Aspectos Históricos del Trauma en Colombia

FEDERACIÓN MÉDICA COLOMBIANA

Capítulo XV

Fernando Guzmán Mora, MD

Los últimos Días del General José María Córdova.

Introducción

Fue el General José María Córdova el más valiente, el más joven y uno de los más brillantes militares de la Guerra de Independencia Neogranadina, pieza clave en las victorias de Junín y Ayacucho, brazo derecho del Mariscal Sucre y, como dijera el mismo Libertador en sus días de gloria: “El único militar honesto que he conocida”.

Hijo de la tierra antioqueña, nace en el municipio de La Concepción, cerca a la ciudad de Rionegro, el 8 de septiembre de 1799, siendo sus padres Don Crisanto de Córdova (Ex-alcalde de La Concepción) y Doña Pascuala Muñoz. Su abuelo había sido Alcalde de Medellín. Existían vínculos familiares con el Doctor Francisco Antonio Zea. La familia Córdova Muñoz tuvo siete hijos: Gertrudis, Venancia, José María, Salvador, Vicente, Mercedes y Mariana.

En sus años escolares, primero en la escuela de Rionegro y luego en la escuela de Ingenieros, es aficionado a las matemáticas y un asiduo lector de Historia Universal. Además adelanta estudios en el curso Militar del Cuerpo de Ingenieros de la República de Antioquía, organizado por el ilustre Francisco José de Caldas, donde ingresa como Cadete el futuro Héroe de Ayacucho.

Fue esencialmente un autodidacta, aunque en ocasiones manifestaba que hubiera querido ser más letrado.

El General Posada Gutiérrez dice:

“…Córdova no era solo un soldado valeroso. Tenía mucho talento natural, era estudioso, aprendió a traducir bastante bien el francés; su lectura favorita, que muchas veces hacia conmigo, era la de las Vidas de los Hombres Ilustres, de Plutarco; también estudiaba Geometría…”
Contra la voluntad de su padre se integra a los ejércitos republicanos en 1813, a la edad de catorce anos, con el grado de subteniente, viviendo en permanente en combate hasta el año de 1829, cuando muere asesinado por el mercenario irlandés Ruperto Hand luego de la batalla de El Santuario, pocas semanas después de haber cumplido los treinta años.

Un hombre valiente

Su vida es una sucesión ininterrumpida de triunfos. Teniente a los 16 años, Capitán a los 18, Coronel a los 21, General de Brigada a los 23 y General de División a los 25, su solo nombre inspiraba una mezcla de terror y admiración entre sus enemigos, muchos de los cuales le guardaban sincero aprecio y respeto.

Sirve bajo las ordenes de los Generales Serviez, Paz y Bolívar. Pelea innumerables batallas, siendo algunas de las más sangrientas las de El Palo (1815), Cachirí, La Cuchilla del Tambo y La Plata (1816), Corral de los Toros y Guayana 11 817), Rincón de los Toros y Sombrero 11 818), Paya, Gameza, Pantano de Vargas y Boyacá (1819), Chorros Blancos, Majagual y Tenerife (1820), Bomboná, Pichincha, Guáitara, Yacuanquer y Pasto (1822), Tacines, Cebollas y Juanambú (1823), Junín, Matara, Huanta y Ayacucho (1824) y de allí en adelante hizo presencia militar hasta la desastrosa batalla de El Santuario, en donde muere.

Su bautismo de fuego fue la Batalla del Río Palo, de la cual recuerda uno de los presentes (El abanderado Espinosa): “… el sol calentaba la tierra, el polvo que se elevaba era tal que los soldados al avanzar no alcanzaban a verse unos a otros. El ejército de España solo vio acercarse al enemigo envuelto en una polvareda que lo ocultaba y lo hacía más temible. Las bandas de guerra tocaban incesantemente mientras las filas compactas de los patriotas atacaban incontenibles. La caballería al mando del comandante general Dufour respaldaba la carga. El avance de las huestes granadinas rompió finalmente las líneas enemigas, que se retiraron huyendo a través del turbulento río. Algunos de ahogaron, otros fueron muertos por las lanzas patriotas…”

Córdova comienza a destacarse por su arrojo en combate. Se llega a pensar que pierde ia vida en la batalla. Su valor es premiado con el ascenso a teniente efectivo en el mismo campo de batalla. Tiene entonces 16 años.

Luego de la reconquista española, el ejército al que pertenece debe marchame a los Llanos. Allí pelea en Trinidad de Arichura, Yagual y Achagua. Sirve entonces .bajo las órdenes del General José Antonio Páez, quien a pesar de diferencias personales con el oficial, lo recuerda como hombre de especial valentía.

En 1817 se une a Bolívar. Participa en la batalla de Angostura. Presencia, impresionado, la ejecución del General Piar. Obtiene su ascenso a Capitán de Caballería a las órdenes del General Soublette, con quien guardara una calurosa y sincera amistad, incluso en horas de desgracia. En Marzo de 1818 conoce al Alférez británico Daniel Florencio O’Leary, con quien también entabla amistad. También conoce a Ruperto Hand, otro de sus futuros asesinos.

Cuando se reúnen los jefes militares Páez y Bolívar, en Cañafístula en enero de 1818, Córdova se encuentra formando parte del Estado Mayor del Ejército de Bolívar. Asiste al combate de Calabozo, en el cual derrotan al Pacificador Morillo. Asiste entonces a la derrota óe El Sombrero y luego a la Batalla de La Puerta. El 14 de febrero de 1819 es ascendido por el mismo Bolívar a Teniente Coronel.

Cuando los republicanos deciden invadir la Nueva Granada, Córdova se encuentra organizando la marcha a través de los Andes. Viene entonces la Batalla del Pantano de Vargas. Córdova se encuentra en un batallón de retaguardia y súbitamente recibe la orden de efectuar un ataque a Bayoneta. En una temeraria acción, típica de Córdova y en donde se pierden vidas tan preciosas como la del propio Comandante de la legión Británica, James Rooke, el general español Barreiro exclama: Ni Dios me quita la Victoria. Bolívar ordena entonces a Rondón: “Coronel, salve usted la Patria”. Quince jinetes avanzan lanza en ristre destrozando las filas españolas y son seguidos por la caballería republicana y la infantería reagrupada, arrebatando la victoria de manos de los realistas.

En el Puente de Boyacá, como segundo del General Anzoátegui, Córdova participa en el ataque que define la victoria.

Recibe entonces la comisión de liberar el territorio de Antioquia. El Coronel, de veinte años, se embarca en Honda el 20 de agosto de 1819 con 100 hombres y llega a su propia tierra, Rionegro. Ocupa la provincia, ordena la ejecución de varios jefes españoles, dicta normas legales sobre Administración Pública, organiza la economía, recluta esclavos para las filas republicanas y organiza el Batallón Cazadores de Antioquía, que luego dará lustre a las armas nacionales.

Después de varios meses viene el contraataque español. A las órdenes de jefes tan capaces como Warleta y Sebastián de La Calzada y con soldados veteranos de las guerras napoleónicas, se encuentran a los reclutas de Córdova que se convierten en soldados de primera línea luego de la batalla de Chorrosblancos, en donde derrotan a los europeos en combate cuerpo a cuerpo.

Bolívar le ordena organizar una nueva campaña que involucre las provincias del Cauca y Magdalena, dirigiendo la marcha hacia Mompox. Se encuentra con el valerosísimo y controvertido Coronel Hermógenes Maza. Juntos presentan batalla en varias ocasiones y cumplen la orden de Guerra a Muerte, ejecutando soldados y prisioneros a granel. En un solo día, Maza decapita a doscientos españoles.

Córdova recibe su ascenso a Coronel efectivo. Junto a Padilla y otros jefes se toma Cartagena y la ocupa. Allí es invitado a ingresar a la Logia Masónica “Beneficencia”.

Completada su misión recibe orden de transado al Sur. Uega a Guayaquil. En una sola marcha entre Puna y Cuenca, pierde 550 hombres de su división. Se entera entonces de la Batalla de Bomboná, de resultado discutible tanto para realistas como para Republicanos. Como diría luego el General Obando:

“…Ambos contendores perdieron la batalla: Nosotros la fuerza; los españoles el campo…”

Sucre avanza hacia el Sur para ocupar Quito. Atraviesa montañas heladas con 3.225 soldados. Córdova dirige el Batallón Alto Magdalena. Antes de la Batalla de Pichincha, Córdova observa desde un montículo los movimientos realistas. Estos, al reconocerlo, le apuntan con un cañón. Su ayudante, el Teniente José Maria Botero le grita:

“…Coronel: Mire que le están apuntando con un cañón. Córdova responde impasible y sin mover su caballo: “…Déjelos usted disparar…” La bala es disparada y mata al capitán Felipe Pérez, quien se encontraba cerca de Córdova.

El combate se inicia el 24 de mayo a las 9 de la mañana. Sucre ordena a Córdova maniobrar y colocarse a espaldas del ejército realista de Aymerich. Varios de los oficiales peruanos de la vanguardia se acobardan y abandonan sus tropas, mientras los colombianos dan muestras de un valor impresionante, como el caso del Teniente Abdon Calderón, quien con heridas de bala graves en ambos brazos y en ambas piernas, dirige el ataque de caballería del batallón Yaguachi. La acción es de tal proporción que, luego de la batalla se da la orden a los soldados del oficial de responder al apellido del mismo, como si estuviera vivo, con un: “Murió gloriosamente en Pichincha pero vive en nuestros corazones”.

Luego de varias horas de combate, Córdova recibe la orden de atacar. Sucre describiría en la siguiente forma la carga del valiente oficial:

“…El señor Coronel Córdova tuvo la orden de relevar a Pava, con las dos compañías del Magdalena; y este jefe, cuya intrepidez es muy conocida, cargó con un denuedo admirable y desordenando al enemigo y derrotándolo, la victoria coronó a las doce del día a los soldados de la libertad… Persiguió a los españoles entrándose hasta la capital y obligando a sus restos a encerrarse en el fuerte del Panecillo…”

Probablemente, uno de los dolores de cabeza militares más importantes que tuvo Córdova fue el Coronel realista pastuso, Agustín Agualongo.

Es de anotar que los pastusos se habían declarado en contra de la Revolución de Independencia. A finales de 1822 atacan a las fuerzas republicanas en Túquerres y las derrotan. Sucre y Córdova atacan a los pastusos por el sur y los vencen en Taindala y Yacuanquer. Luego los vuelven a derrotar en el mismo Pasto.

El día 24 de diciembre de 1822 tiene efecto uno de los episodios más vergonzosos de la historia militar colombiana. Las tropas republicanas entran a Pasto y, dirigidas por el General Salom, destrozan la ciudad, asesinan ancianos y niños, violan las mujeres y producen una verdadera carnicería humana, sin que los oficiales hagan nada por evitarlo.

Las mismas matronas nariñenses toman de la mano a sus hijas y prefieren entregarlas a la violación de soldados blancos, para evitar por lo menos que caigan en manos de algún “negro venezolano”, como ellas mismas decían.

El general Salom trata de conformar compañías republicanas con soldados pastusos. Muchos prefieren suicidarse con la consigna: “Prefiero irme a los infiernos que servir a Colombia”

El 3 de Enero de 1823 Córdova es ascendido a General de Brigada. Solicita entonces autorización para visitar a su familia. Llega a Bogotá, llena de intrigas políticas, en donde Santander lo nombra Comandante General de Armas de Cundínamarca, utilizándolo para sacar de juego al General Antonio Nariño, a quien detesta. Córdova no se presta a ninguna conseja y mucho menos en contra de Nariño, a quien respeta profundamente y Santander le cancela su amistad.

Le escribe Santander a Bolívar:

“…Córdova, que recién llegado vomitaba espuma contra los bochincheros, a cuya cabeza esta Nariño, ya no quiere enemistades ni se da por entendido de nada, como si tal cosa pasara; como es tan badulaque, que se yo si con alguna charrita y algún cuento se lo han ganado o lo han embobado…”

Hastiado, Córdova renuncia a su cargo, visita a su familia y viaja al Sur.

El 28 de diciembre ocurre el episodio del Sargento Carmen Valdés, a quien Córdova da muerte en circunstancias poco claras a pesar de los ruegos de la víctima, posiblemente por el amor de una mujer.

Por esto se le abre causa criminal a la que más tarde tendrá que responder.

Al encontrarse de nuevo con Bolívar, este lo nombra Jefe de Estado Mayor. Llega a Huamachuco y le dan el comando de la segunda división de Colombia, con tres mil hombres.

Viene entonces la Batalla de Ayacucho, el clímax de su gloria militar.

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