La Cirugía en la Antigua Grecia y en la Guerra de Troya

FEDERACIÓN MÉDICA COLOMBIANA

Capítulo XVI

José Félix Patiño Restrepo, MD,
FACS (Hon)

Se reconoce que la cirugía nació con la atención de las heridas de guerra y del trauma. En un reciente simposio publicado en el número de diciembre de 1994 de Tribuna Médica, Gretel Wernher hace referencia a las heridas en la Ilíada en un erudito escrito en que cita todas y cada una de las lesiones que reciben los héroes y los dioses en la llanura de Trova. El presente artículo, con algunas modificaciones, fue publicado como parte de tal simposio (Patiño, 1994b).

El gran poema épico de la humanidad, la Ilíada, relata un corto episodio del legendario sitio por los aqueos, al mando de Agamenón, rey de Micenas y rey de reyes, de la ciudad amurallada del rey Príamo, Trova, ubicada en la costa occidental del Asia Menor, para rescatar a Helena, la más bella entre las mujeres, esposa de Menelao, rey de Esparta y hermano de Agamenón, quien había sido raptada por París, hijo de Príamo.

Relata la leyenda que Hécuba, esposa de Príamo, rey de Trova, tuvo numerosos hijos (se dice que cincuenta!), entre ellos Héctor, el noble héroe de la Ilíada que defiende a Trova y batalla contra su archirival, Aquiles, rey de los Mirmidones, el guerrero principal entre los aqueos. Cuando llevaba en su seno a París, Hécuba tuvo un sueño en el cual el hijo por venir, París, causaría la destrucción de Troya. Con el fin de proteger la ciudad, Hécuba resolvió abandonar al recién nacido para que muriera, expuesto al ambiente, en el Monte Ida. Pero éste fue rescatado por unos pastores, quienes lo criaron sin conocer su identidad. La ilíada, el canto homérico sobre la guerra de Troya, el primer texto conocido en escritura alfabética, representa también el comienzo de la literatura occidental Patiño, 1994a).

Las Enfermedades y las Prácticas Médicas en la Ilíada

Las primeras referencias identificadas sobre las prácticas médicas en Grecia corresponden a los relatos de las heridas de la guerra en los campos de Troya, en la Ilíada, el poema épico probablemente compuesto en la era micénica, pero que Homero estructuró en forma definitiva unos 300 o 400 años más tarde, en el siglo IX o a comienzos del VIII a.C.

Es admirable la precisión anatómica que despliega Homero, y muy importantes los relatos del tratamiento de las lesiones que sufren los guerreros en las llanuras de Troya, algunos de tipo netamente operatorio. Se puede decir que es en el texto homérico donde se encuentra el origen de la cirugía. Son muy ricas las descripciones de las heridas que aparecen en la Ilíada, las cuales han sido motivo del comprensivo artículo por Gretel Wernher, previamente citado (Wernher, 1994). Otras enfermedades, como la peste y la disentería, tuvieron que ser frecuentes en los diez años del sitio de Trova. Aunque el poema homérico apenas se refiere al episodio que rodeó la cólera de Aquiles, en el décimo año de la guerra, y que sólo se extiende por unos 50 días, el Canto I describe la peste causada por el dios Febo Apolo, quien “irritado en su corazón, descendió de las cumbres del Olimpo con el arco y el cerrado carcaj en los hombros; las saetas resonaron sobre la espalda del enojado dios, cuando comenzó a moverse. Iba parecido a la noche. Sentóse lejos de las naves, tiró una flecha, v el arco de plata dio un terrible chasquido. Al principio el dios disparaba contra los mulos y los ágiles perros; mas luego dirigió sus amargas saetas a los hombres y continuamente ardían muchas piras de cadáveres”.

Los Cirujanos en la Guerra de Troya

En la Ilíada aparecen numerosos cirujanos, omnipresentes en el campo de batalla, que también eran guerreros. Los cantos homéricos relatan en detalle las heridas, cuya recopilación, extraída del texto de la Ilíada, ha sido meticulosamente lograda por Wernher en su estudio original (Wernher, 1894).

También se refiere Homero a los métodos terapéuticos de la época: Remoción de lanzas y flechas, limpieza de las heridas, hemostasia mediante vendas y ciertas sustancias de uso tópico, curaciones y control del dolor con bálsamos y extractos de hierbas. El vino y otros líquidos son utiláados para revivir a los heridos.

Los historiadores de la medicina, como Margotta, consideran que tales prácticas correspondían a la era de la civilización prehelenística de Creta y del Egeo. La civilzación de Creta, o minoica, influyó grandemente sobre Micenas, por lo cual esta época micénica, la de los tiempos de los héroes de la Ilíada, también se conoce como minoica.

Según Margotta, quien cita a Frólich, la Ilíada describe 147 heridas, 96 de ellas por lanza con 80% de mortalidad, 17 por espada, todas fatales, 12 por flechas con 42% de mortalidad y 12 por honda con 66% de mortalidad. La mortalidad global por heridas de guerra en la Ilíada es de 77.6%.

Balas (1994) en cita de Pournaropoulos divide así las 147 heridas de la Ilíada: 31 en la cabeza, 16 en el cuello, 79 en el tronco, 10 en las extremidades superiores y 11 en las extremidades inferiores. La mortalidad fue de 77-78%.

También cita Margotta que Frólich se impresionó con los conocimientos anatómicos de Homero, y que por ello llegó a sugerir que tal vez el eximio aedo fue un cirujano militar.

Laín Entralgo hace un pormenorizado análisis y trae cuadros y estadísticas detallados sobre las lesiones descritas en la Ilíada, también con base en los estudios de Frolich:

  • 10 contusiones, 4 bélicas y 6 fortuitas
  • 37 heridas no mortales, 29 bélicas y 8 fortuitas
  • 128 heridas mortales, 126 bélicas y 2 fortuitas

 

En cuanto a la etiología, Laín Entralgo presenta el siguiente cuadro:

CausaContusiones no mortalesHeridas mortalesHeridas
Puño
Piedra
Lanza
Espada
Flecha
Objeto contundente
Caída
Fortuita
Sin especificar
3
2
1


4



5
17

6
1
4
3
1

5
83
22
12
0
1

5

 

Macaón, hijo de Asclepio (Esculapio), fue el cirujano y médico principal del ejército aqueo, junto con su hermano Podalirio.

Los hermanos médicos-guerreros, Macaón y Podalirio, venían de Tesalia, en el norte de Grecia.

Macaón peleó con gran coraje, y es herido en batalla, por Alejandro (Paris), según el relato del Canto XI en la Ilíada.

El Canto IV relata la herida de Menelao por una flecha alada, causadora de acerbos dolores. Pero Atenea, la hija de Zeus, que impera en las batallas… desvió la amarga flecha… que atravesó el ajustado cinturón, obra de artífice; se clavó en la magnífica coraza y, rompiendo la chapa que el héroe llevaba para proteger el cuerpo contra las flechas y que le defendió mucho, rasguñó la piel, y al momento brotó de la herida la negra sangre…oh, Menelao, se tiñeron de sangre tus bien formados muslos, las piernas y, más abajo, los hermosos tobillos.

Estremecióse el rey de hombres Agamenón al ver la negra sangre que manaba de la herida. Estremecióse así mismo Menelao, caro a Ares; mas como advirtiera que quedaban fuera el nervio y las plumas, recobró el ánimo en su pecho.”

Agamenón habla: “Un médico reconocerá la herida y le aplicará drogas que calmen los terribles dolores. Taltibio! Llama pronto a Macaón, hijo del insigne médico Asclepio, para que renazca al aguerrido Menelao, hijo de Atreo, a quien ha flechado un hábil arquero troyano o licio…
Macaón arrancó la flecha del ajustado cíngulo; pero, al tirar de ella, rompiéronse las plumas, y entonces desató el vistoso cinturón y quitó la faja que habían hecho obreros broncistas. Tan pronto como vio la herida causada por la cruel saeta, chupó la sangre y aplicó con pericia drogas calmantes que a su padre había dado Quirón en prueba de amistad.”

El Canto XI, la principalía de Agamenón, refiere a la tercera batalla de la Ilíada, batalla que durará hasta el Canto XII. La batalla está por comenzar, al despuntar el alba: “La Aurora se levantaba del lecho, dejando al bello Titón, para llevar la luz a los dioses y los hombres… El Atrida (Agamenón) alzó la voz mandando que los argivos se apercibiesen, y él mismo vistió la armadura de luciente bronce…y asió dos fornidas lanzas de aguzada broncínea punta, cuyo brillo llegaba hasta el cielo. Y Atenea y Hera, tronaron en las alturas para honrar al rey de Micenas, rica en oro…Los teucros pusiéronse también en orden de batalla en una eminencia de la llanura, alrededor del gran Héctor…, siempre dando órdenes y brillando como el relámpago del padre Zeus, que lleva la égida”.

La furiosa batalla se desarrolla durante la mañana “…cerca de la orilla de Escamandro; allí las cabezas caían alrededor del gran Néstor y del bizarro Idomeneo.

Entre todos revolvíase Héctor, que, haciendo arduas proezas con su lanza y su habilidad ecuestres, destruía falanges de jóvenes guerreros”. Y el cirujano Macaón es herido: “…Y los aqueos no retrclcedieron aún si Alejandro, esposo de Helena, la de hermosa cabellera, no hubiese puesto fuera de combate a Macaón, mientras descollaba en la pelea, hiriéndole en Ia espalda derecha con trifurcada saeta. Los aqueos, aunque respiraban valor, temieron que la lucha se inclinase, y aquel fuera muerto. Y al punto habló Idomeneo al divino Néstor: ¡Oh Néstor Nelida, gloria insigne de los aqueos! Ea, sube al carro, póngase Macaón junto a ti, y dirige presto a las naves los solípedos corceles. Pues un médico vale por muchos hombres, por su pericia en arrancar flechas y aplicar drogas calmantes.’ …Subió al carro, v tan pronto como Macaón, hijo del eximio médico Esculapio, le hubo seguido, picó con el látigo a los caballos y éstos volaron de su grado hacia las cóncavas naves…”

En el Canto Xl también se describe como Alejandro (Paris), “disparando el arco contra Eurípilo, logró herirlo en el muslo derecho: La caña de la saeta se rompió, quedó colgando y apegaba el muslo del guerrero.” … “Siguieron, pues, combatiendo con el ardor de encendido fuego, y, entre tanto, las yeguas de Neleo, cubiertas de sudor, sacaban del combate a Néstor y a Macaón, pastor de pueblos. Reconoció al último el divino Aquileo, el de los pies ligeros, que desde la popa de la ingente nave contemplaba la gran derrota y deplorable fuga, y en seguida llamó, desde la nave, a Patrodo, su compañero… Pero ve Patroclo, caro a Zeus, y pregunta a Néstor quien es el herido que saca del combate. Por la espalda tiene gran semejanza con Macaón el Asclepíada, pero no le vi el rostro…”

Eurípilo clama a Patroclo que lo salve: “Sálvame, llevándome a la negra nave, arrancándome la flecha del muslo, lava con agua tibia la negra sangre que fluye de la herida y ponme en ella drogas calmantes salutíferas que, según dicen, te dio a conocer Aquileo, instruido por Quirón, el más justo de los centauros. Pues de los dos médicos, Podalirio y Macaón, el uno creo que está herido en su tienda, y a su vez necesita de un buen médico, y el otro sostiene vivo combate en la llanura troyana. ” Responde Patroclo: “¿Cómo acabará esto? ¿Qué haremos héroe Eurípilo?… no te dejaré así, abrumado por el dolor. Dijo, y, cogiendo al pastor de hombres por el pecho, llevólo a la tienda. El escudero, al verlos venir, extendió en el suelo pieles de buey. Patroclo recostó en ellas a Eurípilo y sacó del muslo, con la daga, la aguda y acerba flecha, y, después de lavar con agua tibia la negra sangre, espolvoreó la herida con una raíz amarga y calmante que previamente había desmenuzado con la mano. La raíz le calmó todos los dolores, secóse la herida y la sangre dejó de correr”.

La siguiente es la versión de López Eire:

Así dijo, y, tomándolo debajo de su pecho, a su tienda iba llevando al pastor de gentes; y, al verle, un escudero por el suelo tendió pieles bovinas. Y sobre ellas habiéndole extendido, de su muslo extraía, con la espada haciendo una incisión, el dardo agudo, punzante en extremo, y con agua templada iba lavando la negra sangre que de él brotaba, y habiendo triturado entre sus manos una amarga raíz, se la aplicó, del dolor matadora, que le detuvo todos los dolores; y la herida secándosele iba, y dejóle la sangre de manar.

Esta es una descripción de un claro acto quirúrgico practicado por Patroclo sobre Eurípilo, en el cual hay extracción de una flecha, limpieza de la herida, hemostasia y analgesia. Y con estas estrofas termina el Canto XI.

Macaón, el cirujano, herido por Paris (Alejandro), se recupera de su herida gracias a los cuidados de Néstor, pero, según otros relatos de la guerra de Trova, es muerto más tarde cerca de la muralla de la ciudad de Príamo.

Otros escritos sobre la epopeva, como el de Quinto de Esmirna, (Quintus Smyrneus) indican que Macaón más tarde muere a manos de Eurípilo (un guerrero sobrino de Príamo, del linaje de Zeus, que se incorpora a las huestes troyanas luego de la muerte de Héctor y que no debe ser confundido con el héroe aqueo), a quien Macaón ataca y hiere con su lanza luego de que Eurípilo diera muerte al bello pero débil Nireo. Pero éste, dotado de poder herculáneo, hiere a Macaón en la cadera y luego le atraviesa el tórax con la lanza, enviándolo al Hades. Al día siguiente, mientras unos griegos van tras Eurípilo para vengar los destrozos que infligía en sus filas, otros permanecen cerca de las naves para dar sepultura a los cuerpos de Nireo y del cirujano Macaón. Lloran lo aqueos la muerte de su héroes, y construyen un montículo sobre sus tumbas.

Tumbado sobre la tierra, al lado de la tumba de Macaón, su hermano, el médico Podalirio, gemía con profundo dolor, rehusaba alimentarse y hablaba de suicidio. En ocasiones empuñaba su espada con ánimo de venganza, en otras buscaba un veneno mortal. Néstor, el sabio anciano, quien había perdido a su propio hijo en la contienda, lo consuela y logra separarlo de la tumba para llevarlo de regreso a su nave.

Podalirio ejerce sus funciones de médico de los griegos, curando sus heridas y finalmente, según el relato de Quinto, es uno de los que ingresa al interior del fatídico caballo de madera. Quinto hace la enumeración de los guerreros encerrados en el caballo. Primero entraron Neoptolemos, hijo de Aquiles, Menelao, Odiseo, Esteneleo y Diomedes. Y con esta última mención de Podalirio, no volvamos a saber del destino del segundo médico de los griegos.

Macaón tuvo una tumba de héroe en la ciudad de Geronia, en Mesenia, donde se le rendía culto.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DÉJANOS TU COMENTARIO

Please enter your comment!