La Conquista Española, Historia del Trauma Institucional en Colombia

El aporte traumático de los conquistadores

El segundo viaje partió de Cádiz el 25 de septiembre de 1493. Llegan de nuevo a Sur América y en la isla de San Martín tiene lugar uno de los centenares de miles de episodios que revelan las verdaderas intenciones de los españoles: A un indio que trató de defenderse de sus captores y quién había sido herido con espada en el abdomen, lo lanzan por la borda de uno de los barcos; el nativo, sosteniéndose los intestinos con la mano, logra llegar a nado a la orilla, de donde lo atrapan de nuevo y lo vuelven a arrojar al agua, esta vez con las manos amarradas. Como el indio logro desatarse, es entonces asesinado a tiros.

El delito de prostitución es establecido por el mismo Colón. El cacique Guacanagarí, quien había ofrecido su amistad a Colón, comienza a su vez a sentir las consecuencias de haber apoyado a los bárbaros ibéricos.

Colón exige que le mande seis indias para descargar sexualmente a su tripulación.

El racismo es oficialmente instaurado por el Descubridor, quien se dedica a cazar a los indios con perros y espadas y los encierra en corrales en La Isabela. Embarca a 500 seres humanos, de los cuales sobreviven el viaje solamente 200, que a su llegada a Sevilla son puestos a la venta en el mercado de esclavos por el Archidiácono Juan de Fonseca.

También se lo debemos a los españoles el genocidio. La administración de los hermanos Diego, Bartolomé y Cristóbal Colón, cobra en dos años la suma de casi medio millón de indios asesinados. La cacería continua y en 1515 va no queda un solo indio en la isla. La forma preferida de asesinar a los indios era colgándolos con los pies cerca del suelo, para poder quemarlos con madera verde, en grupos de trece, “En memoria de Nuestro Redentor y sus Doce Apóstoles”.

Los españoles masacraron a los indígenas. Se recuerdan, entre otros, el episodio genocida de 10.000 hombres a manos de los hombres de Pizarro. No sólo los atravesaban con sus lanzas, sino que competían por partirlas por la mitad de un solo tajo. Hay que anotar que el mismo Cristóbal Colón asesinó y ordenó cortar las narices y orejas de varios indios.

De las Casas denuncia las múltiples formas de muerte, incluyendo la de quemar a los indios lentamente en parrillas, tasajear los restos y venderlos a los españoles en paquetes para alimentar a los perros, para entrenarlos enseñándoles el placer de comer carne de indio.

Y, bajo estas premisas, se registraron eventos como los descritos en la “Pacificación de Fusagasugá”:

“…Unos quemando y a otros apedreando y a otros matando de diversas maneras, y a otros echándolos a los perros para que los comiesen y matando otros y haciéndolos tasajos para dar a los penos, y a otros muchos indios cortándoles las narices y las manos…y a las niñas pequeñas forzándolas…”

Todo esto se vio respaldado por medidas como la provisión de Carlos V el 26 de julio de 1529, cuando convierte en hidalgos a todos los plebeyos que habían acompañado a Pizarro en la conquista del Perú.

El peculado y la mala administración tienen también su origen en los conquistadores. El Almirante vuelve a España en 1496 y parte en su tercer viaje en 1498. Uega a la costa norte de América del Sur y retorna a Santo Domingo, para luego volver a España con sus hermanos, por orden del funcionario real Francisco de Bobadilla, a explicar el bajo rendimiento obtenido desde el punto de vista económico.

No solamente fue el mismo Colón el que arrebató de sus tierras a varios centenares de indígenas para enviarlos a su amo el rey Fernando. El delito del secuestro tiene antecedentes muy claros en nuestra historia, pues fue instituido por los españoles mediante la famosa figura del “Rescate”, por medio del cual se exigía un tributo para liberar a los jefes indígenas capturados y en poder de los europeos.

El delito de extorsión también fue inventado por los peninsulares al organizar la esclavitud de los indígenas mayores de 14 años, hombres y mujeres, se los presiona a buscar oro para los europeos. Se conceden “Salvoconductos” de tres meses, al cabo de los cuales el indígena debía llegar provisto de una cantidad determinada del metal precioso. A quienes no cumplen, el Señor Almirante da la orden de seccionar las manos. Comienzan entonces a presentarse suicidios masivos de indígenas arawaks.

La usurpación y el robo se inspiraron asimismo en los conquistadores, pues una vez agotados los recursos obtenidos por secuestro y extorsión, simplemente se ocupó la tierra y se colocó a los indígenas a trabajar como esclavos. Hablando de los delitos contra el pudor, hay que mencionar a todos y cada uno de los soldados españoles, quienes conservaban sus armaduras por meses enteros y se desprendían de ella únicamente para cometer toda suerte de atropellos carnales contra unas indías que veían en la relación con el conquistador una salida a su miserable condición, soñando en que el hijo tuviera los mismos rasgos de los “semidioses” peninsulares, para poder tener la posibilidad de un mejor futuro generacional.

Los inolvidables sermones de Fray Antonio de Montesinos (A quien Latinoamérica todavía no ha reconocido su dimensión espiritual y su valor humano), hicieron brotar en toda su dimensión la protesta contra la injusticia española que hoy, cinco siglos después, todavía estamos pagando los colombianos.

Decía Montesinos en su primer discurso:

“…que todos estáis en pecado mortal y en el vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas gentes inocentes. Decid, ¿con qué derecho y con que justicia tenéis tan cruel y horrible servidumbre aquellos indios? ¿Con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas penas, con muerte y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin dadles de comer ni curadlos en sus enfermed’ades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren, y por mejor decir, los matáis, por sacar y adquirir oro cada día?.

¿Estos no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales? ¿No sois obligados a amadlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis? ¿Esto no sentís? ¿Como estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto, que en el estado que estáis no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo…”

Al finalizar la misa, la turba que poblaba La Española, se dirigió a la casa de quien entonces los dirigía, Diego Colón.

Este, a la cabeza de sus maleantes, se dirigió al Convento y exigió que Montesinos se retractara de sus palabras. Con esto nace otro de los crímenes que aquejan hoy a nuestra nación: La amenaza para quien denuncia el crimen.

Al domingo siguiente, amenazado y vituperiado, llega Montesinos con la cabeza en alto y les repite, en tono aun más airado, lo que ya había predicado el domingo anterior. Los españoles escriben entonces al rey, quien manda llamar al provincial Dominico de Castilla, advirtiéndole que Montesinos había predicado en contra suya v que lo hiciera callar de una vez por todas. Este es el engendro de la negociación con los criminales y la mordaza para quien dice la verdad, como se confirma en un aparte de la Historia de Las Indias:

“…Veis aquí cuan fáciles son los reyes de engañar y cuan infelices se hacen los reinos por información de los malos ycomo se oprime y entierra que no suene ni respire la verdad…”

Bibliografía

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2 COMENTARIOS

  1. Gracias por este artículo de la conquista española y la violencia en Colombia. Me gustaría saber la fecha de publicación. La necesito para citarlo en un artículo que estoy haciendo.

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