Ideas de vida y muerte en Culturas Orientales, 2 Parte

Harry Jerison, neurólogo de la Universidad de California, piensa que los cerebros, a través de la historia evolutiva. Han sido conformados para construir un mundo interior apropiado para la vida habitual y corriente de la especie.

En los anfibios, la visión es el elemento principal de su mundo; para los reptiles, un agudo sentido del olfato. En los primates iniciales. El oído fue una elemento de importancia y en los primates posteriores, una mezcla de impulsos sensoriales creó un modelo mental completo de la realidad externa.

Los humanos añadieron como componente ulterior el lenguaje, o más precisamente, el pensamiento reflexivo y la fantasía. Así equipada. La mente creó un modelo interno del mundo que le permitía representarse los retos prácticos complejos, y afrontarlos en consecuencia.

La reflexión interna, y no la comunicación exterior. Fue la facilidad moldeable sobre la que trabajó la selección natural. El lenguaje fue su medio y al mismo tiempo un elemento eficaz para la comunicación de unos con otros.

El lenguaje y la conciencia introspectiva o reflexiva están ligados de una manera íntima, ciertamente en la forma en que muchos de nosotros la experimentamos. En la postulación de Jerison, el lenguaje y la conciencia. Parecen haber evolucionado como instrumentos para crear mejores modelos de la mente.

La mayor parte de los organismos vivos afrontan los retos del diario vivir de una manera limitada y repetitiva:

Buscar el alimento, evitar a los predadores, localizar sus compañeras. Pero para los primates avanzados. La vida es significativamente más complicada, ya que se introducen elementos impredecibles que no tienen la mayor parte de los seres vivos.

Como en el ajedrez, la interacción social es típicamente una transacción entre dos participantes. En la cual cada jugador está listo para cambiar sus tácticas y tal vez sus objetivos en la medida en que se desarrolla el juego. Lo que implica que el jugador debe ser capaz de ir desarrollando una planeación hacia adelante.

Un sistema de tal naturaleza se fue estableciendo en los primates superiores, en los cuales, niveles primitivos de conciencia, presentes con la emergencia del lenguaje. Formaron parte del proceso evolutivo de crecimiento de la conciencia con el objetivo último de alcanzar la exquisita claridad de la introspección humana.

La creación de los mitos aparece como una marca que señala y distingue a la mente humana moderna. Central en ella está la mitología de la creación, es decir, una explicación de cómo y por qué los seres llegaron a tener existencia.

Para Eduard Wilson, biólogo de Harvard, la predisposición a la creencia religiosa es la fuerza más compleja y poderosa de la mente humana, y con toda probabilidad una parte imposible de erradicar del comportamiento del Hombre.

Es uno de los llamados “Universales del comportamiento social”, cuya forma puede reconocerse en todas las sociedades. Desde los cazadores-recolectores hasta los estados capitalistas y socialistas de nuestro tiempo.

Cómo pudo esta fuerza surgir de la fuente de la conciencia? Cuando los seres humanos fueron conscientes de sí mismos como individuos dotados de sentimientos y motivaciones, no solamente atribuyeron sentimientos similares a otros seres de la misma especie sino también a toda suerte de especies zoológicas, a elementos del reino vegetal y a objetos inanimados del mundo.

Sus sentimientos se magnificaron y proyectaron a las fuerzas de la naturaleza, y la admiración o el miedo las dotó de características especiales, benéficas o malignas según las circunstancias.

Y tal como la conducta de otros individuos podía ser entendida y a veces manipulada. Nació la noción de que el resto del mundo podía ser también entendido y a veces manipulado. Quizás ahí se encuentran los orígenes primigenios de la ciencia y de la política.

De esta manera, tan pronto apareció la conciencia en los seres humanos, se presentó también la urgencia universal de dar cuenta y razón del resto del mundo, contar historias de cómo las cosas llegaron a ser, cuáles fuerzas eran buenas, cuáles malignas y como se podría influir sobre ellas.

De una fase inicial de la conciencia desarrollada para hacer frente a problemas locales de relación interpersonal, se pasó a las más altas estructuras racionales del parentesco. El totemismo, el mito y la religión, que caracterizan las sociedades primitivas.

Con la conciencia del sí mismo inevitablemente apareció la conciencia de la muerte, el Interés Ultimo que llamara Theodosius Dobzhanzky.

La conciencia de la muerte y la práctica de los enterramientos con ofrendas florales, son testimonios elocuentes de un sentido altamente desarrollado del ser y de la muerte.

Hombre de Neanderth

Aun cuando no hay virtualmente evidencia alguna de entierros rituales anteriores a los tiempos del hombre de Neanderthal, la práctica ha sido ampliamente aceptada como avanzada en esas poblaciones, en las ya varias decenas de entierros similares encontrados hasta el momento.

Se han planteado múltiples interrogantes sobre la real interpretación de los hallazgos de entierros rituales como el del hombre de Shanidar; sobre los orígenes del lenguaje como medio de pensamiento o de comunicación y su papel en la aparición de los actuales seres humanos, y sobre la organización de múltiples elementos de la cultura y la conciencia.

En el fondo, todos ellos se ubican en el reino nebuloso de los enigmas y para obtener respuestas completas sobre ellos necesitaríamos utilizar la máquina del tiempo como la que la fantasía imaginara hace algunos años.

La civilización se inició en la India con el ingreso al subcontinente de pueblos dravídicos que en oleadas sucesivas, hace cinco mil años, se extendieron hacia el sur hasta alcanzar Sri Lanka, el antiguo Ceylan. La cultura que se desarrolló por esa época era de tipo neolítico basada en la agricultura y en la caza de animales.

Cuando en el Medio Oriente se edificaban las grandes ciudades de Sumeria y Mesopotamia, y en Egipto

Se levantaban los templos magníficos del culto de Amon y las grandes pirámides que guardaron los sepulcros de los faraones, los indostánicos, a excepción de dos complejos de ciudades excavados en este siglo en Harappa y Mohenjo-Daro, establecieron solamente pequeños villorrios en las cercanías de los bosques y de los ríos.

Fue una cultura de bosques y no de grandes ciudades, como lo señala Rabindranath Tagore, representada aún en la actualidad por árboles mágicos a la sombra de los cuales los maestros iluminados de la India dan instrucción espiritual a aquellos que la buscan. La palabra Upanishad etimológicamente significa sentarse junto al maestro.

En esas “Academias de los bosques” a lo largo de las riveras del Gánges. El Maestro, que se ha alejado del mundo, enseña a sus discípulos a través del sistema de preguntas y respuestas y mediante ejemplos de la vida diaria.

En ocasiones, en ese ambiente sosegado, las esposas preguntan a sus maridos acerca de la inmortalidad. Los reyes buscan instrucción del sabio iluminado, y los niños oyen los relatos del Mahabharata. La inmensa epopeya hindú, y aprenden de memoria las hazañas de Rama, tal como los antiguos griegos aprendieron a conocer los hechos de los héroes y nosotros nos deleitábamos en nuestra niñez con las fábulas de Rafael Pombo y los cuentos infantiles. Allí se inician algunos en el mundo de la meditación contemplando el silencio majestuoso y la inmovilidad del yogui.

Los dravídicos rendían culto a deidades relacionadas con la fertilidad

Como lo demuestra el hallazgo de figurillas de barro con rasgos fálicos de animales machos. Lo que resalta la importancia de la autoridad masculina en los cultos religiosos.

En contraste con la mayoría de otras civilizaciones antiguas. Se observa una conspicua ausencia de símbolos femeninos de deidades dravídicas, que solamente están asociadas al agua y a los árboles como símbolos de fertilidad.

Hacia 1700 a.C., pueblos arios provenientes del noroccidente invadieron el subcontinente y dominaron las regiones de Utar-Pradesh. Donde actualmente se encuentra la ciudad de Dehli, gracias a la posesión de armas de bronce y ulteriormente de utensilios de hierro.

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