Ideas de vida y muerte en Culturas Orientales, 3 Parte

Los arios reemplazaron en forma gradual a la civilización dravídica como cultura dominante del subcontinente indostánico. Trajeron consigo el sánscrito, del cual derivan muchos de los catorce idiomas actuales y de los innumerables dialectos de la India.

Parecen haber sido influidos por la masculinidad dominante de la antigua religión especialmente por ser ésta abiertamente politeísta, y también por el carácter agresivamente sexual de algunos de sus dioses masculinos.

Las antiguas prácticas religiosas se centraban al rededor de un sacrificio ritual en el cual el significado simbólico del fuego era manifiesto; con el tiempo, la sencilla ofrenda ardiente se convirtió en una serie prescrita de reglas rituales bajo la supervisión de un grupo de sacerdotes que llegó a constituirse luego en la casta superior de los Brahmines.

Los sacrificios rituales

En especial el del caballo, se tornaron elaborados y costosos, al igual que las ceremonias funerarias que implicaban la quema en piras de grandes cantidades de maderas, a veces preciosas como el sándalo, lo que ha contribuido en forma importante al daño ecológico resultante de la deforestación del territorio.

Se creía que el sacrificio ritual era altamente efectivo para obtener la prosperidad espiritual y material de los sacrificantes. El ritual tenía un elemento de magia para lograr la manipulación externa de las fuerzas de la naturaleza mediante una acción y un discurso simbólicos.

Las palabras del sacerdote eran expresiones de poder, y pronunciadas adecuadamente, lograban alterar la forma y la secuencia real de los hechos.

Esta creencia es en realidad el origen de la palabra más cargada de significados del idioma hindú:

Brahman, que en un comienzo significaba “pronunciación sagrada”, es decir, recitación de las palabras del ritual. Con el tiempo, sólo algunos sacerdotes podían pronunciar las palabras empleadas en los sacrificios que seguían una linea exacta en su ejecución.

Cualquier olvido o cambio en las palabras, y cualquier gesto equivocado en el ritual, podían acarrear severos castigos. Lo común de los sacrificios era que un Brahman supervisor observara el proceso sin participar en él, permaneciendo en absoluto silencio.

Lo que importaba no eran sus gestos sino su sabiduría. Con el tiempo lo que verdaderamente llegó a importar fue la sabiduría y no las acciones de los ejecutantes y celebrantes.

Esto significaba que si el poder del ritual, como se pensaba, se origina en el conocimiento o sabiduría del sacerdote, entonces la sabiduría o el conocimiento del sacerdote constituyen la realidad. En ese contexto, el término Brahman adquiere otro significado: no es solamente la pronunciación sagrada o la persona que habla sino lo que dice.

El sacrificio evolucionó

Por una parte, en dirección al poder mágico y por otra, hacia una visión exaltada de la Naturaleza y el Conocimiento, tendencias éstas que se encuentran presentes en las más antiguas y autorizadas escrituras, los Vedas.

Los Vedas sobreviven en cuatro colecciones escritas en sánscrito antiguo. Algunos son himnos religiosos de alabanza; otros, fórmulas de encantamiento y hechizos destinados a influir en las acciones de los dioses.

Ocasionalmente aparece en ellos la mención abstracta del Uno, la realidad suprema, escrito en el género neutro. Pero le dan también diversos nombres, como el de Varuna, guardián del orden del universo y monarca del cosmos, que se representa suspendido en el aire y utilizando el sol para ejercer su poder en la tierra, el cielo y el espacio que los separa.

Se le denomina también Indra, dios de las tormentas, cuyo instrumento es el rayo que siempre lleva en su mano derecha.

Se le llama Agni

Dios del fuego del temprano panteón hindú, que recibe las ofrendas de grasa licuada con sus siete lenguas, cada una de las cuales tiene un nombre especial, y que al igual que el Prometeo de los griegos, es el mediador entre Dios y los hombres; y finalmente Soma, que en su origen es el líquido lechoso fermentado de una planta, la Amrita o Ambrosía, posteriormente deificada como la divinidad que cura las enfermedades y confiere riquezas a sus adoradores.

En el fondo, la multiplicidad de dioses del panteón hindú, que suma varios millones, representa las diversas fuerzas y poderes de la divinidad que en la realidad es solamente el Uno.

En un pasaje célebre del Rig Veda se lee lo siguiente: “Lo no existente no existía, lo existente existía entonces.

No existía el espacio atmosférico, tampoco el vacío más allá. Que iría a ocurrir, en dónde y bajo el control de quién? Existía el agua? Un profundo abismo? Ni muerte ni inmortalidad existían entonces; no había distinción entre día y noche. El Uno alentaba sin alentar por poder interno, esto era así y no existía nada más”. Los antiguos sacerdotes védicos se proyectaban hacia esa región más allá del ser y del no ser.

Existen analogías evidentes con el primer capítulo del Génesis bíblico, y con las actuales teorías de la ciencia moderna, según las cuales antes de la Gran Explosión, o Big Bang, no existía el espacio, y tampoco podía existir el tiempo; sólo la potencia del devenir.

Agrega el himno védico:

“Entonces en el principio surgió el impulso creador del deseo que fue la primera semilla del pensamiento. Quién lo sabe verdaderamente? Cuándo cobró ser esta creación? Aquel que todo lo mira desde lo más alto del cielo, él lo sabe o acaso tal vez no”.

He aquí una de las primeras manifestaciones de la duda y la ambivalencia, de la afirmación y negación del conocimiento del mundo y de la vida, tan característica del pensamiento del hinduismo, que motivó hondas especulaciones a filósofos occidentales que se ocuparon del tema, como Arturo Schopenhauer y Albert Schweitzer.

La filosofía védica, al decir del profesor James Carse, carece todavía de una reflexión sistemática; es una filosofía de discernimiento e intuiciones más que de especulación. Sus ideas poseen su propio poder; en vez de conducir las mentes al pensamiento, poseen ellas directamente al pensador.

Pero en realidad, el espíritu predominante en la literatura védica es una robusta y vigorosa afirmación de la vida, sin lugar a duda parte de la herencia cultural de los invasores arios.

La actitud védica

Respecto a la muerte es ya muy clara desde el comienzo: El anciano hindú no teme a la muerte misma sino a lo que se llama la “segunda muerte”, o “remuerte”, un destino al que están sujetos aquellos que ya murieron pero cuyas vidas carecieron de valor y que están condenados a volver a vivir, y a volver a morir.

Se detecta ahí una antigua forma de la infinita rueda de la muerte y el nacimiento, asociada a la bien conocida doctrina hindú de la transmigración que surge del corazón mismo del hinduismo clásico.

La literatura en la que el hinduismo adopta su formulación más concreta, está agrupada bajo el título de “Los Upanishads”, colecciones de escritos que se terminaron de compilar hace apenas 500 años. Se trata de reflexiones de los sabios.

Hay muy poco de carácter sacerdotal en ellos ya que los Rishis, u hombre santos, se muestran en general indiferentes al ritual religioso; son sin embargo una clara extensión del conocimiento brahmánico, y parten del vibrante politeísmo de la herencia aria hacia un panteísmo abstracto, reemplazando el antiguo interés en la manifestación mágica y ritual por una intensa y con frecuencia ponderada interiorización.

El ánimo afirmativo de la vida en la tradición védica da paso en los Upanishads a una preocupación respecto a su brevedad y oscuridad.
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