hombres se libran de los miedos contraídos en la infancia: luchan y triunfan. Pero la mayoría queda en mayor o menor grado psíquicamente perjudicado… Y este peligro no lo puede correr tranquilo ningún padre amante y un poco responsable.

No le meta miedo a su hijo, no deje que nadie lo amedrente. Edúquelo por la vía de la clara razón no de la torpe emoción.

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