El Animismo

(12)Si bien en los textos anteriores aparece el desarrollo del pensamiento freudiano con res­pecto a la obra “Tótem y Tabú”, reflexionando sobre el tema específico del animismo, haré una integración sintética de este pensamiento que es básico en esta obra para entender las di­ferentes vicisitudes con que el ser humano se encuentra en su pensamiento racional e irracio­nal, mágico y omnipotente. En este resumen se van a encontrar ideas o conceptos repetidos, pero con una ordenación distinta a la presentada por Freud.

Para Freud el “animismo” es la teoría de la representación del alma en el sentido amplio de los seres espirituales en general (ibídem); en su obra distingue los términos de “animismo, animalismo” (doctrina de la vivificación de la naturaleza), “animalismo y manismo(sistema filosófico determinado).

El animismo o animación que construye el sujeto a los objetos externos; es decir, les da ánimo, vida, o podría decirse proyecta el ánimus (vida) en la cosa externa; esto pertenece a una necesidad y es una creencia primitiva la cual supone cómo las “personas contienen almas que pueden abandonar… y transmigrar a otros hombres. Estas almas constituyen la fuente de actividades espirituales y son… independientes de los cuerpos… semejante a los individuos que después de una larga evolución son despojadas de todo elemento natural, adquirir un alto

grado de espiritualización”. ¿Cómo llegaron los hombres… (dualistas) al sistema animis­ta? La respuesta la construye Freud con el fenómeno del re­poso en el sueño de la muer­te. Agrega Freud el punto de partida a esta teoría debió ser principalmente el problema de la muerte. La persistencia de la vida, o sea la inmortalidad era para el primitivo, lo natural y lógico. La representación de la muerte es muy posterior. Para Wunt existe un “producto psi­cológico necesario de la cons­ciencia creadora de los mitos y el animismo primitivo debe ser considerado como la expre­sión espiritual del estado na­tural de la humanidad”. Hume en la obra “Natural History” encuentra una justificación de la animación de lo inanimado como una tendencia universal en que se transfiere las cuali­dades de cada objeto, de las cuales se es familiar y que es íntimamente consciente (Tylor, 1903), (13).

El animismoFigura 16. El animismo. La imagen que aparece a todo color es sucep­tible de darle diferentes interpretaciones algunos pueden imaginar que son rocas igneas emergidas del agua, otras pueden ser figuras humanas o animal; cada uno podrá proyectar sus fantasías de acuerdo al mundo interno (como ocurre en la prueba del Rorschach) y darle cierta magia a las representaciones, mas cuando aparece el sensible arco iris como un contraste a la rigidez rocosa. Fuente: Fotografia de Belén Cantoni.

Por lo expresado anterior­mente, para S. Freud el “ani­mismo” es un sistema intelec­tual con tres concepciones: el animismo mitológico, el ani­religioso y el científico. De una u otra forma es una teoría psicológica que actualmente se relaciona con la superstición. Sin embargo, en todas las religiones surge este pensamiento animista mágico y es una forma de control y dominio del hombre sobre las cosas y la muerte. Así mismo, también la hechicería y la magia se conectan como artes que incluyen sobre los espíritus apaciguándolos, atrayéndolos, intimidándolos, despojándolos de su poder o some­tiéndolos a la voluntad, por medio de procedimientos probados en las relaciones humanas.

Esto también se observa en los fenómenos naturales para protegerse de los peligros y enemigos. En las pinturas rupestres de Lascaux y Altamira y las encontradas en el sur de Libia se encuentran los animales totémicos, los sacrificios, el control, los procedimientos mágicos para defenderse del poder de la naturaleza y de los dioses provenientes de ella. Es la utilidad de la magia (14).

Con respecto al animismo mágico y la omnipotencia de los pensamientos y las ideas de S. Freud los cuales postulan cómo los hombres estuvieron inspirados, para crear su primer sistema del universo, por la curiosidad con una necesidad práctica de controlar el mundo circundante. Fue así como apareció la brujería, como un arte de influenciar los espíritus y tratar a los hombres aplacándolos, enmendándolos, intimidándolos, robándoles su poder, sometiéndolos a los deseos del brujo.

El animismo también se puede observar como una defensa y necesidad para reducir los peligros al ataque de la integridad y constancia del ser (sujeto), el cual ve amenazada su esen­cia de su existencia, por no encontrar explicación e interpretación de los actos externos. Al dar vida, al animar el objeto encuentra una aclaración que justifica el hecho y así se demues­tra y entiende. Lo que el ser humano no acepta es no entender y se revela ante ese aspecto negativo. El sujeto, o mejor el ser humano por eso se refugia y defiende con el animismo. El animismo es factible de estudiarlo desde la perspectiva psicoanalítica asociándolo a la vez a los conceptos filosóficos del ser, la esencia y existencia, a los de espíritu y alma, a la fe y la creencia, al poder del conocimiento mezclados con las necesidades de poder omnipotente, de igualdad y al concepto de identificación proyectiva. En síntesis, si al objeto se le da vida no está muerto; es la muerte la que amenaza.

Brujería, hechicería y magia se interrelaciona y combinan con los rituales y éstos se convierten también en mitos y creencias. Entre tantas creencias se encuentra todo lo que apa­rece en el imaginarium del ser humano.

Para Freud, la magia es algo diferente al animismo, pues la primera hace atracción de los espíritus y no se vale de métodos psicológicos corrientes sino de procedimientos especiales; sin embargo, en el animismo existen también procedimientos mágicos; por ejemplo, “ejercer presión sobre él por el conocimiento de su nombre es un acto mágico” (Op. cit. Freud, 1913, p. 461), (15).

A la vez la magia tiene como fin someter a ciertos fenómenos naturales a la voluntad del hombre, protegerlo de los enemigos y del peligro por actos hostiles. En la acción mágica se toma por error una relación ideal por una relación real. En todas las religiones se observan con frecuencia el fenómeno de la magia. Frazer trae como la prohibición bíblica de reproducir las imágenes de los seres vivientes no fue dictada por un prejuicio contra las artes plásticas, sino con el fin de desviar a los hombres de la magia, de la cual abominaba la religión hebrea. “Igual ocurrió con las confesiones cristianas de oriente que condujeron a los iconoclastas de los siglos V, VI y VII que a la postre permitieron el sisma de la Iglesia de Oriente”, (De Francisco, 2012).

Las prácticas mágicas destinadas a provocar la lluvia o a interrumpir las tormentas en di­ferentes formas, por ejemplo, provocar la lluvia vertiendo agua a través de un cedazo, poner velas; producir gritos mirando a la posible tormenta. Todos estos hechos y otros más pueden correlacionarse con los actos mágicos a la analogía entre el acto realizado y el fenómeno que se desea (la analogía semejanza es la tendencia a la igualdad vs la diferencia o la contradic­ción y es independiente, está en el afuera el no Yo). La fusión entre objetos o hechos distintos produce la analogía entre uno y otro hecho o acto.

Existen magias contagiosas imitativas, sustitutivas, controladoras; las hay constituidas por “razones que impulsan al hombre primitivo a reemplazar leyes naturales por leyes psico­lógicas”, (16). De un u otra manera se pueden dar explicaciones satisfactorias o insatisfacto­rias al fenómeno de la magia y a los impulsos que la motivan los cuales, como ya se enumeró en otra parte, pertenecen a necesidades, impulsos y deseos primitivos. Los niños tienen sus juegos mágicos y pasan por esa etapa. Téngase en cuenta que como la fase animista y mágica del pensamiento es un común denominador del ser humano y cuando comienza a surgir la duda esta se enlaza con la tendencia a la represión más no deja la creencia y la fe. Nada sirve invocar a los espíritus sino se tiene fe y… la fuerza mágica de la oración permanece eficaz sino es dictada por una piedad verdadera”. Shakespeare en el Rey Claudio en Hamlet III, 4 citado por S. Freud, (Op. cit. Freud, 1913, p. 465).

La posibilidad de una magia contagiosa basada en la asociación por continuidad-escri­be S. Freud- nos muestra que la valoración psíquico del deseo y de la voluntad se ha exten­dido a todos los actos psíquicos subordinados a esta última” (Ibídem). Aún más los hechos alejados en el espacio y en el tiempo pueden aparecer en el mundo mágico; por ejemplo, con la supuesta telepatía. De una u otra manera, aquí debe también recordarse cómo la seme­janza y la contigüidad encuentran una síntesis en una unidad superior o en un contacto de asociaciones para designar una situación. Resumiendo, escribe Freud- “podemos decir que el principio que rige la magia, o sea la técnica del pensamiento animista, es el de la ´omni­potencia de las ideas” (Op. cit. Freud, 1913) que en ocasiones por lo que yo llamo el “azar determinista” coinciden y aparecen; por ejemplo, el pensar en una persona para encontrarla en el acto o estar desprevenido para encontrar un objeto refundido.

De una u otra manera, participa la intuición, la imaginación, la fantasía consciente e inconsciente, las pulsiones, las intenciones inconscientes, la omnipotencia de las ideas, y hasta cierto punto la libertad de las mismas. Recuérdese aquí también, que el pensamiento mágico omnipotente aparece en las neurosis obsesivas-compulsivas en estados confusionales, paranoides, en el pensamiento primitivo. Resumiendo el animismo equivale o corresponde a un estado narcisista, el religioso corresponde a la fijación de la libido a los padres, y el pen­samiento científico a la renuncia del principio del placer o la búsqueda del objeto real, (17). El arte y la creatividad tiene ciertas connotaciones de relación con la omnipotencia de las ideas más no es el origen de aquél y sí aparece el juego y la reparación pero con base a un potencial creativo con armonía y pleno de encontrar un nuevo objeto.

El lector podrá aquí recordar cómo al amor se le ha dado la connotación mágica y miste­riosa porque en el fondo tiene algo misterioso y también hasta cierto punto prohibido por la posibilidad de la presencia del Edipo. Lo prohibido siempre se conecta con lo excluído (un tercero que se excluye en la escena primaria, relación sexual de los padres) lo que equivale a que existe uno privilegiado con derecho a la posesión, lo cual significa omnipotencia (Dios padre) que controla, ordena la vida, tiene poder (fuerza) para todo y sobretodos, da y quita poder; además tiene la palabra y la libertad de las ideas pueden ser el centro del narcisismo superior, autoriza, hace la ley, es el poder del cielo y la tierra, poder de la vida, la muerte, el bien y el mal.

Es así como la magia sería algo diferente que también supuestamente repara los espíritus con procedimientos especiales y con métodos psicológicos cotidianos. La magia supuesta­mente serviría para someter no solamente a los fenómenos naturales a la voluntad del hombre, sino a proteger a los individuos de los peligros y enemigos y, les daría poder para injuriar. Uno de los procedimientos mágicos más ampliamente difundido es reproducir la efigie con algún material convincente; y, otro procedimiento es el cual un enemigo puede ser herido, si es tomando de su cuerpo (pelo, uñas, pedazo de ropa), como un fetiche. El mismo animismo del pensamiento sería otra manifestación de omnipotencia. Este principio lo elabora Freud como un sistema totémico el cual se relaciona con la comida totémica del padre Dios, el sacrificio animal, la forma humana de sacrificio y en el cristianismo con la eucaristía. Es así también para Freud, cómo la eliminación del padre primario por sus hijos sería inevitable con el fin de solucionar el complejo de Edipo a través de un ritual, que conlleva lo mágico.

Es en “El porvenir de una ilusión”, (Freud, 1927) cómo S. Freud postula que la civili­zación se basa en una posibilidad de renunciar a los deseos instintivos y así ubica el origen y valor de las ideas religiosas como ilusiones. De tal forma la relación entre civilización y religión, sería un sustituto de la racionalidad pudiéndose establecer la relación entre religión y ciencia. El mismo autor S. Freud, en “El malestar en la cultura” (Freud, 1929), trae el an­tagonismo entre las exigencias instintivas y las restricciones culturales con los impulsos no solamente eróticos, sino los agresivos; es decir, “más allá del principio del placer estaría el impulso destructor”. En ésta obra, S. Freud vuelve sobre la necesidad humana de creer en una religión por el sentimiento del desamparo, además de la búsqueda de la felicidad o ausencia del dolor, mediante el desplazamiento y sustitución con sustancias que producen ilusiones satisfactorias, otras realidades y un goce de la belleza. El conflicto del hombre con la civili­zación estaría entre la libertad y la igualdad y entre eros y el “ananque” (tánatos), o entre la sexualidad y la agresión. De una u otra manera, nos encontramos con que el hombre busca la felicidad a través no solamente de la fantasía y las ilusiones o sustancias químicas externas, sino con el pensamiento mágico.

En la antigua Babilonia como en Egipto aparecieron los interpretadores de sueños y los magos (recuérdese la visita de los tres reyes mayos con regalos, ofrendas a Jesús rey anun­ciado); lo mismo ocurrió en Roma y Grecia y en todo el mundo occidental y oriental de la antigüedad, configurándose la magia y hechicería, a la vez que ritos, conjuros, hechizos con creencias que fueron construyéndose con la fantasía del brujo o del mago para predecir o adivinar el futuro, conocer el mundo invisible de los espíritus y tener poder y desempeñar de papel preponderante en la comunidad. De ahí también surgieron los sabios, los curanderos, los magos y hechiceros, los sacerdotes, los reyes, faraones y los dioses con poderes naturales y sobrenaturales; todos miraron y observaron el cielo, así fue surgiendo el estudio de los as­tros. El tiempo fue pasando y se fue heredando todas estas creencias las cuales se relacionaron con la bóveda celeste y surgió la alquimia, la astrología en el medio oriente y en Europa me­dieval, a la vez que con el ser abominable demoniaco con el cual se harían “pactos secretos” que aparece en el Antiguo Testamento y a su vez los grandes profetas que podían adivinar o predecir el futuro, sin tener relación con el demonio, (18).

Un aspecto a considerar es cómo no solo han contribuido los mitos sino los ritos para satisfacer y actuar simbólicamente repitiendo las fantasías inconscientes; por ejemplo, en los sacrificios de animales, humanos, las ofrendas de flores y frutos, la consumación de objetos con el fuego y la producción de estos en forma artificial, los ruegos, rezos, promesas y otros actos en donde el ser humano sufre con silencio, penitencias (ir al sitio venerado de rodillas o con la cruz a cuestas, etc.). Es participar el ver la manera de cómo el ser humano es atrapado por el ritual y existe tal identificación que es parte de él. De ahí también, la participación de los ideales e identificaciones compartidas, más cuando la mayoría lo cree y se hace una ‘verdad’ (obviamente supuesta), no solo a nivel de creencias sino de conducta acostumbrada y adaptada a la sociedad y al imaginario colectivo, pues existe un condicionamiento sociocul­tural, más cuando se anida en el sujeto, el miedo a la castración o a la muerte.

Si bien esto ocurre, al mismo tiempo existe la tendencia curiosa a descubrir o descifrar la verdad y así conocer el misterio y/o el secreto más cuando ellos carcomen la transparencia de la verdad real conocida; más aún lo confiable depende de la propia verdad que al conocerla se controla, se maneja y no lo contrario, es decir, que lo desconocido (secreto, misterio) ma­neja al ser. He aquí también la confianza, seguridad cuando se conoce, y al hacerlo se puede responder con realidad en el exterior.

Es necesario tener en cuenta cómo no todo tiene respuestas asertivas, exactas, más cuan­do hay múltiples incógnitas más consciencias dormidas. Lo importante es ver el mundo de la realidad de acuerdo con las necesidades, deseos y valores predominantes en la vida cotidiana con el parámetro del orden; esto ya se mencionó merece hacer hincapié en ello, porque es oportuno penetrar en el pensamiento científico y observar cómo se elaboran otros nuevos conceptos que son factibles de interrelacionar, más sin destruir otros y tampoco descartar la participación de la relación de un hecho con otro, el cual puede aparecer contradictorio y complejo.

Mitos, ritos y dioses construyeron toda una historia y una creencia y religión para cohe­sionar al ser humano en sus temores a los fenómenos adversos externos y en especial a los eventos que aparecen cada día deseando poder controlar, en especial la vida y la fortuna.

La mitología egipcia (2500 a 4500 a.C.) trae una serie de hechos lo mismo que la sume­rio-babilónica con el mito del diluvio universal (12.900 a 6.000 a.C.) (Mito de Gilgamesh). La mitología asirio caldea, la persa, la hindú, la china, así como la celta, africana y americana todas ellas traen una serie de correlaciones en donde siempre está presente el mito, el mago, la adivinación, la necesidad de conocer el futuro y cierto determinismo, y, a la vez, la incer­tidumbre del azar o la casualidad de los hechos, los cuales cuando no se aceptan se les ubica el origen en o a la divinidad o a poderes sobrenaturales o lo que el hombre ha denominado Dios. (19).

Volviendo a la época medieval, en ella apareció el hermetismo que influyó en el pensa­miento del renacimiento, manteniendo antiguas creencias y así el manejo de las leyes espiri­tuales del universo. En 1463 (30 años aproximadamente antes del descubrimiento de Amé­rica) Cosme de Medici encargó la traducción de la obra de Hermes Trimegisto, la cual se suponía estaba escrito en el Antiguo Egipto en los primeros siglos de la era cristiana, y, piedra angular del movimiento hermético agnóstico. De todas formas nos encontramos con la obra del antropólogo británico James Georges Frazer: “La rama dorada”, (Frazer, 2006) que re­úne todo este entendimiento de todos estos sistemas de creencia, con ejemplos de sociedades exóticas en donde aparece el pensamiento mágico, así como la magia imitativa y la conta­minante; la primera relacionada con lo semejante que produce lo análogo y la segunda la que está en contacto pero que se unen por un lazo presente en la cultura, (20).


12 Freud, S., (1913). “Animismo, magia y omnipotencia de las ideas”, OC. Vol II, No. 3, pag. 419-472, Ed. Biblioteca Nueva 1948.

13 “El animismo considera que muchos elementos de la naturaleza están animados en sí mismos. El espíritu de un río, un bosque, una laguna, etc.”, (De Francisco, 2012).

14 Todo esto puede estudiarse muy bien en la obra citada de S. Freud “Totem y Tabú” (1913) en la cual aparece el horror al incesto, el tabú y la ambivalencia de los sentimientos, el animismo, la magia y omnipotencia de las ideas, el retorno infantil al totemismo, (O.C. Biblioteca Nueva [1948], Vol. II, pág. 419-507), (GSM).

15 “La práctica de la magia puede surgir en un determinado “espíritu”; animismo es simplemente lo rela­cionado con todo aquello no humano que está animado… y a lo cual se adora. El animismo es una proto religión que aparece casi simultáneamente con el desarrollo del proto-lenguaje (palabras aisladas) que sig­nificaban algo y que luego fueron adquiriendo mayor complejidad al desarrollarse el lenguaje con nombres y predicados. La religión es tan antigua como el lenguaje, que a su vez señala el momento en que el Homo sapiens sapiens se establece como tal, con autoconciencia (proceso de la humanización) del Homo sapiens sapiens que no alcanzó a tener el Homo sapiens de Neanderthal”, (De Francisco, 2012).

16 “La magia por contacto y la magia por analogía (la imitativa) fueron de alguna manera la base de las formas de razonar y pensar del Siglo XVI a comienzos del Renacimiento, formas de pensar que aún subsis­ten”, (De Francisco, 2012).

17 “Para mi modo de entender, el animismo tiende a ‘elevar’ el nivel de los fenómenos físicos dándoles con­notaciones sobrenaturales, el trueno como un poder superior, por ejemplo”, (De Francisco, 2012).

18 “Las brujas o hechiceras siempre tienen connotación negativa, relacionada con lo demoniaco, es el mal que lucha contra el bien en los cuentos infantiles, representado por las Hadas”, (De Francisco, 2012).

19 Ver obra: “Ciencia, mitos y dioses”, (Sánchez Medina, 2004), y “El azar determinista. El lazo del destino”, (Sánchez Medina, G. 2011).

20 “Algo más del pensamiento en la magia negra es del que surgió la creencia en la existencia de los brujos y brujas. Me parece que a la brujería, concebida desde el punto de vista antropológico se le debe dar una consideración especial teniendo en cuenta su impacto nefasto en la sociedad, desde el Levítico hasta el libro de Kramer y Sprender y sus derivados. La última ‘bruja’ se condenó en el Siglo XIX y entre nosotros todavía se las persigue”, (De Francisco, 2012).

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