Inhibición en el Aprender

Una represión de la curiosidad sexual puede bloquear e inhibir el interés de conocer, pensar y aprender. Hay en ocasiones una relación simétrica entre el impulso por conocer y el placer oral. El placer de agarrar con la mano y más tarde el control oral, se puede traducir en el placer de aprender; por lo tanto, toda inhibición en estos planos orales y manuales incorporativos puede producir inhibiciones mentales y del aprendizaje. En el caso de los impulsos anales se establece la “constipación mental”, La inhibición puede estar en la fase cloacal o fálica; es entonces cuando se produce el temor a la retención, a la elaboración, a la introducción; todas estas formas ansiosas pueden ser vividas en el plano mental e impedir el trabajo en el aprendizaje.

Se han hecho estudios de niños con perturbaciones en la inteligencia y en el entendimiento de ciertas materias en la escuela o en la resistencia e incapacidad a estudiar ciertos y determinados temas; quedó demostrado que la materia en cuestión o algo conectado con ella o con el tema estaba asociado con el primer aprendizaje y con la personalidad de los padres o sustitutos, maestros, con su manera de enseñar y con los conflictos fundamentales en esa relación padre-hijo, maestro alumno.

Existe una íntima relación entre las funciones del pensar, del hablar y del aprender. Las circunstancias que prevén dificultades en una, son análogas y repercuten en las otras; también se pueden compensar unas y otras; por ejemplo, niños que tienen inhibiciones en el lenguaje son niños que piensan más. La falta de talento, en algunos casos, se debe no a la ausencia de aptitudes sino a una inhibición psicogenética especial. Esto se ha notado con la música, la pintura e incluso se han visto casos de sordera y ceguera psicógenas a colores y tonos. Todas las inhibiciones en el aprender, en el trabajo, en el juego se integran en la conducta total del niño y se observan también en los trastornos del mismo.

El sujeto tiene una tendencia a conocer, a resolver incógnitas. ¿Es acaso aquella incógnita del hombre que lo lleva a descubrir su interrogante, su ser, el encuentro con el objeto y consigo mismo para hacer, estar y finalmente existir? Concretamente es posible que el sujeto necesite penetrar en aquella zona oculta (caverna) prohibida de donde salió; necesita saber, conocer de dónde salió, cómo se hizo; en qué consiste esa necesidad de descubrir sus arquetipos; las figuras del padre y de la madre, sus ancestros y su ser profundo, en sí mismo; necesita, en otras palabras, descubrir su mismidad, su parte masculina y su femenina, su parte activa y pasiva; necesita encontrar la paz en la unidad de la unión de sus partes y el sentimiento de plenitud en el amor y en la creación; todos esto se asocian íntimamente con el narcisismo primario y las fantasías mágicas y omnipotentes. Resulta que en ocasiones, en la búsqueda, se pierde, como el leñador que estando en la selva no ve el bosque y por fuera no ve los árboles. En ese movimiento hay un “estar”, pero antes está el “ser”; otras veces en esa búsqueda se encuentra que en aquella oscuridad no hay nada; esto es sólo un paso en que se halla el hombre que no se encuentra consigo mismo, con el amor; aquello que se llama unión de los seres, unidad de existencias (encuentro del hombre), prolongación de las mismas. Para efectuarse está integración y creación se tiene antes que vencer las vicisitudes de las relaciones de los instintos con los objetos, de la vida externa y de la interna, de la vida real frustradora con la interna, fantaseada, contradictoria, placentera y displacentera. El ser humano tiene la posibilidad de luchar buscando soluciones, aprendiendo; así puede vencer. Sólo el hombre que se libere interiormente y se descubra, podrá también crear.

Las normas, las pautas, las reglas rígidas y estrictamente aplicadas nos impiden el descubrimiento y la creatividad. Einstein tuvo que dejar atrás todo y comenzar de nuevo para poder descubrir las fórmulas teóricas de la relatividad.

Para poder unir, buscar similitudes, semejanzas y así integrar y unir, es decir, aprender, debe antes deshacerse de los lazos de la prohibición; debe tener el sujeto la posibilidad y capacidad de aprender y está la da la integración del Yo, que a la vez se estructura en la relación del mundo interno con el externo. El hombre en ocasiones tiene que vencer las frustraciones, romper con ciertas normas y reglas para encontrar lo nuevo y crear. Se crea también por medio del encuentro de nuevos órdenes y armonías, con el juego y con la tolerancia; con los errores se construye; con un Yo fuerte y gracias a la capacidad de vida, se puede crear, pensar y aprender.

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