Naturaleza, ciencia, orden y psiquis factor psi y la conexión cuántica

“Cuán fácil es desordenar y cuán difi­cil es llegar a un orden, a la armonía o a la ‘eunomia’”.

XIII

Introducción

En este texto me voy a referir a los conceptos de la naturaleza, a la evolución del pensa­miento científico, a los sistemas consciente e inconsciente, al azar y al determinismo, a la físi­ca de partículas, al “factor psi” y a la “conexión cuántica”, a la teoría del orden, así como las imágenes armónicas y campos morfogenéticos. Antes de iniciar estos textos voy a presentar la etimología del término “naturaleza”.

Etimología

El término “naturaleza” viene de natural, del latín “naturalis”; este último término trae 22 acepciones en el diccionario de la Lengua Española edición 1992; en la primera, natural es un adjetivo que indica la pertenencia a la naturaleza o conforme a la cualidad o propiedad de las cosas. A su vez el término naturaleza viene de “natural” que significa la esencia y propiedad característica de cada ser; en el mismo diccionario aparecen 20 acepciones; en la séptima acepción es la calidad, orden y disposición de algo y en la octava es el instinto, propensión e inclinación de las cosas con que pretenden su conservación y aumento; la novena es la fuerza o actividad natural contrapuesta a la sobrenatural y milagrosa (nótese aquí que se une al con­cepto mágico y sobrenatural y milagroso). En la 14 acepción se refiere a la especie, género y clase; y, en la última 20, a la condición humana.

El termino naturaleza hace referencia a los fenómenos del mundo físico y también de la vida en general; los cuales pertenecen al universo y a los sistemas conocidos; aquí se debe ha­cer hincapié, en la naturaleza humana, a su totalidad con sus diferenciaciones desde el mundo subatómico (microcosmos) al macrocosmos galáctico.

A la vez, el mismo término naturaleza en el idioma germánico viene de la palabra “natu­ris” (curso de los animales o carácter natural). El término “natura es la traducción latina de la palabra griega ‘physis’” que hace referencia a la forma innata de los elementos vivientes que incluye el universo físico, más cuando en este se debe incluir lo psíquico que es derivado del primero como una función; he aquí el desarrollo del método científico moderno en que se in­cluye la naturaleza, los seres vivos como plantas, animales, humanos y organismos vivientes incluyendo en estos el tiempo, el espacio, su geología, los conceptos de materia y energía, el entorno natural. Por lo tanto, la naturaleza se refiere a todo lo que caracteriza a un ser viviente con sus cualidades, carencias y virtudes en el mundo terrenal y en el extraterrenal. Cuando nos referimos a éste último término lo hacemos con la concepción de la tierra en el sistema planetario solar que hace parte de la galaxia, vía láctea, y de todo el cosmos con su ecología, sus órdenes y desórdenes, sus ecosistemas y los principios de conservación y evolución.

La llamada “filosofía natural” o “cosmológica”, nació desde los tiempos de los presocráti­cos y continua su desarrollo en la edad antigua y luego le siguió la edad media para llegar a la moderna. Fue así como los filósofos griegos concibieron a la naturaleza como una sustancia permanente con cambios, todos ellos que partían de principios; por ejemplo, del agua, el aire, el fuego y la tierra; una excepción a toda esta concepción fue Anaximandro discípulo de Tales que explicó el origen de la naturaleza en lo que denominó “Apeirón” (lo indeterminado).

En la edad media se introdujo el pensamiento mágico al conocimiento científico con el intento de encontrar una distinción entre el conocimiento y la magia (lo no conocido o mis­terioso). Su interés en este pensamiento posiblemente fue por la curiosidad de descubrir el misterio de la naturaleza puesto que no se conoce en toda su extensión. Poco a poco se fueron reduciendo los conceptos mágicos para dar vía libre al proceso de conocimiento dejando atrás aquellas ideas como las del demonio, el mundo imperfecto, el desorden y basándose en el orden racional en la experiencia; sin embargo predominaba ese orden teológico más allá de la razón. Por lo tanto, “la naturaleza fue concebida como un organismo universal autosu­ficiente, un sistema unificado de fuerzas, omnipresente, animado por ‘un alma cósmica’ en la que la distinción entre lo vivo el espíritu y lo no vivo, la materia pierden significado”. Véase aquí la integración espíritu y materia; sin embargo, en el universo todo se mueve, está vivo a la vez que existen las fuerzas conocidas y ocultas (materia y energía oscuras), y todos los conceptos de los modelos cosmológicos que han aparecido en la edad moderna, después de sobrepasar los grandes avances que ocurrieron desde el Siglo XVI, en especial en el Siglo XIX y XX, hasta nuestros tiempos; es decir, el Renacimiento, los pensadores de la época de la ilustración, los humanistas, empiristas, las ciencias positivistas basadas en la experimentación y comprobación. Aquí es necesario hacer alusión a como si bien aparecían ideas filosóficas de la naturaleza y se iban heredando conceptos, mezclando unos con otros, al mismo tiempo se daban privilegios a algunos a través de la experimentación y otros por la especulación.

En resumen Aristóteles, Platón, Heráclito, Anaxímedes, Anaximandro, Demócrito, Pitá­goras de la época griega le siguieron Ptolomeo, Giordano Bruno, Leonardo Da Vinci, Para­celso, Copérnico, Galileo, Kepler, Newton, Descartes, Lavoisier, Lamarck, Darwin, Mendel y muchos otros, para llegar a Einstein, Heisenberg, Planck, Bohr, Bohm, Hawking, Penrose y tantos otros que siguen estudiando la naturaleza cosmológica.

De todos estos textos podemos concluir que la naturaleza o “physis” comprende la tota­lidad de los entes o cosas naturales o vivientes, y es el principio esencial que determina los diferentes estados o movimientos que pueden aparecer. Algunos han separado la filosofía de la naturaleza y a la filosofía de la ciencia pura, mientras que otros entienden que la naturaleza es un conjunto de elementos naturales o de la manifestación de los elementos vivos; de tal manera, la naturaleza sería un principio y causa de la actividad o inactividad de las cosas que no son por accidente sino determinadas por leyes cosmológicas del orden y desorden. Aquí nos enfrentamos a ¿cuál es el origen de ese principio natural que hace que se tenga naturaleza, por naturaleza y conforme a ella o lo que es y existe con sus diferentes leyes? Aquí arribamos a un punto con dos caminos: uno la explicación teológica de Dios y la otra la explicación científica basada en principio de causalidad, física (materia-energía), conocida y desconoci­da. Así llegamos a lo que se denomina concepción materialista y a la espiritual en donde todo proviene de un ente creador llamado Dios, (Hegel, 1979)

Leyes de la naturaleza

Desde los griegos se ha concebido que existan las leyes de la naturaleza que son los fenó­menos que se repiten con una consciencia de acuerdo a ciertas condiciones necesarias y así se conoce el principio de causalidad y se explican los mismos fenómenos. Este comporta­miento de los fenómenos naturales se agrupan en un concepto único al cual se le llama; “ley natural”, que algunos lo llevan a la ley proveniente del creador Dios. Aquí hay que distinguir entre ley natural y ley de la naturaleza. Actualmente en el Siglo XXI todavía existen los dos caminos divergentes para explicar el principio de causalidad: la ciencia o Dios. Desde el punto de vista científico la ley proviene, como ya se explicitó anteriormente de un compor­tamiento físico o psíquico que se repite y se puede probar su causa; en ese comportamiento existe un orden y desorden como consecuencia del incumplimiento de la misma constante; si del orden resulta una armonía dentro de una constante se produce la ley. Estas leyes físicas, matemáticas y cosmológicas son las que rigen el cosmos y no se requieren conceptos de organizaciones ocultas o mágicas.

Las leyes provenientes desde la antigüedad son ya expuestas en otra parte de esta obra y traídas nuevamente en forma sintética; la primera, es la ley de la acción de vibrar (vibración) o del eterno movimiento circular, (1) lo que implica que todo está en movimiento y vibra;

y, la “inercia” es solo un concepto abstracto, puesto que siempre está presente la materia-energía, la antimateria y la energía oscura, además del cambio de una posición espacial a otra (en los diferentes espacios, por ahora conceptualizados por el hombre).

Esta ley también la podemos denominar la ley del orden, que en ese ordenamiento produ­ce armonías físicas, psíquicas, biológicas, senso perceptivas de los sentidos; por ejemplo, los sonidos con sus notas y sus diferentes frecuencias de sonidos; y, en el mundo psíquico, las fantasías, las representaciones, los pensamientos, la palabra, el discurso, el concepto.

La segunda ley de la dualidad o polaridad en que se plantea en que todo es dual, tiene dos polos, los opuestos, semejantes, antagónicos, idénticos pero diferentes, en que “es y no esal mismo tiempo, y cuando existe hay dos tendencias (por ejemplo, el de los instintos, placer-displacer, amor-odio, vida-muerte, eros-tanatos) que hace parte de la dualidad y unidad de contrarios de Heráclito. Aquí se puede diferenciar tanto lo blanco como lo negro, el bien y el mal, el calor y el frío, la luz y la oscuridad, lo grande y pequeño, lo positivo y negativo, macho y hembra, consciente e inconsciente y así sucesivamente en todos los opuestos (2).

Los mismos estados mentales pueden oponerse de uno a otro, la oposición y la manía, el descontrol y control, la confusión y la claridad, la tensión y la distensión, la fusión y defusión, la atracción y rechazo, la comprensión e incomprensión y así continuamente.

La tercera ley llamada del mentalismo, muy discutía puesto que en ella se plantea que todo es mente; es el principio y fin de todo aquí se incluye todo el concepto de Dios, Dios-Mente. Aquí debemos entender que la mente es un proceso de la evolución que existe en el universo (3) para constituir o construir un orden; por eso es mejor hablar de la “ley del orden y cambio”, o del “principio y fin” que lleva a la transformación evolutiva. Es aquí en donde me aparto del pensamiento que se basa que todo proviene de la creencia en Dios o la Divini­dad. Entiéndase que el ser humano es fruto del proceso cosmológico y de sucesivos órdenes y cambios que dieron origen a posibilidades de obtener información y llegar, en ese proceso evolutivo, al origen del desarrollo neuropsíquico, del sistema nervioso central, periférico, autónomo y todos los otros sistemas que ponen en relación el mundo interno con el externo. A todo esto hay que hacer énfasis, en cómo y cuán fácil es reducir todo a leyes que explican

y justifican todo y con ello a la causa y efecto. “Es el proceso evolutivo sin necesidad de im­plicar todo en la idea de causa-efecto”, (De Francisco, 2012).

Ley de causa y efecto. En esta cuarta ley no hay casualidad, puesto que todos los acon­tecimientos y hechos tienen su principio de causalidad; y, todo es generado por la ecuación causa efecto; por ejemplo, un movimiento produce un efecto; es así como se llega también a comprender la evolución del hombre en el cosmos con su principio y fin, individual y colecti­vo, en todas sus organizaciones, y con ello en los diferentes ciclos vitales, en donde aparecen desórdenes, enfermedades, trastornos o desórdenes (psíquicis, sociales, económicos, geo-políticos, etc.). Aquí es interesante mencionar cómo algunos interpretan la vida y aún a los propios fenómenos naturales como su propio destino, interrelacionando el hecho o efecto con el hombre que goza o sufre dándole la categoría de merecimiento, negando así el mecanismo implícito de la propia naturaleza con sus propias necesidades, complementariedades, órdenes y desórdenes que participan en ella. Además, es necesario entender que el hombre no decide nacer y ser, sino es la propia naturaleza que obra para ubicar su origen en alguien cómo, cuándo, dónde y cuánto es el ser y su existencia; además es el “azar determinista” y su propio destino, lo que determina al ser humano; éste último es el efecto del instinto reproductivo de la especie; sólo después cuando se es que se puede decidir.

Algunas filosofías, como la oriental del hinduismo y budismo hacen referencia a los efec­tos del karma y el sendero del conocimiento, la destrucción, el trabajo y los determinantes en toda la evolución de cada ser humano, aceptando a la vez la reencarnación como una solución del hombre, (4).

La quinta ley es la de semejanza (5), analogía o correspondencia que se resume en la frase “como es arriba es abajo y viceversa” aceptando las analogías en los diferentes planos y fe­nómenos; y, a la vez apareciendo en el macro y microcosmos; por ejemplo, como es el átomo con su núcleo y sus partículas en órbita, es el universo. Entender la ley de correspondencia, equilibrio, semejanza y orden es tratar de buscar igualdades, así como existen la ley de los contrarios o polaridades; ésta sería lo contrario.

La sexta ley del ciclo o del ritmo. Conocemos cómo todo el cosmos se mueve con un ritmo en ciclos o periodos ascendentes o descendentes igual que un péndulo, de arriba abajo o de izquierda a derecha, de la vida y la muerte, de avance y retroceso, de expansión, contrac­ción y en medio la recuperación; es decir, es una oscilación; las mismas galaxias en expansión se mueven hacia el infinito y podríamos decir en una elipse; este concepto depende del ángulo con que se mida y observe el movimiento. Otro de los ejemplos en esta ley del ritmo está el de la tristeza y alegría, el dolor y el placer, el conocimiento y la ignorancia, la soledad y la compañía, el ser que no comparte, comparte y reparte. Aquí vale la pena entender que los puntos cambian de lugar y por lo tanto aquellos, los cuerpos en el espacio, cambian y no son los mismos; he ahí también el concepto de repetición dentro de los diferentes ámbitos.

La séptima ley o ley de atracción y retracción o rechazo y repulsión. Esta ley es se­mejante o igual a la ley de la polarización pues en ella hay generación entre uno y otro; es

decir, se degenera o se crea, y, la creación significa llegar a la cumbre para iniciar otro orden y transformación. En esta ley participa la unión y la desunión, el equilibrio y desequilibrio, para constituir, por ejemplo, en el hombre la conservación de la especie. Aquí también par­ticipa todo el estado del ánimo de cada cual, la simpatía, la antipatía, el amor y el odio, las relaciones padre-madre, masculino, femenino con sus dos elementos testosterona y estradiol. Esta ley ha tenido elaboraciones filosóficas sobre la creación y lo que representan todas las leyes de la naturaleza. Se concibe que quien no comprenda estas leyes no puede progresar conscientemente, más cuando éstas aparecen en forma inconsciente; otro aspecto a dilucidar aquí es que dentro de estas leyes aparece la ética y moral social, así como las propias (normas y leyes), en los diferentes planos cosmológicos que actualmente se están estudiando a través de la física y la química cuántica en el cosmos. “Es también un sistema de pensar aparecido en el Siglo XVI, como lo expreso en mi escrito sobre esos sistemas de razonar”, (De Francis­co, 2012).

En esta última ley aparece la resonancia de los seres humanos con la naturaleza en general con la propia y la que se establece en los vínculos en la relación Yo- No Yo. De aquí se des­prende el dicho común “tales personas tienen química o física”, o “tienen energías positivas o negativas malas” que producen rechazo, o tal persona “me produce gran atracción” por su humanidad, comprensión, ternura, tolerancia o bondad, o todo lo contrario, (6). Cada uno de los seres humanos tenemos nuestras afinidades o los opuestos en diferentes campos, por ejemplo, el espiritual, el mental, social, intelectual, estético, ético, ideológico, motivaciones, etc.; en todos participa las energías, las cuales pueden unificarse según el área central con que se enfoque el interés, las motivaciones o los sentimientos y la historia personal. He ahí la “resonancia o disonancia” entre las personas. Todo esto tiene que ver con las identificaciones en general y las proyectivas en especial con que se inician los vínculos primarios en los cuales participan las idealizaciones o el rechazo a las mismas, por el narcisismo de cada quien. Aquí podríamos preguntarnos ¿acaso todo este pensamiento no tiene una connotación estocástica o relativa al azar o a la habilidad de conjeturar hechos? La respuesta la podrá obtener cada cual de acuerdo a sus modelos mentales y los aprendidos y aceptados por el propio “self” (sí-mismo). Aquí podemos incluir las afinidades y sus opuestos, la simpatía y la antipatía y entre ellos dos la empatía, la semejanza y las grandes diferencias en el pensamiento, en el sentimiento y en las actitudes ante la vida.


1 Si bien en el capítulo anterior (XII) se hizo referencia a las leyes y fenómenos del orden aquí debemos recordar todas estas conceptualizaciones más cuando hacemos alusión a la vibración y al movimiento puesto que, de acuerdo con los cosmólogos y físicos matemáticos, todo se mueve en el universo (universo en ex­pansión y funciones de onda en las partículas elementales de los átomos [micro universo] en sus diferentes elipses y órbitas, “El azar determinista. El lazo del destino”, Sánchez Medina, G. 2011, cap. XI: Física de­terminismo y azar, pág.228-244), más aún, la misma física cuántica nos lleva al concepto de determinación y probabilidad de las partículas elementales que funcionan con los spin (movimientos ondulantes, twinstor (torcidos) y loops (saltos), y es así como operan; de ahí que Penrose en la teoría de la relatividad, modificó la estructura de la mecánica cuántica con los aportes de la ecuación de Schrödinger con la función de onda, puesto que los procesos de medida de la función de onda implica la introducción de la regla de “diferentes probabilidades a partir de módulos de coeficientes complejos para cada estado posible”. Para el mismo autor citado “la división arbitraria” de las reglas de probabilidades es inadmisible para una teoría que pretende dar una explicación convincente al mundo físico; de ahí que cuando pensamos que la función de onda colapsa, la causa principal se debe buscar en el cambio de la energía gravitatoria, lo cual produciría un tiempo de cohe­rencia cuántica del orden de H-E (H: constante de Planck y E: energía gravitaría implicada en el cambio de configuración del entorno). Lo que sí es de observar que existen procesos físicos no computables y cómo el cerebro puede hacer uso de esto, así como existe la relación directa entre la no computabilidad y la relación a nivel cuántico, esto es lo que se llama “coherencia cuántica” que también opera en el cerebro. Aquí vuelvo sobre la temática que todo esto funciona en los espacios microtubulares del citoesqueleto celular del cerebro produciendo las diferentes funciones mentales que más adelante se explicitará. Aquí solamente quiero hacer alusión a que cuando nos referimos a vibración o movimiento circular nos estamos refiriendo también a la operatividad de la función de onda a nivel cosmológico o universal, (ver capítulo XVIII: Interacción cerebro mente, pág. 565-568, del libro “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico” de Sánchez Medina, 2011
2 “Este punto es muy importante de aclarar porque se relaciona con lo que estudia la ciencia en el universo, o lo que trasciende a lo materia y está a cargo de la religión”, (De Francisco, 2012)
3 “Entiéndase lo mental como un proceso avanzado de la evolución, sin darle un carácter espiritual sino ex­clusivamente material; la mente puede estar hasta ahí solamente y más allá se encuentra el plano espiritual para las religiones; es decir, si lo entiendo bien, la vida del hombre se interpreta como ‘su propio destino’. No admitirían esos pensadores lo teleológico como fin del hombre (expreso esto como inquietud mía; no estoy tratando de favorecer una idea religiosa teleológica de cualquier religión)”, (De Francisco, 2012).
4“Expresan ellos lo que consideran una relación causa-efecto, precisamente”, (De Francisco, 2012).
5 “Más que ley, la ‘semejanza’ fue un modo de pensar vigente en el siglo XVI, como lo señala en mi artícu­lo”, (De Francisco, 2012).
6 Las energías positivas o negativas las podemos entender como aquellas producidas por las organizaciones de las partículas de la física cuántica que pueden incluir para aceptar, atraer en forma más ordenada lo que está perturbado o desordenado y así actuar positivamente; aquí se incluyen todos los campos electromagné­ticos y las interconexiones a diferentes niveles físico-químicos que operan en el sujeto en la relación con el otro sujeto, que a la vez comprenden las comunicaciones, informáticas en los campos consciente e incons­ciente de cada cual.

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