El Arte de Aprender y Enseñar: Prólogo, Un Buen Libro

Por José Francisco Socarrás

Guillermo Sánchez Medina, conocido psiquiatra y psicoanalista, ha escrito un libro útil por muchos conceptos, “Arte de enseñar y aprender”. Con sobra de razones el autor dedica la obra a padres de familia, maestros y alumnos. La idea es que todos adquieran las bases psicológicas necesarias para aplicar mejor una pedagogía práctica. A lo largo del libro se echa de ver que el doctor Sánchez tuvo en mente facilitar a sus lectores el cumplimiento del aforismo griego. El “conócete a ti mismo” resulta indispensable para bien vivir y comprender a los demás. Con gran acierto el autor equipara maestros y padres. Unos y otros deben ser muy buenos educadores. No olvidar que los primeros años del niño son los más propicios para aprender. Difícil pero importante el propósito de poner la psicología al alcance de muchos. Ninguna otra ciencia tiene su objeto de estudio más al alcance del individuo. Para conocerla, al sujeto le basta volver la vista a su interior si cuenta con una buena guía. Se me dirá que los procesos inconscientes escapan a la introspección. Cierto, si no se está preparado para ello. También se me objetará que es difícil ser al tiempo juez y parte. Esto es aceptable para los procesos en que semejante situación resulta inevitable. Sin embargo, es asimismo posible lograr un buen grado de imparcialidad para autoanalizarse mediante entrenamiento.

El doctor. Sánchez se detiene en el tremendo conflicto psicológico que afronta la sociedad moderna. José Ortega Gasset estudio las llamadas crisis generacionales. Resulta evidente que la historia humana atraviesa por etapas conservadoras y periodos de cambio. El actual se expresa en la quiebra de los valores ideológicos y morales. Tal parece que la natural instintividad de la especie hubiera roto las amarras. Nadie osaría negar el carácter protuberante de la protesta contra los sistemas de organización social vigentes y las normas que han regulado la conducta humana, particularmente la sexual. El doctor Sánchez apela para explicar el problema a la contextura dialéctica de lo irracional en el hombre. En efecto, los movimientos de ánimo sirven de sostén soterrado a nuestro comportamiento, suelen mantenerse en contradicción. Allá en el fondo de nosotros se contraponen placer y dolor, alegría y tristeza, calma y desasosiego, valentía y miedo,  buen humor y cólera, exaltación y depresión del ánimo, abstinencia y satisfacción instintiva, amor y odio. Evidente que la razón debe ser la encargada de poner orden en el sistema. También, el proceso educativo que crea hábitos conformes con las normas que nos rige en un momento dado. Todo confluye a demostrarnos que las últimas generaciones gustan polarizar el comportamiento hacia uno de los pares emocionales señalados. Aún, a pasar de uno a otro sin mayor dificultad o tropiezo. La drogadicción es ejemplo típico de lo último. Los fármacos usados provocan tranquilidad y hasta euforia. Algunos llevan al individuo a un estado muy vecino del éxtasis. Terminado el efecto, sobreviene un estado de insatisfacción, angustia, malestar que se torna insoportable, y empuja al adicto a buscar con desesperación la heroína o la cocaína o la marihuana según el caso.

Otro capítulo importante del libro se refiere a la teoría psicoanalítica. El autor logra ponerla al alcance del lector común y ello no es fácil. Muchos habrán oído hablar del inconsciente o ello, del yo y del super-yo. En términos de análisis transaccional, de la conducta del niño, impulsivo y creador; de lo que corresponde al adulto pensante y de lo que toca a los padres inhibidores o educadores que introyectamos durante la infancia. Todo ser humano posee funciones vegetativas propias del animal que somos. Se trata de los  mecanismos anatomo-fisiológicos que constituyen la esencia de la vida, cuya dinámica se regula por el placer y el dolor. Freud los llamó instintos y líbido a la satisfacción que acompaña su ejercicio logrado. No se trata de que el niño busque el placer por el placer mismo sino que cumple funciones, las cuales insatisfechas acarrean dolor. El desarrollo del niño tiene lugar por etapas. Sensorial en un principio, se detiene en el gozo de gustar, oler, palpar, oír y ver para desarrollar los sentidos en relación con el mundo que lo rodea. Más adelante centra el interés en la actividad y finalmente en la inteligencia. Así que son normales la curiosidad, el vaivén, las preguntas para desentrañar las incógnitas que le plantea el ambiente. La educación debe ser un proceso para lograr que el párvulo  ponga freno a su primitiva impulsividad mediante razones, y en último término a partir de prohibiciones. Ese es el fin principal del libro que comento.

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