El Aprendizaje y la Relación sujeto-objeto

Un aspecto que debemos entender es aquel que se refiere a la necesidad de posesión de objetos concretos en el niño, a la competencia o a la comparación a que se ve sujeto éste en relación con sus compañeros, por tener un objeto, un juguete, etc.; el padre a la vez desea dar lo que no tuvo en su infancia; algunas veces quiere copar, llenar los vacíos personales en su hijos.

En realidad, aunque en la época actual hay mayores satisfacciones sensoperceptivas y menos frustraciones corporales, en cambio las privaciones de la presencia de los adultos es cada vez mayor y también mayor la presencia de los objetos inanimados o animados sólo por el movimiento obtenido en las imágenes del cine y la televisión; esta pseudo-presencia deja al sujeto más solo, más vacío, más frustrado y más a su arbitrio y al predominio del pensamiento mágico omnipotente, de imágenes, y no de pensamientos, de conceptos o criterios aprendidos en la experiencia de otros o a través de las enseñanzas de los libros.

Es importante tener en cuenta la relación del sujeto (niño-Yo) con el objeto (padre-maestro-estudio-tema) concreto o abstracto, para que ella se realice en forma tal que se establezca una verdadera vivencia o experiencia activa humana (hombre-hombre) y no una simple relación mecánica (hombre-objeto concreto, máquina-instrumento), quedando así el niño más entregado a su propia fantasía, la cual la mayoría de las veces es disociada, desintegrada y no productiva y creadora. No se entienda con esto que no deben utilizarse todos los instrumentos y objetos mecánicos en el aprendizaje; por el momento son de una gran utilidad siempre y cuando sean aplicados con toda la técnica y con todo el recurso humano; pensando que estamos frente a otro ser que si bien reacciona actuando, piensa, fantasea, siente y desea.

Hoy las enseñanza de las experiencias, en general, es más a través de la vivencia pasiva de lo que se ve y oye, y no de lo que se vive. La consecuencia de todo esto es que se malogra el aprendizaje, se aprende con vacíos en forma disociada, pues la relación del sujeto con el objeto de quien se aprende está distorsionada, porque aquél en su soledad proyecta afuera, en el exterior, sus objetos internos, las imágenes y representaciones del mundo interno, con sus fantasías y tendencias, las que no siempre son las que permiten aprender. De tal manera hay que considerar estos hechos para aplicar los mejores métodos en los que participe la relación afectiva sujeto-sujeto y que el objeto de estudio sea el que  funcione en medio de los dos. De ahí que ahora se esté promoviendo la educación personalizada.

Otro aspecto para tener en consideración es aquel que se refiere a los niños con cocientes intelectuales superiores o por encima de lo normal; estos niños sujetos también pueden tener problemas, pues al comprender fácilmente se desinteresan de las materias de los compañeros o del mismo aprendizaje o contenido; a veces el interés es por materias muy distantes o necesitan ser exigidos más de lo que es el grupo a que pertenecen. Hay circunstancias en que los niños abandonan el estudio por realizar y el interés en temas alejados de los que son exigidos. En algunos países estos niños son agrupados y se tratan de convertirlos en máquinas de competencia a la hora de estudiar y se les exige que dediquen todo su tiempo a la preparación de su carrera o de temas especializados; la consecuencia es que el niño se queda sin infancia, si adolescencia, sin la experiencia de su edad social, de su edad vital, presentándose más tarde ansiedades y depresiones provenientes de la falta de la relación humana. Es también de tener en cuenta cómo estos niños con cocientes intelectuales elevados son hipersensibles y su mundo interno está plasmado de complejidades y ansiedades, de temores que ellos tratan de resolver aislándose más de lo que su estructura les permite funcionar. Estos niños son, posiblemente, los que más requieren de aquellas técnicas de educación personalizada que en anteriores siglos ya se utilizaba.

Por último, deseo hacer hincapié en los estudios hechos por psicólogos y pedagogos sobre el resultado en la aplicación de castigos físicos. Se podido comprobar que los castigos muy leves no tienen efecto positivo, los moderados inhiben al niño y los severos anulan la comprensión y asimilación. El castigo hace que el niño reaccione con miedo, ansiedad y daña la buena relación entre padres e hijos, maestros y alumnos. Entonces, ¿qué hace si vemos la necesidad de aplicar el castigo? La respuesta inteligente reside en la prevención del castigo. Adultos padres de familia y maestros, si no disciplinan, se verán en la obligación y necesidad de castigar, pero tenemos que tener en cuenta que la disciplina debe comenzar desde nosotros mismos.

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